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𝐄𝐥 𝐩𝐫𝐢𝐧𝐜𝐢𝐩𝐢𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐟𝐢𝐧
Como era costumbre todos se encontraban en el cuarto de los hermanos, no hacían nada más que no fuera admirar el cuerpo del menor, un pálido y nada marcado cuerpo de un adolecente de trece años. Sin contar el sensual tatuaje que decoraba la parte baja de la cadera del chico.
En aquella habitación todos estaban conscientes de lo asquerosa que era la situación, sabían que si alguna de las amigas de sus madres o la misma madre de los hermanos se enteraban lo que hacían con el menor los matarían.
Uno de los presentes se encontraba emocionado por lo que pasaría si seguía aumentando la intensidad. El grupo de cinco adolescentes jugaban con el morbo y rozando la pederastia con los dos menores del grupo.
Lo que estaban haciendo era fácil, haces el reto que te asigne el grupo o te quitas una prenda, así de inocente era el juego hasta que los retos fueron aumentando hasta el grado de rozar lo sexual.
Y Bill habría sido una de las víctimas del reto, era bien sabido en el grupo que Bill era el más sensual, el más apetecible declaró Andreas quien le proponía retos asquerosos para que no los quisiera hacer y se terminará desvistiendo.
Andreas siendo el mayor del grupo, sacándole a Bill cuatro años y a Tom tres años. Todos se sentían cómodos con la presencia de este al ser un amigo muy cercano, excepto su hermano; quien cada que podía no participaba en los juegos que este proponía.
Era un secreto a voces que el comportamiento de Andreas con respecto a Bill era raro, siempre teniendo una especie de preferencia con este. Pero nadie hacía ni decía nada. Solo un secreto a voces.
Bill apartó la vista de Andreas y trato de ignorar la sensación de ser observado, se decidió a solo concentrarse en hacer el siguiente reto, este era el final del tortuoso juego.
— Eres el ultimo ya todos hicimos lo que nos tocó y otros se quitaron algo — Andreas no paraba de mirarlo con una sonrisa mientras se toqueteaban la pierna, trago seco y trato de no llorar allí mismo, se sentía humillado
— Habla rápido — dijo Matt con inquietud, ya que se encontraba incómodo por el comportamiento de Andreas. Al principio la idea de avergonzarlos y humillarlos le habría parecido graciosa pero ya a este punto se sentía enfermo
— Tendrás que besar a tu hermano — Georg quien también estaba harto de la actitud del mayor decidió parar el juego antes que pasara algo mas grave
— Mejor no, Bill vístete — Ordenó Georg levantándose del suelo y ayudando a levantar a los menores, Andreas volteo los ojos y también se levantó. Matt suspiró cansado por la actitud de su amigo.
— ¿Por qué no?¿Acaso crees que a Tom le dará asco besar a su espantoso hermano? — Cuestiono Andreas con una sonrisa de burla. El juego acababa de terminar
— ¿Estás enfermo? Dejalos — Defendió Matt con repulsión
Ninguno volvió a decir nada y solo se enfocaron en terminar de arreglarse, Matt y Andreas fueron los primeros en salir de la habitación siendo seguidos por Georg quien se despidió con un abrazo.
Bill apenas vio cómo cerraron la puerta comenzó a llorar descontroladamente, se sentía sucio, manoseado y humillado. Habría tenido que soportar toda una hora el comportamiento del mayor.
Su hermano se limitó a mirarlo desde el orillo de la cama con una mueca de pena, Tom se odiaba por no ayudar al menor. Pero no se sentía capaz de hacer algo contra sus supuestos amigos. Siempre que llegaban a esos juegos Tom no decía nada y solo se limitaba a ver todo lo que le hacían a su hermano.
Una vez tocaron las partes íntimas de Bill con la excusa de que todo era un juego y que nadie tendría que sentirse mal o hacer algo ya que solo era un “Juego”. Y según la lógica de Andreas, si todos miraban y participaban en el juego no tendrían el derecho de reclamar o decir algo.
Incrementando el miedo en todos por ser salpicados con las consecuencias de lo que con lleva un abuso sexual. Al no decir nada automáticamente convierte a todos en cómplices, quieran o no.
Pasaron las horas y su madre los llamó para que se despidieran de sus amigos, Bill le pidió al mayor que por favor le dijera a su madre que estaba dormido. Este le hizo caso y bajó a la sala para explicarle que su hermano estaba dormido.
Se despidieron con un abrazo y algunas sonrisas, todo se sentía tan genuino que costaba imaginarse todo el calvario que en realidad vivían. Al ellos marcharse Tom no tardó en subir hasta la habitación para ver a Bill.
Apenas abrió la puerta se encontró con su hermano sentado sobre su cama con las piernas cruzadas y un suéter que compartía con Bill, ambos hicieron contacto visual tratando de decirse todo con la mirada.
— ¿Soy espantoso? — Sollozo con lágrimas bajando por sus mejillas
Tom trató de controlar sus ganas de llorar mordiéndose el labio inferior, se acercó a su hermano para sentarse junto a este y brindarle su apoyo
— No, no lo eres
— ¿Seguro? — Pregunto el menor volteando su cuello para mirarlo a los ojos
— Si.
— ¿Entonces por qué no me besas? — Tartamudeo Bill
— No... puedo — Se estremeció Tom al oír la petición
— ¿Por qué? — Gimoteo Bill ahogándose con sus propias lágrimas
— Somos hermanos y los hermano no hacen eso — Trato de hacerlo entrar en razón, fallando
— Andreas es mi amigo pero el hace todo lo que quiera conmigo — Tom sintió una presión en su corazón, todo era su culpa por no hacer nada por defender a su hermano — ¿Porque tu no podrías solo darme un beso?.
Trago seco tratando de no llorar — Solo uno.
— Solo uno — Repitió su hermano
Ambos se miraron por algunos segundos tratando de prepararse para lo que venía, Tom agarró el rostro de Bill con delicadeza, se acercó lo suficiente como para rozar su labios, plantandole un suave y tierno beso