MANADA GR4

Summary

Con Jesse como su primo, la libertad de Gulf era escasa. El alfa siempre se aseguraba de que tuviera un escolta cada vez que salía de casa, y las reglas de Jesse son suficientes para conducir a cualquier hombre a la locura. Cuando la manada sale de caza, se escapa y los sigue. Pero los problemas lo encuentran, y su vida se ve amenazada por el mismo hombre al que están cazando. Encuentra a un oso y un shifter conejo que lo ayudan, sin darse cuenta de que el destino está a punto de intervenir. Es secuestrado justo delante de su primo, y llevado al clan de osos. El oso de Mew toma el control y roba a Gulf de los lobos. Piensa que Gulf es un pequeño y dulce shifter lobo, hasta que su compañero se irrita. Pero este sigue poniéndose en peligro y lo está volviendo loco, especialmente cuando los federales aparecen buscando al sheriff desaparecido, y uno de ellos ataca a Gulf, amenazando con exponer a los shifter de las montañas al mundo.

Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo 1

Recordemos los nombres de nuestros protagonistas según las historias.

GR 1 CLINT Y DANE

GR 2 BOBBY RAY Y NOEL

GR 3 WADE Y BENNY

Dicho esto, empezamos ......



—¡Bájame! —Gulf entró en pánico, mientras el gran oso lo llevaba lejos de su primo. ¿Este tipo estaba loco? No sólo lo había mordido, sino que también lo estaba llevando a sabe quien dónde, a hacer Dios sabe qué.

Ahora se arrepentía de escabullirse de la manada. Debería haber mantenido su culo en casa y nada de esto hubiera pasado.

—Si me arañas la espalda una vez más, —le advirtió el tipo, —te pondré sobre mi rodilla.

Le estrechó sus ojos, mientras clavaba sus garras en el trasero de su captor. El shifter gruñó cuando se detuvo y lo puso de pie.

— ¿Qué pasa? — Preguntó. —Sabes que eres mi compañero y espero que sepas del asunto sobre el calor de apareamiento ¿Por qué eres tan terco?

Apenas podía ver a su compañero. Necesitaba sus anteojos. Sin ellos era prácticamente ciego. Miró hacia arriba, a la cara borrosa del hombre, mientras fruncía el ceño.

—No tenías que ir como todo un hombre de las cavernas por eso. —Empujó su dedo por el puente de su nariz por costumbre, antes de recordar de nuevo que sus anteojos no estaban allí. —Podríamos haber hablado, antes de que decidieras secuestrarme.

—Sí, lo siento por eso. Mi oso se hizo cargo y todo lo que quería hacer era llevarte a casa.

La voz de su compañero era sedosa y profunda. Deseó simplemente poder distinguir su rostro. Incluso medio ciego, vio lo macizo que era el tipo.

—¿Y crees que esa es una excusa aceptable?

—Puede que no sea una excusa —, dijo su compañero. —Pero es esa la razón. —Dio un paso hacia un lado, cambio y corrió hacia Jesse tan rápido como sus cuatro patas se lo permitían. Su compañero gritó llamándolo, pero no se detuvo. Pasó por alto a los hombres que discutían, que incluían a su primo y se dirigió a la casa de la manada.

Afortunadamente, en su forma de lobo, veía perfectamente. Sus músculos le ardían tan mal que se sentían como si estuvieran en llamas, pero se negó a detenerse hasta llegar a casa.

Cuando aterrizó en su puerta, apenas podía caminar. Cambio, abrió la puerta y se tambaleó adentrándose. Avery vino de una esquina,o al menos, pensó que era Avery. El tipo no era más que un borrón.

—¿Estás bien, Munchkin (Munchkin es una raza de gato surgida por una mutación genética natural, mantenida por cruzamientos selectivos, que da lugar a gatos con piernas más cortas de lo normal.)? —Era la voz de Avery. —Parece que has visto un fantasma.

Estaba demasiado cansado para hablar. Pasó por el vestíbulo y se derrumbó en uno de los sofás de la sala, gimiendo, mientras cada centímetro de su cuerpo palpitaba. No había corrido así desde, bueno... nunca. Y ahora sabía por qué. El ejercicio era demasiado agotador.

—Necesito... mis... gafas. —Se dejó caer de espaldas, deseando algo frío de beber, para aliviar su garganta seca. Estaba tan seco que su lengua se pegaba al techo de su boca.

Avery regresó un segundo después y toco algo contra su cara. Tomó las gafas y se las puso. Todo se enfocó, incluyendo la hermosa cara de Avery. El hombre tenía un cuerpo para morirse. Sin embargo, se sentía atraído por cada uno de los miembros de la manada de Jesse.

¿Quién no lo estaría, cuando todos eran deliciosos?

—Será mejor que te ponga algo de ropa —, le advirtió Avery, mientras sostenía un cuenco de helado. Olía a fresas. —Sabes lo loco que Jesse se pondrá, si te atrapa.

Agitó una mano, deseando que Avery se fuera. Jesse había sido sobreprotector con él, desde que era un mero cachorro, siempre actuando como su padre en lugar de su primo. Cuando los cazadores habían matado a sus padres, Jesse lo había acogido y lo había criado.

Entendía que Jesse se sintiera obligado a cuidar de él, pero a veces juraba que quería que viviera como un monje.

Los shifters no pensaban nada de la desnudez, aunque tenía que admitir, que viendo a cualquier miembro de la manada de su primo desnudo volvía loco cada gatillo que poseía. Pero comerse con los ojos a un desnudo shifter se consideraba grosero, y él desviaba la mirada cada vez que uno de ellos se paseaba por la casa, mostrando cada pulgada de su cuerpo.

—Tengo asuntos más urgentes. —Se volteó, cuando Jesse aulló en algún lugar en la distancia. Eso era una advertencia de que el peligro estaba cerca.

Avery dejó el tazón y se dirigió a las puertas francesas, donde miró más allá del cristal.

—¿Qué mierda? —Avery se volvió hacia él. —¿Tienes alguna idea de por qué Jesse lo están siguiendo los osos?

Sus cejas se alzaron cuando se alejo del sofá y corrió hacia su dormitorio.

Se puso un par de pantalones, tan rápido que casi atrapó su polla con la cremallera. Su habitación estaba en el segundo piso y en el lado opuesto de la casa desde la puerta principal, pero oyó gritos, mientras se deslizaba una camisa por encima de su cabeza.

Asustado, pero curioso, caminó de puntillas hacia el rellano y miro hacia abajo. Jesse y Clint estaban en el vestíbulo discutiendo. El resto de los osos, no estaban a la vista.

¿Dónde estaba su compañero? De ninguna manera en el infierno no habría venido con los otros.

—La decisión es de Gulf. —Dijo Jesse. —Si él quiere ir, entonces no lo detendré.

Puso los ojos en blanco. Eso era una maldita mentira. Si iba allí y le decía a su primo que se iba con su compañero, Jesse le pondría cinta adhesiva y lo metería en un armario, para mantenerlo allí.

—Entonces llámalo —, gruñó Clint. —Porque confía en mí, Mew no va a esperar otro minuto por su compañero.

Mew. ¿Ese era el nombre de su compañero?

Mordió su labio inferior, preguntándose qué hacer. Mew era un maldito oso. ¡Un oso! Se sentía débil sólo de pensar en ir a vivir con un clan de osos, y mucho menos estar acoplado a uno. De las historias que había oído al crecer, los osos eran salvajes incivilizados. Nunca había conocido a uno antes de esta noche, pero por la forma en que estos tipos estaban actuando, era difícil no creer lo que había oído.

Se sentó en el escalón superior, con la esperanza de pasar desapercibido, pero la diosa fortuna no estaba de su lado. Uno de los osos atravesó la puerta principal, e inmediatamente supo que era Mew.

Como si Mew sintiera su presencia, sus ojos verde se alzaron hacia donde estaba sentado. Su corazón se aceleró, mientras se mordía el labio inferior con más fuerza. Sin embargo, Mew no vino tras él. Simplemente se quedó mirándolo, como esperando a ver qué haría.

Jesse se volvió y frunció el ceño. Clint también lo miró.

—Ven aquí, Gulf —, dijo Clint.

—No des órdenes en mi jodida casa —, dijo Jesse. —Tienes suerte de que incluso te dejara entrar.

Los dos comenzaron a discutir de nuevo. Se desconectó, mientras miraba a los ojos de Mew. Entonces sus ojos vagaron hacia el sur. No estaba seguro de cómo Mew se había vestido tan rápido, pero todavía veía un pecho ancho, grandes músculos, cintura estrecha y... tragó saliva. Maldición, ¿el hombre estaba duro? Vio un contorno grueso en sus vaqueros.

Mew torció el dedo, diciéndole sin palabras, que fuera hacia él. Su sonrisa diabólica hizo que su piel se ruborizara. Se quedó congelado en su lugar, demasiado asustado para hacer algún movimiento.

Mew pasó a los hombres que discutían y se dirigió hacia los escalones.

Miró con fascinación y terror como avanzaba lentamente con la mano en la barandilla, mientras se le acercaba.

En lugar de sacarlo de la casa, Mew se sentó a su lado, apoyando los brazos sobre sus rodillas dobladas. Le dio una sonrisa tan cálida y sexy que casi lo derritió.

—Hola.

Una vez más, se ruborizó.

—Hola.

Mew extendió su mano fornida.

—Mew Rising.

—Gulf Callahan. —Su mano fue tragada por la de Mew, pero su compañero no la sacudió. Mew simplemente la sostuvo, frotándole su pulgar sobre la piel.

—¿Quieres volar de aquí e ir comer algo? —Mew finalmente soltó su mano, e inmediatamente extraño el calor.

—¿En Howling Cavern?

—Donde sea que quieras ir, bebé. —Su voz era baja, profunda y sensual, haciéndolo temblar.

Su estómago se volteó ante la palabra bebé. Nadie le había llamado antes con cariño. A veces, Jesse lo llamaba Gulfi, pero odiaba ese apodo porque Jesse solo lo usaba cuando estaba enojado con él.

Se acercó un poco más, olisqueando el aroma maravilloso de Mew. Sus párpados se cerraron, cuando la necesidad lo agarró.

Cuando abrió los ojos, Mew sonreía. Retrocedió, sus mejillas calentándose a niveles nucleares.

—Lo siento.

—Nunca te disculpes por querer estar cerca de mí. —Mew golpeó su brazo contra el suyo. —¿Así que, estás listo para ir a buscar algo de comida?

Miró a Jesse y a Clint, que seguían discutiendo. Estaba aterrorizado por salir con Mew, pero también estaba harto de la sobreprotección de Jesse. Si alguna vez iba a salir de debajo del pulgar de su primo, ahora era el momento. Empujando su miedo a los osos, dijo.

—Conozco una puerta trasera.

Se levantaron y caminaron por el pasillo del segundo piso, lo condujo a por los escalones de atrás, que terminaban en la cocina. Con una mirada por encima del hombro, abrió la puerta trasera.

—¿Puedo sostener tu mano? —Le preguntó Mew, mientras cerraba la puerta.

—Um... bien. —A pesar de su miedo, cuando sus dedos se entrelazaron, se sintió mareado. Él nunca había sostenido una mano antes, no de una manera tan íntima.

—¿Entonces, qué te hizo correr? —Preguntó Mew mientras bajaban la montaña hacia la ciudad de Howling Cavern.

—Siguiente pregunta —, dijo. No iba a admitir que las historias con las que había crecido le habían hecho ver a Mew como un tipo malo.

Mew se rió entre dientes. Le gustaba el sonido.

—Bien, ¿por qué vives con Jesse?

—Cuando tenía cinco años, mis padres fueron asesinados por un grupo de cazadores. De lo que me dijeron, los humanos cazaban osos, pero la presencia de mis padres los asustó. —Sólo tenía vagos recuerdos de ellos, pero Jesse se había asegurado de mostrarle todas las fotos que tenía de su tío y su compañero.

Llevaba una de esas fotos en su cartera, pero las caras en ella eran extrañas, independientemente de las historias que Jesse le había dicho. Sintió cariño cuando Jesse le habló de Matthew y Gail, pero nada más. Aunque las historias de Jesse eran maravillosas, se sentía como si hubiera oído hablar de dos personas que no conocía.

Por supuesto, sentía la soledad que alguien sentiría al crecer sin una mamá y un papá, pero Jesse y el resto de la manada eran su familia, y había llegado a aceptar que un pedazo de nunca se sentiría entero.

—Siento escuchar eso —, dijo Mew. —¿Asiqué, Jesse te crió desde que tenías cinco años?

Asintió.

—Él ha sido bueno conmigo. —Aunque a veces Jesse enloquecía por su seguridad. Su primo estaba aterrorizado de que sufriera el mismo destino que sus padres. Comprendía los temores de Jesse, pero coartó su libertad. Tan espantoso como era la idea, se preguntaba si vivir con los osos le daría la libertad que había anhelado.

Ahora que ya no estaba en pánico, miró a Mew y sonrió.

—¿No tienes miedo de que Jesse vaya tras nosotros?

Mew gruñó.

—Conozco una gran receta para el estofado de conejo. Sólo sustituiré al lobo para hacerlo.

Hizo una mueca.

—Eso no es divertido.

Su compañero rió entre dientes.

—Pensé que lo era.

Llegaron a Howling Cavern en muy poco tiempo, y el ajetreo y el bullicio de la pequeña ciudad siempre lo sorprendía. Le encantaba venir aquí, pero Jesse había limitado sus visitas.

Tiró de la mano de Mew, arrastrándolo a Swirly Treats. El puesto de helado tenía una larga cola, y él estaba muriéndose por un helado. El día de verano era abrasador y odiaba sudar. Nunca se bronceaba. Su cuerpo empapado en calor y aguantando, hacían que enfermara cada vez que pasaba mucho tiempo al aire libre.

Mew se movió detrás de él, envolviendo sus brazos alrededor de sus hombros, mientras miraba el tablero del menú. Esto parecía una cita, lo que hizo que se apoyara en él.

Suspiró y se estremeció, cuando Mew mordisqueó el lóbulo de su oreja.

—¿Qué vas a escoger?

—Un cono de chocolate.

—¿Mew Rising? No puedo creer que te haya encontrado.

Miró a su izquierda. Un hombre delgado de ojos azules y cabellos rubios, se quedó allí bebiendo a Mew. Del modo en que su mirada recorrió a Mew, supo que los dos habían sido íntimos.

—Hey, Mike —, dijo Mew con un tono indiferente.

—Matt —, corrigió el joven. —¿Qué haces en Howling Cavern?

Matt ignoró completamente el hecho de que estaba acurrucado en los brazos de Mew. Mantuvo los ojos clavados en Mew, todo el tiempo que hablo.

—Con mi novio. —El tono de Mew dijo que no estaba interesado, pero eso no impidió que Matt continuara la conversación.

—Había esperado que llamaras después de esa noche mágica. Supuse que habías perdido mi número. —Matt corrió hacia el mostrador y cogió una pluma de una taza, luego tomó un recibo caído del suelo. Escribió algo en el y le dio el recibo a Mew. —Te lo daré de nuevo.

Mew miró el papel, luego a Matt.

—Estoy con mi novio.

Matt lo miró a él.

—¿Pasando por un mala racha, Mew? —Estaba tan sorprendido y mortificado, que se quedó sin habla. Podría haber superado el hecho de que se encontraran con uno de los ex amantes de Mew, si Matt no hubiese sido tan grosero e irrespetuoso.

Mew lo soltó y agarró el brazo de Matt, arrastrándolo a unos metros de distancia. No podía oír lo que estaban diciendo, pero a juzgar por la expresión en la cara de Matt, no fue una conversación agradable.

Se quedó aturdido, cuando Matt metió el recibo en el bolsillo delantero de Mew, y luego salió corriendo.

Mew sacó el papel y lo tiró a la basura antes de regresar con él.

—Lamento eso.

¿Qué iba a decir? Nunca antes había tratado con alguien como Matt y no sabía qué decir.

—Hey. —Mew tomó su cara, su pulgar le acarició la mejilla. —No fue nada, ¿de acuerdo? Una sola vez. Ni siquiera podía recordar su maldito nombre.

Las excusas de Mew sólo hicieron que se sintiera peor. Mientras que Matt había sido un pequeño twink atractivo, su cabello oscuro siempre sobresalía en todas las dirección, no importaba cuánto había intentado domesticarlo. Llevaba gafas gruesas, no tenía culo para sostener sus pantalones y demasiadas pecas salpican su rostro y cuerpo.

Viviendo con Jesse y su manada, ya se había sentido como un patito feo, como si hubiera perdido la lotería genética. Matt sólo había logrado demostrarlo.

—¿Podemos irnos? —Sonrió, pero era más tensa que genuino.

—No dejes que arruine nuestro día. —Mew le dio un beso rápido, pero suave. —Olvida de que incluso nos topamos con él.

Eso era más fácil decirlo que hacerlo, pero forzó a su mal humor a un lado y decidió disfrutar de su día con Mew.

Eso fue hasta que la camioneta de Jesse llegó a la acera. Su primo salió, con el ceño fruncido en la cara.

—¿Has perdido la cabeza?

Mew gruñó, moviéndose para pararse delante de él.

—Ten cuidado de cómo hablas con él.

Mientras Jesse y Mew se miraban, levantó las manos y se alejó. Había tenido suficiente de toda esta mierda. Entre su primo que actuaba como un idiota, su compañero que actuaba como un hombre de las cavernas, y Matt siendo un hijo de puta maleducado y grosero, él había acabado con todo ello.

Caminaría a casa solo.

Esperaba que Jesse y Mew se divirtieran golpeando sus cabezas con un bate, como hombres de las cavernas. Malditos imbéciles.

Y si alguna vez volvía a ver a Matt, golpearía a esa pequeña perra en su grosero culo.

Se tambaleó y agarró la parte trasera de una de las sillas de metal frente al puesto de helados. Apretó la mano contra su estómago, mientras se estrujaba. Sudor estalló sobre su piel, mientras se inclinaba, sintiendo como si su cuerpo se hubiese prendido fuego.

Sus ojos se ensancharon, cuando se dio cuenta de que el calor de apareamiento había comenzado.