Prólogo
La luz de la luna era nuestra única iluminación, no había ningún poste de luz que iluminara nuestras calles, solo había oscuridad detrás de nosotros y la luna era testigo de nuestra desesperación.
Hombres y mujeres corriendo por sus vidas, sin saber en dónde estamos, solo sé que estamos huyendo de algo, lo desconocido, la oscuridad.
-¡Disparen!
Solo puedo escuchar los disparos, los gritos de dolor de mis compañeros, el gritando mi nombre, sentir el dolor de mis piernas de tanto correr, mis manos llenas de sangre ardiendo de dolor y mi corazón a punto de explotar ¿Cómo llegamos a este final? Si tan solo recordara que fue el mal que hicimos.
-¡Muere!
No espera…
-¡Emma!
Aún recuerdo ese día.
El día en que inicio nuestra desgracia.
Que inicio con un atardecer.
Es increíble el atardecer... para muchos el atardecer les parece una vista hermosa, esa vista de ver el sol brillando por encima del mar, tonalidades naranjas invadiendo el cielo y mar, haciendo de este una vista hermosa y brillante.
Muchos ven el atardecer como algo hermoso, un momento único, en el que sacas fotos del atardecer como si fuera la primera vez viéndolo, pero para mí, el atardecer es una vista desagradable. El atardecer es como una esperanza, resalta una gran luz, sientes que al estar cerca de ella todo estará bien, tan lleno de esperanza, pero esa luz poco a poco se va apagando, entrando en la oscuridad, perdiendo su brillo hasta que no queda una de ella, desesperación.
Lo que una vez ame, lo termine odiando, y cuando lo volví a ver me di cuenta de lo tonta que fui... Lo inmadura que fui... Si nada de esto hubiera ocurrido ¿Habríamos encontrado la paz? ¿Arreglaríamos nuestros errores? ¿Qué habría pasado? ¿Nuestro cuento de hadas hubiera tenido un final feliz? No, no lo creo. A fin de cuentas, todo esto es mi culpa.
El sol finalmente ha caído, dándole la bienvenida a la oscura noche y con esto el fin de mi desgracia.