1. Única parte
El chileno llegó frustrado a su apartamento de tercera clase, aquel día había sido muy agotador, los estudios lo estaban matando y el hecho de trabajar al mismo tiempo no le estaba ayudando para nada; se podría decir que se estaba sobrecargando por el esfuerzo de sus deberes.
Abrió con pesadez la puerta del comedor en donde se estaba hospedando temporalmente, el lugar no era la gran cosa, pero era lo que podría pagar por los momentos; la universidad costaba algo costosa, y, por ende, no podría darse el lujo de buscar un mejor lugar que ese, además, el sitio quedaba cerca de donde estudiaba así que también le convenía estar ahí por el tema del pasaje, lo que no le convenía mucho era el hecho de estar compartiendo vivienda con un perezoso cuya relación con él no era la mejor a pesar de tener más de medio año juntos.
Observó el pasillo de su hogar, fijándose que estaba totalmente limpio, ya varias veces tuvo discusiones con su roomie por lo desordenado que estaba el lugar, por suerte aquel comportamiento tan descuidado del otro se ha estado yendo con el pasar de los meses. Siguió caminando hasta llegar a la cocina, ahí se pudo fijar en que había un plato sucio sobre el fregadero, frunció el ceño a ver aquello, no iba a limpiarlo él así que simplemente lo ignoró y siguió con su camino.
La sala no era tan gran, pero sí era acogedora y eso era lo importante; tiró su pesado bolso sobre uno de los muebles de la habitación.
Siguió observando los pasillos y se percató de que todas las puertas estaban totalmente cerradas, el haitiano siempre llegaba antes que él así que le pareció un poco raro aquello. Posó su vista hacia la alcoba del apartamento, la puerta de salida era totalmente de vidrio, así que se podría ver perfectamente la silueta del ajeno detrás de ella; suspiró aliviado por alguna razón, sintiéndose mejor al saber en donde se encontraba su compañero.
Estiró sus hombros para aliviar el dolor causado por el cansancio y se dirigió a paso tranquilo hacía el lugar, tomó la perilla y la deslizó para que se abriera la puerta.
—Ya estabas tardando ¿No crees? —comentó el de más baja estatura, aún seguía observando el paisaje, así que no se dignó a voltear a su contrario.
—Me hicieron trabajar dos horas extra. —explicó el chileno, acercando sé y posando sus hombros hacia la barandilla del lugar, también se mostró más interesado en ver el paisaje y no a su roomie.
—¿Te pagaron por ello? —preguntó mientras tiraba el cigarro que estaba consumiendo, con su mano derecha sacó una caja que contenían más de aquellos, tomó uno con lentitud y lo posó entre sus labios, acto seguido volvió a meter el objeto en sus bolsillos.
—No, fue más como un favor.
Odile al escuchar aquello detuvo sus movimientos, separó el yesquero de su cigarro sin pender y observó con el ceño fruncido al más alto —¿Eres idiota? —preguntó con molestia, ahora acomodándose para quedar cara a cara con el castaño de piel pálida.
—¿A qué te refieres? —por instinto soltó una leve risa nerviosa y apretó una de sus mejillas internas.
El de piel oscura rodó sus ojos ante la respuesta, claramente estaba molesto —¡Te están usando, idiota! —comentó acercándose al contrario, tomando un mechón del cabello de este y jalándolo hacia su altura, instantáneamente lo soltó al terminar con su regaño.
—¡Ay! —chilló ante el maltrato, a la final no pudo evitar sobrase la zona dolorida —¡¿Y eso porque fue?!
—Por idiota. —contestó de manera brusca, en el fondo seguía molesto por la incredulidad del contrario. Volvió a sacar el yesquero y comenzar a prender su cigarro, ahora estaba de espalda contra la barandilla —Tus jefes te hacen trabajar horas extras, deberías cobrarles por eso. —comentó mientras seguía intentando prender su cigarrillo.
—Sólo les estaba haciendo un favor. —defendió a quienes lo habían contratado, no creía que una pareja de dulces ancianos, que eran dueños de una panadería, pudiesen ser tan aprovechados con la necesidad ajena.
—Es la tercera vez esta semana que le haces el mismo favor... Y apenas es viernes. —frunció el ceño al no poder prender su cigarro, pero eso sí, no iba a cesar de sus comentarios hasta que el chileno entendiese que estaba siendo muy blando y manipulado.
Luis rodó sus ojos, consiente de la desconfianza que tenía Odile hacía todo el mundo —Déjame ayudarte. —acercó sus manos hacía el yesquero ajeno, no sólo lo quería ayudar, también tenía como objetivo cambiar de conversación y no seguir con el tema, sorpresivamente el haitiano no colocó protesta ante su ayuda; con su mano izquierda tapó un lado del cigarro para que no lo apaga el viento y con la derecha presionó la base del yesquero para activarlo, chistosamente al chileno no le costó nada prender el fuego y encender el cigarro —¿Ves? ¿No fue tan difícil? —sonrió con ternura, buscaba molestar indirectamente a su contrario.
Odile le devolvió la sonrisa, pero esta se notaba que era entre dientes y algo forzada; succionó con fuerza el cigarro que tenía en la mano, esto dejó algo desconcertado al chileno, cuando sintió que era necesario dejó salir todo el humo con un soplo hacía la cara del más alto; Luis no pudo evitar cerrar sus ojos con fuerzas y quejarse ante aquello, rápidamente agitó sus manos para que todo el humo se fuese de su rostro.
—¡Argh! ¡¿Por qué hiciste eso?! —gritó molesto, puesto que odiaba el horrible olor del cigarro. Odile no respondió a su pregunta, sólo soltó fuertes carcajadas, haciendo que el castaño se molestarse aún más; Luis gruñó de forma baja anta la irritante presencia del caribeño.
—Ay, Dios. —Odile intentó calmar su respiración ante la aparición de tanta endorfina/emoción, con su dedo quitó una leve lagrima que se le había escapado —Sí que eres tonto —Luis rodó los ojos ante el comentario —Hey, no pongas esa cara. —comentó divertido el haitiano, claramente sabía que al chileno no le gustaba el humor de su cigarro.
—Psss, idiota.
—Ja, ja, ya, ya, tienes que relajarte. —rió mientras buscaba la caja de cigarrillos en el bolsillo de su pantalón —Ven, esto te ayudara. —le mostró un cigarro al mayor, Luis no estaba muy convencido de aquello —Vamos, sólo uno, deja esa cara. —agitó con levedad el objeto mientras lo acercaba más hacia el chileno.
Luis frunció el ceño, molesto —¿Si fumo esa mierda vas a dejarme?
—Tal vez. —comentó divertido mientras alzaba uno de sus hombros.
El chileno gruñó en voz baja, tomando con brusquedad el cigarro —Dame un yesquero.
—Meh, se me cayó.
—¡¿Cuando, maldito mentiroso?!
—¿Quién sabe? —sonrió.
El más alto frunció el ceño, irritado por la actitud ajena —¿Como piensas que me fumaré esto?
—Fácil. —colocó su cigarro prendido sobre sus labios —Péndelo con el mío. —colocó una sonrisa atrevida, todo con el objetivo de molestar al ajeno.
—¿Podrías quitarte el cigarro de la boca?
—Eso le quitaría lo divertido. —se acercó hasta el ajeno, casi poniéndose de puntillas para llegar un poco más a su rostro.
Luis rodó los ojos, pero no quería amargarse más la noche; con lentitud acercó su rostro hacia el más bajo, hasta lograr que ambos cigarros se chocasen entre si.
Ambos jóvenes se miraron a los ojos, uno con el ceño fruncido y el otro aún con su sonrisa picara.
—Idiota. —fue lo único que dijo del chileno después de separarse lentamente del haitiano una vez que su cigarro ya se había prendido.
Odile no respondió de manera directa, sólo le guiñó un ojo y volvió a su posición inicial para seguir contemplando el paisaje, ahora junto al chileno.
Luis yacía boca abajo sobre su cama (compartía apartamento con Odile, pero, aún así, ambos dormían en habitaciones aparte), con desinterés tacleó algunas letras de su teléfono, puesto que estaba conversando con sus compañeros de universidad para realizar una tarea que todos tenían pendiente.
Odile, el cual sólo estaba pasando por el casillo para llegar a su dormitorio, se fijó en la puerta del cuarto del chileno estaba abierta, por simple curiosidad hecho un vistazo hacia adentro, fijándose en que su compañero estaba cómodo en su cama sin percatarse de su presencia; aprovechó la distracción del más alto para ir a molestarlo un rato.
Casi de un tiro saltó hacia la cama del chileno, asustando al dueño de esta.
—¡¿Qué crees que haces?! —gritó mientras volteaba un poco su cuerpo para observa al ajeno, el cual sin pena apoyó su cabeza (acomodándose para estar boca arriba, mirando el techo) sobre sus glúteos.
—Me acurrucó sobre una almohada. —comentó a modo de broma.
Luis podría sentir como su rostro se enrojecía por el sonrojo y la molestia que le ocasionaba la presencia del haitiano, a la final volvió a su posición inicial aún con las mejillas ardiendo, sabía que Odile sólo lo quería sacar de sus casillas. Si hubiera estado más molesto seguramente lo hubiera pateado justo en aquel momento.