Lost Stars | Taekook

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Summary

Kim Taehyung decidió borrarlo de su vida, no porque no lo hubiese amado, sino, precisamente, porque lo hizo…

Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

1


—Lo lamento, pero no vamos a poder contratarte. —aquel hombre trajeado delante de él, cerró el portafolio negro y lo mantuvo entre sus manos. Suspiró levemente y continúo justificándose—. No tienes experiencia previa, y a decir verdad, no contamos con el personal para poder capacitarte.

—Lo comprendo. —respondió finalmente Kim Taehyung, casi tajante. Era la tercera vez en la semana que lo rechazaban con la misma excusa, perdiendo la cuenta de cuántas veces fueron en el último mes.

Sabiendo que aquel hombre no era el culpable de su enojo repentino y su mala racha, Taehyung se levantó de la silla, inclinó la cabeza en agradecimiento y con un saludo banal se retiró de la oficina. Antes de cerrar la puerta, por el rabillo del ojo pudo ver cómo el hombre dejaba su curriculum junto con otros al borde de la mesa. No hacía falta que nadie se lo explicará, pudo ver en la mirada de ese hombre, que él era, junto con aquellos otros postulantes, solo un estorbo.

No quiso darle más vueltas al asunto y optó por apurar su paso e irse de allí, después de todo le quedaba una clase a la cual asistir para poder terminar aquella jornada tan frustrante. A lo lejos, un auto perlado modelo Kia Rio del 2001 lo esperaba para conducirlo a su siguiente destino; aquel trasto viejo era lo único que Kim Taehyung podía considerar como suyo, aunque fue una herencia tras el fallecimiento de su abuelo, seguía siendo su pequeño trasto viejo. Al ingresar al vehículo, el fuerte olor a tabaco lo crispó. Y aunque él odiaba aquella peste, tampoco quería que se disipara. Ese olor le recordaba que aunque no tuviera familia, aún había una persona que pensaba en él…

El motor se encendió tras unos minutos de dificultad junto con el estéreo. Lo primero que escuchó del último fue un piano y unas notas pertenecientes a Day One de Hans Zimmer* que iban ascendiendo tétricamente. La composición fue tomando forma, se volvió más estridente, desconocida pero sugerente. Le gustaba la manera en la que el órgano ascendía acompañado de la incertidumbre de la situación, sin saber lo que depara pero añorando una sola finalidad. No fue hasta que llegó a la universidad que se dió cuenta que había estado escuchando la misma canción en bucle todo el camino, embelesado en ella, o quizá, solo quizá, en la persona que lo hacía recordar.

Soltó un suspiro casi imperceptible mientras se obligaba a abandonar a Zimmer y bajar del coche con una mochila colgada al hombro, sus pesados pasos dirigiéndolo hacia el edificio de Humanidades de su universidad. Era casi verano y se notaba la disminución de alumnos debido a que se encontraban cerca del final de curso. Al subir a la segunda planta logró ver a un estudiante taciturno, que fácilmente podría pasar de ser percibido de no ser por su cabello, aquel extraño color menta que combina a la perfección con su piel blanquecina. Era un deleite a la vista. Sonrío amplio, acelerando un poco el paso para acortar la distancia y acallar a su incontrolable corazón.

—Te tardaste demasiado. —fue lo único que pronunció Min Yoongi cuando Kim Taehyung llegó a su lado, sin percatarse del sonrojo en las mejillas del último por estar concentrado en un libro en sus manos.

—¿Me has esperado por mucho tiempo, Hyung? —el menor contraatacó extendiendo sus brazos hacia el contrario, esperando un abrazo de bienvenida que no llegó.

—¿Cuando he dicho que te esperaría?

—Es lo que estabas haciendo, no lo niegues Yoonie. —Taehyung se mantuvo allí con su sonrisa y sus brazos que se negaban a bajar, viendo como Yoongi se encaminaba al aula. Tomó aquello como una oportunidad y optó por abrazarlo por la espalda, sintiéndose más aliviado cuando el mayor luego de forcejear, terminó por dejarse llevar.

El andar se volvía muy difícil en estás situaciones por la diferencia de estatura, aún así el menor apoyo su rostro en el cabello color menta del contrario, aspirando la fragancia a cítricos que está desprendía y que armonizaba casi inhumanamente con el aroma a madera de la colonia que siempre usaba, colonia que él mismo le regaló a su mayor.

Algo que habían aprendido con el paso de los años, era reconocer el estado anímico del contrario sin mediar palabra, y era por ello que Yoongi se atrevía a frotar los nudillos de Taehyung en una leve caricia, queriendo contenerlo. Quizá no era mucho, pero ambos sabían que era suficiente.

—¿Te rechazaron? —Min se atrevió a cuestionar, la leve presión que ejercieron los brazos ajenos bastaban para confirmar sus palabras. Y aunque el mayor quiso preguntar más, sus palabras quedaron ahogadas en su garganta cuando el profesor de su última clase apareció a unos pasos de distancia.

Ambos ingresaron en silencio, refugiándose en los últimos asientos de aquel anfiteatro que ya se encontraba casi lleno de estudiantes. El mayor de los dos decidió que era mejor apoyar su cabeza en el hombro ajeno, brindando de nuevo al menor esa cercanía a su calor y contención. Jugaron con sus manos entrelazadas sin prestar mucha atención a lo que el profesor comentaba sobre las ciencias políticas y como estas establecen un sistema de organización social.

—No voy a poder comprarte esa guitarra que tanto querías, cariño. —Taehyung le susurró al oído con voz fingida, recibiendo como respuesta una vista perfecta a una sonrisa de dientes pequeños.

—Aún puedes cocinar para mí. —susurro Yoongi sin doblegar su sonrisa, sus ojos convirtiéndose en pequeñas curvas por la presión que ejercían sus mejillas. Ambos sabían que el menor era el peor cocinando, sin embargo, aquella simple ocurrencia logró animarlos.

Desde que Kim Taehyung llegó a Seúl cinco años atrás para estudiar la carrera de Desarrollo internacional, la única constante en su vida fue Min Yoongi. Tanto era así, que habían decidido mudarse juntos hace más de un año a un piso pequeño de habitación compartida en las afueras de la ciudad donde la renta era menos costosa. Los gastos siempre se mantenían al mínimo y aunque nunca les faltó nada, los últimos dos meses fueron difíciles cuando Taehyung se quedó sin trabajo y nadie parecía querer contratarlo, haciendo que el menor se sintiera incompetente.

Yoongi por su parte mantenía un empleo de media jornada en un resto-bar que se había convertido en jornada completa los fines de semana para disgusto del menor. Según su criterio aquello no hacía falta, ya que él aún contaba con ahorros para cubrir su parte de los gastos durante dos meses, pero no había fuerza en la tierra que fuera en contra del pensamiento del joven Min sobre la necesidad de ahorros extras para emergencias.

Acabada la clase, y luego de casi correr fuera del edificio, ambos subieron al viejo coche. Fue allí cuando Yoongi, luego de encender el estéreo, volvió a sonreír con sus pequeños dientes hacia Taehyung, reconociendo a Zimmer a través del parlante. El más alto solo se encogió de hombros dándole a entender que había terminado cediendo a sus gustos durante los años.

Mientras el menor conducía lentamente por las avenidas hacia su departamento, vió por el rabillo del ojo como Yoongi encendía un cigarro y bajaba la ventana de la puerta del copiloto sin perder la sonrisa, terminó de completar la acción reposando su pequeño cuerpo sobre está, permitiendo que el viento alborotara su peinado. Con un semáforo en rojo como testigo, Taehyung guardo aquella imágen en su retina; la imágen de un Yoongi de cabello menta que expulsaba el humo del cigarro por sus labios con total tranquilidad mientras las luces de la avenida comenzaban a teñir su piel con colores fluorescentes, convirtiéndolo en algo casi irreal. Etéreo.

El silencio se hizo dueño de todo el trayecto pero la sonrisa nunca abandonó los labios del castaño. Todo el miedo y enojo que este sintió durante el día, se alejó por completo ante aquella vista, acompañado de un crescendo musical procedente del estéreo. Así era siempre, su día comenzaba y terminaba con el chico de cabellos menta dando vueltas en su cabeza y haciéndose partícipe en su frágil corazón enamorado.

Y de repente, sin previo aviso, su mundo dejaba de girar gracias a Min Yoongi, una vez más.


Eran casi las 10 pm cuando ambos jóvenes llegaron a su departamento, estacionando el coche en el aparcamiento de aquel edificio, si es que se puede llamar aparcamiento a un espacio a la intemperie de 50 metros cuadrados donde solo cabían 4 vehículos, y donde no siempre lograban estacionar. La pintura corroída del auto por el sol y la lluvia volvían a reprocharle al castaño aquel detalle en silencio.

Ya con sus pertenencias en mano, ambos se encaminaron al tercer piso por las escaleras, y aunque a su alrededor se podía escuchar algunos pisos con más ruido que otros, ellos ascendían en completa calma.

—Antes de salir en la mañana, ¿me dijiste que te cambiaron tus turnos o lo soñé? —preguntó el más joven para corroborar unos recuerdos algo difuminados, caminando por detrás de su mayor en aquella estrecha escalera.

—Sí, mañana debo ir al restaurante una hora antes, hay más ventas últimamente asique a mi jefe se le ocurrió que sería grandioso ampliar las horas de atención… por lo que también volveré tarde. —Taehyung pudo percibir la mueca de desagrado en el pálido rostro de Yoongi, aún cuando estaba detrás de él y solo alcanzaba a ver su espalda. En los últimos días, el mayor no había estado durmiendo muy bien por el trabajo excesivo, tampoco se había estado alimentando correctamente.

“Quizá sí preparó la cena, lograré animarlo”. La idea no sonaba tan mal después de todo para Kim.

—Cumpliré tu deseo y cocinaré algo para ambos. —el castaño pasó su brazo izquierdo por los hombros del más bajo mientras lo veía colocar la llave en la puerta, está cedió ante el segundo giro y les regaló una bienvenida silenciosa a su pequeño hogar.

No era muy grande ni tampoco lujoso, pero era agradable para ambos ya que no contaban con muchas cosas materiales. Una pequeña sala daba la bienvenida al ingresar con un balcón hacia la derecha que los guiaba a un patio interno compartido; al final de la sala, una cocina pequeña con un desayunador de durlock que era usado para todas sus comidas. Del lado izquierdo de la sala había dos puertas, la del fondo contenía el baño y un espacio donde lavaban la ropa. Mientras que la otra, la más cercana al ingreso, era la del dormitorio, un espacio ideal para dos camas y un pequeño armario empotrado a la pared.

—¿Quieres adelantar mi muerte por envenenamiento o algo similar? —Yoongi se burló quitándole la mochila al contrario y dejándola junto a la suya en el sofá de la sala. Solo recibió un puchero, gesto que bien sabido por ambos era una de las debilidades de Min.

—Solo por hoy, quiero que aproveches y descanses, mañana tienes mucho trabajo.

—Pero Tae… —intentó en vano. Y Dios sabe que lo intentó, pero se encontró a sí mismo cediendo ante ese puchero.

—Solo relájate y disfruta, Hyung. —ante la escasa respuesta, Taehyung sentó al mayor en el sofá y aunque lo escuchó protestar de nuevo, no hizo ningún ademán de levantarse. Tras varios minutos observando, Min dejó su espacio en la sala y le hizo compañía en la cocina, sentándose en el desayunador mientras seguía muy atentamente cada uno de los movimientos del castaño.

Yoongi siempre fue el tipo de persona que estaba acostumbrada a hacer todo por los demás, era su principal cualidad, es por ello que cuando Taehyung perdió su empleo, el mayor no dudo ni dos segundos en ampliar su carga horaria, aún cuando eso significaba dormir menos y no tener el suficiente tiempo para estudiar. Eso llevaba a la segunda cualidad más importante en Min Yoongi, era terriblemente obstinado. No importaba cuántas veces el castaño intentaba ayudar, Yoongi siempre ponía resistencia y aunque al final acababan haciendo todo juntos, no siempre había sido así.

—Mañana no tengo clases, puedo llevarte al trabajo así no tienes que conducir o tomar el bus. —habló el joven Kim, muy concentrado en la pizza que estaba preparando. Algo sencillo, rápido y difícil de arruinar.

—Está bien. —aceptó sin poner resistencia. Era inútil oponerse ante la petición del menor, más aún cuando esté le regalaba una hermosa sonrisa cuadrada.

Cuando la pizza salió del horno, Yoongi ya había preparado la pequeña mesa ratona de la sala con un par de vasos, refrescos y unos platos para comer frente al televisor, dónde una película random los esperaba pacientemente.

Comieron sin decir nada con el sonido de la televisión de fondo, momentos así eran los que Kim Taehyung amaba estando con Min Yoongi. No hacía falta que se esforzaran demasiado, siempre acababan teniendo momentos agradables y sencillos en compañía del otro.

Terminada la cena y ya casi la película, el castaño decidió levantarse para limpiar los platos pero un peso en su hombro lo hizo dudar al último segundo. Yoongi, preso en los brazos de Morfeo, intentaba luchar contra el cansancio, lo que provocó una sonrisa en su acompañante.

—Ven Hyung, es hora de dormir. —susurró Taehyung tomando a su mayor entre sus brazos sin mucho esfuerzo. Escuchó una protesta pero eso no lo detuvo para meterlo en la cama y cubrirlo con una manta fina, la noche había traído consigo una brisa muy refrescante.

—Deja los platos, mañana los limpios. —un Yoongi adormilado se esforzaba por hablar, arrastrando las palabras pero agradecido por la suavidad que lo cobijaba.

—Descansa, Hyung. —Kim le contestó con un beso en la frente y se retiró de la habitación sin hacerle mucho caso. Solo cuando todo estuvo limpio y ordenado, y luego de una larga ducha, volvió a la habitación a oscuras con una toalla rodeando su cintura. Se despojó de está y rápidamente se colocó el pijama ya preparado para dormir. No se dio cuenta hasta que giró sobre sus pies, que Yoongi estaba en su cama.

Taehyung hizo el amague para levantarlo pero el contrario se aferró a su ropa negando. Terminaron acostados frente a frente en la cama de plaza y media, y aunque Yoongi luchaba contra el sueño que lo invadía, se acercó al menor y dejó un beso en los labios ajenos. Fue solo un pequeño roce, algo tan inocente e íntimo que dejó a Kim Taehyung perdido en aquella sensación mientras Yoongi, ajeno al alboroto que había ocasionado en el menor, apoyaba su cabeza en el pecho contrario quedando rápidamente dormido.

Con Min Yoongi siempre era así pero Taehyung tampoco lo podía culpar cuando se le dejó en claro desde el inicio que no esperaba nada serio, y que si no estaba de acuerdo, él podía parar. Pero Kim Taehyung también pecaba de obstinado… él no quería reconocer que desde el inicio se dejó apresar por sus sentimientos hacia el mayor; y que por miedo a perderlo, se aferró aún más fuerte a aquel chico de cabello menta que no solo lo había eclipsado, lo había enamorado. Aún cuando sabía que sería el único herido al final del día, el seguía enamorándose cada día más de Yoongi, le importaba poco sufrir.

—Será mejor que nos alejemos un tiempo… sabes que no puedo entregarte más que mí amistad… ¿Por qué sigues insistiendo? ¿Por qué te sigues lastimando? —el recuerdo de un Yoongi de 24 años, de cabello negro y expresión sería lo invadió. ¿Cuánto había pasado de eso? ¿Tres años? Taehyung ya no recordaba, siempre era igual en aquel entonces, con un Yoongi a medio vestir frente a su cama, aquella cama donde minutos antes lo acompañaba otro sujeto con el mismo aspecto.

—Lo se Hyung, lo sé... Pero no quiero perderte. —Taehyung no sabía en qué momento las lágrimas empezaron a caer—. Dejaré de insistir, lo prometo. Solo no me dejes. —ya no podía resistirlo más, el sollozo salió de él poniéndolo en evidencia.

No llores, por favor Tae no llores. —si algo lamentaba Yoongi, era ser el causante de las lágrimas de su amigo. Se acercó a él y limpio cada una de las perlas cristalinas con mucha delicadeza, como si el castaño estuviera a punto de romperse con el más ligero toque de sus manos, y es que el mayor no lo sabía, pero Kim Taehyung llevaba mucho tiempo roto.

Olvidemos esto, olvidemos todos los errores que cometí. No insistiré más, no volveré a molestarte, yo solo no quiero perderte, eres... eres la única familia que me queda. —medio verdad, medio mentira, fue lo único que logró pedir Taehyung ese día, y solo obtuvo un abrazo en respuesta. Ambos eran conscientes de que aquello era solo un engaño, un falso intento de superación; sabían que lo joderian todo de nuevo, empero se mantuvieron abrazados, con más fuerza que antes como si aquel gesto les diera el impulso para creer que está vez, por fin, podrían avanzar.

Con los años la relación entre ambos mejoró, Kim dejó de insistir en un amor que nunca fue. Se permitió disfrutar de la compañía de Yoongi aún cuando durante las noches este se acostara con otras personas. Con el tiempo, y sin premeditarlo, el castaño se convirtió en una de esas personas también; se acostaban ocasionalmente, amigos con beneficios ocasionales, a eso habían llegado en su pequeña farsa. Ambos sedientos de la compañía ajena, aunque no por los mismos motivos.

El castaño nunca volvió a dejar que el otro dudará de su promesa aunque el sentimiento de pérdida siguiera allí, adormecido en el fondo de su corazón, aún cuando el mayor volvía silenciosamente a sus labios todas las noches. Después de todo, ésa era la tercera cualidad que su joven amigo ignoraba, Min Yoongi estaba tan roto como él.



Hans Zimmer: Es un compositor alemán​ de música cinematográfica y de videojuegos, que se caracteriza por la integración de música electrónica y arreglos sinfónico-orquestales.

Day One: Composición hecha por Hans Zimmer, la cual forma parte de la banda sonora original de la película Interstellar.