Chapter 1
La comunidad del Naranjo, era un caos, Tórtolas, Gorriones Zorzales y Chincoles estaban angustiados.
No vino! -decían,
No aparece!
No estáaaaa!
Mirlos, Raras, Chercanes y Tordos, iban y venían inquietos, sorprendidos.
En todas partes se escuchaba el lamento, las voces de alarma, lo que nadie podía creer:
No llegó!
EL VIEJO NO LLEGÓ!
El viejo, era patrimonio de todas las bandadas de la comarca, su presencia era tan constante y cotidiana como la cordillera. Cada día recorría a paso lento la comarca, repartiendo migas de pan, sin rumbo fijo ni esperanza alguna, arrastrando su bolsa, su tristeza y su soledad, buscando nada, esperando nada.
El avance sostenido del peso del paso del tiempo, los dolores del alma, del corazón y un profundo y tormentoso arrepentimiento, se le habían alojado en el cuello y la cabeza y por eso, iba siempre encorvado al caminar.
Arboles, flores y plantas sacudían conmovidos sus ramas y lanzaban aromas para alegrarlo cuando lo veían pasar, las aves, almas sensibles, fueron dedicándole tonadas y así, sin proponérselo, todas las canciones hablaban de él.
Alguien cantó que antaño, cuando los árboles aún no daban su primer fruto, el viejo había roto el corazón de su amada, la había traicionado, dejándola sola, decepcionada, triste y desolada.
“No lo puedo perdonar, -decía ella entre sollozos y oración, pero tampoco soy capaz de estar lejos de él, no quiero la vida si no lo vuelvo a ver. Me escuchas oh Dios?.
No quiero la vida si no lo vuelvo a ver!”
Fue tanto su dolor, que lloraba y oraba, oraba y lloraba sin parar, hasta que un día de tanto orar y llorar, Dios la escucho.
Y así, en un parpadeo se le agotó la reserva de llanto y después de un profundo suspiro, su corazón dejó de latir. (Un segundo después, en un nido oculto en el follaje del Naranjo, una nueva vida eclosionó.)