LOS SUEÑOS DE ALEXA.
Alexa solía ser una chica extrovertida y alegre a pesar de las condiciones familiares que tenía, solía pensar que sí en su casa las cosas eran complicadas, fuera de ella debían ser hermosas y mágicas, por eso le gustaba conocer gente, sonreír y disfrutar el momento, pues sabía que al llegar a casa las cosas se complicaban, su madre frustrada por ser una madre soltera con dificultades económicas solía pagar sus molestias con su hija, maltratándola verbalmente y en ocasiones físicamente. Alexa sabía que para su madre ella era una carga por lo que estaba decidida en cambiar eso a la brevedad.
Al graduarse de bachillerato Alexa comenzó a buscar trabajo, su ilusión era poder trabajar en una empresa con buenos beneficios para pronto poder alquilar su propio departamento y dejar de vivir con aquella mujer que diariamente se quejaba de su existencia y del gran parecido que tenía con su padre, a quien Alexa no había conocido en persona, pero conocía cada uno de sus defectos gracias a Valentina Daza su madre.
A pesar de sus grandes esfuerzos, pronto Alexa se dio cuenta que no solo era tener buena actitud y grandes deseos, muchas veces era importante tener conexiones y el apoyo de alguien más para lograr sus metas, de manera que sus esfuerzos por conseguir el empleo de sus sueños no dieron frutos.
Al inicio solo logró conseguir pequeños empleos en cafeterías, aun así se las arregló para ayudar económicamente a su madre intentando mejorar la relación entre ambas y por otro lado buscaba la forma de reunir la matrícula del instituto pues deseaba estudiar administración de empresas y tal vez algún día tener la suya propia.
Su meta era clara y precisa, a los veinte años debía conseguir un trabajo en la empresa de sus sueños e iniciar la universidad, a sus veinticinco debería estar por graduarse y ascender a un mejor puesto laboral, ganar experiencia y pronto tener su propia empresa, a los treinta años debería estar casada con un hermoso hombre y tener un par de hijos preciosos amados por sus padres.
Esas eran sus metas y estaba decidida a lograrlas, tanto así que había realizado un afiche con cada uno de sus objetivos plasmados en él, con metas a corto y largo plazo. Lo había colocado en la parte interna de la puerta de su habitación y cada mañana lo observaba y se daba ánimos para lograr sus sueños.
Al cumplir los dieciocho años, Alexa consiguió empleo en una pequeña cafetería, allí debió realizar todo tipo de tareas, desde lavar baños, los vidrios de las ventanas y lavar los trastes. Pronto por su linda apariencia logró trabajar en el mostrador y se dio cuenta que era realmente buena para el trabajo, pues le gustaba sonreír y atender a los clientes, conocer gente nueva cada día era maravilloso, lograba fantasear con su futuro, solo solía ser incómodo cuando algún hombre mucho mayor que ella le hablaba de forma inapropiada confundiendo su amabilidad con coquetería, en esos casos se limitaba a borrar la sonrisa de su rostro y cobrar el producto.
Durante un año parecía que las cosas iban mejorando, Alexa le daba la mitad de su sueldo a su madre lo que calmaba la tensión entre ellas, con la otra mitad compraba pocas cosas para ella y así poder reunir para la matrícula del instituto. Además, decidió buscar empleo en una cafetería cercana a una de las mejores empresas de la ciudad, pensando que allí podría conocer a alguna persona que le ayudara a introducir sus papeles en el lugar.
Cuando logró conseguir el puesto en la nueva cafetería, se sentía dichosa, parecía que sus planes funcionaban a la perfección. Su nuevo lugar de trabajo era mucho mejor que el anterior, era una panadería, pastelería y cafetería muy moderna, su uniforme le encantaba, al igual que sus compañeros de trabajo, estaba segura que eso le auguraba un gran futuro.
Tanto en las mañanas como en las tardes solían llegar personas de los buffet de abogados cercanos y también de la empresa Johnson y Miller, solía ver a las mujeres muy bien vestidas con sus trajes ejecutivos, maquilladas, cabello arreglado y lindos tacones, los hombres con sus trajes elegantes, algunos con saco y corbata, otros con sus camisas de mangas largas ceñidas a sus cuerpos, personas de diferentes edades y muchos hombres jóvenes entre los veinticinco y los treinta y ocho años, bastante apuestos, pasaban por allí por un café o por un dulce para compartir una merienda con alguna secretaria, o comprar algo para llevarle a su novia o esposa antes de llegar a casa.
De todos los que iban diariamente a ese lugar había un joven que llamaba especialmente su atención, era tan joven como ella, solía vestir de forma casual con jeans y jersey, le parecía tremendamente atractivo, sus ojos color miel con destellos verdes pausaban el tiempo en el breve momento que ella podía atenderle, su perfume varonil le encantaba y también la forma en la que llenaba la ropa, por primera vez en su vida tenía un amor platónico, aprendió a conocer el horario del chico y sus gustos, le sonreía con sonrojo al verlo y pronto descubrió que todos le llamaban Nico.
Después de tres meses atendiéndolo, Alexa descubrió que Nico era apreciado por sus compañeros mayores que él, creía que eso hablaba muy bien de él, también supo que él trabajaba en la empresa Johnson y Miller y tuvo la osadía de incluirlo en su afiche de metas, “conquistar a Nico e ingresar a la compañía J&M C.A.”, para la joven era un sueño, para su madre era una idiota y una interesada, que acabaría mal tanto como ella o peor aún.
Cinco meses después de haberlo visto por primera vez, Nico por fin tomó la iniciativa para hablarle, no solo compró un muffin y pidió un late como cada mañana, sino que se detuvo a verla a los ojos y le dijo que se veía especialmente radiante ese día, Alexa sintió que sus piernas flaqueaban, su sonrojo fue más que evidente y a la vez agradable para el hombre.
Ella por primera vez se atrevió a hablarle otra frase que no fuese “bienvenido, ¿qué desea esta mañana?” o “gracias por su compra, vuelva pronto”.
- Acabo de matricularme en la universidad, estoy muy contenta.
Nico le sonrió - felicidades y ¿qué estudiarás?
- Administración de empresas - respondió ella con seguridad, él sonrió.
- Yo estoy estudiando esa carrera, estoy en el segundo semestre.
Alexa se sintió contenta de saber que tenían algo en común - me alegra mucho, tal vez si alguna materia me dé problemas pueda preguntarte - dijo con un tono pícaro intentando controlar sus nervios.
- Seguro que sí - sonrío el hombre antes de cancelar su pedido y retirarse, dejando a Alexa suspirando y admirando su varonil espalda.
En poco tiempo las charlas entre Nico y Alexa se hicieron más frecuentes, el hombre no solo iba en las mañanas por su latte, sino que comenzó a ir también al finalizar el trabajo, un par de noches se quedó hasta que el turno de la chica terminó y la invitó a comer algo para hablar de sus estudios y algunas cosas más.
Nico comenzó a admirar la determinación de la mujer, sus horas de trabajo eran largas y aún así sacaba tiempo para estudiar, se veía enérgica y capaz, él sabía que la carrera le exigiría cada vez más y pronto la joven tendría que decidir entre sus estudios y el trabajo.
- No has pensado en hacer otra cosa? - preguntó Nico mirando a la hermosa joven frente a él.
- Quisiera hacer cualquier cosa que me dé el mismo ingreso o mayor, con menos horas de trabajo.
- ¡Mmmm! entiendo ¿Tienes algo en mente?
- Me encantaría trabajar en una empresa que me permita estudiar e ir mejorando mis cargos laborales en el tiempo.
- Eso suena bien.
- ¡Si! - dijo ella bajando la mirada sin atreverse a preguntar si él puede ayudarla.
- ¿Has entregado tus papeles en alguna empresa?
- Aún no, he preguntado a los vigilantes de un par de empresas si hay vacantes, porque no me dejaron pasar, pero dicen que soy muy joven y no tengo título profesional.
- Ya tienes edad para trabajar tal vez puedan contratarte en mensajería o mantenimiento, pero no creo que te guste – dijo Nico estudiando la expresión de Alexa.
- Ya he hecho ese tipo de trabajo y como te dije si la paga es buena y tengo tiempo para estudiar me conviene. Además estoy estudiando no estaré toda mi vida en un puesto así - dijo optimista.
Nico la miró sintiendo una sensación extraña, por lo que evitó su mirada y se despidió pronto de ella.
- Debo irme.
- Entiendo, yo también debo hacerlo.
Alexa se despidió dándole al joven un beso en la mejilla.
- Nos vemos pronto - se marchó dejando al hombre gustosamente asombrado por aquel corto beso.








