PRÓLOGO
Ella solía ser Vittoria Silvestri. La que ahora escucha aturdida los bramidos agonizantes de carneros, siente agujas romper su encéfalo y voces de cantos gregorianos que enjuician su cordura, es otra mujer. La joven chica huérfana, extraña, sin prospectos y dinero, la que era menos que nada en la sociedad siciliana de ese entonces, se había perdido así misma. Creía haber encontrado la felicidad en sus miserias, pero no le quedaba nada más que su perturbada cabeza, que había siempre intentado ocultar, pero que fisurada ahora rompía su cascarón como el de una serpiente venenosa y escurridiza para retorcerse en los intrincados caminos de su cisura. Deseaba matar, vejar, descuartizar y torturar. Quería provocar muchísimo daño, tras todo lo que se le habia arrebatado, su sangre caréente de estirpe, burbujeante hervía y no iba a desterrarse sin dar la lucha final