Nueva Esperanza
—¡Kayla! ¡Los encontré! ¡Kaylaaa!—gritaba Tarek, mientras corría en medio del desierto con una porción de fresas en la mano.
Cap 1: "Nueva Esperanza"
En medio de la dunas de arena pertenecientes a los dominios de la fortaleza 3, al sur de la ciudad principal, se hallaba un pequeño asentamiento humano que rodeaba un oasis artificial, el cual, aparte de suministrar el líquido vital a los pobladores, servía como reserva para la refrigeración de los reactores qué se hallaban bajo tierra.
Este diminuto pueblo, con un máximo de 150 habitantes, aproximadamente, son la primera generación de personas sobrevivientes al conflicto nuclear ocurrido hace 35 años, quedando en ellos la marca de la guerra, la cual se dejaba ver representada en la miseria y el retraso.
En estas tierras habitaban ancianos y niños en su mayoría. Pocos eran los adultos los que se hacían ver, pues la mayoría de ellos perecieron con la radiación tras "la reconquista de los campos", etapa posterior al cataclismo ocurrido hace 15 años, donde se empezó a construir las base de toda la infraestructura que ahora se puede ver y conocer como "el gran centro" o "ciudad principal".
Con este sacrificio, los adultos pensaban dejar, a coste de su vida, un futuro asegurado para sus hijos, quienes habían quedado al cuidado de los ancianos en los bunkeres y planeaban pasar a vivir en residencias seguras de la contaminación una vez culminado el proyecto, pero esta promesa nunca se cumplió, dejando en el olvido a los pequeños y sirviendose únicamente los políticos y adinerados.
Con la promesa rota, los ancianos salieron a protestar contra el nuevo gobierno y las empresas que se habían apoderado de sus propiedades, recibiendo únicamente la promesa de una nueva ampliación, los cuales deberían haber iniciado hace 10 años, cosa que nunca pasó.
Los ancianos esperaron durante varios días en las afueras de la fortaleza después de que se cumpliera el plazo de espera. Algunos crearon campamentos estableciendose en los alrededores cercanos a la puerta principal y otros volverían a ocultarse en los refugios hartos de la espera.
Pasado el tiempo, estos grupos humanos que se aventuraban a salir se habían multiplicado, habitando entre ellos los niños que alguna vez estuvieron ocultos en los bunkeres.
Habiendo nesecidad de recursos como el agua, las chozas serian trasladadas posteriormente a las cercanías del lago artificial, donde sería su ubicación permanentemente, formando así un nuevo pueblo llamado "Nueva Esperanza".
Con el pasar del tiempo, las esperanzas habían muerto con los ancianos. Solo quedaban unos pocos de ellos y varios muchachos que se hicieron hombres tras el paso de los años. Los nuevos líderes, lejos de ideales de lucha por recuperar lo perdido, optaron por crear sistemas que proporcionaran métodos para la supervivencia colectiva, viajando y descubriendo nuevas tecnologías que les permitieran mejorar sus conocimientos.
Estos jóvenes adultos eran la admiración de los integrantes más pequeños de "Nueva Esperanza", tanto que, cada año, se abrían concursos que permitian preparar a los nuevos valores mediante distintas disciplinas que lograran forjar 5 nuevos líderes. Estos integrantes acompañaría a la división de exploración, lo cual les permitiría tomar mucha experiencia y conocimiento para postular a ciertos cargos posteriormente.
Dentro de estos ansiosos jovencitos se encontraba Kayla, un hermosa muchacha de 17 años quien se había preparado durante varios meses para postular. Ella creía tener la condición física y mental suficiente como para convencer al jurado, pero, desafortunamente, fue eliminada por otro motivo: La edad mínima requerida.
El trabajado de Kayla se encontraba en las afueras del pueblo, específicamente en el vertedero 2 de la ciudad principal. Se dedicaba a la recolección de chatarra e insumos para la industria, productos que posteriormente comerciaba o convertía en "nuevos" aparatos para la sociedad de "Nueva Esperanza".
Aquel día se encontraba detrás de los muros de la ciudad principal, justo unos metros por debajo del gran tubo del vertedero, esperando a que algo bueno saliera después de un día poco provechoso.
—¡Kayla!—gritaba Tarek acercándose al vertedero.
Kayla, al escuchar el llamado, pidió descanso a sus compañeros haciendo un gesto con la mano derecha, se quitó los guantes, salto del gran recipiente y se encontró con Tarek.
—¿Que se te ofrece?—preguntó Kayla desconfiada.
—¡Los encontré! ¡Son tus favoritas!—respondió Tarek abriendo la envoltura que hizo con sus manos, con una emoción en su rostro.
Los ojos de Kayla se iluminaron al instante. Cambió su desconfiado rostro por una sonrisa notablemente emocionada y estiró la mano para agarra una fresa, pero, de pronto, la desconfianza volvió a ella:
—Amm ¿Qué quieres a cambio?—preguntó mientras sacaba una lista de su bolsillo.
—Sabes que no te pediré nada—dijo sonriendo.
—¡No, no! No quiero quiero estar en deuda contigo de nuevo. Se que lo llevarás a la mala interpretación convenidamente—respondió enérgica Kayla.
—¡Es un regalo!—insistió Tarek.
—¡Que no! Ya te conozco y se lo que me vas a pedir—.
—Eso no hubiera ocurrido si me hubieras aceptado—dijo Tarek intentando responsabilizar a Kayla.
—¡Ya te dije que tu y yo nunca vamos a estar! Tu eres un mocoso y yo me iré pronto de este lugar—exclamó perdiendo la paciencia.
A Tarek le golpeó las palabras Kayla, pero no exactamente el rechazo: —¿Sigues con esa idea de irte?—.
—¡Pues sí!—expresó irritada.
Tarek observadó por un momento los ojos enojados de Kayla y luego llenadó su propio rostro de desánimo, tras ser consciente de que los planes de la mujer que amaba se mantenían latentes. Por su parte, la joven mujer había ido apagando su molestia de pocos minutos, por voluntad propia, debido a que no había querido actuar de esa manera.
—Toma—dijo Tarek ofreciendo las fresas—. Dame un abrazo como pago cuando te vayas—expresó con desánimo mientras intentaba marcharse.
La remordimiento iba consumiendo por dentro a Kayla al oír esas dolorosas palabras. Sentía que se le caía el mundo a pedazos al ver aquella expresión triste en su amigo, pues ella apreciaba mucho, aunque no le gustaba que malinterpretara su trato amable hacia el.
Entonces, Kayla, con una sensación conflictiva dentro de si, se avalanzó a abrazar con emociones sinceras a Tarek, naciendo en ella unas palabras: —Eres maloooo—dijo pellizcando la espalda de Tarek. —Sabes que te voy a extrañar cuando me vaya y lo menos que quiero ahora es tener malos recuerdos contigo—.
Tarek era menor que Kalya por 1 año y medio exactamente. Ella lo crió junto a su abuela cuando este quedó huérfano debido al sacrificio de su padre durante "la reconquista de los campos". Prácticamente se criaron como hermanos, pero cuando Tarek llegó a la pubertad, empezó a sentir cosas por Kayla, siendo a los 13 años su primera confesión.
Kayla había tenido que tolerar todas las ocurrencias de su "hermano" desde aquel entonces. Las acciones de Tarek no iban con mala intención, sino todo lo contrario, eran muy amables. El muchacho se había mostrado muy atento con ella durante todo ese tiempo, llevándole comida tras sus largas jornadas de trabajo. Esta labor era fácil para él, pues trabajaba en el área de recolección de alimentos, en el vertedero 5, al otro lado de donde ejercía su oficio su querida musa.
Kayla, tras el fallecimiento de su abuela y con la madurez temprana que la caracteriza, abandonó su hogar a los 15 años para lograr su privacidad e independencia, construyendo su vivienda al frente de la choza de Tarek, para que, de alguna manera, poder supervizarlo y guiarlo por el buen camino.
Desde entonces, las cosas se habían establecido de esa manera.
Al día siguiente, Tarek se despertaba temprano por la mañana y se ponía a preparar las loncheras para la jornada laboral. Hizo 2 porciones para la mañana y 2 para la tarde y, antes de irse directo al vertedero, pasó por la choza de Kayla, quien es un tanto perezosa para despertar por si sola.
—¡Kaylaaaa!—canturreó Tarek, alargando melodiosamente las vocales del nombre.
Esa era la alarma de Kayla, todas las mañanas siempre la oía de la boca de Tarek. Sabía que era hora de trabajar y se despertaba al Instante, sin generar contratiempos.
Kayla se dirigió a abrir la puerta con un aspecto desaliñado; su rostro lucía hinchado y su cabello completamente despeinado. No obstante, Tarek ingresaba con palabras poéticas en los labios, dejando su ofrenda cotidiana a su amada musa.
—¡Dejo mis ofrendas, bellaza del oasis! —exclamó Tarek haciendo una reverencia y dejando una lonchera en la mesa.
Kayla vio sin sorpresa lo hecho por Tarek, aunque siempre le generaba un poco de disgusto sus manifestaciones románticas, pero, si le gustaba que le trajera el desayuno todos los días.
—Gracias—decía avergonzada, mientras se peinaba sentada en su cama.
—¿Sabes lo que hay aquí?—preguntó Tarek con misterio, señalando con ambas manos la lonchera.
—Nop ¿Qué hay?—respondió sin gestos.
—Una deliciosa mixtura de frutas bañadas en yogurt y también lleva... fresas—dijo Tarek muy expresivo.
El rostro de Kayla empezó a cambiar y se le notó mas emocionada—¿Enserio?—dijo sonriendo.
—Así es—expresó con total seguridad—, y el almuerzo también es bueno, pero será un secreto—dijo bajando su potencia voz.
Kayla no pudo evitar emocionarse, pero la curiosidad y desconfianza la invadieron de pronto y la llevaron a hacer otra pregunta.
—Yyy ¿Por qué la comida es especial hoy?—dijo levantando la ceja.
Tarek se quedó mirándola fijamente a los ojos, manteniendo a duras penas una sonrisa forzada. Detrás de ella, intentaba ocultar una sensación que le desgarraba el corazón, pero sus ganas de disimular no fueron suficientes. Poco a poco, se le fue apagando la expresión alegre de su rostro, tornándose serio al final.
Kayla lo vio extraño y preguntó: —¿Pasó algo malo?—.
Tarek sonrió de pronto, con dificultad, y respondió: —¿Que de malo podría pasar si no tenemos a nadie más de quien preocuparnos? Solo somos tu y yo—.
Kayla entendió lo dicho pero sabía que había algo más: —¿Entonces?—.
—No es nada—respondió Tarek aun con la sonrisa fingida—. Me he propuesto hacerte una comida especial cada día, para pasar mejores momentos. Así, hasta que llegue el día en el que te vayas a marchar—concluyó sonriendo.
Kayla se lo quedó observando pensativa tras entender lo que sucedía con su "hermano". Sintió una culpa en su corazón al comprender lo que había ocasionando. Entonces, tomó un largo respiro, desplazo su mirada hacia el suelo y, mientras el desánimo se apoderaba de ella, expresó un deseo:
—Debo vestirme. Hablamos luego ¿Si?—
Manteniendo esa sonrisa disfrazada, Tarek respondió—lo que diga su majestad—hizo una reverencia y salió despidiéndose por la puerta.