Capítulo 1: El estudio de piercings y tatuajes.
Los rayos del sol cruzaban la enorme cristalera del estudio de tatuajes y piercings durante aquella agradable mañana de primavera. Estaba resultando ser un abril realmente cálido en la ciudad.
Archer, quien llevaba algunos años trabajando en aquel lugar, estaba entretenida viendo desde el mostrador como la gente pasaba, miraba, se paraban pero no entraban. Y así se mantuvo durante largas horas hasta llegar a notar cómo le pesaban los párpados.
A decir verdad, estaba siendo una mañana algo aburrida.
La joven bufó y se levantó de la alta silla giratoria que había tras el mostrador dispuesta a buscar algo que hacer y, aunque todo estuviera impoluto, decidió que la mejor opción para matar el tiempo sería limpiar. Al fin y al cabo, debía mantener cierta higiene en aquel establecimiento.
Con esto en mente, tomó la escoba y comenzó a barrer todo el local desde el almacén hasta la puerta a la cual acabó dándole la espalda inconscientemente mientras canturreaba diversas canciones que pasaban por su mente quedando completamente ensimismada en aquellas letras que cruzaban su cabeza.
Minutos después, la pelirroja escuchó como la puerta se abría haciendo sonar una campanilla de viento que adornaba la entrada cayendo desde el techo hasta el borde de la puerta, pero la joven se encontraba lidiando con el último fino hilo de suciedad que se quedaba siempre entre el suelo y el recogedor habiéndose recorrido así casi medio estudio ya.
—Buenos días —saludó con energía ella aún sin girarse—, enseguida termino y estoy completamente libre.
—Buenos días —resonaron dos profundas voces al unísono llamando así la atención de la pelirroja.
Aquello logró hacer que se girase con curiosidad olvidándose por completo de aquel hilo de suciedad que se negaba a ser barrido y lo que vio en la puerta la dejó completamente sorprendida.
Dos hombres jóvenes parecían necesitar de sus servicios, uno de ellos, el más llamativo, era alto, muy alto en comparación a Archer. Tenía el cabello teñido de rojo fuego peinado en punta, por lo que parecía aún más alto.
En un breve vistazo pudo ver los marcados brazos del pelirrojo percatándose de que aquel bíceps podría ser tranquilame del tamaño de su propia cabeza.
Archer se fijó en que carecía de cejas y eso le hacía tener una expresión aún más seria y dura a su parecer, además era bastante pálido de piel y tenía unos expresivos y afilados ojos ámbar.
Jamás había visto a alguien así antes.
A su lado se encontraba otro muchacho casi igual de alto que él, de pelo largo y rubio ondulado con un estilo muy ochentero. Sus ojos azules brillaban aún detrás del flequillo que casi los tapaba y su rostro parecía más amable que el del pelirrojo. Al menos, no causaba tanta inquietud su presencia en el lugar.
Archer procedió a terminar rápido con lo que tenía entre manos y se fue a dejar la escoba y el recogedor en el almacén para que no estorbasen.
—Venga, hombre, no es para tanto —resonó una voz aún en la entrada—. Si no lo haces ahora no lo vas a hacer nunca, a mí no me dolieron apenas —insistió el dueño de la voz.
Archer se asomó sutilmente descubriendo que el dueño de aquella voz era el chico rubio, el pelirrojo en cambio ni siquiera contestó con palabras, se limitó a gruñir completamente rígido en la misma postura en la que se había quedado al entrar al estudio.
La pelirroja se dio cuenta de que desde que aquel joven había entrado no había podido quitarle el ojo de encima por lo que prefirió comenzar a hablar finalmente antes de seguir observándole en silencio de lejos.
—¿Qué va a ser, chicos? —preguntó de golpe llamando la atención de ambos al sacarlos de su burbuja.
Los penetrantes ojos ámbar del pelirrojo se clavaron en ella haciéndola sentir realmente inquieta, aunque aún así a Archer comenzaba a nacerle cierta curiosidad por aquel silencioso chico.
—Discúlpale, está tieso como un Golem —bromeó el rubio—, es que quería hacerse su primer piercing —explicó.
—¿El primero? —preguntó Archer alternando la mirada entre uno y otro— Será un honor desvirgarte en ese aspecto —bromeó ella.
El rubio se echó a reír por la expresión pero el pelirrojo no destensó su ceño fruncido lo más mínimo.
La pelirroja abrió la boca para decir algo nuevamente pero un sonido proveniente del almacén hizo que la cerrase de inmediato. Su teléfono comenzó a sonar y ella rodó los ojos.
—Perdónadme, ya mismo vuelvo —se disculpó con ambos—. Joder, qué solicitada estoy ésta mañana, coño —maldijo en un tono más bajo mientras se dirigía hacia el origen del sonido.
La pelirroja cerró la puerta del almacén tras ella y tomó su teléfono móvil de su bolso, en la pantalla, en grande, apareció el nombre de su hermano.
—¿Evan? ¿Qué quieres? —bufó Archer algo hastiada.
—¿A qué hora cierras hoy al medio día? —preguntó el mayor directamente— Era por si te apetecía ir a comer juntos —propuso.
—Sobre las dos, pero ya tengo planes con las chicas así que te toca joderte —comentó mientras ordenaba algunas cajas de tintas—, les prometí a Fleur y Pick que las recogería en cuanto saliese del curro y que nos iríamos a comer las tres.
—Mierda, Arleen Byrne, deja de dejarme tirado —rió Evan al otro lado del teléfono.
—Cállate, Evander, no me hagas sacar la artillería pesada —rió ella también.
—En realidad, sabes que me alegro de que te lleves tan bien con tus compañeras de piso —admitió él—, es increíble lo mucho que habéis congeniado en unos pocos meses.
—Pues ya ves, supongo que era el destino —rió ella—. ¿Tú aún sigues buscando piso?
—Sí, no hay manera de encontrar algo decente —se quejó Evan—, al final me va a tocar compartir piso como tú.
—Te lo pregunto porque Fleur y Pick me han dicho que sus hermanos también están buscando piso y podría ser divertido que estuvieseis vosotros en uno y nosotras en otro —rió al imaginar la situación.
—Suena interesante, aunque preferiría tener compañeras antes que compañeros —aclaró él con una sonrisa de medio lado que Archer no necesitó ver para imaginársela.
—Ya, ya, lo de siempre, Evan —dijo ella rodando nuevamente los ojos—, te tengo que dejar porque me estás entreteniendo y tengo clientes —comenzó a despedirse finalmente ella.
—Bueno, pásalo bien torturando gente, hermanita —bromeó él.
Tras despedirse, Archer volvió a colgar el teléfono y se dispuso a volver a la entrada cuando una segunda voz apareció en lo que parecía una conversación. Los dos chicos que estaban esperándola estaban manteniendo aquella conversación y la voz que parecía ser del pelirrojo no parecía excesivamente calmada.
El lado más curioso de la pelirroja no pudo evitar hacer que pusiera la oreja por puras ganas de saber de qué estaban hablando para que el misterioso y silencioso chico pelirrojo se mostrara tan alterado.
—¿Y no podías haber buscado otro puto sitio? —gruñó el pelirrojo intentando no alzar la voz— Al menos donde la anilladora no fuese una tía, joder.
—¿Y yo qué coño sabía? —gruñó de vuelta el rubio— ¿Te crees que tienen páginas web donde te presentan a toda la plantilla de cada estudio o qué?
—Eres tontisimo —dijo el pelirrojo—. Me voy a morir de la putísima vergüenza porque encima la tía está buenísima, última vez que me llevas a ciegas a ningún lado —sentenció.
El rubio se echó a reír al descubrir por qué su amigo había estado tan rígido desde que entraron al estudio.
—¿Preferías que te lo hiciese y te manosease un tío? —dijo alzando una ceja.
El pelirrojo afiló la mirada hacia su amigo y decidió no contestar nada más que un simple gruñido de desaprobación. Se veía realmente indignado.
—Eso pensaba —rió el rubio.
Archer tuvo que aguantarse la risa antes de salir al descubrir que todo el semblante sombrío del pelirrojo se debía a los nervios con los que lidiaba en silencio, también le gustó en especial su comentario sobre ella pero prefirió no darle muchas vueltas. Aunque la pequeña sonrisilla más calmada que se había dibujado en su rostro no pudo disimularla demasiado al salir y volver a verles.
—Ahora sí, ya estoy —dijo ella volviendo frente a ellos dos—. ¿Os habéis decidido ya?
—Yo quería hacerme un piercing en el pezón, me han dicho que no duele demasiado y me gusta como queda —sonrió el rubio.
—Lo de que duela o no depende de mí —bromeó Archer—, ¿y tú, Golem, te has decidido o solo vienes de apoyo moral? —dijo girándose hacia el pelirrojo.
El rubio se aguantó una carcajada y se giró esperando a que su amigo hablara finalmente.
—El Prince Albert —dijo de forma clara y concisa el pelirrojo.
Archer abrió los ojos sorprendida por la petición entendiendo al fin por qué tantos nervios. El Prince Albert era un piercing genital que atravesaba la uretra y salía por el frenillo del pene, solía ser doloroso a la par que vergonzoso hacerlo, pero no era la primera vez que la pelirroja hacía uno.
Aunque sí era la primera vez que notaba una extraña sensación de nervios al respecto. Por algún extraño motivo que desconocía, su corazón se aceleró levemente durante algunos latidos y un cosquilleo recorrió todo su cuerpo de arriba a abajo necesitando así desviar su atención a la conversación nuevamente.
—¿Has elegido ese para tu primera vez? —preguntó Archer boquiabierta— Eres un tipo duro, eh —dijo sin un ápice de sarcasmo.
El pelirrojo se encogió de hombros y Archer abrió la puerta de la sala esterilizada donde solía anillar ella normalmente. Aún estaba algo confusa por lo que le había causado aquel chico pues ella nunca solía ver más allá de una perforación fuese donde fuese, pero con el pelirrojo hubo algo diferente, y eso estaba claro.
Archer se aclaró la garganta para continuar.
—Podemos empezar con… —dijo señalando al rubio instándole a presentarse.
—Killer —dijo él—, encantado.
—¿Killer? —preguntó intrigada— Es un apodo curioso.
—Tiene su historia detrás —rió él.
Los ojos de Killer y Archer se posaron sobre el pelirrojo esperando que él también se presentase.
—Kid —dijo finalmente.
Archer le sonrió amable y más calmada.
—Podéis llamarme Archer, también conocida como “The Butcher” —se presentó la pelirroja—, bienvenidos al matadero.
Tras unos segundos de silencio con las miradas de ambos clavándose en ella debido a su presentación, Archer se echó a reír con su propia broma dejándoles pasar a ambos a la sala y posteriormente cerrando tras ella la puerta.
—Si es tu primer piercing es mejor que primero veas como se lo hago a Killer —dijo Archer dirigiéndose directamente a Kid—, así al menos los gritos agónicos de tu amigo harán o que te convenzas del todo o que te rías un rato.
Aquel comentario logró sacarle finalmente una risa a Kid y Archer se dio por satisfecha habiendo hecho que sus nervios se calmasen un mínimo al menos.
—Eres todo un sádico, Kid —dijo ella en tono divertido riendo de vuelta.
Tras aquella breve charla, Archer les indicó dónde podían colocarse cada uno de ellos. A Killer le indicó que esperase en la camilla mientras que a Kid le prestó un taburete plegable para que no tuviese que esperar de pie.
—Ve quitándote la camiseta —le dijo Archer a Killer mientras procedía a preparar los materiales necesarios.
Archer alzó la mirada buscando con esta por el mueble donde solían almacenar las agujas y los catéter viendo que estos últimos se encontraban en una balda demasiado alta para que ella llegase y, como no lo había pensado demasiado bien, le había prestado a Kid el taburete que ella solía utilizar para llegar a la parte más alta de aquella estantería.
—Mierda… —murmuró Archer tras dar varios saltos sin lograr alcanzar lo que quería.
Kid al verla se levantó y dio varias zancadas alcanzando a la joven rápidamente, alargó su brazo y tomó lo que supuso que Archer estaba intentando alcanzar. Ella, sorprendida y con los ojos como platos se giró hacia él viendo que de cerca parecía aún más grande que antes.
—G-gracias —dijo aún ensimismada.
—No es nada —añadió Kid aún completamente serio.
El pelirrojo volvió a su asiento mientras que Archer terminaba de preparar las cosas sin poder quitarse de la cabeza a aquel hombre.
Tal era el nivel de distracción que Archer había perdido de vista el rotulador que segundos antes había tenido en la mano, intentó disimular pero al verla mirar por todos lados ambos jóvenes se percataron de que había perdido algo. La pelirroja no era un as del disimulo precisamente.
Killer rió en bajo, Archer le parecía profesional pero un completo desastre.
—Archer —la llamó Kid de repente.
La pelirroja se giró hacia él pensando en que su apodo nunca había sonado tan bien en la boca de nadie tanto como en la de Kid. Su corazón latió con fuerza durante unos segundos.
—¿Es eso lo que buscas? —preguntó Kid señalando el rotulador que se encontraba en el suelo.
Archer suspiró aliviada al encontrarlo finalmente.
—Gracias de nuevo —rió algo avergonzada.
Kid alzó una mano y le dedicó una sutil sonrisa a la joven.
Archer se giró hacia el material sin poder esconder la sonrisa que se estaba dibujando en su rostro, se recogió el pelo con una pinza aún dándoles la espalda a los dos jóvenes y se puso unos guantes.
—Empecémos —dijo animada.
La joven se acercó a Killer pudiendo ver como ambos jóvenes parecían emplear todo su tiempo libre en el gimnasio, porque ese tipo de cuerpos solo los había llegado a ver en los culturistas que frecuentaban el mismo que ella.
Se inclinó sobre el rubio apoyándose en su pectoral y marcó a ambos lados su pezón a modo de guía para saber por dónde entraría y saldría la aguja. Tras eso se lo mostró a Killer con un espejo de mano y él dio el visto bueno para proceder a hacer el piercing.
La pelirroja aún notaba la mirada de Kid clavándose en ella, siguiéndola con cada movimiento que realizaba así que supuso que el pelirrojo aún se sentía algo nervioso respecto a hacerse un piercing. Aunque ella ya llevaba algunos años trabajando de cara al público por lo que sus habilidades sociales estaban bastante pulidas.
—¿Y cómo es que has decidido hacerte ese piercing, Kid? —preguntó de golpe Archer mientras preparaba la aguja para Killer y centraba su atención en éste.
—Me gusta como queda estéticamente —dijo Kid de forma escueta.
—Lo vio en un vídeo porno —añadió Killer.
—¡Cállate! —gruñó Kid.
Archer se aguantó la risa como pudo con aquella reacción tan natural por parte del pelirrojo, parecía cada vez menos nervioso por suerte.
—Además, aparte de ese y los de los pezones no hay ningún otro que me llame la atención —añadió Kid aclarándose la garganta—. Quizá alguno en las orejas, pero poco más.
—¿Y aparte del vídeo porno te has informado un poco sobre el piercing? —bromeó ella—. Por cierto, puedes acercarte a ver cómo pincho al rubio —ofreció la pelirroja.
Kid, guiado por la curiosidad, decidió acercarse a la camilla para mirar. Aunque al acercarse a Archer ella, en cuestión de segundos, se giró hacia él riéndose.
—Pero no te pongas detrás, que me tapas toda la luz —rió señalando la lámpara del techo.
Kid se disculpó algo avergonzado y se acercó al taburete que Archer le había prestado anteriormente, lo acercó a la camilla y gracias a su altura pudo ver perfectamente todo desde allí. Archer miró de reojo a aquel hombre que resultaba ser casi tan alto como ella aún estando sentado, aún le resultaba algo surrealista.
—He leído algo al respecto —dijo Kid contestando a la pregunta que Archer le había hecho anteriormente—, dicen que todo el dolor merece la pena.
Archer sonrió de medio lado y perforó el pezón de Killer antes de contestar. En un ágil movimiento colocó la joya que adornaría el pectoral del rubio, sorprendiendo a ambos por su habilidad y la experiencia que demostró tener. Fue delicada y rápida hasta el punto de que Killer apenas notó cómo atravesaba su piel con aquella enorme aguja.
El rubio miró ensimismado a la pelirroja, sorprendido más bien. Sus constantes parpadeos delataban la incredulidad que estaba inundándole en esos momentos.
—Dicen que puede llegar a resultar muy divertido —comentó Archer volviendo a la conversación tras limpiar por última vez la perforación de Killer.
La pelirroja estiró la espalda y procedió a tirar todo el material utilizado junto a los guantes, de mientras, Killer se levantó y miró en el espejo de pie cómo le quedaba su nuevo piercing.
—¡Ha quedado genial! —dijo Killer emocionado mientras se miraba al espejo haciendo poses— ¡Qué trabajazo!
Archer rió ante tanta emoción, no acostumbraba a ver a sus clientes tan animados tras un pinchazo.
—Te toca —dijo Archer girándose hacia Kid con una amplia sonrisa en los labios.
—Es macabro que estés tan feliz por torturar a alguien —dijo Killer mirándola desde el espejo aguantándose la risa.
Archer se encogió de hombros y le contestó sacando la lengua dejando ver cómo esta se encontraba adornada por una brillante bolita metálica. Ambos rieron ante su silencio.
Kid se levantó y se dirigió a la camilla sentándose en esta mientras esperaba a que Killer se terminase de colocar la camiseta.
—Lo que te decía sobre el piercing —comenzó nuevamente Archer mientras comenzaba a sacar el material que necesitaba—, tiene muchos beneficios tanto para ti como para tu pareja —comentó.
—No… —murmuró Kid— No tengo pareja.
Archer alzó la ceja interesada en aquella confesión y procedió con lo que estaba diciendo.
—Pues tus parejas sexuales —añadió ella.
Kid escuchó atentamente a Archer hasta que vio a Killer acomodarse en la silla donde anteriormente había estado él sentado.
—¿Qué cojones haces? —gruñó Kid captando la atención de los dos presentes.
—¿Qué? —contestó Killer dándose automáticamente por aludido— Yo también quiero verte sufrir —admitió sonriente—, aunque Archer tiene unas manos mágicas, no creo que te haga llorar demasiado —bromeó.
—No pienso haceros un descuento por mucho que me halagues, rubito —rió Archer.
—Que te vayas —continuó Kid en el que parecía su habitual tono gruñón—, que no quiero que me mires la polla, pervertido.
Archer se aguantó la risa ante aquel comentario.
—¡¿Yo no y ella sí?! —gritó Killer en un tono exageradamente chillón obviamente actuando como si aquello le causase celos realmente.
—¡Que te vayas, pesado! —insistió Kid alzando ya el tono.
Archer no logró aguantar más la risa estallando en carcajadas ante aquello hasta el punto de escapársele alguna que otra lágrima.
—Creo que nunca me había reído tanto trabajando como con vosotros —admitió la pelirroja—, pero no alteres a la bestia, no quiero que me muerda a mí —rió mientras se acercaba a la puerta para abrirsela a Killer e invitarle a esperar fuera amablemente.
Killer suspiró y terminó haciéndoles caso para no alargar más la situación, siempre le resultaba divertido poner a Kid de los nervios pero no quería hacer perder más tiempo a Archer, le había caído demasiado bien aquella mujer.
En cuanto se cerró la puerta, Kid soltó un enorme suspiro entre lo que parecía una mezcla de alivio y nervios.
Para su propia sorpresa, Archer también se comenzó a sentir algo nerviosa en cuanto se quedaron completamente solos, cosa que no solía pasarle normalmente casi nunca. Esa pequeña sensación de vértigo que de vez en cuando causan los nervios se reflejó en un suave temblor que sus manos estaban sufriendo, aquello no le sucedía desde sus primeros días como novata en el mundo de los tatuajes y piercings.
La pelirroja decidió intentar calmarse por todos los medios continuando con su trabajo sin darle más vueltas al asunto.
—¿Cómo van esos nervios? —preguntó mientras se agachaba para sacar una sábana desechable de uno de los cajones más bajos de la estantería.
—Con el idiota de Killer dando por culo ya se me había olvidado de que estaba nervioso —bromeó Kid a su manera en un tono serio.
Aún así, Archer captaba a la perfección su tipo de humor.
—Entonces, ve quitándote la ropa —le dijo ella tendiéndole la sábana de papel—, ponte esto y túmbate en la camilla que así no será tan incómodo todo —rió suave.
Kid tomó aquello dispuesto a seguir sus órdenes.
—Hoy no ha venido mi jefe, si no, se habría encargado él de esto —comentó Archer—, así que hagámoslo rápido, es algo que si lo piensas demasiado te mata de la vergüenza —soltó una pequeña risa nasal calmada.
—No te preocupes —contestó Kid con total tranquilidad en su tono de voz—, con lo que tiene pinta de doler yo creo que hasta se me va a olvidar como me llamó —rió suave.
Archer ensanchó su sonrisa al verle bromear tanto, aquel hombre que de buenas a primeras le había resultado algo extraño e inquietante resultaba ser encantador cuando lograba controlar sus emociones.
La pelirroja le dedicó aquella sonrisa y se giró sobre sí misma para que Kid pudiese quitarse la ropa, el pelirrojo rápidamente entendió que aquel gesto era para darle toda la privacidad que podía y realmente lo agradeció en su mente.
Habiendo dejado ya sus pantalones y ropa interior doblados sobre el taburete que había utilizado con anterioridad, Kid procedió a tumbarse sobre la camilla tapando su entrepierna con aquella sábana desechable que Archer le había proporcionado.
—¿Ya? —preguntó Archer con todo el material totalmente preparado.
—Sí.
En cuanto aquella respuesta afirmativa llegó a sus oídos, la pelirroja se giró quedándose algo ensimismada al ver que Kid no solamente era musculoso de cintura para arriba si no que tenía las piernas más musculosas que la joven había visto jamás. Aquel hombre era un amasijo de músculos en su totalidad y a Archer eso le encantaba, quizá más de lo que debería.
Aunque sus ojos no pudieron mantenerse centrados en las piernas del pelirrojo cuando cierto bulto bajo la sábana de papel se hizo más que notable para ella. Tenía un tamaño completamente acorde al resto del cuerpo de Kid y por unos segundos Archer pensó seriamente en qué era lo que se iba a encontrar debajo de aquella sábana.
Archer procedió a colocarse los guantes y armada con un nuevo rotulador se acercó a Kid bajo la atenta y penetrante mirada ámbar de éste. Por un momento, sus miradas se cruzaron antes de que Archer continuase deslizando aquella sábana hacia arriba descubriendo finalmente lo que ocultaba Kid entre las piernas.
El pelirrojo se limitó a mantener la compostura como podía, al menos sabía que había limpiado bien toda aquella zona de cualquier tipo de vello posible por lo que soltó un suspiró medianamente aliviado mientras desviaba la mirada.
La pelirroja no pudo ocultar la sorpresa de ver que aquel miembro en reposo resultaba ser incluso más grande que muchos que había visto erectos.
Una extraña sensación, como si de una pequeña descarga eléctrica se tratase, recorrió su columna vertebral resultando en que a la joven se le erizase la piel, causando así que se quedase paralizada por unos pocos segundos.
—¿Pa-pasa algo? —preguntó Kid mirándola de reojo.
—No, todo está bien —contestó Archer sin saber bien cómo había logrado reaccionar tan rápido.
Ambos se aclararon la garganta al unísono por pura coincidencia y Archer decidió que iba siendo hora de centrarse en su trabajo nuevamente, no podía dejarse llevar por diversos pensamientos que estaban cruzando su mente alojandose en ésta pues sabía que no podría pensar con claridad si eso sucedía.
La joven tomó aire y procedió a sujetar el miembro flácido de Kid mientras marcaba dónde lo perforaría en cuestión de minutos. Con delicadeza, marcó el frenillo internado no hacerle cosquillas a Kid en una zona tan sensible, tras eso dejó reposar el miembro sobre el propio abdomen del pelirrojo.
Notar cómo Archer manejaba con cuidado su pene hizo que Kid volviese a sentir la garganta completamente seca, sus nervios se habían incrementado y, para su desgracia, había comenzado a notar como la sangre empezaba a bombear hacia aquella zona que estaba siendo la protagonista del momento.
Kid notaba cómo le ardía la cara en esos instantes y por unos segundos realmente creyó que sus mejillas acabarían de un color carmesí a juego con su pelo. Necesitaba que Archer terminase cuanto antes con aquel contacto físico.
Teniendo ya el material necesario preparado junto a ella, Archer se dispuso a continuar, aunque no pudo obviar el hecho de que aquel miembro había comenzado a endurecerse lentamente por lo que intentando ignorarlo con todas sus fuerzas, decidió sacarle nuevamente conversación a Kid ya que imaginó que el pelirrojo se estaría muriendo de la vergüenza en esos momentos.
—¿Tienes alguna alergia? —preguntó ella comenzando a manejar nuevamente a sus anchas el pene de Kid.
—N-no lo sé —contestó él con cierta ronquera en su voz.
—Entonces te pondré un aro de titanio —contó ella—, es hipoalergénico y así nos ahorramos sustos.
Kid contestó con un sonido gutural afirmativo, apenas podía pensar en mantener la conversación en esos momentos.
—Normalmente estas joyas suelen ser más gruesas —continuó Archer—, suelen tener un par de milímetros de grosor para que así la curación sea más fácil y rápida —explicó.
Kid, aún sin contestar, se mantenía totalmente atento a las palabras de la pelirroja. En realidad, se percató de que realmente le gustaba escucharla hablar y eso no solía pasarle muy a menudo con la gente.
—Aunque al principio puede resultar algo incómodo, así que mejor si usas ropa ancha una temporada —aconsejó la pelirroja—, y olvídate de llevar ropa interior —rió suave.
Kid volvió a contestar con el mismo sonido gutural que anteriormente, el hombre aún se estaba mentalizando para poder parar de alguna forma el flujo de sangre que había decidido bajar hacia su entrepierna, sabía que eso ralentizaría el proceso y finalmente pareció poder controlar un poco su cuerpo.
—Hora de hacerte sufrir —bromeó Archer alzando la aguja.
Kid le dedicó una mirada algo asustada al ver la enorme aguja con la que la pelirroja estaba a punto de atravesar su pene, y, aunque parecía segura de lo que hacía, Kid perdió toda la seguridad de un plumazo al pensar en lo que iba a suceder en cuestión de segundos poniéndole la situación los pelos de punta.
Archer tomó aire nuevamente, incluso para ella estaba resultando ser un proceso realmente largo para los pocos minutos que habían pasado realmente.
—Relájate y no mires, te aseguro que va a sangrar —aconsejó Archer siendo completamente sincera con el pelirrojo—, puede resultar algo desagradable y si te desmayas no voy a poder levantarte del suelo —bromeó con esto último.
Kid soltó una pequeña carcajada cargada de nervios, Archer se percató de lo extraña que había resultado aquella risotada por lo que se dispuso a terminar rápido aquello.
El pelirrojo colocó el brazo cubriendo su propio rostro para evitar mirar, incluso se dispuso a realizar ejercicios de respiración para no alterarse nuevamente.
Archer a su vez, le aplicó el gel anestésico de efecto rápido por toda la zona para evitar más dolor del necesario y comenzó a perforar sin miramientos.
Aún y con la anestesia, Kid podía sentir la incomodidad de la perforación, cómo algo atravesaba su miembro y cómo la piel partía a su paso. Algún que otro escalofrío recorrió su cuerpo pero aún así, a pesar de que doliese, seguía siendo totalmente llevadero gracias a la profesionalidad de Archer. Mucho más llevadero de lo que jamás habría pensado que pudiese resultar ser un piercing genital.
Archer decidió hacerlo algo más despacio para poder asegurarse de hacerlo todo bien, atravesar la uretra con una aguja no resultaba sencillo en ninguno de los casos pero con las manos levemente temblorosas lo era aún menos.
Aún así, no se le complicó en absoluto y finalmente le terminó colocando el aro a Kid asegurándose de que la bolita que lo mantendría cerrado no se fuese a caer.
Archer rápidamente se levantó para coger papel con el que cubrir el miembro de Kid para parar la hemorragia por la perforación y aunque la situación seguía siendo extraña e incómoda pudo volver a respirar tranquila.
—Hemos terminado —anunció finalmente la pelirroja.
Kid apartó suavemente el brazo que cubría su cara y se encontró con una Archer sonriente en una posición más que comprometida. El pelirrojo tuvo que aguantarse la risa en esta ocasión aunque en el fondo Archer también estaba luchando por no reírse.
Una vez que la hemorragia ya había parado, Archer limpió por última vez aquella zona cerciorándose de que todo estuviese bien y quedó satisfecha con su trabajo con aquel piercing.
—¿Cómo te encuentras? —le preguntó ella a Kid.
—Bien, en principio bien —contestó él más calmado.
—¿Estás mareado o algo por el estilo?
—No, de verdad, me encuentro bien —insistió Kid.
—Igualmente espera tumbado un poco hasta que recoja esto y te ayude a levantarte despacio —pidió Archer—, hay gente que se levanta demasiado rápido y después caen a plomo cuando les baja la tensión tras tanta emoción —explicó de forma divertida.
La pelirroja tapó nuevamente la entrepierna de Kid y se deshizo del material que había utilizado. Kid siguió nuevamente sus movimientos por toda la estancia, por algún motivo que desconocía sus ojos parecían dirigirse automáticamente hacia ella en cuanto la joven realizaba algún movimiento frente a él.
Archer se deshizo también de los guantes y de los papeles ensangrentados, se soltó el pelo enganchando la pinza en el tirante de su camiseta y buscó algo con lo que limpiar las pequeñas gotas de sangre que habían manchado el suelo bajo la camilla.
Tras eso, se acercó nuevamente a Kid y extendió sus manos.
—Vamos allá, grandullón —dijo sonriente.
Kid realmente no necesitaba ayuda pero igualmente accedió de forma inconsciente sujetando las manos de Archer descubriendo así que podía cubrirlas a la perfección con las suyas por la enorme diferencia de tamaño que había entre ellos.
Al sentarse en la camilla ninguno midió con anterioridad la distancia, por lo que quedaron realmente cerca el uno del otro. Archer se percató de que aquel hombre resultaba aún más guapo y atractivo de cerca, sus ojos ámbar se clavaban en ella de una forma imposible de ignorar y sus fosas nasales lograron inundarse de la mezcla de jabón y colonia amaderada a la que olía Kid.
Kid a su vez, no pudo dejar de mirar aquellos enormes y expresivos ojos avellana de la pelirroja que junto a su piel de apariencia de porcelana y su llamativo pelo pelirrojo hacían de ella una belleza incomparable, completamente hipnótica para él.
—¿T-todo bien? —preguntó Archer tartamudeando levemente.
—Perfecto —contestó él en tono cálido de forma escueta.
Archer dio varios pasos atrás soltándole y sintió nuevamente su corazón latir desbocado, no comprendía qué estaba pasando pero aquel día se sentía mucho más alterada de lo normal.
—¿Cómo lo sientes? —preguntó respecto al piercing— No te frustes si tienes que aprender a mear de nuevo por culpa del agujero nuevo —bromeó.
Kid soltó una carcajada ante aquel comentario que no esperaba en absoluto.
—Es raro —comentó Kid—, puedo sentir la presión y aún arde un poco, pero es soportable —dijo dejando tranquila a la pelirroja con sus palabras—, ¿podría… —comenzó a decir algo más tímido— Verlo mejor?
—Claro —dijo ella señalando el espejo donde antes se había estado mirando Killer.
Archer, en cuanto vio que Kid se levantaba de la camilla, volvió a darle la espalda para darle privacidad de nuevo debido a que el pelirrojo aún estaba completamente desnudo de cintura para abajo.
Kid se acercó al espejo y observó con atención cómo quedaba su nuevo piercing encantandole el resultado.
—¿Te gusta? —preguntó Archer algo nerviosa.
—Queda genial —contestó él con un tono alegre que aún no había llegado a escuchar de él la pelirroja—, me queda mil veces mejor de lo que me esperaba —rió.
—¿En serio? —rió Archer de vuelta.
—Las fotos que he visto de éste piercing son algo… —comenzó a decir quedándose pensativo el pelirrojo— Esperpénticas, esa es la palabra.
Archer volvió a soltar varias carcajadas descubriendo finalmente que Kid en el fondo era un hombre muy divertido.
—Al final, más que del piercing todo depende de la polla —dijo de forma abrupta la pelirroja entre risas causándole así la risa nuevamente a Kid.
Killer, quien se encontraba fuera cómodamente sentado en un sofá donde se encontraba la recepción, bajó por un momento la revista que tenía en manos al escuchar tantas risas desde dentro de la “sala de torturas” como la había denominado Archer.
Alzó una ceja realmente extrañado al escuchar a su amigo de toda la vida reírse de aquella forma con una persona extraña a la que acababan de conocer pues Kid nunca solía ser tan amable con los desconocidos, y menos aún si la situación en la que se conocían implicaba dolor de algún tipo.
Una pequeña sonrisa cómplice se dibujó en los labios del rubio sabiendo perfectamente que algo le pasaba a Kid con aquella chica, había podido notar aquella conexión prácticamente desde que habían entablado conversación y, debido a la experiencia, sabía que era recíproco.
Tras un suspiro y negar con la cabeza ensanchando su sonrisa, continuó leyendo la revista que había dejado a medias.
Kid comenzó a vestirse olvidando por completo el consejo que le había dado anteriormente Archer, por lo que al intentar colocarse la ropa interior el roce le hizo soltar un leve quejido.
—¿Ya la estás liando? —bromeó ella mientras se agachaba para buscar una bolsa en el mueble donde guardaba todo el material.
—Mierda, la costumbre —se exculpó Kid.
Archer tras encontrarla, se giró hacia Kid tapándose los ojos con la otra mano mientras le tendía la bolsa al pelirrojo. Aunque no acertó demasiado pues se quedó mirando hacia un lado de Kid en vez de hacia él.
Kid rió en silencio al verla y tomó la bolsa sin decir nada al respecto.
—Gracias —dijo aguantando la risa.
Tras eso, terminó de ponerse los pantalones agradeciendo llevar siempre alguna talla mayor a la suya porque aún así podía notar cómo al moverse su miembro con total libertad el roce era mayor aún. Además, no podía evitar sentir como si estuviera caminando con las piernas en forma de paréntesis, definitivamente, tendría que acostumbrarse a aquello.
Kid terminó de recoger todo guardando su ropa interior en la bolsa pero antes de salir sabía que debía preguntar algo más.
—¿Como se cura esto? —preguntó él completamente perdido en el tema— ¿Qué tengo que hacer?
Archer se giró finalmente hacia él de nuevo y echó la mirada hacia un lado intentando recordar todas las pautas necesarias para la curación de un piercing genital.
—Pues lo primero que debes tener en cuenta es que tienes que evitar provocaciones innecesarias —comenzó a decir enumerando con los dedos—, al menos las primeras dos semanas sí, una erección puede resultar algo dolorosa ahora mismo así que cuantas menos mejor —aconsejó—. Tras esas dos semanas puedes tener sexo pero es mejor esperar un mes por si acaso.
Kid asintió ante aquello, aunque no le molestaba en exceso el no poder mantener relaciones sexuales debido a que tampoco solía ligar demasiado, normalmente eso era cosa de Killer que soportaba mejor a la gente cuando salían de fiesta. Kid siempre había preferido centrarse en otras cosas que no fuesen exclusivamente las mujeres como muchos hombres que conocía.
—Si te molesta mucho el roce, puedes llevarlo vendado —propuso Archer—, aunque casi que es más coñazo tener que cambiar el vendaje cada dos por tres, te acostumbrarás rápido a la sensación —dijo sonriendo de forma alentadora—. Lo que sí deberías hacer es limpiarlo dos o tres veces al día con cuidado, siempre lavándote las manos antes de manipularlo.
Kid escuchaba atentamente intentando almacenar todos los consejos que Archer se estaba esforzando en darle, aunque al no estar familiarizado con el mundo de los piercings le estaba resultando algo abrumador todo.
Ella continuó hablando sobre cuando debía empezar a mover el aro para evitar que se cicatrizase la herida pegada al metal y que si veía alguna pequeña costra la quitase siempre con cuidado para ayudar a la cicatrización también. Que el agua no debía darle directamente en esa zona al ducharse y que siempre se asegurara de que la zona se mantenía lo menos húmeda posible, que intentase secarla bien tras la ducha.
—Y lo demás es pura higiene personal —finalizó ella colocándose las manos en las caderas sonriente.
Kid bufó agobiado por todo lo que acababa de escuchar, creía que no recordaría ni la mitad de consejos de la pelirroja y ella pareció percatarse de su angustia frente al tema.
Archer le dedicó una sonrisa algo más cálida al verle así, sabía que aquello podía llegar a ser una gran responsabilidad por la zona en la que se encontraba.
—Si tienes algún problema con el piercing, puedes hablarme —propuso ella—, es mi trabajo, estaré encantada de echarte una mano con lo que sea.
Kid alzó sus casi inexistentes cejas al escuchar a la joven proponerle aquello pues no sabía si sus palabras iban con una segunda intención o si realmente se estaba ofreciendo a ayudarle como la profesional que era.
—Déjame tu móvil un momento —pidió la pelirroja armándose de valor con su desparpajo natural mientras alzaba la mano hacia Kid.
El pelirrojo la miró extrañado pero había algo en ella que le impedía cuestionar sus acciones, le gustaba que aquella pequeña mujer frente a él careciese de vergüenza pues sentía que en muchas ocasiones era algo que a él le podía llegar a sobrar.
Kid le tendió su teléfono ya desbloqueado y Archer entró directamente a la lista de contactos guardando su propio número en ésta y hablándose a sí misma por WhatsApp tras eso. En cuanto terminó, le tendió el teléfono nuevamente a Kid con una sonrisa de oreja a oreja.
Kid se echó a reír al ver el mensaje que se había mandado ella misma.
—¿Siempre eres así? —preguntó el pelirrojo entre carcajadas.
Kid alzó el teléfono mostrándole la pantalla del móvil. Archer se había mandado un emoticono de berenjena para saber que aquel número que próximamente guardaría también en su lista de contactos era de Kid.
Entre risas y algo más de conversación, ambos se dirigieron a la puerta para volver a la recepción y finalizar el trabajo con el pago.
—Entonces nos volveremos a ver —comentó Kid con el pomo de la puerta en la mano.
—Pero mejor ya dentro de un mes —dijo Archer claramente con segundas intenciones en esa ocasión.
Kid abrió la puerta procesando lo que acababa de decir la pelirroja cayendo segundos después en a qué se refería, aquello le causó la risa nuevamente.
Kid se giró colocando una mano sobre el marco de la puerta cortándole así el paso a Archer, ella alzó la mirada hacia él quedando nuevamente muy cerca el uno del otro. Aunque lo que más la impactó fue ver cómo él se inclinaba sobre ella lentamente.
—Mejor —comenzó a decir Kid—, si quedamos antes me va a costar mucho cumplir el primer consejo que me has dado —añadió dejando finalmente toda la vergüenza de la situación a un lado.
Archer abrió los ojos como platos al escucharle, no pensaba que aquel hombre fuese tan directo como ella pero, nuevamente, un escalofrío recorrió el cuerpo de la pelirroja erizando su piel al darle una vuelta a lo que había dicho Kid. Realmente le había seguido el juego mostrándose totalmente receptivo a conocerse.
Una imborrable sonrisa se mantuvo en la cara de la pelirroja aún cuando aquellos dos hombres abandonaron el lugar. Archer se quedó pensativa, la situación había sido algo extraña porque no eran las mejores formas de conocer a alguien, pero al menos, podría ser una anécdota graciosa.
Además, no podía ocultar que el pelirrojo le había hecho sentir ciertas cosas que no había sentido antes con nadie aún acabando de conocerse. Archer asumió que aún y en aquella situación, Kid había despertado su interés y que incluso podría llegar a decir que le gustaba, quería conocerlo más.
Kid por su parte también se marchó extrañamente feliz. Estaba totalmente dispuesto a hablarle a Archer cuanto antes para quedar a solas, porque sabía perfectamente que no podría aguantar un mes entero sin volver a verla, acababa de marcharse de la tienda y ya tenía ganas de volver, realmente no comprendía por qué pero así era.
Tantas eran las ganas de conocerla, que ni siquiera él se había dado cuenta de que aún sujetaba su teléfono en la mano desde que ella se lo había devuelto demostrando de forma indirecta las ganas que tenía que llegar a casa y saludarla aunque fuese.
Estaba claro que por azares del destino estaban predestinados a conocerse y no serían ellos precisamente los que pusieran trabas a aquello.