I
Magnus
La habitación estaba casi en silencio absoluto, el crepitar de la leña en el fuego es mi única compañía por un rato, conforme las manecillas del reloj avanzan siento crecer la ira en mi interior, la tardía llegada del emisario del reino sur comenzaba a molestarme en sobremanera, la impuntualidad es inadmisible cuando se juega con el tiempo de un miembro de la realeza como yo y aún más imperdonable cuando la situación ni siquiera me interesa lo suficiente.
Las largas charlas al respecto de un pacto por el fortalecimiento de ambos territorios se habían extendido más tiempo del necesario, mi gente no encontraba atributos de peso que nos beneficiaran realmente por parte del clan Cantemir como para unir a nuestras familias en un solo frente ante el inevitable acecho de la magia oscura, no habían dado una sola razón de poder para concederles nuestra ayuda y ésta era la última oportunidad para convencerme de aliarnos.
Durante la última reunión con el consejo prometieron estar cerca de tener algo inimaginable para ofrecer, pensando en el cercano tiempo de cosechas intuí que la propuesta tiene relación con aumentar las reservas de nuestro pueblo al doble de su capacidad o alguna otra opción igual de insignificante.
—Mi señor, pido disculpas por la tardanza.
La voz me saca de mis pensamientos y atraviesa el salón junto con el cuerpo de un hombre ligeramente robusto enfundado en un traje de tres piezas de un amarillo mostaza que quema mis retinas apenas lo veo, se acerca a mí con una reverencia antes de intentar tomar asiento al otro lado de la mesa, pero antes de que se deje caer en mi mobiliario le advierto con un tono de voz.
—Mi tiempo no te pertenece, habla antes de que hagas que termine con las negociaciones gracias a tu incompetencia y condenes a tu gente a enfrentar sus batallas sin nosotros.
Se detiene suspendiendo su cuerpo en el aire y se recompone para erguirse de pie junto a la silla visiblemente nervioso por mis palabras.
—Mis disculpas de nuevo mi señor, no lo haré perder más de su valioso tiempo. He sido enviado por el consejo de ancianos para anunciarle la buena noticia; la princesa Cantemir está viva.
Las palabras del emisario del sur me impactan como la primera ventisca de invierno a las montañas de la cordillera, puedo sentir en mi interior el burbujero en mi pecho allá donde debería latir un corazón oscurecido por mí pasado.
Observo con detenimiento al hombre que yace de pie expectante de mi reacción, sus mejillas hacen el amago de subir con una sonrisa al verse satisfecho por creer haberme complacido, necesito de gran parte de mi control para no revelar mis emociones ante la interesante situación que acababa de plantearse frente a mí, en su lugar me limito a responder con toda la indiferencia que me es posible.
—¿Esa es la oferta de tu gente? ¿Simplemente información?
—Mi señor, nosotros... Es la princesa, nuestra heredera al trono Cantemir, la hija de los reyes Smaranda y Mihail, la princesa que puede terminar con su maldición.
La mención de la magia que ha habitado en mi interior desde que era un niño estremece mi ser con dolor, el sabor del amargo veneno que se instala en mi garganta palpita contra mi lengua al recordar la devastadora suerte que me ha deparado la vida, siento mi quijada tensarse por la rabia acumulada que me inunda todos los días que vivo con la condición causada por mis antepasados y sus pecados.
—Tu información no es más que una propuesta vacía, no servirá de nada si no me pruebas que la princesa sobrevivió al destino que tuvo el resto de la familia real. Tráela contigo y comenzaremos a negociar, hasta entonces no quiero que nadie más se entere de lo que acabas de decirme, si me mientes terminaremos al instante nuestra alianza, recuérdalo bien.
Y sin más hago un gesto hacía mis guardias reales para que saquen de la habitación al emisario.
Con él afuera y con las puertas cerradas tras su partida escucho la mesa de madera crujir bajo mis manos cerradas alrededor del borde de la misma, tomo entre mis dedos el trozo de madera que acababa de romper de la pieza de roble sólido sin ningún esfuerzo, lo observo mientras mis palmas tiemblan ligeramente a causa de la ira que crece en mi interior, estaba empezando a tener hambre y la magia que vive en mi interior sacude mi ser poco a poco, el último pensamiento racional que pasa por mi mente antes de caer en el abismo de negrura es la posibilidad de que la hija del clan Cantemir continúe con vida como una esperanza a la que decido aferrarme mientras mi mente navega en el dolor que siento bajar por mi tráquea, el ardor de un hierro a fuego vivo me atraviesa y mi garganta deja escapar un alarido de agonía.
Eleanor
El sonido de los guijarros que salen disparados al paso del automóvil mantienen mi mente distraída, no estoy lo suficientemente interesada en observar por la ventana los paisajes boscosos que pasamos a nuestro camino, mi vista se mantiene fija en el pedazo de papel que sostengo entre mis manos.
—¿Pueden recordarme por qué no fuimos a la playa?
Pregunto a mis amigas en los asientos delanteros dejando de lado el mapa que guía nuestra ruta marcado con un bolígrafo rojo.
—Porque el plan es esquiar en la nieve, no hay mucha oportunidad de hacer eso en el océano Ellie.
—Y porque son las mejores amigas.
Añade al final nuestra conductora y motivo principal para viajar a otro país a 4 horas de distancia por el aire y 3 más en auto, de alguna manera Zoe logró convencernos para aventurarnos en un viaje vacacional a las frías montañas de Cavnic en Rumanía, nos aseguró que la experiencia de esquí en Karpenisi ubicada en la periferia de Grecia; nuestro hogar, no era comparable a los escenarios nevados de los Cárpatos.
Al principio Chloe y yo nos negamos en rotundo a la idea, no nos apetecía lo más mínimo perdernos el sol de verano que podíamos disfrutar entre el ambiente de fiesta gracias a la vuelta de los universitarios a casa, pero la mención de la historia de amor que había vivido nuestra amiga un verano atrás fue suficiente para conmover nuestro corazón y apiadarnos de la locura que Zoe tenía en mente.
—¿Estamos seguras de que él estará ahí?
Pregunto con un pesado suspiro mientras me dejo caer en el respaldo de mi lugar.
—Dijo que esquiaba cada verano, él es de por aquí, estoy segura de que lo volveré a ver, puedo sentirlo en mi interior.
Un pequeño murmullo suena dentro de mi cabeza y me hace reír antes de hablar nuevamente.
—Debe ser realmente impresionante si viajamos tantos kilómetros solo para que pudieras “sentirlo de nuevo en tu interior”.
Digo escuchando la risa ahogada de Chole frente a mí antes de que nuestra conductora replique con una sonrisa en la cara.
—Así es, era impresionante Ellie, jamás había visto uno tan grande como ese, no necesitas leer mis pensamientos, yo misma te daré los detalles una vez más.
El tono de voz orgulloso de mi amiga nos hace soltar risas divertidas, el resto del viaje concluye entre la historia que ya habíamos escuchado antes con escenas gráficas narradas por mi amiga que crea imágenes en mi cabeza que no necesitaba de Zoe y su amante experto en esquí de metro ochenta con acento ruso y una sonrisa que ella cataloga como “abrasadora”.
El hospedaje en el que nos instalamos es una sencilla cabaña rodeada por un complejo de ejemplares similares al interior del parque cubierto de una capa de nieve, nos toma dos viajes conseguir nuestro equipaje dentro del lugar pero el esfuerzo vale la pena cuando observo el acogedor ambiente dentro.
Una decoración sencilla llena de madera con un olor fresco rodea la entrada del lugar, dos sillones mullidos y una alfombra a los pies de éstos en tonos cálidos hacen juego con las estanterías y la chimenea de ladrillo empotrada en la pared, me digo de inmediato que no será difícil para mí pasar las siguientes cinco semanas en el lugar y me adentro al espacio para recorrerlo por completo.
Cuatro dormitorios en el piso de arriba, dos baños y una cocina después visité todos los rincones del lugar encantada por la sensación de comodidad que se extiende en mi pecho, mis amigas deciden que es buen momento para hacer las compras de víveres ya que queda suficiente luz del sol para hacer el viaje de ida y vuelta y sin más nos subimos al auto alquilado y emprendemos camino al lugar.
El pequeño supermercado en la estación de gasolina del pueblo no deja mucho que desear gracias al amplio surtido de comestibles y variedad de productos, si no fuera por los extraños bocadillos y enlatados con etiquetas en rumano el complejo podría parecer una de las estaciones de combustible genéricas de casa.
—Iré a buscar papel higiénico, ¿puedes encargarte de conseguir algo para beber más tarde?
Me pregunta Chloe mientras pasa la cesta a manos de Zoe que continúa en el suelo revisando cuidadosamente el etiquetado de los pepinillos en conserva.
—Quizás algo como...
Habla la pelinegra sin apartar los ojos del frasco.
—Vino será.
Asiento a Chloe que sonríe a mi lado antes de dirigirme a los pasillos de licores.
El surtido de bebidas alcohólicas tampoco decepciona, cervezas nacionales, whiskies importados, una variedad de alcohol de ciruelas y varios más que no consigo leer se presentan frente a mí, pero con un propósito en mente me dirijo a la apartada selección de vinos embotellados en cristales tintados.
Paso mi vista por las diferentes opciones y me decido por un par que lucen interesantes, antes de hacer mi decisión final me detengo a leer las leyendas que rezan los variados conservadores de la bebida, costumbre que adopté tras vivir con Zoe desde hacía un par de años, ella era una fanática de las conspiraciones, estaba algo obsesionada con saber específicamente qué tipo de cosas ingería antes de metérselas a la boca, alegaba que los gobiernos del mundo conspiraban contra la gente para enfermarnos de a poco a cada bocado, Chloe y yo al principio pensábamos que era una etapa que superaría tarde o temprano, pero la costumbre no se fue aún cuando estábamos por cumplir 25 años, con el tiempo aprendimos a vivir con la personalidad conspiranoica de nuestra amiga y terminamos adoptando sus peculiaridades a nuestra rutina, no podía quejarme en realidad, a nuestra manera las tres teníamos nuestros rituales o puntos débiles distintos al resto de las personas y eso era lo que nos hacía encajar una con la otra.
En mi caso era mi extraña habilidad para adivinar las palabras de las personas antes de que las exteriorizaran por sí mismas, a mis amigas les gustaba jugar llamándome psíquica y poniéndome a prueba de vez en cuando, la situación jamás me molestó en absoluto, sus ojos nunca reflejaron miedo ante mi peculiaridad ni tampoco me llamaron loca cuando lo descubrieron, les gustaba jugar con la idea de que fuera parecida al protagonista de una de sus películas adolescentes favorita; crepúsculo, con habilidades para leer mentes y todo eso pero con la piel más cálida que los ficticios personajes.
Me pierdo brevemente entre los buenos recuerdos cuando un murmullo resuena en lo profundo de mi cabeza, un conjunto de palabras en un idioma que no consigo distinguir llegan a mi mente sin parar, el cabello en la base de mi nuca se eriza sabiendo que mientras más fuerte pueda escuchar la mente de alguien eso quiere decir que está más cerca de mí.
La voz no parece amenazante a medida que se hace más clara, pero la idea de tener a un extraño a mis espaldas con un diálogo interno de evidente conflicto consigo mismo me inquieta ligeramente, el hecho de que no pueda entender ni una sola frase tampoco ayuda, pero en medio de toda la palabrería hay un nombre que se clava en mi mente provocando un sentimiento de miedo que se extiende por todo mi cuerpo.
“Magnus”
Me giro de inmediato cuando la mención de esa persona llega a mí mentalmente, busco con la mirada al portador del diálogo que estuve escuchando en mis pensamientos pero no me encuentro con nada más que con las vistas despejadas de la tienda.
Presiono el par de botellas seleccionadas contra mi pecho y siento mi respiración agitarse mientras me encamino a buscar a mis amigas en la caja registradora, mi mirada no se detiene ni un segundo buscando inquietamente entre los pasillos a mi alrededor, el nombre no había sido una alucinación, lo habían mencionado de verdad en medio del discurso que escuché, ese nombre sin rostro que me ha estado persiguiendo en mis pesadillas desde que era una niña había sido mencionado por alguien alrededor de mí.
Como suponía las chicas están depositando los artículos en la banda corrediza de la caja, charlando alegremente entre sí mientras la cajera al otro lado marca los productos sin prestar atención al parloteo.
—Ellie.
Me saluda Zoe tomando las botellas de mis manos cuando me acerco lo suficiente.
—Eres asombrosa, deberíamos ir al hipódromo alguna vez, te he dicho que no hay nada de ilegal en los superpoderes.
Continúa hablando alegremente pero su sonrisa y buen ánimo se apagan de a poco al verme directamente a la cara.
—¿Qué ocurre? ¿Te sientes mal?
Pregunta dejando de lado el licor para acercarse a mí y tomarme con cuidado de los hombros para examinarme más de cerca.
—¿Estás bien? Estás muy pálida, parece que viste un fantasma amiga.
Intenta bromear conmigo para hacerme hablar pero yo simplemente me remuevo en mi lugar asintiendo brevemente antes de tomar distancia entre nosotras para rodear mi cuerpo con mis brazos.
—Si, yo solo, quizás estoy algo cansada, las veo en el auto.
Aseguro brindándoles una pequeña sonrisa antes de salir fuera del lugar que comenzaba a sentirse asfixiante.
El aire fresco choca contra mis mejillas y llena mis pulmones una y otra vez mientras realizo respiraciones controladas, el pánico del que era presa hacía unos minutos se desvanecía poco a poco a medida que me recordaba que todos esos sueños no eran más que eso, simples creaciones de mi subconsciente imaginativo que plasmaba imágenes ficticias de mis mayores miedos como salida de mis trastornos ansiosos.
No había nadie buscándome para matarme, no existía un ser oscuro que me acechaba en las sombras antes de abalanzarse sobre mí y devorarme como un animal salvaje, el nombre de Magnus no significaba nada más que mi mente dando un apodo a mi enemigo imaginario para hacerlo más fácil de hablar en terapia, y sobre todo, no había escuchado el maldito nombre en los pensamientos de un extranjero en la tienda de conveniencia.
Simplemente escuché a una persona hablar sus asuntos en un idioma distinto al mío y confundí las palabras haciéndome creer que escuché algo que no estaba ahí, si, eso era exactamente lo que había pasado.
Abro mis ojos después de dejar salir el aire que contenía en mis pulmones y dejo que mi peso descanse junto al vehículo que utilizamos para llegar al lugar, pero cuando mis ojos se centran en la figura frente a mí, un rostro regordete me devuelve la mirada y la angustia cruza ligeramente su ceño, no podía ser más alto que Chloe pero se notaba de lejos que no tenía el mínimo sentido de la moda a diferencia de mi amiga, un abrigo café cubría su cuerpo completamente y lo hace parecer 20 años más viejo de lo que podría a juzgar por su rostro, ambos nos observamos fijamente mientras intento escuchar en sus pensamientos qué es lo que hace de pie a escasos metros de mí pero toda la tranquilidad que pude crear a mi alrededor se desvanece en un segundo cuando veo al hombre venir hacia mí y sujetar un pañuelo sobre mi boca y nariz llenándome de pánico por completo.
Lucho contra el agarre del extraño poniendo mis uñas sobre sus manos y arañando la carne contra mi manicura, mis ojos están muy abiertos buscando a mis amigas en el interior de la tienda sobre el hombro del hombre pero cuando comienzo a sentir mi cuerpo perdiendo fuerzas me concentro en el sujeto que intenta someterme y por un segundo veo lo que parece arrepentimiento y dolor en sus grandes ojos y antes de que todo se vuelva negro puedo escuchar en mi cabeza un “Lo siento mucho”.