Pt. 1 Un nuevo comienzo
PDV PJM
Cuando era pequeño en el jardín de niños siempre me molestaban tanto niñas como niños, ya que pensaban que era una niña por mi cabello dorado y ondulado, mi carita es hermosa y es que gracias al apoyo de mi madre crecí amándome tal como soy, con una autoestima grande. La curandera de la manada decía que tal vez a los 10 años cuando se supone que es la presentación y que la luna ilumina el camino de tu lobo y no se que tantas más cosas al fin podría descubrir mi aroma o en su defecto descubrir las feromonas, pero cuando ese día llegó solo pasaron cuatro cosas y tres de ellas fueron las más significativas en esas 24 hrs.
Primero, me salió gran lunar rojo en la parte superior de mi pectoral derecho, era grande como de unos 20 cm, pero con el tiempo se fue reduciendo y ahora mide unos 8 cm, el tono ha disminuido y empieza a delimitar una especie de flor de 5 pétalos cada 2 meses, solo una vez mi madre preguntó a la curandera el ¿porqué? pero nunca soluciono algo. La segunda, mi olfato se desarrolló demasiado bien y eso me ayuda a estar más alerta de cualquier peligro o las malditas feromonas de los y las omegas y alfas. Tercero, si tengo un ligero pero muy ligero aroma a cereza, es casi imperceptible y eso me hace ordinario y me alegra ser un chico como soy, además doy gracias a la madre luna de no sufrir los cambios hormonales fuertes, como eso del celo o sufrir un ataque por un alfa y ser marcado ¡qué horror! y el cuarto menos importante a los 10 años mi padre nos abandonó, ya que decía que tenía un hijo defectuoso y no pensaba pasar por las burlas o deshonra de la manada, así que el muy cabrón se fue, mi madre entró en depresión tiempo después ya que al parecer mi padre marco a alguien más, es la fecha y no sabemos nada de él y siendo sincero no nos importa, trabajamos mucho en salir adelante con mi madre, para que ese señor venga arruinarnos la vida, el dia y la existencia que tenemos mi madre y yo.
En estos tiempos las y los omegas jóvenes me odian aún más, por mi cuerpo varonil pero delgado, tengo una estrecha cintura, pero tengo un trasero algo voluminoso y claro mi belleza. Los alfas me cortejan o eso tratan, pero siempre terminó rechazando el cortejo, no es algo que me importe a demás de que no me gustan o son muy animales, ya que solo intentan ver quien es el primero en tomarme y utilizarme a su antojo, como si fuera una bebida, si son unos verdaderos idiotas. No tengo amigos, gracias a la curandera que les informo a todos del lunar y a mi queridisimo padre se fue gritando a los cuatro vientos de mi naturaleza, los padres alejaban a sus hijos de mi, ya que dicen que lo que tengo puedo contaminar los cuerpos de las y los omegas y que sus cachorros nazcan como yo. ¡Ja, ja! ya quisieran tener un hijo como yo, asi hermoso y con todas mis cualidades, pero en fin asi son estos perros pulgosos con los que me tocó vivir.
—Jimin es hora de irnos, baja ya— Y esa es la hermosa voz de mi madre.
Ella es una hermosa omega y una excelente repostera, aquí en la manada intentó abrir un local pero fue un fracaso así que solo tenía pedidos, pero como en todo pedían que yo no ayudará o tocará lo que ella hiciera, en fin son unas bestias. Cuando mi mamá decidió que era momento de mudarnos me alegro mucho, no tengo nada ni nadie por quien sufrir o extrañar, así que aquí estoy al pie de la puerta de mi habitación, observando que nada se me olvide y al comprobarlo tomo mi mochila para comenzar a bajar. Mi mirada se posa en ella que observa detenidamente cada rincón de la casa y aunque no lo admita se que le dule un poco, aqui vivió toda su vida, la casa les pertenecía a sus padres, los abuelos que murieron cuando ella era joven, aquí vivió su cortejo, matrimonio, marca y todo lo bueno como lo malo.
—Ya estoy aquí. — Digo saltando los últimos escalones y dando un beso en la mejilla de mi madre haciendo que brincara por un momento. —Te vez hermoso— me remueve mi cabello y para enfatizar aprieta de mis mejillas, haciendo que estas se pongan de color rojizo por el apreton.
Al salir de la casa una pareja nos estaba esperando, ellas adquirieron la casa y es que mi madre decidió venderla, alegando que era lo mejor para nunca más regresar a esta manada. La pareja que la compro siempre habían sido amables y a mi nunca me trataron mal, asi que les dediqué una sonrisa y me aleje de ellas.
—Señoras Lee, todo estaba arreglado, que siga siendo de su agrado el lugar, nos vemos— mi madre les entrega las llaves de la casa y hace una pequeña reverencia que es correspondida.
—Gracias Hwasa, espero que tengan un buen viaje— dice la señora Lee —Jimin cuidate mucho— me dicen sonriendo, yo por mi parte asunto y sin más nos subimos al auto.
Conforme avanzamos a la salida de la manada somos observamos por muchos alfas y omegas, unos tienen una sonrisa de triunfo y otros susurran cosas, si piensan que nos afectarán están demasiado equivocados, si por mi fuera estaría sonando la bocina del claxon de triunfo, pero mi madre me lo ha prohibido con una mirada así que me dispongo a observarlos y sonreír ampliamente y con mi mano decirles adiós.
—Hasta nunca perros pulgosos— murmuró bajo para que mi madre no escuche y así empieza nuestra nueva vida.
El trayecto es demasiado largo y con ello agotador, nos rotamos en el camino para manejar y así descansar por un rato, pero aún falta un día de viaje, así que decidimos buscar un hostal en el camino para pasar la noche, nos duchamos, cenamos y al descansar me recuesto al lado de mi madre, su dulce aroma a fresa me relaja y más con sus suaves caricias que me hacen acorrucarme más a su lado y que me duerma casi inmediatamente. Al otro día con los primeros rayos del sol partimos para llegar a nuestro nuevo hogar, esta vez yo me encuentro manejando ya que mi madre fue la que manejó más el día de ayer, enciendo la radio y con ello me pongo a cantar, mi madre tararea conmigo y así empezamos un viaje cantando y riendo de las ocurrencias de ambos. Después de horas y horas de recorrer el camino llegamos a la nueva manada, los dos nos volteamos a ver por las grandes murallas que la rodean, las casas son grandes y coloridas por sus flores, se ven muchas tiendas de comida, ropa, accesorios, librerías y muchas más, pero sobre todo las personas se ven amables y eso que aún no las trata pero todo se ve agradable, pero sobre todo mi corazón se siente como en casa.
—Minnie debemos de ir a las tiendas a comprar ropa nueva y tal vez por ahí podemos poner el local de postres— dice señalando los locales, los dos reímos y asentimos.
El camino es empedrado pero en muy buen estado, conforme vamos avanzando me doy cuenta de que es mucho más grande de lo que imaginaba.
—Ahí, ahí está nuestra nueva casa— mi madre llama mi atención, entonces me dispongo a aparcar el auto y sin dudarlo bajamos rápidamente para entrar.
Al recorremos la casa que es hermosa y mucho muy grande que la antigua, es de dos plantas, cuenta con tres habitaciones cada una con su propio baño, la cocina y comedor son amplios es una casa perfecta, después de un buen tour y escoger nuestras habitaciones me dispongo a acomodar mi ropa, mientras mis pensamientos empiezan a fluir, mi mamá tenia mucha razon al decir que esta manada me iba a gustar, solo queda esperar que todo fluya bien, aqui nadie sabe de mi naturaleza y no es necesario explicar por nada del mundo, o llevaba ni la mitad de mi topa y ya me había cansado, así que el llamado de mi madre fue exactamente perfecto.
—Minnie vamos a comparar las cosas de la cena, sirve que conocemos la manada, luego terminas— volteo a verla con una sonrisa
—Si dejas de sonsacar a tu hijo que trata de acomodar su ropa— le comento dramatizando al llevar mi mano a mi pecho.
—Disculpe usted por interrumpir su labor que debe de ser de una hora, pero ya lleva más de tres— me comenta riendo —ya vamos, luego terminas— y sin pensarlo dos veces dejo mi reguero y salgo tras ella.
Al ir caminando vamos observando más a detalle, las personas nos brindan saludos y son muy amables, nos dirigimos a comprar los ingredientes para la cena, así como aprovecha para mostrarme el pequeño instituto donde a partir de mañana estudiaré, gracias a que mencionó que por cuestiones laborales me tenia que mudar en el instituto me aceptaron fácilmente y a fin de curso. Antes de regresar con mi madre fuimos a unas tiendas de ropa y así nos probamos infinidad de ropa, mi madre quedaba fascinada con lo que le mostraba
—¡Oh Minnie! te ves hermoso con todo mi niño— comenta haciendo girar su dedo para que me vea de todos los ángulos posibles.
—Lo dices porque soy tu hijo— le comento mientras voy girando
—será acaso porque eres todo lo que una madre puede pedir— dice mientras me abraza y es que sus abrazos hacen que la vida se reinicie por completo
—Y tu eres todo para mi mamá— le susurro al oído mientras correspondo el abrazo
Mi madre siempre me halaga y es que, aunque no tenga amigos ella siempre será mi mejor amiga y confidente. Al llegar a casa dejamos las compras en la sala y nos disponemos a preparar la cena, mientras yo cortaba los vegetales y preparaba los condimentos sobre la encimera, mi madre lavaba un poco de carne. La cena es tranquila y como siempre temas de todo.
—¿Te gusta el lugar Minnie?— me pregunto mientras terminaba con su último bocado —se que apenas llevamos unas horas, pero ya me puedes decir— la veo levantarse para comenzar a recoger lentamente los platos y mientras yo le ayudo a lavar
—Si es agradable, aun no te puedo decir con seguridad, falta el dia de mañana, ya veremos— le terminó informando viendo como toma de nuevo asiento
—¿sabes que si no te gusta nos podemos mudar de nuevo?— la veo mover sus dedos sobre la mesa
—Lo sé y por esto te amo tanto— le doy una mirada llena de gratitud.
—Cariño mañana iré a ver al alfa de la manada y de paso a mi amiga Hyuna para que me venda un local— tras un momento de silencio al fin habla, yo asiento para girar y dejarle un beso en su frente
—¿Quieres que vaya contigo?— aunque no se para que le preguntó si ya se su respuesta, pero igual si insisto la puedo convencer —Además tengo muchas ganas de conocer a tu amiga de la infancia— hago un puchero esperando convencerla pero ella niega.
—No, tú te vas a ir al instituto y por la noche cuando regreses hablamos, así que ve a dormir y deja de hacer ese puchero, que no me vas a convencer.— Y así da por terminado ese tema, me acaricia mi cabello, dejando un beso sobre mi frente y yo me dispongo a asentir.
—Descansa mamá— le doy un beso en su mejilla y subo a mi habitación.
Al llegar frunzo el ceño al ver toda mi ropa que no termine y de pensar que aun tengo que acomodar las nuevas compras me duele la cabeza, así que en un movimiento rápido la empujó a un lado de la cama dejando el espacio suficiente para acostarme y quedarme completamente dormido.