♕Vértigo𝄢 ●Kiis/KaiSagi

Summary

♡Artista de la imagen de portada: @Fr (mi pareja) 《 Michael se convence de crear bellos recuerdos con Yoichi...》

Status
Complete
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
18+

I. Paranoia

La noche envuelve al Alpha de rubios cabellos como un manto oscuro mientras yace entre las afiladas rocas del acantilado. El gélido viento del mar corta su piel expuesta, añadiendo una capa de incomodidad a su ya dolorido cuerpo. La cabeza le pulsa con una intensidad desgarradora, la sangre brota en pequeños arroyos carmesí, tejiendo un patrón ominoso, odioso en su rostro.


La confusión danza en sus ojos aturdidos, parpadeando ante la brutal realidad del accidente. Sus extremidades protestan con cada intento de movimiento, como si las rocas mismas se aferraran a su dolor. El susurro del agua contra las piedras resuena en sus oídos, entremezclado con el crepitar de su respiración agitada.


Una sombra indistinta acecha en lo alto del acantilado, una presencia misteriosa que se desvanece entre la penumbra sin aparente expresión alguna. La mente de Michael se nubla, su visión se entrelaza con el oscuro perfil que observa desde las alturas. La paranoia se mezcla con su agonía física, confundiéndose en un torbellino de desconcierto.


El sonido distante de una ambulancia se filtra en su conciencia, un eco lejano de esperanza que se mezcla con el latir de su propio corazón martilleante. Pero la oscuridad lo envuelve gradualmente, como un telón que cae al final de un acto sombrío. La consciencia se desvanece, dejando solo el eco persistente de la sirena de la ambulancia.


[...]



Kaiser no recuerda porque decidió venir de vacaciones a Japón, alquilar un cabaña en el bosque y pasearse solo en un acantilado, donde evidentemente se cayó y tuvo el famoso accidente, el cuál resultó ser tan grave para mandarlo directo a urgencias en el hospital, estar dias inconsciente pero no demasiado grave para morir.


El doctor fue directo a diagnosticarle dos tipos de Amnesia; traumatica, debido al traumatismo craneoencefálico ocasionado en su cabeza, y localizada porque no recuerda un evento en específico, ya que no tiene ningún recuerdo de como ocurrió a detalle el accidente y sucesos antes de éste, pero varios aseguran que él mismo pudo haberse caído ya sea algún tropiezo o resbalón consigo mismo. No obstante, Kaiser esta seguro de que él no es un tonto e idiota para haberse caído por su propia cuenta.


Quien lo encontró tirado en las piedras cerca de la orilla del mar, es el dueño de la cabaña que compró de manera temporal para pasar sus días de descanso ahí.


Luego de un par de semanas en el hospital para recuperarse de las lesiones en su espalda, pierna y brazos, esto sin contar el chichón en su cabeza, regresó a la cabaña con el propietario quien prometió cuidarlo hasta que puedan contactar con el padre del Alpha.


—Lamentablemente la perdida señal en este lugar es muy común en estos días de frío y viento.—explica brevemente al azabache, gentil y sincero. Comunicándose por medio del idioma inglés.—A veces puede tardar hasta semanas para que regrese.—advierte añadiendo un suspiro lastimero al final.


El rubio pensó en silencio, observando el interior de la cabaña. Es rústica, bastante agradable a la vista. No es tan grande, pero si bastante espaciosa para una o dos personas. Los aromas de la madera, muebles, pequeñas esquinas húmedas y de la tela en las cortinas se tienen muy presentes alrededor.


O tal vez el olfato de Kaiser es realmente muy bueno, es justificable al tratarse de un Alpha. Su mirada es curiosa en cada parte de la cabaña. Es natural. Porque él no tiene ningún solo recuerdo de haber pisado este lugar antes, a pesar de que ya lo hizo.


—¿Te cuesta hablar inglés?—pregunta encogido de hombros, con una expresión serena pero de desconfianza.


Tal vez por el mismo accidente que tuvo, es que prefiere mantenerse distanciado de quien sea, ser desconfiando. Pero hace una pequeña consideración porque la persona quien llamó la ambulancia y aparte es el dueño de la cabaña que se supone, él rento, es un Omega.


Tal vez por naturaleza, costumbres y su educación es que es más amable y respetuoso con ellos. Se le hacen personas pequeñas y blandas a las cuales se debe proteger.


—Un poco, lamento si mi pronunciación es mala.—se disculpa el menor con una sonrisa nerviosa.


Kaiser le da poca importancia a aquello. El inglés del japonés no está mal, pero sé nota muy marcado su acento. Al menos parece hablar de forma fluida.


—Por cierto, puedo llamarte Yoichi, ¿cierto?—recuerda el nombre del contrario.


—Sí.


—¿Puedes ayudarme?


—Claro, puede pedirme lo que quiera.—comenta mientras ayuda al rubio a subir las escaleras. Todavía siente dolor en algunas zonas de su cuerpo, no puede moverse tan bien como antes.


—Necesito ir a investigar el acantilado.


—¡Eso es muy peligroso!—advierte preocupado, así como negándose a llevarlo hasta allí, a pesar de que el lugar queda demasiado cerca de la cabaña.—Además, ¿No tienes miedo de regresar al lugar donde te caíste?—cuestiona con intriga como razonable.


Isagi piensa que, de haber caído de un lugar tan alto hasta el punto de haberlo dejado inconsciente por un tiempo y con lesiones en su cuerpo, definitivamente tendría un profundo trauma con ese lugar. Jamás volvería a ir allá. ¿Cómo puede aquel alemán no tener ni un poco de miedo?¿Así son allá?


Se siente intrigado como interesado por saber.


—Por eso quiero regresar, porque estoy seguro de que no me caí.


—¿No te caíste?—menciona perplejo y confundido.


—Alguien me empujó.—asegura con una mirada fría y de enojo.


Tal vez no lo recuerde, pero tiene esa sensación de que hubo alguien más en ese momento, y por lo tanto, el responsable de su accidente.


Isagi por otro lado, solo está preocupado por el estado del contrario, ya no tanto físico, sino mental. Había escuchado del médico sobre las secuelas del accidente del alemán, la amnesia es la más obvia y presente, pero también mencionó otras, como distorsión de la realidad, perdida de noción del tiempo, paranoia, ligeros problemas con la vista, ticks, y tal vez hasta alucinaciones. Claro que también comento que esto podría ser meramente temporal como tal vez no suceder le, mas no debe descartarlo.


—¿Tienes algún recuerdo sobre ese momento?—cuestiona curioso e interesado el azabache, pensando que tal vez, el rubio por fin recuerda algo y por lo tanto, hace tal afirmación de que alguien lo empujó.


De ser así, la cosa sería más grave. Delito por intento de homicidio. El lugar se volvería inseguro, los turistas se alejarían, y rentar aquella cabaña es donde más saca dinero, más no depende en su totalidad de ello.


—No realmente.—suspira frustrado.—

Pero no me termino de creer que yo me haya tropezado o resbalado, siento que hay algo sospechoso aquí. Es más creíble que alguien me empujó.—insiste totalmente aferrado a aquello.—Dime, ¿Cómo fue que me encontraste? Mejor dicho, ¿Sabe el motivo por el cual rente esta cabaña?—cuestiona con intriga.


Por los recibos y mensajes que Isagi le mostró como prueba, le salio bastante rentable. Sin embargo, eso es debido a la diferencia de valores de las monedas de cada uno. Mientras que Kaiser gasto una moderada cantidad de euros por el lugar completo en un determinado tiempo, para Isagi fue una gran paga en yenes.


—Hace un mes recibí a mi correo que usted estaba interesado en alojarse en la cabaña por un tiempo por sus vacaciones.—comenzó a explicar despacio y con detalle.—Excusándose de que quería alejarse del mundo, las redes, y que al ser en un pueblo poco conocido y habitado, queda perfecto.


>Cuando vino, le presente el lugar y explique los alrededores. Parecería que estamos solos en el bosque, como en una película de terror, pero no a muchos metros de aquí esta una estación de policía, una gasolinera y más al fondo el hospital donde estuvo. Pero que no recibiría molestias ni visitas indeseadas. Lo dejé solo en la cabaña con mi número celular, por si se le ofrecía algo. Una tarde, recibí una llamada de usted explicando que perdió la copia de las llaves, así que fui a visitarlo, pero no lo encontré en ningún lado de la cabaña.


—¿Fuiste al acantilado?


—Queda mucho más cerca que ir a la estación de policía, pero no subí, lo encontré abajo, tirado, ensangrentado.—explica con cierto horror al recordar aquella escena gráfica en su mente.


Si bien se asusto horrible, inmediatamente mientras sus manos temblaron y no se acercaba demasiado a la escena, es que consiguió llamar a la ambulancia.


—¿Sabes que paso con mi celular?—pregunta ansioso y curioso. Pues desde que despertó de su estado, nadie le proporciono información de su móvil, donde ahí tiene sus contactos y fotos preciadas para él.


Isagi asiente y se dirige a unos cajones para sacar un pañuelo, donde tiene envuelto el celular del alemán.


—Cuando la ambulancia te recogió, uno de los paramedicos encontró tu celular. Tiene la pantalla rota y batería agotada, pero creo que todavía sirve.—comenta serio y comprensible.


—Gracias. Por cierto, regresando al tema del acantilado.¿No viste a alguien más?


—Lo siento, no me habría fijado bien.—responde afligido. Kaiser hace una mueca en sus labios, descontento.


—No importa, solo, quiero volver ahí pero no solo, menos en mi estado actual. ¿Puedes venir conmigo?—vuelve a pedir.


Había escuchado en alguna película o serie de cierto género, que el culpable siempre vuelve a la escena del crimen. Incluso aunque ya haya pasado varios días desde entonces, tiene esperanza.


—¿Hasta allá arriba?—pregunta nervioso, inquieto. Kaiser percibió el ligero temblor en su voz, lo cual lo hace sospechar.


—Sí.


—Lo siento, pero no puedo...


—¿Por qué?¿Tienes miedo de algo?—arquea la ceja intrigado y dudoso, mientras lentamente lo va acorrolando en una esquina.


—Es que yo, bueno...—balbucea, mientras el enorme cuerpo del Alpha lo empuja hacia una esquina de la habitación. Siente la respiración caliente del alemán chocar con su frente, poniéndolo más nervioso.


El no tan sutil aroma de rosas y canela del rubio lo pone ansioso, un poco sumiso.


—Puedes decírmelo.—demanda el Alpha, mirando fijamente los gestos del japonés. Sus delgadas cejas, su pequeña nariz enrojeciendo, la forma en como aprieta sus labios y el desvío de su mirada a otro lado para no mirarlo a él.


Kaiser se da cuenta de lo pequeño que es Isagi, de su complexión a comparación de la suya. En Alemania, los Omegas varones suelen ser un poco más altos y menos cohibidos.


Su cuerpo grande presiona contra el más pequeño, Michael no tiene compasión con él más bajo, le quiere sacar cualquier información que tenga, va hacer pagar al responsable de su accidente. No le importa si incluso se ve en la necesidad de usar su voz de mando para hacer que el Omega hable...


Y tal vez conseguir que se arrodille lo suficiente para sacar su polla de entre sus pantalones, que se la meta en su pequeña y estrecha boca.


Kaiser gruñe por aquel pensamiento, no debería ponerse cachondo en medio de esta tensión e intimidación, él necesita buscar información, no relacionarse con el anfitrión. Pero es inevitable no verse tentado por el cuerpo ajeno y lo precioso que se ve Isagi.


—Alpha... Tus feromonas están muy densas.—advierte el azabache, ahogándose poco a poco con el aroma a a canela, picante y fuerte. Es como si el Alpha estuviera enojado y excitado al mismo tiempo, aquello confunde mucho al Omega, quien usa un collar para este tipo de situaciones.


—Dime porque no quieres ir conmigo a investigar.—sigue insistiendo, algo irritado.


Él no le hará daño al contrario, solo quiere llevarlo al límite.


Al borde del acantilado para que confiese sus miedos y más profundos pecados, como también—,


—Tengo vértigo.


Kaiser quedo perplejo, se apartó del cuerpo más pequeño y fue al baño.


Ahora se siente un completo idiota y patán.


[...]




Isagi le había dado un recorrido completo del exterior e interior de la cabaña a su inquilino temporal.


Solo le indico que habría una sola habitación al final del pasillo de la primera planta, a la cual no podría ingresar, no solo porque mantiene cerrada con seguro, sino porque explica, es el cuarto de su abuela. Es un pequeño espacio emocional para él, por lo que ha mantenido así por mucho tiempo y solo una vez al mes la abre para limpiarla. Isagi le pregunto amablemente si cuando se diera la ocasión, querrá verla por dentro para quitarse la duda.


Kaiser no pregunto más y respeto la parte emocional, no insistió en saber más. Puede entender que para el Omega es algo muy personal y tampoco le interesa mirar un cuarto viejo.




[...]



En la pequeña lista de Michael Kaiser, el alemán ha tachado el nombre de uno de sus principales sospechosos, Isagi Yoichi.


Era completamente natural para el alemán haber sospechado en un principio de que el japonés haya sido el culpable de su accidente. Pero con las nuevas "evidencias" que ha recolectado, lo ha descartado.


Ya de por sí se le hacía complicado imaginar al lindo y pequeño Omega empujarlo con su probablemente casi nula fuerza, algo que hizo que extinguirá cualquier mínima posibilidad del azabache, es haber escuchado la sincera y tímida confesión del japonés sobre su serio trastorno.


《Vértigo es una sensación de movimiento o giros que a menudo se describe como mareo. El vértigo no es lo mismo que sentirse aturdido. Las personas con vértigo sienten como si realmente estuvieran girando o moviéndose. Dicho de forma sencilla, se trata de una alucinación del movimiento.》


Es poco de lo que recuerda Kaiser que alguna vez escuchó en un video de psicología. Es un síntoma, más no exactamente una fobia. Aunque igual, es lógico pensar que alguien que lo tiene prefiere evitar a toda costa las alturas porque puede marearlo y en otras ocasiones hasta incluso hacerlo vomitar.


Kaiser comienza a creer que el culpable de su casi asesinato disfrazado de accidente propio, puede ser tanto una figura misteriosa como algún asesino en serie, o tal vez alguien que ya conoce pero no tenga ni idea de quien pueda ser en estos momentos. Alguien de su entorno que lo haya seguido desde Alemania.


¿Algún primo lejano lleno de envidia por la herencia que su padre le dejará?¿Alguna de sus amistades falsas?¿Su mejor amigo acaso?¿Algunos de sus exs?


Puede entender que ninguna de sus antiguas parejas lo hayan terminado de superar y quieran vengarse de él, es muy difícil superar como olvidar al gran Emperador Michael. Puede comprender lo.


Incluso pensar tanto provoca un dolor agudo en su cabeza y que se le corte la respiración durante algunos segundos. Tal vez necesita descansar y dejar de estresarse, el doctor le explicó que recuperar la memoria es cosa de paciencia y descanso, algo que puede llevar mucho tiempo. Ya sea desde días, semanas o hasta meses.


Apenas consiga algo de señal se asegurará de llamar a la guardia nacional para que lo saquen de ahí y regresar a Alemania. Lo único bueno de estar en aquella cabaña es estar alejado de los ruidos molestos de la ciudad, de móviles queriendo grabarlo y por supuesto, pero algo que tambien agradece tener estos dias para no volverse loco estando tan solo, es el anfitrión.


Se supone que ambos tienen casi la misma edad, Isagi tiene facciones delicadas y juveniles pero un cuerpo maduro como una deliciosa fruta. Además, tanto tiempo hospitalizado no sólo es aburrido, sino que su Alpha le ruega por cumplir sus necesidades sexuales. Y no tendría problema de meterse con el japonés entre aquellas regorditas piernas.


Kaiser se dirige a la habitación de Isagi en silencio usando como excusa si puede ayudarlo en algo, se da cuenta que la puerta está entreabierta, asecha antes de entrar y puede observar algo que lo deja sorprendido como excitado.


Los Omegas también tienen sus necesidades.



Palabras: 2,636

Escritor: JaquiiAleWorld

Fecha de Publicación: Jueves 29 de febrero del 2024

Au: Omegaverse

Fandom: Blue Lock

Nota del escritor: