ᴘʀᴏʟᴏɢᴏ
En una aparente mansión de enormes proporciones, se despertaba un joven con una negra cabellera pensando en los sueños que había tenido últimamente. Le costaba enfocar su amplia habitación en esos pocos segundos de conciencia luego de haber despertado, por lo que se acomodó para frotarse su mirada castaña, seguido de colocarse sus lentes.
— Ugh... — Se quejó el chico, agarrando su celular para ver la hora — wow... Sí que estuvo bueno el sueño — Comento a sí mismo — Qué productivo eres Carlo.
— Toc toc — Dijo alguien, parado desde la puerta, mientras golpeaba la misma, ya abierta — Buenas tardes, joven Carlo.
— Buenas tardes... — Dijo, pausando por un segundo para analizar y recordar a la persona — Ignacia... ¿Qué tengo que hacer para hoy? — Le pregunto, mientras se levantaba de la cama revelando su vestimenta de pijama... Que eran unos simples bóxer que marcaban todo el asunto.
La chica se sonrojó y aparto su mirada, al igual que apartándose de la puerta para cerrarla y empezar a caminar hacia las cortinas para abrirlas. Ignacia era una chica dulce que llevaba asistiendo unos cuantos años a la familia Bonson, específicamente como asistente personal de Carlo, llevando sus horarios, agendas y contactos, entre otras cosas.
— Bueno señor... Esta tarde usted tiene una cita con la gerencia de Collarise para gestionar los detalles de la última colección de su madre. Pero antes quedó con su padre para almorzar en Gauss junto a su hermana. — Le respondió tranquilamente mientras abría cada cortina y ventana de la habitación.
— Mmm... Está bien, parece que no es mucho — Dijo al aire mientras se metía en su baño abriendo la ducha — Oh, cierto... — Susurro recordando que no podía salir desnudo a ver a la chica — ¡Ignacia!
La chica sorprendida por el llamado desde el baño por parte de su jefe, respondió — ¿Si, jefe?
— ¡Me harías el favor de dejarme una toalla acá! ¿Por favor? ¡Voy a estar en la ducha!
— ¡Claro, señor! — Dijo emotiva la chica, para hacer la tan pequeña tarea que le asignaron.
Tal como le pidieron, la chica fue al closet de su jefe y eligió una toalla para él. Se la llevo mientras silbaba un poco, al entrar al baño iba con los ojos cerrados esperando no encontrar a su jefe como dios lo trajo al mundo; sin embargo, al no poder ver, se tropezó con el bóxer de Carlo, haciendo que casi se cayera. Por milagro, la chica logro sujetarse en la taza del baño, abriendo los ojos de la sorpresa. Echándose, por su puesto, una buena mirada a la desnuda retaguardia de su jefe que por suerte no se dio cuenta de su asistente viéndole.
Ignacia, avergonzada, se incorporó rápidamente para abandonar el lugar, no sin antes dejar la toalla perfectamente doblada en la taza del baño. Al salir se emocionó un poco e hizo un breve bailecito de celebración, esto debido a que hace tiempo sentía una fuerte atracción a su jefe, y haberle visto desnudo le hacía una emoción terriblemente grande. Bailecito de celebración que se vio interrumpido por uno de sus compañeros de trabajo.
— ¿Nacha? ¿Qué... haces? — Dijo una voz masculina, viendo a su compañera bailar.
La joven se detuvo en seco — Es que... tenía una araña encima — Le respondió fingiendo confianza — Y... ¿Tú que haces aquí?
— ¿Cómo que “que hago aquí“? Soy de limpieza, debo estar aquí y ahora para ordenar la habitación del joven Carlo.
— Ah. Pues ten cuidado que está en el baño, tomando una ducha — Dijo caminando hacia la puerta para dejar solo al chico hacer sus labores — Por cierto, José, si me pregunta, estoy acá afuera esperándole.
— Claro, yo le aviso. — Dijo agachándose a recoger las almohadas que su jefe arrojaba de la cama en las noches.
El chico, al igual que Ignacia, ya llevaba tiempo sirviendo a la familia de los Bonson, como parte del equipo de limpieza. El mismo pidió que le asignaran el cuarto del joven Carlo por razones desconocidas. Al recoger la almohada la quedo viendo durante unos momentos. Las fundas, que el día anterior estaban limpias y recién colocadas, ahora estaban todas arrugadas e impregnadas al olor de su jefe.
José vio por unos momentos la almohada y luego la acerco a su rostro para poder olfatear desde más cerca. Sin darse cuenta el tiempo se le pasaba volando mientras respiraba el dulce aroma a la colonia de su jefe mezclado con su sudor corporal. Estaba tan concentrado en el aroma que no se dio cuenta de que había empezado a emocionarse, al igual que tampoco se percató que su jefe ya había salido de la ducha y se encontraba saliendo del baño encaminándose a su closet.
— ¿José? ¿Todo bien? ¿O por qué hundes tu cara en mi almohada? — Pregunto Carlo, al ver la espalda del chico haciendo aquello por lo que se le había llamado la atención.
José rápidamente bajo la almohada hasta su cintura para poder cubrirse y decir — ¡No es nada! Jefe... Solo comprobando si está sucia o no — Mientras se giraba, riendo nerviosamente.
— Entiendo, entiendo... Entonces si no te molesta, te dejo con lo tuyo mientras yo me cambio.
— Si señor... Disculpe señor — Dijo el chico mientras subía y bajaba la mirada rápidamente en el cuerpo de su jefe. Volteándose para seguir “haciendo la cama” mientras que Carlo entraba a su closet a elegir su ropa.
Unos pocos minutos pasaron y la cama de Carlo ya tenía un juego limpio de sabanas, fundas y cubrecamas para lucir, mientras que el mismo salía del closet vestido con un cuello de tortuga negro y un pantalón del mismo color.
— Je... Gracias por tu trabajo, José — Le adulo a su empleado a ver la cama perfectamente hecha y sin una arruga.
— No hay de qué señor. Y déjeme decirle, que se ve increíble en esa ropa — Le adulo de vuelta a su jefe al verlo vestido tan bien.
José, al igual que su compañera, siente una profunda atracción por su jefe, lamentablemente no ha podido hacer mucho acerca de sus sentimientos, ya que coordinan pocas veces en su rutina, así que no ha tenido tiempo de conversar lo suficiente con él, y cuando si puede, solo hablan de cosas arbitrarias como alguna preferencia en la limpieza.
— Gracias. Por cierto, ¿tú dejaste estas flores? — Le pregunto acercándose a la mesita de noche en la cual había un florero de cristal con unas bellas rosas amarillas.
— No, señor, esas ya estaban aquí antes de que yo llegase.
— Mmm... Curioso... ¿Sabes donde se fue Ignacia? — Le pregunto ahora volteando a ver a su empleado.
— Sí, dijo que iba a estar afuera, esperándolo — Respondió mientras le sacaba el polvo a un mueble.
— Está bien, pues nos vemos José , ten un buen día.
— Usted igual señor... Suerte... — Dijo viendo como se iba el amor de su vida.
Al cruzar por la puerta, Carlo vio a Ignacia conversando con otro de sus empleados. Al parecer conversaban de algún tema relativamente serio, pues se notaba una fuerte tensión en el ambiente.
— Te estoy diciendo, si él hubiese casteado el hechizo de recuperación en ese momento en lugar de una estúpida bola de fuego, habríamos sobrevivido a la raid de osgos.
— Y yo insisto, entiendo tu punto, pero ten en cuenta que estaba bajo la presión de ser el único en pie, aparte tú fuiste la que se tiró de cabeza para atacarlos.
— Soy una pícara, tengo que tirarme de cabeza para poder hacer daño — Refuto Ignacia, notando de reojo la presencia de su jefe — ¡Oh! ¡Señor!
— ¡Señor Carlo! ¡Buen día! Discúlpenos, no lo habíamos visto salir.
— Buen día, David, no hay problema, no quería interrumpir su conversación.
— No se preocupe — Dijo Ignacia — No era tan importante después de todo. —Con una sonrisa en su cara.
— Bueno, si es así, ¿todo listo para salir? — Pregunto Carlo, viendo a David, su guardia personal.
— Así es, el auto ya está listo y esperándolo para ir con su padre.
David era un chico joven y robusto. Es de tez negra y usa su cabello de un color amarillo vibrante. Él es un caso especial, ya que el mismo Carlo lo contrato, y lo salvo de la calle. No es por decir que era un vagabundo, sino que andaba por caminos delictivos y gracias a la ayuda de Carlo pudo salir de ahí. Y si, tal y como sus compañeros, él tiene sentimientos encontrados con su jefe, debido a este acontecimiento; sin embargo, de todos, él es el más calmado con esta situación.
— Entonces, ¿vamos? — Preguntó, esta vez viendo a Ignacia.
— Oh, no, señor, usted tiene que ir por su cuenta, ¿recuerda? — Le dijo la chica de vuelta — Es un almuerzo familiar, y más que todo recuerde que usted me pidió encargarme de ajustar su horario para la próxima semana.
— Verdad... Diablos... En ese caso suerte, y gracias. — Dijo Carlo caminando lejos de la chica, en dirección a la salida.
— Oh bueno... eh... ¡Adiós! — Dijo David despidiéndose de la chica que un poco confundida despedía a su jefe.
No hubo ni una palabra camino al auto, principalmente porque David iba 10 metros por detrás de Carlo, que por razones desconocidas camina más rápido de lo que corre. Una vez llegaron al auto y aun sin dar una sola palabra, ambos entraron, David como conductor y Carlo en la parte trasera de pasajero. Partiendo en dirección al restaurante.
Fue un viaje incómodo para David, pero al parecer muy tranquilo para su jefe, quien iba respondiendo varios mensajes, llamadas y correos en el corto viaje en auto. Cuando tuvo la oportunidad y sin dudarlo, David dio un paso e inicio una conversación.
— Entonces... Está liberando su agenda para... ¿La próxima semana? — Pregunto viendo por el retrovisor a su jefe, quien se veía un poco concentrado.
— Así es... Tengo... — Respondió dando una larga pausa — Unos planes que quiero... Hacer...
— Oh... Si no es muy entrometido de mi parte... ¿Qué clase de planes?
— Mmm... Bueno, ya lo verás. Es algo divertido...
— Oh, ya veo...
Dijo el chico, y no volvió a hablar hasta que llegaron al lugar. Su jefe se bajó y se despidió, mientras que él partía a un estacionamiento a esperar a Carlo saliera de allí para poder escoltarlo hacia la siguiente parada.
Mientras, en el almuerzo, Carlo se vio con su padre, quien se encontraba sentado en una mesa disfrutando de un vivo blanco. Al parecer su hermana no se divisaba así que aprovecho de tener una palabra con su viejo.
— ¡Papá! Hola, como te trata la vida — Pregunto el joven a su padre, el cual se sorprendió y casi tira su copa pues no lo noto al acercarse.
— Carlo, un gusto verte. Me trata bien, ¿y a ti? — Le pregunto de vuelta el señor.
— Igualmente, bien. Por cierto, ¿mi hermana no a llegado?
— No, para nada, me llamo hace poco diciendo que tuvo un inconveniente y va a tardar.
— Excelente... — Dijo sin pensar — Oh, no por decir que es bueno que algo le paso, es que necesitaba conversar contigo.
— ¿Acerca de que? ¿Necesitas otro asistente?
— No, no, nada de eso, de hecho estoy feliz con la chica que me asignaste. Lo que quería hablar es sobre sus horarios.
— ¿Qué hay con ellos? ¿Se quejaron de su horario?
— No, de nuevo, nada de eso. Es que te voy a pedir que a mi equipo le demos horas libres la próxima semana. No por decir que todos y todo el tiempo.
— Creo que... Entiendo — Dijo su padre dando un sorbo de su copa — No, de hecho no, explícamelo mejor por favor.
— Bueno... La cosa es, que quiero salir con ellos... Se que son 5 y eso es mucho... pero igual me gustaría tener algún tipo de... Cita... Con ellos.
— Ah... — Dio una pequeña pausa y luego se termino su copa, que cabe recalcar era una de grandes proporciones y hace poco la había llenado hasta el tope — Entonces, ¿quieres que le de a cada uno, un día libre para que tu, lo disfrutes con ellos?
— Cuento corto, así es. — Miro con un poco de esperanza el chico a su padre.
— Podría pensarlo. — Respondió el señor, con la misma mirada que le brinda un padre a su niño pidiendo un juguete nuevo.
— ¿Pensarlo? — El opuesto asintió — Bueno... Esperaba que me dieras respuesta ahora. Se los quería proponer mas tarde. Así tendrían su tiempo para pensarlo y ponernos de acuerdo.
— Tu solo quieres salir con alguien. Desde que terminaste con tu ultima novia creí que habías aprendido a estar por tu cuenta, ya que te veías tan tranquilo.
— Lo se, y si, estoy mejor de hecho. Pero se que les gusto a ellos, y me encantaría hacer que algo funcione, aunque sea con uno. ¿Esta mal soñar un poco?
— Mmh — Dudo un momento, recordando como conoció a su esposa. — Esta bien.
— ¿Si? — Afirmo su padre. — ¡Genial! ¡Gracias! — Grito Carlo, de la emoción, espantando a varios de los comensales a su alrededor.
— Si, de nada, pero mantén los modales hijo. Si vas a salir al publico con ellos, deberás mantener la buena imagen que generamos.
— Lo prometo.
Un brindis después, y unos platos mas tarde, el chico fue despedido de su padre tras una emergencia que surgió inesperadamente debido a unos problemas con diversos inversionistas. Por lo que el joven Carlo, tras varios minutos de soledad debido a la ausencia de su hermana, decide partir. Encontrándose con David en el estacionamiento. Yendo juntos a su cita laboral donde aclararían varios detalles.
— ¿Cuánto falta David? — Pregunto el joven tras unos minutos en el recorrido.
— Con este trafico... 20 o 30... — Miro el chico por el retrovisor, haciendo contacto directo con los ojos del opuesto. — Quizá 40...
— Diablos... La cita es en 10 minutos. ¿No hay otra ruta?
El joven conductor miro a su alrededor detenidamente. — No una ruta legal, pero hay una. — Le comentó.
— Confió en ti campeón. — Le dio unos golpecitos en el hombro reafirmando su enunciado, y se coloco el cinturón. — Lo que necesites hacer.
David se emociono un poco, y en un solo derrape arranco el auto yendo por unos callejones en construcción. Carlo, el pasajero, se sujetaba con su vida a los asientos del auto para evitar salir volando contra un vidrio. El auto dio unos cuantos giros bruscos, y luego de un frenado en seco, ambos habían llegado a su destino.
— ¡8 minutos! ¡Récord! — Grito David emocionado.
— Muchas gracias... Uff... — Dijo Carlo un poco mareado bajando del auto intentando arreglarse su ropaje. Volveré en una hora, puedes tomarte tu descanso.
— ¡Okay señor!
Hora pasó y el chico volvió. Subió al auto sin decir una palabra y partió vuelta a su hogar. Estaba molesto, puesto que fue todo una perdida de tiempo, ya que no logro opinar en ningún momento, solo estuvo para marcar presencia. Aun así decidió que eso no le arruinaría su tarde. Llego a su hogar y luego de un cambio de ropa, se dirigió a su gimnasio privado, donde su entrenador personal lo estaba esperando.
— ¡Joven Carlo! ¡Buena tarde! — Dijo el entrenador.
— Buenas tardes, Lionel. — Le saludo de vuelta al chico.
Lionel era un chico mas alto que Carlo, sorprendente puesto que Carlo era alto de por si. Tenia tez morena y un cuerpo robusto y marcado. Fue contratado personalmente por Carlo luego de varios entrenadores que lo sucedían, el se quedo con el cargo puesto que le gusto su forma de enseñar. Siendo el mas eficaz hasta el momento.
— Hoy haremos su favorito. Pierna. — Dijo Lionel con una sonrisa burlona. Viendo al pobre chico.
— Diablos... Siempre pierna... — Se quejo inmediatamente, puesto que era lo que peor lo ponía.
— Bueno, necesita pierna para fortalecer su figura, no tiene sentido tener tan buen cuerpo con unas patas de pollo. — Se burlo el chico, aprovechando el chiste para tirarle un cumplido.
— Lo se, lo se...
Lionel acompañaba a su jefe en cada ejercicio que le hacia hacer, aprovechando la instancia para entrenar el también. En el proceso de tutoría no evitaba acomodar a Carlo en la “posición correcta” (Dando una escusa para tocarlo). Lionel al igual que sus demás compañeros de trabajo, sentía una atracción por su jefe, aprovechando cada instancia para poder acercarse a el. Sus sentimientos no tenían justificación, solamente ocurrían. Y debido a su privilegio, estos florecían cada vez mas.
— ¿Lo estoy haciendo bien? — Pregunto Carlo.
— ¡Si, muy bien! Ahora 20 repeticiones más y terminamos por hoy. — Respondió el chico.
— Uff...
Tras que los ejercicios fueron completados, ambos chicos se tomaron unos minutos de elongación y relajación. Charlaron un poco y se despidieron, yendo cada quien por su camino.
— Oh, cierto. ¡Lionel! — Llamó Carlo, antes de que el chico cruce la puerta de salida.
— ¿Si, jefe? — Pregunto devolviéndose hacia el joven, viéndole a los ojos.
— Crees que puedas volver aquí a eso de las... — Miro su reloj — ¿8?
El opuesto comprobó su propia hora — ¿En dos horas? Yo creo que si, ¿sucedió algo?
— Nada grave, solo quisiera conversar algo contigo.
— Oh, esta bien. Supongo. — Dijo algo dudoso — Entonces, hasta luego jefe.
— Nos vemos.
Carlo partió hacia la cocina de su hogar, donde se encontraba su chef personal haciendo ingreso a su turno. Cristóbal, un chico dulce y recién graduado de la escuela de cocina, donde gracias a contactos de sus profesores, le consiguieron su puesto actual. Si no lo predijeron hasta el momento, el también se siente atraído hacia Carlo, debido a razones desconocidas. ¿Sera Carlo el hombre perfecto?
— ¡Joven Carlo! — Llamo contento a su jefe. — Que bueno que lo encuentro. Quería preguntarle que le apetecería de cenar.
— Pues justo de eso te quería hablar. Me acompañaran 5 personas esta noche, así que, ¿podrías hacer eso posible?
— Oh. ¡Claro! No hay problema. Serian 6 personas entonces, ¿algo a considerar?. Alguna alergia, dieta estricta o algo así.
— Si, si no mal recuerdo, uno es alérgico al maní, otro solo come pescado por su religión, una es vegana y los otros dos nada que moleste.
— Entiendo, ¿en cuanto lo necesita? — Pregunto el chico haciendo cálculos en su mente.
— A las 8 de ser posible.
— ¡Okay! Daré lo mejor que tenga jefe. — Afirmó el menor.
— Gracias bonito. — Dijo con una sonrisa cálida hacia el chico que lo alegro de vuelta y lo motivo para enfrentar a dios.
El menor se puso manos a la masa, literalmente, haciendo una de sus mejores obras maestras, creando dos platos principales de pescado y otro de papas, para tener algo mixto para el publico general. Mientras tanto, Carlo, en su habitación, se duchaba nuevamente para bañar el sudor generado por su entrenamiento previo. Colocándose su ropa mas elegante para la dichosa cena haciendo algunas llamadas a su vez. Convocando gente a su hogar.
Llego la hora de la cena y encontró a sus invitados en la entrada mientras el chef Cristóbal acomodaba el comedor.
— ¿Jefe? — Pregunto Ignacia. — ¿Por qué nos citó tan de repente?
— Si, díganos, ¿nos despedirá? — Pregunto David esta vez.
— ¡¿Despedirnos?! — Dijo José alarmado. — ¡Necesito el empleo!
— No despediré a nadie, tranquilos. Esto tiene una razón. — Dijo Carlo, calmando al grupo. — Si me pudieran seguir por favor.
Carlo guio al grupo hacia el comedor donde Cristóbal terminaba de arreglar la mesa, y que al ver llegar a su jefe escapo hacia la cocina.
— ¡Cristóbal! No te vayas, por favor. — Interrumpió al chico.
— Oh. ¿Okay? — Respondió el chico viendo a su jefe con duda. Caminando de vuelta mas cerca del grupo, viéndolos con un poco de desconcierto.
Carlo camino hacia la cabecera de la mesa, se quito el saco y lo dejo en el respaldo de la silla.
— Tomen asiento por favor. Esta noche quiero que sean mis invitados.
— ¿Que? — Pregunto Lionel.
— Así es. — Respondió Carlo con una sonrisa leve, sentándose en su silla.
— ¿Celebramos algo? — Cuestiono David mientras se sentaba el también.
— Solo su buen desempeño. — Dijo su jefe mientras le indicaba asiento a los demás empleados. — Han trabajado tan duro últimamente que me gustaría invitarles algo de comer. Incluso a ti, Cristóbal — Le dijo, al chico que seguía de pie un poco confundido — Muchísimas gracias por preparar esta cena, ahora ven a disfrutarla junto a mi. ¿Puedes?
El chef, aun confundido accedió, y se sentó en el asiento opuesto a su jefe, quitándose su delantal.
— Tengo un poco de miedo. — Le susurro José a Ignacia, quien se sentaba a su lado. Ella solo asintió.
— Le pedí a Cristóbal, que cocine respetando sus alergias y preferencias. — Dijo viendo a los chicos de su izquierda. — Así que por favor, disfruten. — Dijo, ahora viendo a los de su derecha.
El jefe se sirvió un poco de comida en su plato y procedió a comer un poco el mismo, disfrutando la deliciosa combinación que su chef le confecciono. El resto de la mesa se limito a imitarle, degustando cada parte de la comida. Lentamente una conversación se empezó a formar con el grupo, alivianando el ambiente, y haciendo mas amena la cena. Se oían unas carcajadas, se contaban varias historias, y se tiraban varios chistes.
Cuando ya varios habían terminado de comer, Carlo llamo la atención del grupo con un pequeño brindis.
— Bueno, ahora que disfrutamos de la cena, hay algo que me gustaría preguntarles. Y esto va desde lo mas profundo de mi corazón, con las mejores intenciones posibles.
Todos se quedaron callados.
— Estos últimos meses e notado un cambio de actitud de su parte, y quiero decirles que estoy alagado, ustedes también me agradan, y me gustaría conocerlos mas a profundidad. Entonces les pregunto. ¿Les gustaría ir a una cita conmigo?
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