Prólogo.
Prólogo.
★Mckenzie Vance es Mckenna Grace Burger★
•~No, no necesito a otra persona, tu eres suficiente para mí~•
Narrador Omnisciente.
15 de agosto de 2033.
Los Angeles, California.
—Bien, empecemos —se escuchó un carraspeo de garganta antes de que la mujer continuara hablando—. Está es la historia de mi muerte o al menos de la muerte de aquella persona que solía ser, aunque realmente está historia no trata exactamente sobre eso, trata más sobre el amor, la supervivencia y la sanación de dos almas completamente diferentes que consiguieron ser una misma, es la historia de cómo renací y… —guardó silencio viendo a la mujer a su lado sin poder evitar el sonrojo en sus mejillas—. ¡Mckenzie estás loca, no voy a seguir narrando esta mierda! —sus mejillas estaban más rosadas de lo que su esposa jamás las había visto antes, o bueno tal vez si, en tres o como máximo cuatro veces más en los años que llevaba conociéndola y eso había sido hace ya mucho tiempo.
—¡Mamá! —se quejó el niño rubio de unos tres años mientras hacia un leve puchero, la mujer no sabía si era porque no deseaba seguir con aquel estúpido cuento o por la palabra que había usado.
—¡Lo vas a hacer llorar! —la niña de cabello oscuro puso los ojos en blanco, la mujer soltó un suspiro viendo a sus dos hijos molestos con ella, mientras su esposa la veía con algo de seriedad por la palabra empleada.
—Es ridículo contarlo de esa manera, Mack —intentó encontrar apoyo en su esposa pero solo se encontró con una mirada azul que la escudriñaba sin darle ni una sola respuesta—. ¿No vas a decir nada? —la mujer negó y ella simplemente soltó un suspiro resignado—¿Por qué parece que los tres se han puesto en mi contra? —su esposa se encogió de hombros y su hija le dedicó una mirada de pocos amigos que le dejó en claro por dónde iban las cosas.
—¡Debes contar la historia Noah! —a pesar de que su voz aún era infantil la forma en la que la miraba y el que la llamará por su nombre solo hizo que entendiera que su hija no estaba de buen humor con ella.
—¿Ahora soy Noah y no mamá? —preguntó con fingida curiosidad intentando ocultar aquella punzada en su pecho, tendría que poner en práctica lo que le solía decir a sus pacientes o terminaría de nuevo en terapia.
—Hasta que no cuentes la historia como se debe no dejarás de serlo —Noah soltó un suspiro antes de volver a tomar el libro entre sus manos.
—No sé porque tengo que contarlo de esta manera cuando fuí yo quién lo viví —fingió buscar la página en dónde se había quedado aunque realmente era la primera del libro y no debía buscar gran cosa.
—Tal vez porque lo escribí para que fuera apto para los niños, ya que tú seguramente terminarás contando las cosas con un lenguaje para nada correcto para alguien de la edad de ellos —Noah puso los ojos en blanco con una sonrisa.
—Jamás traumaría a mis hijos de esa manera, no me dejes como si fuera un monstruo, sigo creyendo que es vergonzoso sobre todo porque me hace quedar como una cursi y…
—¡Y lo eres! —se quejó el niño y ella simplemente enrojeció aún más.
—Bien, no le encuentro sentido contarlo de esa manera porque…
—Lo que no tiene sentido es no contarlo como si fuera un verdadero cuento de hadas —nuevamente fue interrumpida solo que esa vez por su hija.
—Okay, ustedes ganan —rodó los ojos—. Solo que quede claro que yo no soy así.
—¿Así cómo? —preguntó su esposa.
—Pues…
—¿Cursi? —murmuró el niño.
—Exacto no lo soy y…
—Si lo eres y fin de la conversación —la interrumpió una vez más su hija y ella no pudo hacer más que soltar un suspiro prolongado—, ahora vuelve a retomar la historia en dónde te quedaste…
—Bien, aquí vamos una vez más —murmuró dispuesta a volver a empezar a leer, no pudo evitar sentir la mirada de alguien sobre ella, vió discretamente hacia donde estaba su esposa esperando a que retomará la lectura.
Cuando vió aquellos ojos azules viéndola con tanto amor e ilusión no pudo negarse una vez más, si eso hacía feliz a Mckenzie ella lo cumpliría, lo que su esposa deseaba eran órdenes para ella. Sin contar con el hecho de que ahora habían otras dos personas a las que tenía como prioridad y lamentablemente sus tres razones de vivir deseaban que siguiera con la lectura de aquella versión de su vida tan vergonzosa, así que ella lo haría sin rechistar.