La magia de su mirada

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Summary

Historias de amor hay por todas partes, suelen ser aceptadas sin problemas. Pero, ¿Qué pasa cuando el amor une a dos personas de diferentes generaciones? Él es un hombre mayor y ella aún una adolescente. ¿Cómo afrontarán la difícil realidad que les espera? ¿Los apoyarías o los juzgarías? ¿Te animas averiguarlo? ¿Sí? Entonces toma asiento, te contaré esta historia de amor.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo 1

El nueve de marzo la conocí, era una tierna y tímida jovencita a quien asignaron a mi aula. Era toda una belleza, sus largos cabellos, su piel blanca, poseía ojos grandes y los labios más rosados que he visto en la vida. A pesar que es solo una niña, no pude evitar quedar aturdido por su belleza al igual que todos los alumnos.

A los pocos meses se volvió una de las mejores, era ordenada, responsable, entre otras cualidades, el paquete completo, la mujer perfecta, la mujer que todo hombre quisiera a su lado y obviamente mis pequeños alumnos intentaban conquistarla como dé lugar. Pero, era muy insegura cuando se trataba de su aspecto, ¿Por qué? No lo sé, ¿cómo alguien tan cercana a la perfección puede tener inseguridades? Es algo que no entiendo de las mujeres, es una constante pues incluso ocurre en mis compañeras de mi edad.

Pasaban los días e intentaba acercarme más a ella sin despertar los celos o malos entendidos de mis demás alumnos. A pesar de ser una de las mejores, le costaba mucho expresarse, era muy tímida y callada. Parecía una muñequita cuando se le veía sentada al estudiar, se le veía tan frágil, tan inocente, tan introvertida. Como educador, sé que a la larga se volverá un problema en todas sus relaciones personales como profesionales, por lo que no puedo permitir que ocurra.

En el recreo me acercaba a ella, pues siempre estaba sola, no salía a jugar o conversar con sus compañeros a pesar de que la invitaban. Con el pasar del tiempo empezó a contarme de ella, le gustaba los dulces, las tortas de chocolate, las series románticas y el color rosa. En efecto, era toda una niña, como cualquier otra, solo que le costaba expresarse. Tal vez es mi lado paternal, a pesar de que no tengo hijos, pero quise cuidar de ella.

Es de noche, estoy cansado, el día de hoy fue más pesado de lo que pensé, los niños de hoy están llenos de energías y tengo mucha tarea por revisar. Mi mujer está sentada en el sofá, casi ni me mira y apenas me habla. Dejó de esperarme con la cena, no me recibe con un beso como antes, se la pasa en el celular hablando con sus amigas y de vez en cuando se va a la recámara para tener privacidad.

Cambió hace tres meses o cuatro, no lo recuerdo bien, de pronto dejó de hablarme con la misma frecuencia y dulzura de antes, dejó de interesarse en mí, pocas veces quiere salir conmigo, ya no quiere que la toque, ni subir fotos juntos, ¿Qué hice mal? Siempre he intentado darme tiempo para ella, darle uno que otro regalo. A pesar de que llego cansado intento escucharla, aconsejarla en sus problemas y darle el mayor afecto posible. Pero, parece no ser suficiente, aunque me esfuerzo mucho y quiero lo mejor para ella.

Por andar pensando toda la noche no pude dormir, llegué tarde y no tengo ganas de enseñar, no tengo ganas de nada. Solo quiero recuperar a aquella mujer que una vez dijo me amaba, esa mujer tan dulce, amorosa, atenta, esa jovencita de quien me enamoré. ¿Por qué cambió? Siempre fui bueno con ella, le di todo de mí, le pagué los estudios, la llevaba a comer a lugares lujosos, siempre me preocupé por ella, siempre le decía que la amaba. ¿Por qué cambió? ¿No le di suficiente? ¿No soy suficiente? ¿Hay alguien...más? No sé que pensar. Los alumnos esperan mis clásicos chistes para aliviar el estrés, pero, no se me ocurre nada, solo quiero irme a casa. Todos me miran extraño, no quiero almorzar nada, solo quiero estar solo.

Suena la campana del receso, para mi sorpresa se me acercó aquella muñequita, aún sigue tímida pero no tanto como hace semanas, por lo menos aquí si está dando frutos todo el esfuerzo.

—¿Se encuentra bien? ¿Está enfermo? — preguntó con voz baja

No sé si contarle lo que me pasa, después de todo es una niña, no entendería por lo que estoy pasando y, además, no sería un buen educador si lo hiciera. Los niños no deben meterse en problemas de los adultos, a la larga solo saldrán lastimados al igual que yo cuando mis padres se pararon e intenté evitarlo.

—No es nada, no te preocupes, tal vez algo que comí me hizo daño— respondí gentilmente mientras le tocaba la cabeza e intentaba sonreírle. Me causó ternura que se preocupara por mí, si tuviera una hija, ¿me haría sentir así? Ojalá mi mujer se anime a que tengamos uno, sería una hermosa experiencia.

Llegué a casa cansado como siempre, pero esta vez estoy decidido a recuperar a la mujer que tanto amo, no lograré nada si me deprimo. Me acerqué a ella, estaba distraída con el celular como siempre, parecía muy aburrida.

—Amor, hoy quiero ir a cenar, te llevaré a un buen lugar — dije mientras le obsequiaba una rosa que arranqué del jardín, era casi tan hermosa como la mujer a quien se la obsequiaba.

—¡Si, vamos! — exclamó con alegría, casi dando un brinco. Verla otra vez así me hizo sentir vivo, después de mucho tiempo íbamos a salir juntos.

Llegamos al restaurante, es lujoso, aquí sirven las mejores comidas de la ciudad. Pedí un vino y carne asada para ella, es su preferido, recuerdo que fue lo que ordenó en nuestra primera cita justo en este mismo lugar. Todo iba bien, hablamos mucho, reíamos, sentí que la recuperaba, era igual a nuestra primera cita de hace quince años, hasta que sonó su celular. Colgó de inmediato y desde entonces empezó a ignorarme y a revisar su celular cada cierto tiempo. ¿Quién la llamó y por qué? quiero saber, pero si pregunto ahora me dirá que no confío en ella, se molestará, se irá como la última vez y dejará de hablarme de nuevo.

Es un nuevo día, es la hora de tutoría, la pequeña niña está más animada que de costumbre, parece que nuestras pequeñas charlas e intento de motivación está dando resultados. Poco a poco está cambiando, está aprendiendo a ser más sociable, se está esforzando, puedo darme cuenta. Tiene muchos problemas en casa, su madre era muy desequilibrada emocionalmente y constantemente la maltrata. No se lo había contado a nadie hasta ahora, parece que aprendió a confiar en mí. Tampoco tuve una infancia fácil, puedo entenderla y tal vez eso por eso sé que decir. Que lamentable que los niños tengan que sufrir por culpa de padres irresponsables o que simplemente no están listos para cuidar una vida más pequeña.

Pasó unos días, es domingo y mi mujer salió con su amiga todo el día, así que iré a caminar, intentaré calmar mi mente de tantas preguntas. En una de las avenidas de la plaza salió alguien de la nada y casi chocamos. Para mi sorpresa es mi alumna, parece que camina sin rumbo, ella es todo un caso.

—¿Qué haces por aquí? —pregunté asombrado.

—Huyendo, no quiero estar en casa— respondió, tenía los ojos llorosos, se le notaba triste.

—¿Quieres dar un paseo? Tal vez te haga sentir mejor— le propuse tocando su cabeza.

—Está bien, vamos al parque, me gusta mucho— respondió mirando al cielo.

Caminamos por un largo tiempo, hablamos, me contó lo que había pasado. Sus padres habían discutido, una cosa llevó a la otra y se terminaron golpeando. Se asustó, huyó mientras llegó la policía, realmente es algo muy serio. Después de tanto hablar se sentía mejor, lo sé porque sonreía de vez en cuando. Fuimos por unos helados, luego a los juegos mecánicos a unas cuadras de aquí, quería animarla, me sentía como un padre con su hija. Después de mucho tiempo me estaba divirtiendo y ella igual, me recordaba aquellos días con mi mujer cuando éramos jóvenes, que nostálgico, nos gustaba pasar tiempo jugando. Al final del día se despidió con una sonrisa, me abrazó fuerte, las demás personas nos miraban, supongo que pensaron que era mi hija.

Pasaron dos días, hoy saldré con mi mujer a una fiesta, es el cumpleaños de su amiga. Se ha puesto su mejor vestido, su mejor perfume, está muy hermosa, realmente soy afortunado de tener a alguien como ella en mi vida.

Llegamos a la fiesta, felicitamos a la cumpleañera, bailamos, bebimos y la pasábamos bien. De pronto se acerca un chico joven, apuesto, la saluda y ella le sonríe, parecían conocerse. ¿Un amigo del trabajo, tal vez? Me sentí incómodo y celoso. ¿No estoy algo grande para sentir celos?, el resto de la noche se la pasó con sus amigas bailando y tomando. Quien la viera pensaría que vino sola, yo aquí sentado mientras ella baila con aquel chico, cuando a mí me rechazó porque estaba cansada, eso es muy vergonzoso, quiero irme de aquí, nunca debí venir.

El resto de los días me la he pasado distraído, triste, sin ganas de trabajar, pensaba en ella y ese chico, ¿de dónde se conocen? Todo es tan extraño. No me di cuenta que sonó la campana del receso, estaba por salir y veo llegar a la pequeña con un helado en la mano.

— Hará sentir mejor, es mi favorito— dijo mientras me obsequiaba el helado

En efecto, me sentí mejor, pero no sé si por el helado o porque ella que me lo había dado, ella...es muy tierna, ojalá tuviera una hija así.