La Carta de Seokmin || Seoksoon

Summary

La bella carta que un día Seokmin escribió para su amado, hace acto de presencia después de haber pasado algunos días en el cajón de uno de sus amigos. Ahora Soonyoung podrá leerla y revivir sus recuerdos más preciados a través de la perspectiva de Seokmin quien le dará la oportunidad de recordar sus momentos juntos más importantes. | PROHIBIDA LA COPIA Y/O ADAPTACIÓN TOTAL O PARCIAL DE ESTA OBRA |

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

La carta

“Parece mentira todo lo que hemos pasado juntos ¿No es así, Kwon Soonyoung?

Éramos tan solo unos niños cuando nos conocimos. Pensábamos cosas absurdas del futuro, cosas malas de las parejas y cosas que tampoco tenían sentido acerca del matrimonio.

¿Puedes recordar la primera vez que tome tu mano? Yo lo recuerdo muy bien. Estábamos sentados en la barandilla del edificio donde estudiaste la secundaria, hacía mucho calor y mientras ambos bebíamos los refrescos que habías comprado, bromeábamos acerca de la parejita que había pasado frente a nosotros.

“¡Qué asco! ¿Por qué no buscan una habitación?“, fue lo que dijiste. Yo reí al igual que tú. No nos agradaba la idea de tener que crecer para casarnos. Mientras jugábamos, comenzamos a imitar a esos tortolitos y terminé tocando tu mano suavemente. Hasta el día de hoy sigo pensando que también tú sentiste lo que yo sentí, ya que tu mirada cambió al instante. Dime ¿lo sentiste? Recuerdo que bebiste nervioso tu refresco y continuamos jugando como si nada hubiera pasado.

Sabes, hay cosas que nunca te dije, cosas que yo pensaba de ti al principio; ¿Sabías que cuando sonreías movías algo dentro de mí? En el momento no sabía que era, pero poco a poco me daba cuenta de que quizás todo eso podía significar algo más para mí. Tampoco te dije que cuando estábamos en la universidad y compartimos el departamento, yo me colaba en tu habitación solo para verte mientras dormías. Antes de que te molestes o pienses que era una actitud rara, déjame decirte que era porque verte dormir me traía paz. Te veías tan tranquilo, tan sereno y absolutamente hermoso.

Jamás pensé que sería en el segundo año cuando yo finalmente tendría el valor de hablarte sobre mis sentimientos. Ese día solo estaba esperando a que llegaras de tus clases para poder cenar y finalmente decirte lo que sentía por ti. No te voy a mentir, mis piernas temblaban, mi cuerpo se sentía tan intranquilo y mi corazón quería salirse de mi pecho, pero todo eso valdría la pena cuando te lo dijera y finalmente pudiera respirar.

Claro que tu mirada en aquel momento era una completamente diferente a la que yo espere.

No tardaste mucho en irte. Ni siquiera te despediste de mí, solo recogiste tus cosas y azotaste cruelmente la puerta dejándome atrás, como si el haberme enamorado de ti fuera el error más grande que podía cometer.

Creo que te habías mudado al edificio de la universidad porque siempre que iba a tomar mis clases de box con el señor Choi te veía pasar con tu pijama hacia las duchas. Me rompía el corazón verte y no poder hablarte, me rompía el corazón verte con otra persona como si yo fuera alguien reemplazable. Quizás sí lo era.

Afortunadamente, no duró mucho. Desafortunadamente, no por las razones que me hubiera gustado que fueran.

Cuando supe la noticia corrí con todas mis fuerzas a la casa de tus padres. No sabía como iba a encontrarte, no sabía si continuarías aborreciéndome, pero no iba a arriesgarme a dejarte en ese estado de vulnerabilidad cuando sabía que tu padre había sido una figura de importancia en tu vida. ¿Sufriste mucho por haber perdido a tu padre esa noche? Nunca voy a olvidar esa mirada en tu rostro. Cuando llegué a tu casa, empapado en sudor y agotado, me viste y te juro que pensaba que me dirías que me fuera, pero en lugar de eso te acercaste a mí para abrazarme y me dejaste consolarte. Te entendía, el señor Kwon para mí también había sido como un padre.

Mi querido Soonyoung, esa noche me dijiste que sí me querías. Lloraste y me pediste que te besara como yo tanto lo había soñado, pero no era correcto. Había algo más en tus ojos y no era tu corazón quien hablaba de tus sentimientos, era tu dolor. Yo no iba a aprovecharme de ti de esa manera. Me odiaste después de eso ¿No es así? De todas maneras yo procuré abrazarte tan fuerte como me era posible para intentar sanar al menos un poco tu dolor.

Dejaste de ir a la universidad. Los maestros me preguntaban por ti y aunque podía decir que no te encontrabas bien por el fallecimiento de tu padre preferí no decir mucho. Un mes después del funeral regresaste al departamento con una sola maleta. Aún lo recuerdo muy bien, te mirabas cansado, debilitado, muy delgado y con un rostro seco de tanto haber llorado, vi un Soonyoung inestable emocionalmente, y lo único que hice fue tomarte de la mano para acercarte a mí y abrazarte como realmente lo necesitabas. Tampoco te dije esto, pero en ese entonces tu madre me confió tu salud y tu bienestar. Ella no podía cuidar de ti pero yo sí.

Pasamos tiempos difíciles una larga temporada mientras te recuperabas, volviste a tus clases regulares y aunque tu estabilidad emocional estaba pendiendo de un hilo no perdí las esperanzas. La depresión te volvió débil físicamente, pero eres incluso más fuerte de espíritu que yo.

Después de varios meses en los cuales perdías y ganabas peso, comenzaste a acercarte a mí y pedirme no alejarme de ti. Ahora que ha pasado tiempo y lo analizo, parecías un niño pequeño buscando desesperadamente la mano de tu madre. Nuevamente, volvías a ser el mismo, te recuperabas muy rápido y ahora regresabas a ser el chico alegre, la versión del Soonyoung juguetón y cariñoso que conocía. Continuamos por mucho tiempo siendo el mismo par de amigos que éramos, al menos hasta el día el cual llegaste molesto por alguna razón y me gritaste a la cara que estabas cansado de mi silencio. No lo comprendí de inmediato, pero al acercarte a mí, pegar tu frente a la mía y decir que jamás habías amado a otro chico, mi corazón se aceleró instintivamente.

Soonyoung, cuando tú y yo estábamos en casa lo compartimos todo. Aunque éramos muy nuevos en eso de amar a alguien, nos acoplamos muy bien. Mientras jugábamos y me decías lo idiota que me veía algunas veces me daba cuenta de que el amor era mutuo. Solo el sentir tu apoyo cuando más lo necesitaba era la vitalidad que me hacía falta para seguir luchando.

Compartimos nuestro primer beso en tu cumpleaños. Fue bastante intenso para ser un primer beso, pero no me puedo quejar, no esperaba menos de alguien como tú.

Saltémonos al día en el cual te pedí compartir nuestro destino. Aquel día en el cual te pedí que fueras mi compañero de por vida y donde tú aceptaste con lágrimas en tus ojos que deseabas permanecer a mi lado.

Fue bello el día que tengo en mi memoria, a pesar de haber sido un escándalo dentro de nuestras familias ¿a quién rayos le importaba? Nos conocíamos desde ya hace más de quince años. La única aprobación que necesitábamos era la de tu madre, una mujer tan buena y amable, cariñosa y comprensiva que llevaré dentro del corazón hasta el día de mi muerte e incluso después.

Nuestros primeros años fueron bastante parecidos a nuestros días de universidad; tú y yo compartiendo un techo, comiendo en la misma mesa e incluso compartiendo las peleas del control remoto, solo que esta vez podíamos ampliar esa cercanía. A veces compartíamos la ducha, compartíamos la comida y compartíamos en intensa intimidad nuestra cama, aquella que fue la principal espectadora de nuestras noches.

Fue una época en la que yo lo daba todo para que ambos viviéramos con todas las comodidades posibles. Estaba tan preocupado por ti y en que no tuvieras una recaída a tu depresión, que no me importaba hacer turnos extras para tener más dinero. Me encontraba convencido de ser el fuerte de la relación, que incluso muchas veces olvide cuidar de mí mismo para procurarte a ti.

Recuerdo que una noche había llegado a casa después de haber trabajado todo el día. Estabas molesto, pero en ese momento no me lo dijiste. Me senté en la cama y mientras desabrochaba mi corbata tu llegaste y te paraste en el marco de la puerta solo a observarme. Aunque trate de hacerme el gracioso contigo nada funcionó para hacerte decir que ocurría. En lugar de eso hiciste un puchero, caminaste a mí y te sentaste en mis piernas solo para darme un beso intenso que jamás olvidaré. Un beso que me decía “Estoy molesto, pero si no me tomas ahora harás que me enoje mucho más” ¿Quién soy yo para negártelo?

Al día siguiente no me dejaste ir a trabajar, ni al siguiente, ni al siguiente. Tuvimos tres días enteros donde el sexo era el principal antagonista en nuestros deseos por detenernos, y en donde parábamos solamente para tomar periodos cortos de descanso y comer. Ya no podía más, aunque tenerte entre mis brazos era mágico, me sentía terriblemente cansado y estaba preocupado por lo que el desgaste físico podría hacernos.

Cuando me negué rotundamente a continuar y te hice enojar fue cuando comenzaste a decir que tenías tanto miedo de que te abandonara. Dijiste que había pasado tanto tiempo en el trabajo que apenas llegaba a dormir. Estando recostado en la cama me miraste y con las lágrimas a punto de salir me preguntaste si tenía a alguien más a mi lado. No sabía qué decirte, por una parte, me sentía mal por haberte dado esa impresión y por otra me resultaba gracioso el que estuvieras celoso. ¿Entonces realmente era esa la razón de tu molestia?

En ese momento me hubiera gustado enojarme contigo por haber arriesgado así nuestra salud, pero fue imposible cuando vi tus mejillas y nariz rojas del llanto. Lo único que provocaste en mí, fue nuevamente tratar de protegerte. Afortunadamente, logré convencer a mi jefe que me adelantara las vacaciones, claro que, ese año no tuvimos una buena navidad por estar en el trabajo.

¿Te digo algo? Me encanta recordar el día en el que ambos comenzamos una lucha poderosa contra el mundo. Ambos nos amábamos, en casa teníamos amor de sobra, dinero de sobra y mucho espacio solo para nosotros dos. Pensaste que ya era hora de ampliar nuestra familia y aunque yo al principio creí que hablabas de tener una mascota, tus ojos me dijeron que lo que más deseabas era a un pequeño el cual amar, un pequeño con quien compartir nuestra felicidad, un pequeño para enseñarle todo lo que nosotros habíamos aprendido al mismo tiempo que nos enseñaba a ser algo más que solo una pareja.

Fue un proceso tan largo, desgastante y cruel en más de una ocasión. Me dolía verte llorar en las madrugadas cuando llegábamos a casa después de una decepcionante nueva anulación a nuestra solicitud al ver que éramos dos hombres quienes pedían ser padres. No me voy a quejar tampoco, a nuestro alrededor había parejas que ya tenían hasta diez años intentándolo y aún no lograban adoptar a un niño, nosotros tuvimos la enorme fortuna de solo tardar cuatro años.

La belleza y tranquilidad que vi en tu rostro cuando finalmente te dejaron ver a ese hermoso niño para mí fue inolvidable. Llevo tatuada en mi memoria esa escena, ver como lo mirabas y la manera en como te sonreía. Cuando Seungwoo llegó a casa y vio la habitación que le teníamos preparada lloró y tú, sentado en la orilla de la cama junto a él, comenzaste a llorar también. Quien diría que esa sería la primera de muchas otras escenas que llevaría en mi corazón.

Pasó un año y nuestro hijo comenzó la secundaria. La casa llegaba a sentirse un poco sola sin él. Siempre encontraba la manera de volver la casa patas arriba lo hiciera o no con mala intención, pero cuando exploto la bomba de pasta dental en el baño te juro que más que enojarme me divirtió verte poner el grito en el cielo. Lamento no haber sido un padre ejemplar algunas veces, pero era tan divertido hacer segunda a sus travesuras que en la mayoría de los casos sí que parecía que tenías dos hijos.

Tres navidades pasaron para que Seungwoo llevara a casa a su primera novia, en ese momento nunca supimos que sería la mujer con la que pasaría el resto de su vida. La casa se volvió silenciosa y tu parecías convencido de pasar de nuevo por el mismo proceso otra vez. Fue cuando Haerin llegó y con apenas tres años nos enseñó incluso más cosas que las que habíamos aprendido con nuestro hijo. Era en serio cuando nos dijeron que nunca se llega aprender todo de ser padre.

Seungwoo y Haerin alegraron nuestra vida ¿no es así? Eran nuestro todo, fue lo mejor que podía pasarnos. Nuestra casa ya nunca estaba sola, siempre había alguien con nosotros no importaba la hora del día.

¿Recuerdas el video de nuestra hija mirando por debajo de la puerta del baño esperando a que saliera? Ese video se perdió, pero yo todavía lo recuerdo bien. Si a Hae le daba miedo dormir sola la teníamos en nuestra cama, si Seungwoo entraba más tarde a clases lo teníamos desayunando con nosotros y eso te hacía muy feliz.

Vimos a nuestro hijo entrar a la universidad que él deseaba, lo vimos centrado con ideas muy claras de un futuro junto a su (hoy esposa) amada Seolha; vimos a nuestra hija cumplir su deseo de estar en una escuela de artes para llegar a su sueño de ser la mejor bailarina que Corea haya visto jamás, también la vimos ir a sus primeras citas, por cierto tengo mucho que disculparme con ella, nunca quise perseguir a su novio con el azadón.

Los vimos forjar poco a poco su camino hasta hacerlos unas personas que tenían su propio juicio y que peleaban por cosas que ellos firmemente creían. Los vimos irse de la casa para hacer su vida.

Soonyoung, nuevamente volvíamos a estar solo nosotros dos, más viejos, pero muy felices sin duda. Habíamos creado un hogar, habíamos tenido una bella familia y nosotros habíamos logrado hacer un cambio dentro y fuera de nuestro círculo social. Llevar esa argolla en nuestros dedos significaba más que solo un matrimonio, realmente lo era todo.

El tiempo pasó muy rápido después de que nos sentábamos afuera de la casa cada atardecer para tomar aire fresco, siempre tomados de la mano tú y yo. Me sentía completo.

Lamento mucho haber sido una molestia para ti después de eso. De haberlo sabido te hubiera pedido que me dejaras en alguna casa hogar para que no tuvieras en tus hombros la pesada carga de mi enfermedad. Mi salud empeoraba y cada vez que solía necesitar una operación veía lo desgastante que era para ti estar velando por mí en el hospital. Te diré otra cosa que jamás te dije en ese entonces: ese veinte de agosto en el cual apenas había salido con vida de la operación en el corazón, yo desperté en la madrugada y te vi recostado en mi regazo. Te veías tan cansado que tus lágrimas secas solo hacían más notorias las marcas de la vejez bajo tus ojos, marcas que ambos compartimos. Mientras tu dormías acaricie tu cabello y te prometí que jamás te dejaría, no importaba donde me encontrara, yo iba a cuidar a mi familia estuviera donde estuviera.

Salí del hospital con más ganas de llegar a casa para seguir la vida que me quedaba contigo. Tuvimos momentos increíbles, pero siendo honesto mi querido Soonnie, nunca creí que llegaría el día en que yo escribiera esto y tu lo leyeras. Parecía muy lejano si lo remontamos a cuando recién comenzábamos una relación tú y yo. Pero aquí estamos, viviendo una verdad que aunque duele, es lo más normal y cíclico que ocurre en la vida de todos.

Mi amor, el día que sea escogido por mi destino para irme de este mundo dejaré esta carta a alguno de nuestros buenos amigos, confiaré plenamente en que te la darán justo el día que me vaya. La leerás y aunque llorarás mucho, quiero que seques tus lágrimas, beses a nuestros hijos, y vivas feliz el tiempo que te queda a su lado. Hasta donde yo viví, nuestra amada Hae nos dio tres hermosos nietos y Seungwoo nos dio dos, se un abuelito consentidor para ellos ¿de acuerdo? No le temas a quedarte solo, recuerda que siempre estaré contigo, te cuidaré este donde este.

La persona que más te amó en la vida...

-Lee Seokmin.”


Soonyoung bajó la carta y se recargó en la mesa. Las lágrimas no paraban de salir y poco a poco sus sollozos comenzaron a ser más ruidosos.

—Papá, tranquilo por favor. Todos vamos a extrañarlo —dijo Seungwoo quien lo abrazó fuertemente mientras también derramaba algunas lágrimas por haber leído la carta junto a él. Soonyoung se aferró a su brazo mojando su traje negro y sosteniendo aún la carta contra su pecho, cerró fuertemente los ojos tratando de imaginar que realmente no estaba pasando.

—Papá… —sollozó Haerin acariciando su vientre. Algo dentro de Soonyoung le decía que no se dirigía a él, sino a Seokmin —Papá, no te lo dije porque quería que fuera una sorpresa para ti cuando te mejoraras, pero... Estoy esperando a una niña ¿no es genial? Tu siempre quisiste una nieta de mi parte... — escuchó llorar a su hija poco después de haber pronunciado esas palabras.

Soonyoung soltó un poco su agarre y acariciando la mano de su hija trato de hacerla sentir mejor, pero en ese momento, ni él lograba calmarse.

“Te amo Seokmin” pensó Soonyoung con fuerza. “Estés donde estés, no olvides que siempre te amaré como el primer día, que pensaré en ti como el primer día, que sentiré el mismo profundo amor como la primera vez que me dijiste te amo y que no importa lo que haga, siempre lo haré por y para ti. Gracias por estos maravillosos años junto a ti regalándome tantas sonrisas, tantos enfados, siendo siempre el mismo chico auténtico. Te llevaré en mi corazón”.

Soonyoung soltó a Seungwoo y tomando la mano de sus dos hijos los acercó a él para besarlos.

—Mis dos niños, los amo.