01
Jay junta sus muslos con fuerza, sus labios estĂĄn luchando por no soltar un gemido o suspiros entrecortados.
Maldice a Jungwon internamente al menos quince veces, desde hace dĂas que el menor habĂa comenzado a comportarse de manera extraña y aunque Jay no le prestara atenciĂłn a la mayorĂa de sus actitudes, habĂa una sola cosa que no podĂa ignorar.
Y eso era el hecho de que Jungwon jugara con su mente, el menor a veces le daba simples toques a Jay, toques que pasarĂan fĂĄcilmente por un roce inocente y sin malicia, pero era todo lo contrario en realidad. Jungwon acariciaba sus muslos cuando terminan sentados uno al lado del otro, cuando dormĂan todos juntos se acercaba a Jay hasta que podĂa sentir su fuerte pecho golpeando contra su espalda, cuando Jay decidĂa lavar los platos o acomodarlos, Jungwon fingĂa necesitar algo solo para terminar cerca del cuello u espalda del mayor.
Jay estaba comenzando a volverse paranoico gracias a eso y el hecho de que esos roces comenzaran a gustarle le volvĂa aĂșn mĂĄs loco. No se suponĂa que los compañeros hicieran eso, los amigos no deberĂan tocarse de esa manera, Âżo sĂ?
El resto del grupo veĂa a Jungwon como alguien inocente, asĂ que cuando Jay intentaba desahogarse acerca del tema con alguno de los miembros, estos le veĂan como si estuviera loco y no le creĂan ni una sola palabra.
Justo en estos momentos los siete se encontraban en la mesa de la casa que compartĂan, Jay habĂa intentado por todos los medios el no quedar sentado junto a Jungwon, pero al parecer el menor tenĂa otros planes y como lĂder no le fue muy difĂcil pedirle a Sunoo que se cambiase de asiento para poder sentarse justo al lado derecho de Jay.
La cena habĂa transcurrido con normalidad hasta que Jay sintiĂł el peso de una mano sobre su pierna, despuĂ©s comenzaron unas leves caricias en su muslo interno, el problema vino despuĂ©s, cuando las inocentes caricias comenzaron a acercarse peligrosamente a su entrepierna, Jay comenzĂł a ejercer fuerza en sus muslos, intentando inĂștilmente detener la traviesa mano de Jungwon.
Jay no lograba entender cĂłmo es que el menor parecĂa tan tranquilo, conversaba amenamente con Ni-ki acerca de la coreografĂa de una nueva canciĂłn, se veĂa tan relajado, como si no estuviera toqueteando a Jay por debajo de la mesa.
ApretĂł el tenedor entre sus dedos y sin querer apuñalĂł su comida, sus piernas eran bastantes sensibles a las caricias y no querĂa que alguien fuera capaz de darse cuenta de lo que ocurrĂa bajo la mesa, cuando sintiĂł que estaba a punto de llegar a su lĂmite, su mano soltĂł el tenedor de plata y tomo la muñeca de Jungwon con fuerza, apartĂĄndola de sus piernas bruscamente.
Le regalĂł a su lĂder una sonrisa con una clara advertencia detrĂĄs y continĂșo disfrutando de la cena como si nada hubiera pasado, hablĂł con Heeseung a cerca de un nuevo juego que estaba por salir a la venta, acordĂł una salida al cine con Jake y le diĂł a Sunoo unos consejos para aliviar el dolor en sus hombros debido a las intensas coreografĂas.
Para cuando la cena llegĂł a su fin el reloj marcaba las once en punto, Jay soltĂł un suspiro aliviado y se levantĂł de su silla para caminar escaleras arriba hacia su habitaciĂłn, ni siquiera se molestĂł en colocar el seguro y se dejĂł caer sobre el colchĂłn, agotado.
Jungwon estaba poniendo a prueba su paciencia y a este paso, Jay terminarĂa con canas verdes o pasando la situaciĂłn mĂĄs vergonzosa de su vida frente al resto del grupo. RecostĂł su cabeza contra la mullida almohada, no querĂa seguir pensando en la extraña actitud de su menor y tampoco querĂa seguir imaginando escenarios parecidos a lo que ocurriĂł en la mesa, eso solo lograba alterarlo aĂșn mĂĄs.
Poco a poco su vista se torno borrosa y sin darse cuenta ya habĂa caĂdo en un profundo sueño.
03:00 a.m.
Un pequeño, pero llamativo sonido le despertó de golpe, confundido giró su vista hasta dar con el reloj sobre el buró a un costado de su cama, era muy tarde para que alguien estuviera despierto.
FrunciĂł el ceño y se dispuso a salir para comprobar que todo estuviera bien, metiĂł sus pies dentro de sus pantuflas y bajo las escaleras de manera perezosa, estaba tan cansado que sus sentidos ni siquiera podĂan estar alerta, vislumbrĂł la luz que salĂa del refrigerador y se dirigiĂł a la cocina.
Todo el cansancio abandonĂł su cuerpo en cuanto se encontrĂł cara a cara con Jungwon, sentado tranquilamente en uno de los taburetes, sonriendo de lado mientras bebĂa una taza de cafĂ©, como si hubiera estado esperando a que bajara.
âÂżQuĂ© haces aquĂ? â. FingiĂł desinterĂ©s aunque por dentro estuviera rezando a que alguien mĂĄs bajara, Jungwon levantĂł la taza frente a los ojos de Jay como si aĂșn no la hubiera visto.
âCreĂ que era obvio, bebo cafĂ©.
âUhm, ya veo â. MurmurĂł Jay, la tensiĂłn entre ambos estaba logrando ahogarlo.
Jungwon pareciĂł notarlo,
inclinando la cabeza hacia un
costado y fingiendo confusiĂłn descaradamente. âHyung, ÂżestĂĄ
bien? â. Jay casi bufa al escucharlo hablar tan cortĂ©smente, como si hace apenas unas horas no lo hubiera manoseado sin pudor alguno.
Sacando valentĂa de quiĂ©n sabe
dĂłnde, Jay se acerca y coloca sus manos sobre la isla de mĂĄrmol, acercando su rostro al de Jungwon hasta que sus narices estĂĄn a punto de tocarse. âEscucha bien porque no planeo volver a repetirlo Yang Jungwon, no sĂ© a quĂ© estas jugando, pero estoy fuera. Y por tu bien, espero que mantengas tu distancia conmigo o de lo contrario, me verĂ© en la obligaciĂłn de olvidar que eres el lĂder del grupo.
El nombrado ni siquiera se inmuta, se pone de pie y acerca aĂșn mĂĄs sus rostros, sonriendo con ego. âÂżEs eso una amenaza, hyung?
âTĂłmalo como quieras â. Jay casi maldice cuando escucha su propia voz flaqueando, Jungwon no podĂa ponerle asĂ de nervioso.
âLos dos sabemos que no quiere
que me detenga, deje de engañarse, hyung â. La Ășltima palabra sale con cierto tono burlĂłn, logrando romper todas las defensas impenetrables de Jay.
El chico sale de la cocina a pasos relajados, revolviendo sus cabellos castaños sin ser realmente consciente del desastre en el que ha convertido a su mayor.
Jay se queda en la cocina observando durante varios minutos la taza de cafĂ© casi vacĂa, ÂżcĂłmo era posible que uno de sus menores estuviera jugando asĂ con su mente? Jungwon le estaba volviendo un jodido desastre y Jay tendrĂa que encontrar la manera de detenerlo antes de que su corazĂłn terminarĂĄ por ceder.