Cicatrices del alma

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Donde se entrelazan

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34
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5.0 2 reviews
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18+

Prólogo

—¿En serio te da placer lastimarme? — Gritó la inofensiva chica, ella realmente estaba dolida porque sabía que en las últimos tres semanas había dado todo de si misma.


Había aprendido dos cosas:


Lección:


1. Jamás se volvería a entrometer con una chica heterosexual.


Lección:


2. Nunca más daría todo de ella.


—¿Por qué me hiciste esto? — Se quejó con la voz rota.


Nilawan Chatamonchai era todo lo que quería en mi vida, pero habían algunas cosas que su cultura y la mía no nos permitía estar juntas.


Estaba feliz de conocer Tailandia, conocer un amor sano y correspondido nunca pasó por mi mente, ella era hermosa en todos los sentidos, siempre fui consciente de eso desde el primer día, la teoría de un segundo me lo dejo en claro aquella noche que entre en la habitación y me encontré con aquella Tailandés en toalla, mi corazón lo supo en 5 segundos, mi mente quizás lo supo en 10, fue amor a primera vista aunque me costaba aceptarlo.


Yo no quería romperle el corazón, pero había algo que me obligaba a hacerlo. Algo que no podía confesarle por miedo, y de todos modos: Yo no era lesbiana.


Aunque mi cuerpo dijera todo lo contrario si se trataba de ella.


Enamorarte de un asiático no es fácil, rompe su regla y te darás cuenta, y sobre todo no es fácil si es la hija del famoso multimillonario Surayuth Chatamonchai, mi peor enemigo. Me ofreció millones de Bath si me regresaba a Venezuela y olvidaba a su hija, y aunque casi acepte su oferta, escribir nuestra historia me llevo a la sima después de un año en olvido.


Pero no podía estar con ella, no era ético, mi corazón gritaba que la amaba, pero mi mente sabía que amarla no era lo correcto.


—¿Es tan difícil para ti darte cuenta Nil? — Grite enojada — A esta altura de la vida, ya tuviste que aprender que el amor verdadero es puro, compasivo, sobretodo generoso y enriquecedor, ¿Cuando te he hecho sentir algo como eso? Estuve contigo por tu fama, ¿Por qué no lo ves?


Tenía que sonar convincente, tenía que romperle el corazón aunque me estuviera rompiendo yo misma, jamás le demostraría mi dolor.


Ella ni siquiera parpadeo, sus lagrimas dejaron de brotar, era como si delante de mi hubiera otra persona, y lo entendía perfectamente.


—Lárgate de Tailandia hoy mismo — Se dio la vuelta y se monto en su auto, quería darle un millón de explicaciones, quería que se quedara a mi lado, pero yo no era digna de ella.


Eso me había dicho su padre un montón de veces, y aunque era muy buena fingiendo delante de ella no podía evitar dejar de sentirme rota, rota porque la había perdido para siempre, rota porque deje ir a la persona de la cual me enamoré por primera vez, rota porque soy estúpida.



La teoría del amor me dijo en 300 segundos que había dejado ir a mi verdadero amor. Y tardaría más de un milenio es sanar aquellos tejidos de cicatrices que me hice yo misma por cobarde.