Chilte: Wishing I Could Be There For You

Summary

La víspera de Navidad y el cumpleaños de Louis fueron un caos total, pero conoció a Harry. Harry lo salvó y tal vez pueda descubrir que puede amar de nuevo. ✦ abo dynamics omega harry/alpha louis hurt/comfort angst cheating disponible en inglés en ao3, parte del 1d library xmas xchange 2023: @littleohs

Genre
Romance/Other
Author
kam
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Única Parte

Un suave manto de nieve cubría cada rincón de la villa de vacaciones que Louis se había esmerado en elegir correctamente. Las luces parpadeantes de colores adornaban las cabañas principales y el aroma a canela y chocolate caliente llenaba el aire dentro de ellas, casi cubriendo los aromas llenos de cariño de las personas dentro.

Era una mañana fría y eso lo podía decir con seguridad, las ventanas estaban cubiertas de copos de nieve por fuera y con algo de humedad por dentro por el calor que hacía en la habitación.

Louis había despertado bajo ese olor, era Nochebuena, su cumpleaños. Su omega descansaba al lado de él, envuelto en una pijama afelpada y demasiado grande para su cuerpo; estaba recostado sobre el pecho de Louis, resoplando aire cálido en sus clavículas y apretando en puños la pijama del alfa. Louis no sabía qué tanto frío había hecho en la noche para que Riley acabara en esa posición, al omega no le gustaba el contacto físico.

El cuerpo de los alfas era naturalmente cálido, no necesitaban de chamarras para pasar el invierno, pero sus defensas eran más bajas que las de los omegas, lo que los obligaba a usarlas. Louis era fanático de usar grandes chamarras y bufandas tejidas, de ponerse guantes del tamaño de sus manos y comprar botas para la nieve, de disfrutar el frío y la nieve en bonitos atuendos acordes al clima. Riley era reacio, le gustaba quedarse en casa y usar su propia ropa, bañarse aunque el frío le calaba en los huesos para quitarse el olor de Louis de encima y estar cómodo con el suyo propio.

Pero llevaban siete años de estar juntos, no había una marca en el cuello de Riley pero sí una casa a nombre de Louis que ambos compartían. Louis la había conseguido antes de conocer a su pareja, la había comprado con pocas habitaciones porque no quería cachorros en su vida, pero con grandes ventanas y oficinas amplias, con una chimenea en la habitación principal y una con piso de alfombra para que su compañero tuviera ahí un lugar seguro para anidar.

A Riley no le gustaban esas cosas.

Él quería una casa grande y lejos de la ruidosa ciudad, quería muchos cachorros y no trabajar. Tenía una mentalidad anticuada, estaba dispuesto a compartir su cuerpo con varios alfas simultáneamente, quería que todas sus parejas lo mantuvieran económicamente y que le dieran una vida digna de un omega de alto rango como él. Siempre se reunía con su madre los fines de semana, hacía que Louis asistiera con él y pasaban todo un día hablando del alfa como si él no estuviera ahí.

Él prefería los espacios abiertos y la brisa fresca del exterior. Riley, con sus pantalones desgastados y camisetas desaliñadas, contrastaba con la elegancia y pulcritud que Louis buscaba en su hogar. Aunque las diferencias eran evidentes, eso no los separaba; más bien, Louis hacía que encajaran.

Louis, tenía una naturaleza ordenada y meticulosa, encontraba en Riley un desorden encantador. Su ropa tirada por toda la sala, los recortes de papeles que usaba en sus diarios en rincones inesperados y una paleta de colores vivos a la que Louis había tenido tanta resistencia cuando Riley decidió cambiar los colores de toda la casa, porque tenía que familiarizarse con el edificio.

Las noches estaban llenas de cambios constantes entre la tranquilidad y la agitación. Mientras Louis se sumergía en informes y planificaciones, Riley llevaba su energía a la cocina, creando platos improvisados que, sorprendentemente, resultaban siempre desastrosos. A veces, el aroma de especias y guisos se mezclaba con el sutil aroma de Louis, creando una fusión única que impregnaba la casa. A Louis jamás le gustó dejar a Riley solo en la cocina, llegaba a hacer cosas inimaginables sólo para sacarlo del trabajo y poner toda su atención en el omega.

Pero Louis lo amaba, estaba seguro de que Riley era su pareja de toda la vida. Estaba convencido de que el omega cambiaría su forma de pensar, de que alguna vez lo dejaría marcar su cuello con su mordida y jamás cubriría su cuello de nuevo. Louis era un buen alfa, sus madres lo habían criado bien y él tenía una meta de vida. Sólo quería que Riley lo amara de igual manera.

El omega despertó mucho después que Louis, el alfa había estado pasando las yemas de sus dedos por la espalda delicada y pequeña de Riley, apenas tocando la piel descubierta debajo de su cintura porque sabía que el omega despreciaba el toque íntimo de piel contra piel. Su cabello rubio era suave bajo la gorra que estaba adherida a la pijama con diseño navideño, lacio y con una línea al medio como le gustaba peinarlo. Sus ojos se abrieron con esfuerzo, de color caramelo y con largas pestañas, buscando directamente el rostro del alfa.

—Buenos días, Riley —Louis sonrió cuando su somnoliento omega frotó su rostro en su pecho, viéndolo bostezar y tallarse los ojos—. El desayuno se sirve en media hora, podremos llegar si nos apuramos lo suficiente.

—No tengo hambre —Riley se frotó los ojos por última vez antes de levantarse en sus manos, a cada lado de la cabeza de Louis—. Si quieres ir, ve tú, quiero dormir más. Es demasiado temprano, no sé cómo puedes levantarte a estas horas de la mañana.

El omega se bajó del cuerpo del alfa con el ceño fruncido, cayendo sobre su estómago en el pequeño espacio entre la pared y el cuerpo de Louis, se acurrucó bajo las cobijas y se quejó cuando el alfa se levantó de la cama y lo destapó de las mantas.

Louis suspiró, había una pequeña esperanza de que Riley se levantara y desayunara con él, de que al menos le deseara un buen cumpleaños. Ni siquiera esperaba un día lleno de sorpresas, solo quería un abrazo suyo al lado de la chimenea de la cabaña y quizá un pequeño pastel, nada más. Pero no obtuvo nada de eso en el instante, solo la respiración de Riley durmiendo. Estiró las manos por encima de la cabeza y bajó el pantalón del omega a su tobillo, acomodó las calcetas largas y cubrió el cuerpo de Riley con una manta extra mientras salía hacia el baño conjunto.

Se lavó el rostro y disfrutó de la frescura del agua helada en su piel, despertó todavía más y observó las marcas en su cuello, rodeando la marca más grande que pertenecía a la dentada de Riley, sus pequeños colmillos que se habían encajado con fuerza y desprecio esa noche en su casa.

Louis recuerda apenas esa noche, era su primera vez haciendo un nudo en Riley, el primero de todos, y el omega lo había mordido en el cuello cuando llegó a su orgasmo demasiado rápido. Sabe que no duró mucho, que ambos estaban bajo la euforia del alcohol y las drogas que Riley había comprado en el bar de mala muerte al que habían ido por su primer aniversario.

Sacudió la cabeza con fuerza, eran recuerdos que no le gustaba tener en su memoria y que siempre le causaban dolor de cabeza. Observó la marca una vez más, abrió la bolsa que había puesto en la encimera y buscó la pomada que usaba para el dolor; a Riley no le gustaba curar su marca, ni siquiera cuando sangraba un poco por falta de atención.

Aplicó la crema espesa y transparente sobre la marca rojiza, los dientes de su omega estaban impresos, impecables, en su piel sensible y ardía como reacción a la crema, pero no podía hacer más. Pasó sus dedos encima hasta que sólo quedó una capa brillante y la hinchazón bajó un poco.

Se duchó con agua muy caliente, las toallas mullidas estaban suaves y tibias en su piel, lo que lo hizo sonreír. Se dejó la barba, Riley no le había dicho absolutamente nada del vello en su rostro, así que estaba seguro de que no le molestaba. Aplicó su loción favorita en su cuello, muñecas y detrás de sus orejas, tenía el mismo olor que el suyo y era simplemente para acentuarlo.

Se cambió en silencio, se secó el cabello y se abrigó con su mejor abrigo antes de salir de la habitación. El pasillo estaba decorado con luces blancas, pequeños ramos de muérdago en las puertas de las habitaciones y algunas nochebuenas en mesas a los lados del pasillo. Las escaleras eran cálidas, la madera chirriaba bajo los pesados pasos de Louis y la gente que ya estaba en la primera planta sonreía ante los demás.

Era lindo, a Louis le gustaban las luces en su cumpleaños y la calidez de la cabaña sólo hacia el escenario más agradable y hogareño.

Recibió la llamada de sus madres cuando estaba a punto de entrar al restaurante, cantaron una versión terrible de una canción de cumpleaños y su madre omega lloró cuando Louis les agradeció a ambas por la sorpresa. Estaba feliz, adaptándose a las nuevas circunstancias de lo que era su cumpleaños ese año, pero algo en él estaba bien con la situación, con la diversidad de emociones en él.

Louis entró poco después de eso, el aroma de todas las diferentes comidas que estaban en el buffet era una mezcla deliciosa de sabores perceptibles. El alfa entró y colgó su abrigo en el perchero al lado de una mesa libre junto a la ventana, sonrió a algunos de los meseros que pasaban a su lado antes de tomar un plato para servirse.

Eligió fruta con granola, pidió café y se sentó en su mesa a desayunar. Las familias bajaron cada poco tiempo, el restaurante no estaba lleno y la comida se reemplazaba con nuevas y mayores cantidades de los platillos. Louis se levantó un par de veces más por comida, su taza de café rindió muy bien y se atrevió a comer un poco del pastel de helado que estaba en la sección de postres.

—Oh, tienes la última rebanada.

Había un olor muy dulce, similar al del postre, al lado de Louis. Acariciaba su nariz con armonía, era suave pero se podía percibir en el aire con facilidad, no era demasiado fuerte para rascar en la nariz pero tampoco muy sutil para pasar desapercibido. A Louis le gustaba el olor, y tuvo que darse la vuelta y bajar un poco la mirada para ver a la persona de la voz y el olor.

—¿Perdón?

—La última rebanada, es un postre muy rico. Siempre lo como en el desayuno con ponche, ¿te gusta el ponche? —El hombre era pequeño, un omega, de grandes ojos verdes con motas doradas en los bordes y lindos y rosados labios que se movían con lentitud, aunque después de hablar demasiado—. A mí sí, podría decir que está es mi época favorita solamente de pensar en el ponche.

—Yo… supongo que sí, me gusta.

—¿Supones?

—Sí, prefiero el chocolate caliente —Louis no conocía al sujeto, pero no creía que una pequeña conversación fuera el fin del mundo. El omega se veía demasiado joven, o quizá era solo su falta de anteojos para observar bien—. Lo siento, yo-

—¡Chocolate! Soy alérgico, pero supondré que sabe bien. ¿Cuál es tu nombre? No te había visto aquí de años pasados, y siempre recuerdo una cara.

—Louis —dijo su nombre con una sonrisa de confusión—, y no, jamás había venido hasta este año. Mi omega lo encontró en internet, así que decidí investigar un poco y hacer las reservaciones. En verdad lo siento, pero mi abrigo sigue en mi mesa.

—Soy Harry, y yo sí he estado aquí desde hace quince años. Mi familia y yo venimos siempre, pero este año ellos se quedaron en casa, cancelaron los vuelos por la tormenta de nieve, así que pasaré las fiestas solo.

—Oh, lamento escuchar eso —Louis empezó a caminar a su mesa, no era una persona que cortara las conversaciones de esa manera, pero el chico parecía querer seguir hablando. Quizá a Riley no le gustaría oler a otro omega en su ropa—. ¿No estás aquí con nadie entonces?

Harry no le dijo nada, pero negó con la cabeza y lo siguió con una sonrisa y un bonito sonrojo. Llegaron a la mesa no mucho después, Harry pidió ponche de frutas y se sentó a esperarlo, ambos estaban al lado del otro y tenían que girar sus sillas un poco para poder seguir su conversación. Harry sonrió todo el tiempo, tenía un sonrojo en sus mejillas y los guantes en sus manos hacían que su cuerpo se viera más pequeño.

Louis no tenía el corazón para correrlo de su mesa, para decirle que todavía tenía el ligero pensamiento de que su omega podría bajar de la habitación a desayunar con él. No quería que Riley se enojara, pero ese omega lucía un poco amigable a pesar de que no llevaba ni diez minutos de conocerlo.

Tal vez era bueno conocer gente nueva, a Louis le gustaba hacer amigos en todos lados siempre, es solo que no sabía si Riley aprobaría esa amistad si estuviera ahí. Riley era un omega muy celoso, y Louis simplemente se adaptaba a las condiciones de su relación. Le parecía demasiado terminar tantos años de esfuerzo por solo un aspecto negativo en el omega.

—Entonces… Te gusta el chocolate caliente. A mí madre jamás le gustó verme hinchado y con ojos cerrados cuando lo comía sin que ella se diera cuenta, así que realmente no recuerdo bien el sabor.

—¿Comías chocolate aún sabiendo que no podías?

—Era un cachorro, tenía que llevarle la contraria a mis papás siempre —Harry se quitó los guantes. Había tomado tanta confianza en esos pocos minutos que también se quitó la chamarra, la dejó en la reposadera de su silla antes de llevar algunos mechones caídos de su cabello detrás de sus orejas—. Mencionaste a tu omega, ¿por qué no me cuentas de él?

—Lo siento, no quieres sonar grosero, pero…

—¡Oh! Lo siento, suelo hablar mucho, lo sé. No quería incomodarte, es sólo que te veías amable cuando entré y pensé que podríamos tener una buena charla. Perdón, no quise incomodarte —Harry se veía tan arrepentido, su olor cambió a uno más agrip y su posición varió con un encogimiento de hombros, bajó las manos de la mesa y se las arregló para tomar los guantes—. Me iré ahora.

Louis se quedó con la boca abierta, queriendo decir tantas cosas pero sin dejar escapar ninguna. vio al omega alejarse de su mesa, saludando a todo el personal que lo reconocía, salió del restaurante en poco tiempo; el alfa no estaba muy seguro de lo que había pasado. Estaba confundido y casi se le escapaba comer su postre.

Era rico, Harry tenía razón. El helado se derretía con rapidez en su boca, sus labios se tornaron rojizos por el frío en poco tiempo, pero el sabor era celestial en sus papilas gustativas que deseaba más cuando se lo terminó. El cambio de temperatura cuando dio el último trago a su café fue lo último que disfrutó antes de levantarse y salir por el mismo lugar en que lo hizo Harry no mucho tiempo antes.

Louis subió a su habitación de nuevo, dispuesto a contarle a Riley la experiencia un poco extraña por la que había pasado en el desayuno. Estaba confundido todavía, la marca le dolía de una manera intensa, era un dolor sordo que lo acariciaba desde la ubicación de la mordida hasta el fondo del abdomen, como si algún tipo de hierro líquido entrara en sus venas para hacer la situación más difícil.

Estaba muy sensible, había pasado mucho tiempo desde que un dolor así se había apoderado de su cuerpo. Louis no estaba seguro de la causa, la última vez que le sucedió fue cuando encontró a Riley tallando el olor de su alfa fuera de su cuerpo en una ducha caliente y que incluía mucho jabón y una esponja agresiva. Pero Louis se había hecho más resistente con el tiempo, tal vez su alfa no entendía por completo lo que estaba pasando con su omega.

No había un lazo fuerte con el omega, al menos no al nivel que un lazo requería. Louis había tratado con todas sus fuerzas hacerlo, había salido tantas veces con él que simplemente no sabía qué era lo que estaba haciendo mal. Las citas, los regalos y todas las noches que pasó en vela para hacerle manualidades a Riley se habían ido por la borda cuando el omega mordió a Louis sin palabras de amor, sin un escenario romántico e ignorando todos los sueños del alfa.

Se arrepentía tanto de haberse dejado morder, de haber ido a esa fiesta que no le daba buena espina y de tomar las bebidas que Riley le daba a beber sin decirle qué eran. Pero ya era muy tarde, su alma estaba atada a una que no sabía amar, y todos esos sentimientos de ira y culpa salieron a la superficie cuando el dolor en la marca sólo se hizo insoportable.

Cayó en las escaleras de madera, el dolor se había extendido hasta su cabeza, sus piernas dejaron de responder y su peso se hizo demasiado para soportar en la posición tan débil en que se encontraba dentro de su cabeza. Cayó en sus rodillas, como si hubiese sido derribado, pero su cabeza no tocó el suelo, el olor dulce se hizo presente en sus pulmones de nuevo y unas manos suaves sostuvieron sus sienes mientras hablaba.

No podía escuchar las palabras, sus ojos se cerraron con lágrimas en ellos y sus oídos emitían un pitido terrible con el que se quedó sin audición por unos cuantos segundos. Estaba atemorizado pues jamás le había pasado algo así, el dolor era cegador y no podía oír nada, el olor de Harry era el único que lo mantenía despierto. Pero no parecía ser por mucho tiempo, pues se desvaneció junto a su conciencia.

Harry no sabía qué hacer, no estaba muy seguro de ayudar al alfa que lo había alejado solo por ser desconocidos, pero no iba a juzgarlo, tal vez solamente era tímido. Pero cuando escuchó el golpe fuerte cuando él iba bajando las escaleras, estaba dispuesto a ayudar a cualquiera en su situación. Bajó corriendo los pocos escalones que le faltaban para llegar a él y se arrodilló al lado del cuerpo del alfa.

No sabía su nombre, pero estaba seguro de que tenía uno muy lindo. Tenía los ojos tan azules como el mar cuando estaba tranquilo, sin olas ni marea fuerte, y transmitía la misma tranquilidad, otra razón por la que se había acercado a él. Pero ahora estaba tendido en el pasillo, sin ningún chance de despertar por la forma tan abrupta en la que cayó desmayado sobre su cuerpo.

—¡¿Hola?! ¡¿Alguien puede ayudarme?!

No recibió respuesta, Harry no podía quedarse ahí. Hacía frío, y estaba empezando a arrepentirse de haber dejado su chamarra en la silla de la mesa del hombre, pero sonrió con fuerza cuando la vio en las manos del alfa. Se la puso con rapidez, la gorra también cubrió su cabeza, y se dispuso a poner en práctica todo ese par de días que pasó en el gimnasio para subir al alfa.

Harry no sabía en qué habitación estaba, pero la suya propia quedaba a solo un tramo de escaleras más y en el piso de arriba, así que estaba muy seguro de que podía ayudarlo a subir y tal vez despertarlo. Refunfuñó un par de maldiciones cuando el peso del alfa cayó sobre su cuerpo, era demasiado grande y empezó a dudar.

Pero no había nadie más que le pudiese ayudar, así que tomó una respiración profunda y se pasó uno de los brazos del hombre de ojos azules por sobre sus hombros. Empezó a caminar con la cara roja por soportar el peso, era un omega de cuerpo pequeño, no le gustaba hacer ejercicio y la condición de su espalda era igual a la de un estudiante universitario como lo era él.

Subió los escalones, un mantra de palabras positivas rondaba por su cabeza mientras seguía subiendo los cuerpos de ambos por el corto tramo, suspiró con victoria cuando llegó al último y se dejó caer en la pared, estaba muy feliz de haber cometido su meta en ese corto plazo. El alfa seguía completamente inconsciente, sus respiraciones seguían siendo muy pausadas y la temperatura de su cuerpo seguía bajando mientras estaba expuesto en el pasillo.

Harry lo metió a su habitación lo mejor que pudo, recibió un par de miradas indiscretas cuando el cuerpo del alfa se resbaló y cayó contra su espalda, con los brazos laxos a los lados del cuello del omega y todo su frente pegado a las espaldas de Harry, mientras intentaba abrir la puerta. Entró y dejó caer al hombre en su sillón, no podía permitir que se acostara en su cama y manchara su nido con el olor a alfa que traía encima.

El omega dio un par de saltos de felicidad cuando lo logró, se quitó sus botas y se cambió el calzado por un par de pantuflas cálidas. La chamarra quedó en el respaldo del sofá y subió la temperatura del termostato para evitar que el metabolismo del alfa entrara en crisis por pensar que estuviera muerto. Le quitó las botas también y acomodó sus piernas en el reposabrazos del sofá, hizo una mueca cuando pudo ver que quizá el sofá era demasiado pequeño para su cuerpo, pero no había nada más en donde pudiera ponerlo.

El alfa seguía respondiendo al calor de la habitación, sus hombros estaban más relajados y el ceño fruncido que se alojaba en su rostro fue desapareciendo hasta que su cuerpo completo se calmó en una mueca relajada, justo como si se encontrara durmiendo en total calma. Harry suspiró, se sirvió un vaso grande de agua y lo bebió después de todo el ejercicio físico que implicaba subir un alfa por las escaleras.

Estaba preocupado por él, no había traído sus apuntes de la universidad para verlos y comprobar si una caída alfa pudiese existir. Pero había un botiquín pequeño en el baño, podría usar el alcohol para despertarlo y tal vez había una manera en la que podía tomarle la presión arterial para averiguar su estado. Casi no había mucha información sobre las caídas alfa, y Harry no podía creer que simplemente no existieran. Era por eso que ese era su tema de investigación para su tesis de graduación.

Había pasado los últimos tres años de su vida estudiando psicología en los alfas y betas, estaba pasando por el último año en su estudio y era simplemente el peor por el que había pasado. No estaba muy listo, pero su tesis no había requerido de muchos cambios ni correcciones, así que no estaba tan estresado por eso. A pesar de no considerarse el estudiante más brillante, su dedicación y pasión por entender las complejidades de la mente humana lo habían llevado hasta ese punto.

El estrés del último año se minimizaba por el hecho de que su tesis, ese proyecto monumental que definía el final de su trayectoria académica, no le causaba tantos dolores de cabeza como había imaginado. La investigación fluyó con una sorprendente naturalidad, y sus supervisores quedaron satisfechos con la profundidad de su análisis.

Sin embargo, la incertidumbre del futuro aún se cernía sobre Harry. Mientras se acercaba al final de sus estudios, la pregunta de qué camino tomar a continuación lo acompañaba. La psicología ofrecía un vasto campo de posibilidades, y Harry se encontraba en la encrucijada de decidir dónde dirigir sus habilidades y conocimientos recién adquiridos.

A pesar de los desafíos, Harry estaba decidido a enfrentar lo que viniera después con valentía. Con cada página de su tesis que escribía y cada clase que asistía, se forjaba un camino que llevaba más allá de las aulas universitarias. Aunque no sabía exactamente qué le deparaba el futuro, estaba listo para superar los desafíos y contribuir con su perspectiva al mundo de la psicología.

Harry era una persona muy fácil de hablar, podía sacar muchos temas de conversación al momento y eso era solamente otra ventaja de leer demasiado. Le gustaba hacer amigos en todos lados, también era algo que se le facilitaba mucho, sólo que no sabía que había pasado con el alfa. Tal vez era porque tenía un omega, pero él ni siquiera pudo olerlo en su ropa o en su cuerpo, sólo había un olor alfa y nada más. O tal vez era una mentira y el alfa era muy miedoso para seguir una conversación con alguien nuevo.

El alfa seguía respirando bien, pero Harry estaba asustado de que su omega de hecho sí existiera y le hiciera algo por regresar a su alfa con su olor encima. Así que se escapó al baño en busca del botiquín de emergencias que siempre dejaban guardado en el mueble debajo del lavabo, abrió la pequeña caja con manos temblorosas y dio una larga respiración para poder seguir su camino.

Un algodón pequeño y una gran cantidad de alcohol hicieron el trabajo para que el alfa despertara, confundido por el aroma que lo rodeaba y tallando sus ojos muy lentamente.

Louis se sentía muy cansado, no sabía en qué momento se había caído. No le pasaba eso desde la universidad, cuando el estrés de los últimos exámenes del semestre de su último año tomaron ventaja de su vulnerabilidad y lo hicieron caer, tal y como un omega lo haría naturalmente. Desde entonces, jamás había pasado de nuevo, y no estaba seguro de si eso era normal.

Pero había despertado en ese momento con Harry al lado, el omega tenía una mirada preocupada en el rostro y no sabía muy bien en dónde poner las manos. Harry le quitó el algodón de debajo de la nariz y lo observó con una mezcla de sorpresa y curiosidad. El aroma del alfa, aunque embriagador, también llevaba consigo una sensación de temor que Harry no podía ignorar. Louis, por su parte, parpadeó un par de veces, tratando de orientarse en ese espacio desconocido.

—¿Estás bien? —preguntó Harry con una voz suave, rompiendo el silencio que había llenado la habitación.

Louis asintió, sintiendo un leve mareo que aún persistía. Observó el lugar donde se encontraba, una habitación casi igual a la suya, con detalles que eran totalmente diferentes, como el color de las cortinas y de la alfombra. Había ropa hecha una montaña en la cama, algunas velas en las mesitas de noche y una gran maleta desbordando ropa y zapatos.

—¿Dónde estoy? —preguntó Louis, su memoria aún un poco nublada. Le dolían las rodillas aparte de la cabeza, se sentía mareado y no creía poder levantarse de su posición pronto.

Harry sonrió, revelando hoyuelos encantadores.

—En mi habitación, no sabía dónde estaba la tuya. ¿Cómo te sientes?

Louis parpadeó lentamente, apoyando una mano en el respaldo del sofá. La imagen de Harry estaba más clara ahora, con sus ojos verdes que lo observaban con una mirada que le resultaba desconcertante, se podía ver que ambos estaban confundidos y tensos por cómo terminó aquella conversación antes, a pesar de no conocerse.

—Mareado, pero bien. ¿Qué pasó?

Harry suspiró, explicándole la situación con calma. Habló de cómo lo encontró desplomado en las escaleras, la preocupación instantánea al percibir su aroma y la decisión de llevarlo a su habitación para asegurarse de que estuviera bien. Harry habló con la mirada baja, jugando con sus dedos por el nerviosismo de haber hecho mal de nuevo.

Louis escuchó atentamente, agradecido por la gentileza de un extraño. La conexión entre ellos, aunque recién nacida, parecía intensificarse con cada palabra que compartían. Se sintió intrigado por Harry, queriendo descubrir más sobre el omega que lo había rescatado. Sabía que Riley ya podría estar despierto, quizá hasta en el restaurante buscándolo, pero Harry parecía demasiado nervioso para dejarlo solo.

Estaba un poco arrepentido de haberlo dejado antes, Harry no parecía ser alguien con malas intenciones, pero seguía habiendo cierta incertidumbre de las razones por las que había recibido ayuda del omega. Harry tenía un olor muy dulce y calmante, Louis pudo olerlo con mayor facilidad gracias a que estaba en su habitación rodeado de todas sus pertenencias, pero el propósito seguía siendo muy notable. El olor de Riley en su ropa casi no se percibía, no le gustaba compartir su olor con Louis.

Pensaba en Riley con mucha frecuencia, pero en ese momento no estaba muy seguro de hacerlo. Su cerebro seguía llevándolo de vuelta al omega frente a él, seguía sonrojado como lo vio en el restaurante y su cabello estaba en todas direcciones, hasta ese momento notó los rizos castaños que adornaban su cabeza.

—Lamento lo del restaurante, sé que puede ser muy raro que alguien extraño llegue a hablarte de la nada, pero no lo hice para que te asustaras. ¿Quieres que te acompañe a tu habitación? No quiero que vuelvas a caer. Fue difícil subirte hasta aquí, pero no lo digo de mala manera, también fue divertido hacerlo.

—Dame un par de minutos más y estaré listo para irme. Gracias por traerme aquí, no sé en qué momento caí.

—Bueno, al menos deberías decirme tu nombre —Harry sonrió, se sentó al lado de Louis en el sofá.

Louis tuvo que girar la cabeza un poco, llevándose una mano a la nuca para acariciar la piel ahí. Sentía su temperatura más alta que de costumbre, tenía los ojos llenos de lágrimas por el dolor en su cuerpo y su alfa estaba estresado por no encontrar a su omega ahí. Tenía que irse a su habitación, buscar un abrazo de Riley, sin importar cuánto tiempo durara o en qué modo lo haría.

—Louis.

—Louis, suena bien. Tienes un acento muy marcado, ¿eres británico o algo así?

—Lo sé, siempre me lo dicen —Louis se sentó con un poco de dificultad, tratando de no patear al omega por accidente—. Supongo que jamás se va, no he vivido en otro lugar que no sea Londres.

—¡Oh! ¡Yo también soy de ahí! Ves, tenemos cosas en común. Eso es una buena señal.

—Ya veo… Eres muy social, es agradable. Lamento haberte hecho salir del restaurante, no era mi intención que mis palabras sonaran de esa manera. Es sólo que no estoy acostumbrado a tratar con omegas.

—¿A qué te refieres? —Harry dobló sus rodillas en el sofá, se acomodó perfectamente sus calcetas peludas y sonrió cuando se quedaron en el lugar que debían—. ¿No te gustan?

—Mi omega lo prefiere así, no es muy amistoso cuando huele a otras personas en mí.

—Pero eso no está bien —un ceño se asentó en el rostro de Harry—. Los olores están por todas partes, son parte de nosotros. Es como, cuando visitas un puesto de comida callejera y el humo de la comida se pega en tu ropa, no puedes evitarlo. A menos que sea demasiado obsesivo y use bloqueador de olores para todo.

Louis sonrió, porque Riley sí lo hacía. Llevaba varias de las pequeñas botellas de spray para evitar tener contacto con los olores de la gente, no le gustaba oler a nadie más que no fuera él mismo y de preferencia tampoco que lo tocaran. No le gustaban los abrazos ni tomarse de la mano con Louis.

—¡No me digas! ¡Sí lo hace! —Harry soltó una risa incrédula, tapando su boca cuando se dio cuenta de que estaba riéndose de alguien al que ni siquiera conocía—. ¡Perdón! No quise burlarme o algo así, es extraño. Los omegas necesitamos de los olores, son la base para vivir en armonía con el omega interior.

—¿Sí? ¿Cómo sabes eso?

—Es lo que estudio, o algo así.

—¿Sigues estudiando? ¿Cuántos años tienes?

—Veintiuno, estoy en mi último año. ¿Tú qué estudias? —Harry relajó los hombros, Louis se veía más cómodo con su presencia y no podía sentirse más que aliviado por eso—. Seguramente algo de negocios, tienes ese porte.

—Yo… ya terminé de estudiar. Hace seis años —Louis rio al ver la mirada escandalizada de Harry—. No puedo parecer tan joven, debería mencionar que empecé a usar lentes para ver de lejos, y eso que no soy tan viejo.

—¡No eres viejo! Simplemente lo asumí, es que pareces más joven —Harry estiró una de sus manos hacia el rostro de Louis, había una ligera arruga en donde se unía la piel de alrededor de su ojo cuando reía. El omega tocó ese pedacito de piel, haciendo que Louis lo voltease a ver con una mirada distinta, una chispa de algo de alojaba en ese par de pedazos del océano que lo miraban así.

Louis apreció el toque. Se sentía diferente, era suave y no dolía como los toques de Riley. Tenía la muñeca de Harry tan cerca de su nariz, su olor era más fuerte desde una de las fuentes de aroma más íntimas como lo eran las muñecas de los omegas. Miró al omega por las tiempo, sus ojos verdes estaban más brillantes que nunca, no los había apreciado bien hasta ese momento.

Pero Riley vino a su mente en cuanto unos ojos cafés reemplazaron a los verdes de Harry.

—Dijiste que estabas solo, deberías venir a cenar con nosotros.

—¿Mhmm? —Harry salió de su trance, retiró la mano del rostro del alfa y se concentró en respirar correctamente—. ¿Y no crees que a tu omega le molestará eso?

—¿Por qué lo haría?

—No lo conozco, no quiero espantarlo.

—No lo harás —el alfa tomó las manos de Harry en las suyas, un agarre suelto pero firme—. Vamos, no puedes quedarte solo en Nochebuena. Prometo pedir una jarra de ponche de frutas para tí.

Harry rio, relajado e ignorando lo calientes que estaban las manos de Louis. No quería pasar vergüenza y que sus manos sudaran, eso le pasaba seguido por los nervios y definitivamente no era una buena impresión.

—Está bien, pero me sentaré del otro lado de la mesa. No quiero que tu omega piense que quiero robarle al alfa.

—Riley estará bien, seguro que no le importará —el alfa estaba disfrutando mucho de ver los hoyuelos del omega, tenía una sonrisa tan linda—. Te veré ahí, ¿de acuerdo? Es mi cumpleaños, será demasiado agradable tenerte ahí.

—¡Tu cumpleaños! —Harry salió de la ensoñación. Se levantó con un salto y Louis se quedó estático por el grito que dio—. No tengo un regalo, no puede ser. ¿Piensas que voy a llegar así? ¡Necesito un regalo!

—No necesitas nada, está bien con que llegues a la cena y ya. A decir verdad, no creo que nada mejore este día, ha sido un caos por completo.

Louis se levantó con calma, hizo que el omega alzara la mirada para seguirle los ojos y sonrió al verlo tragar saliva. Estaba ya muy desconcertado, Riley debería ser su única prioridad; debería estar pensando en las miradas llenas de lágrimas de placer que Riley le daba cuando anudaban, no en imaginarse cómo se verían los de Harry en la misma situación.

—Pues… podríamos ir al jacuzzi, trae a tu omega —Harry tragó saliva, como si de repente fuera un bloque de hielo obstruyendo su garganta. La visión de Louis sobre él era demasiado para procesar con calma, era más alto que él y eso era un deleite total—. No me refiero a nada sexual, por supuesto. Pero es calientito ahí, podrías relajarte después de todo ese caos.

—Tendré que preguntarle, pero tal vez te vea ahí.

Harry se quedó con el fantástico fantasma del olor de Louis en su habitación cuando el alfa salió de ahí, el omega tuvo que tomarse unos minutos para respirar hondo y recuperar la compostura. Tenía que recordarse que Louis tenía omega, estaba en una relación formal y que era—no tan exageradamente, pero sí en definitiva—mayor que él.

Se repitió constantemente cuando unas cuantas gotas de lubricante salieron de su cuerpo, mojando su ropa interior de manera incómoda. Se retorció en la puerta, cerrando las piernas y con las manos hechas puños en sus muslos, no iba a tocarse con la imagen de Louis en su cabeza. Claro que el alfa tenía todo lo que le gustaba a Harry, la altura, los ojos y las manos perfectamente tatuadas y a la medida. Pero recordar todo esos detalles no estaba ayudando a su situación.

Tenía otras cosas más importantes que hacer, tenía que arreglarse para la cena de Nochebuena a la que había sido invitado no mucho tiempo atrás. No había empacado ropa muy elegante, pero estaba seguro de que habría algo escondido hasta abajo en su maleta.

Harry pensaba pasar la noche viendo películas de navidad en su habitación, tal vez pedir piezas de pan dulce y ponerle licor al ponche, no tomaría demasiado para bajar al jacuzzi y pasar un buen tiempo ahí antes de subir de nuevo e ir a dormir. Ya tenía todo listo, la toalla, el traje de baño y la bata esponjosa que usaría para cubrirse del frío; sin embargo, sus planes habían cambiado y tenía que darse prisa.

Terminó por vaciar la maleta en el suelo, llevándose las manos a la cabeza sin saber que usar.

Louis llegó a su habitación sin más incidentes.

Podía oler desde los pisos de abajo la cena, seguramente habría un menú delicioso. La hora de la cena estaba cerca, no sabía cuánto tiempo había pasado en la habitación de Harry, pero sí estaba muy seguro de lo agradecido que se sentía después de haber sido salvado por él. No era mucho, pero definitivamente lo había salvado de haber sido arrollado por los cachorros o maltratado por el personal.

La llave en el bolsillo de su abrigo encajó con la cerradura de la puerta, abrió con lentitud y entró después de quitarse las botas. Seguramente Riley estaría en la ducha, el omega bien sabía los horarios de las cenas y regularmente era el primero en estar listo para salir a comer. Louis dejó las llaves de vuelta en su abrigo y escuchó el sonido de la televisión encendida.

La televisión estaba en un volumen medio, pero el olor agrio y marchito en la habitación provenía de Riley. El omega estaba sentado en el sofá, con la pijama todavía puesta y una manta de la cama sobre sus hombros.

—¿Omega? —Louis se quedó a un costado del sofá, no estaba seguro de lo que estaba pasando y no quería arriesgarse a hacer enojar más a su omega—. ¿Qué sucede?

—¡Louis! Por fin llegas, ¿dónde has estado? —Rikey le dirigió la mirada, llena de furia—. Te esperé durante horas, no llegaste a ducharte conmigo.

—Me duché antes, fui a desayunar.

—Es muy tarde para el desayuno. Perdimos la cita para esquiar —el omega regresó la mirada a la televisión—. De cualquier forma, la cancelaron poco después por la tormenta de nieve. No podremos irnos hasta después de año nuevo, ¿sabías eso, Louis? ¿Es por eso que nos trajiste sin decir más cuando te pregunté?

—¿Qué? Omega, yo no sabía de ninguna tormenta de nieve.

—Por supuesto, de seguro dices eso para que no te culpe. Teníamos que irnos con mi familia, tú lo sabías. Ahora no podremos llegar porque decidiste que pasar la víspera de año nuevo aquí sería mejor.

—Omega, no sabía nada de esto. Ni siquiera sabía que las tormentas de nieve duraran tanto. ¿No tienes frío? Estoy más preocupado por tí ahora.

—¡No tengo frío, Louis! —Riley rechazó el abrazo que Louis le ofreció con un gritó y un pisoteo en el suelo—. Ni siquiera sé por qué accedí a venir en estas fechas, tenemos que ir a la cena que ya pagué. Y la botella fue demasiado cara para desgastar la oportunidad. Y qué es… ¿Qué es ese olor que traes encima?

Louis se quedó en silencio, no se había asegurado de quitarse el olor de Harry de encima antes de entrar a la habitación. Estaba seguro de que Riley podía olerlo, y no estaría muy feliz.

—Hueles a omega… Ve a quitarte ese olor, es asqueroso.

Louis no esperaba esa reacción de Riley, pero estaba más que feliz de hacerlo. La última vez que llegó a su hogar con un olor desconocido, tuvo que soportar unos puntos en la frente por el tacón de una bota impactando contra él. El recuerdo se fue en el desagüe del baño, junto a un par de lágrimas que soltó cuando el día se tornó peor de lo que ya estaba, de lo que creyó que sería suficiente.

Riley entró al baño apenas Louis salía de la regadera con una toalla atada a las caderas. El omega se acercó al cuerpo de Louis con una sonrisa coqueta en el rostro, una de sus manos se dirigió al abdomen descubierto del alfa y la otra subió a su hombro.

—Lo siento, alfa —Riley estiró el cuello, hasta que besó los labios inexpresivos de Louis—. Perdón por haber gritado, me sentí mal por no pasar esa fecha con mi familia, pero está bien, ¿no? Podemos quedarnos aquí y tomar más de las vacaciones que nos pagaste.

Louis asintió con dureza, se movió al tocador y empezó a peinar su cabello. Riley lo siguió, se abrazó con fuerza a él y se subió de un salto al tocador, abrió las piernas y enganchó sus rodillas a las caderas de Louis.

—Ya estoy mojado para tí, alfa —el omega se relamió los labios—, siempre puedes tomar otra ducha, una conmigo.

Y así estiró el cuello de nuevo, jalando el rostro de Louis desde sus mejillas para tomar sus labios en un beso. Pero a Louis no le gustó, no era un beso dulce como los que le gustaban, era rudo y demasiado rápido, sabía que llegarían un poco tarde a la cena si se dejaba llevar. Ni siquiera estaba de humor para hacerlo en ese momento.

La mano de Riley se escurrió debajo de la toalla que cubría la intimidad de Louis, quien soltó un gemido involuntario cuando los dedos fríos del omega hicieron contacto con su piel, suave y sin interés alguno.

—No te preocupes, alfa. Puedo ayudar con eso.

Louis pegó su mejilla contra la sien de Riley cuando empezó a subir y bajar su mano, cuando empezó a hacerlo más rápido pensando que eso ayudaría. Miró su reflejo en el espejo, y se aguantó un gemido de nuevo. No estaba de humor, simplemente no lo estaba.

✦ ᥫ᭡ : 𖠰

Harry ya estaba en el vestíbulo, luciendo un traje demasiado lindo que logró encontrar completo. Un abrigo de piel sintética y con cuello de tela afelpada y pomposa de color blanco contrastaba completamente con el traje rojo que llevaba abajo.

Había estado esperando a Louis por quince minutos desde que él bajó. Estaba ansioso, nervioso. Tenía muchos amigos que también eran omegas, no sabía por qué estaba tan estresado por hacer uno más. Estaba paseando por el pie de las escaleras, el olor a pino y a chocolate caliente rondaba por el aire, la nieve la había hecho un piso grueso fuera de la cabaña y estaba muy seguro de que el clima había empeorado. No era una persona demasiado cálida, y estaba preocupado.

Louis bajó apenas unos minutos después, la cuenta de Harry fue de un total de veintitrés minutos por los que tuvo que esperar. Llevaba colgado del brazo a un omega de piel celestial, Harry podía ver lo delicado que se veía y la apariencia ruda que le daban sus cejas fruncidas.

—¡Hola, Louis! Estuve esperando aquí.

—Harry, lo siento. Tuvimos un par de problemas, lamento muchísimo la demora —Louis se acercó al omega de cabello rizado, jalando a Riley en el proceso de estar más cerca de él—. Él es Riley, de quién te había hablado.

Harry se acercó con una sonrisa, estirando la mano para saludar formalmente al omega.

—¿Tú quién eres? —Riley se encogió en su lugar, apretó ambas manos en el antebrazo de su alfa y su ceño se frunció aún más—. ¿Por qué lo conoces, Louis?

—Te contaré más tarde, Harry cenará con nosotros hoy y amaría que fueras amable con él por hoy, ¿puedes?

—¡No puede! Nuestra mesa es para dos, sólo para nosotros dos.

—El salón no está saturado, pueden añadir una silla más y ya —Louis le respondió con una sonrisa tensa, sin querer alzar la voz como su omega lo estaba haciendo—. Por favor, entremos ya.

—¡No, alfa! En esa mesa somos nosotros dos, nadie más puede sentarse con nosotros. Menos él.

—¿Qué? ¿Por qué no? —Harry se arriesgó a involucrarse en la conversación—. Yo no pretendo hacer nada malo, Louis sabe mi situación y-

—¿Y eso qué? Ni siquiera sé quién eres, y no quiero que te sientes con nosotros.

Louis se pasó una mano por la frente, estaba estresado y ya tenía hambre, simplemente quería cenar y ya. No sabía por qué Riley estaba causando tanto alboroto, lo tomó de la mano y lo llevó a la entrada del salón.

Estaba decorado con bonitos papeles rojos y blancos, cortados en lindas formas. Los bastones de caramelo estaban exhibidos en un recipiente de vidrio que la persona anfitriona les ofreció al entrar. Louis tuvo que poner una sonrisa amable de disculpa cuando Riley los rechazó con una tono de voz tosco. Los muñecos de jengibre estaban en las mesas como aperitivos, el ambiente estaba lleno de música jazz y las velas decoradas estaban en bonitos frascos para que la cera no cayera a las mesas de perfecto roble pulido.

No hubo ningún problema en cambiar su mesa por una para tres personas, Louis agradeció mucho antes de sentarse, quedando su lugar en medio de los dos omegas. Harry estaba un poco tenso bajo la mirada de Riley, quien seguía viéndolo como una amenaza.

A Riley no le gustaba que su alfa desapareciera horas y regresara con un omega. No lo conocía, y aunque ciertamente podía decir que era hermoso, no le gustaba que estuviera cerca de su alfa. Hizo un puchero exagerado, acercó su silla a la de Louis y estiró la mano con la intención de tomar la mano del alfa entre las suyas.

—¿Está todo bien? —Un mesero se acercó a ellos, se presentó con una sonrisa y explicó el menú que debería llegar en cualquier momento.

Riley bufó, un ceño fruncido en sus cejas que dejaba ver su mal humor para estar sentado en esa mesa ya. Pero su rostro se transformó en una mueca de sorpresa cuando alzó la mirada y chocó con la del mesero.

—¡Riley! Hola, pensé que te quedarías en tu habitación está noche, como me dijiste.

Louis se giró a ver a su omega, quien ya lucía pálido y con el rostro lleno de sorpresa. El alfa no estaba seguro de lo que el mesero había dicho, pues su discurso fue interrumpido por sus propias palabras.

—¿De qué habla?

—De nada, alfa. No lo conozco, seguramente me confundió con alguien más —el pánico inundó el tono de la voz de Riley, estaba más nervioso que antes mientras tomaba la mano de Louis y lo jalaba para que dejara de ver al mesero.

—Oh, ¡oh! Es verdad —el mesero, que antes se había presentado como Sebastian, juntó sus manos al frente y alzó las cejas. Reconociendo totalmente la situación—. Por supuesto, lamento mucho esta situación, no era mi intención confundirlo de esa manera. Me retiraré ahora, traeré el aperitivo en unos minutos. Con permiso.

Riley suspiró, como si estuviera aliviado cuando Sebastian se fue de su mesa. Dejó caer sus manos de vuelta a su regazo y frunció el ceño de nuevo al hacer contacto visual con Harry, con la misma mirada. Harry parecía estar leyendo sus pensamientos, tenía la vista fija en Riley y parecía estar descubriendo todo de lo que se escondía.

—¿Quieres dejar de mirarme así? Cielos, es incómodo.

—Me estabas regresando la mirada, no puede ser incómodo si tú también me estaban viendo de la misma manera.

Louis se aclaró la garganta, ambos omegas dejaron de rtarse con la mirada entre sí para poner toda su atención en el alfa.

—¿Sigues estudiando? Pareces un cachorro —Riley ladeó la cabeza un poco. Sonrió hacia Louis cuando recibió su mirada—. Estoy tratando de hacer amigos, alfa. No me mires así.

—Sí, sigue estudiando —Louis contestó por él—. No deberías decirle a la gente que parecen cachorros en ese tono, omega, es maleducado.

Harry estudió al alfa, parecía duro con el omega, pero había una parte de Louis que parecía estar bajo la mira del omega, que Riley podría decirle que besara el suelo por donde pasaba y Louis lo haría sin preguntar. O quizá sólo estaba siendo paranoico, trataba de entender al omega, pues había sido entrometido al aceptar la invitación a la cena y estaba haciendo de tercera rueda ahí.

Los aperitivos llegaron en conjunto, el aroma a chocolate estaba por todas partes, tapando los olores de las demás personas. La banda pasó a algo más suave, acorde al ambiente; la voz del cantante era celestial, suave y ronca en los coros, y ni hablar de su apariencia física. Riley tenía toda su atención centrada en él desde que lo notó, estaba sonrojado y se movió un par de veces hasta que pudo cruzar las piernas debajo de la mesa.

Era el objetivo de esa noche.

La cena llegó demasiado pronto, el primer plato que consistía en pasta bañada en salsa de tomate con un aroma a especias abrió el apetito de todos en el salón. Harry estaba feliz, la pasta era de sus alimentos favoritos y estaba alegre de que fuera parte de su cena esa noche. Definitivamente era mejor que la cena que había planeado en su habitación.

El siguiente plato estaba lleno de pavo, con una guarnición de ensalada por la que Louis relamió sus labios a ver. Harry y Louis mantenían una conversación en voz baja, Riley estaba envuelto de la presencia del cantante y parecía mareado por su voz para notar que no estaba siendo incluído en la conversación. El cantante de la banda ya lo había notado, seguía haciendo esos movimientos de baile hacia él y su mirada azulada estaba demasiado brillante bajo el resplandor de las luces bajas.

La cena fluyó con armonía, Riley estaba demasiado absorto en otra persona para poner atención a su alfa y el comportamiento que tenía con el otro omega. Louis estaba disfrutando del postre cuando una luz se posó en él, seguida de la voz del cantante felicitándolo por su cumpleaños.

—¿Qué?

La canción para celebrar su cumpleaños fue una para bailar, los invitados aplaudieron antes de levantarse a bailar al ritmo de la música. Pronto el reflector desapareció de su persona y Louis pudo fruncir el ceño en confusión, que pronto reemplazó con una sonrisa al ver la de Harry.

—Tú hiciste eso.

—Bueno, algo tenía que hacer para agradecerte por invitarme.

—¡Y eso qué! ¡Es mi alfa! ¡Yo debía hacer eso, no tú! —Riley se levantó de la mesa, gritando y alzando las manos en el aire—. ¡¿Qué mierda sucede contigo?! Llegaste a nuestras vidas de la nada y todavía sientes que tienes el derecho y felicitar a mi alfa por su cumpleaños.

—Tú no lo hiciste. Es lo menos que Louis merecía.

Riley salió frustrado del salón, pisando fuerte y empujando con ira a todos los que se interponían en su camino. Su pequeña cabeza rubia desapareció en el mar de gente que había de pie, bailando.

—Escucha, Louis… Lo siento, sé que probablemente no tenía que hacer eso, pero me sentía mal por tí y no pude conseguir un regalo real y fue lo único que se me ocurrió.

—¿Quieres bailar conmigo?

—¿Qué?

Louis se levantó, estirando su mano y tomando la de Harry. La canción era lenta en comparación con la anterior, pero Louis estaba muy seguro de que no quería sentarse toda la noche. Había tomado esas lecciones de baile por Riley cuando empezaron a salir, sabiendo que el omega era alguien a quien le gustaba bailar en las fiestas.

Harry se sonrojó, y sonrió cuando Louis le dio una vuelta antes de llegar a la pista central. Las manos del alfa encajaban perfectamente con las suyas, en su cintura, estaba muy cerca del cuello de Louis y su olor era todavía más embriagador que a distancia. Harry se encontró abrazando a Louis todavía más cerca de su cuerpo, cerrando los ojos y disfrutando de mecer sus cuerpos con un ritmo suave.

—Me gusta cómo hueles.

Las palabras salieron de la boca de Harry antes de siquiera pensar bien en ellas, no sabía qué estaba pensando para decir esa frase repentinamente. Escuchó la rosa suave de Louis cerca de su oído y supo que el alfa se había agachado un poco para acercarse a su cabeza en ese ángulo.

—¿Sí?

—Sí, mucho.

—A mi también me gusta cómo hueles, es casi igual al postre de la mañana.

Harry rio, relajado y soltando el cuerpo contra el de Louis. Se separaron cuando la canción terminó, mirándose a los ojos y sonriendo entre ellos, sus olores demostraban la felicidad que sentían. Louis por fin pensó que algo bien había salido en el día, la vibra navideña no se podía distinguir mucho en la vibra de un mal cumpleaños, pero estaba bien.

—Salgamos de aquí —Louis tomó la mano de Harry en las suyas, jalando su cuerpo para subir las escaleras hacia las habitaciones—. Dijiste que había un jacuzzi, ¿no?

—¿Y qué pasa con tu omega?

—Estará bien.

Pero no esperaban toparse con Riley en la entrada del salón, atacando los labios de Sebastian, a quien ya no habían visto desde que los postres fueron repartidos. Riley tenía el cuello del alfa rodeado con los brazos, Sebastian tenía un agarre ajustado en el trasero del omega y ambos estaban muy dentro de su situación. El pasillo estaba desierto, pues todos estaban en la cena, lo que lo hacía el escenario perfecto para escaparse de esa manera.

Louis los vio primero, quedándose estático en la entrada y haciendo a Harry casi chocar contra su espalda.

—¿Riley?

El omega se separó del cuerpo del alfa cuando escuchó su nombre, sin olvidarse de morder el labio de Sebastian con fuerza, estirando su piel en el mordisco. Sonrió, estaba aún más sonrojado y su piel brillaba con un poco de sudor.

—¿Sí, alfa?

—Omega… Qué, ¿qué estás haciendo?

—Estabas demasiado entretenido con el omega allá dentro, tenía que encontrar una buena forma de pasar el tiempo mientras bailabas y hacías de todo allá dentro. Me encontré a Sebastian aquí afuera, pensé que podríamos disfrutarlo un poquito más.

Louis se quedó en silencio, fuera del salón los olores se podían percibir sin falta. No había notado que su marca estaba doliendo con intensidad de nuevo, soltó la mano de Harry y avanzó un paso, sin creer lo que estaba viendo.

—Su nudo es más duro, alfa. Me llena mejor, y no tiene problemas para ponerse en el modo.

Louis no podía escuchar más, sus ojos se llenaron de lágrimas y una de sus manos viajó hasta su pecho, ahí donde su marca estaba más sensible que nunca y podía sentir la inflamación por sobre la ropa. Se hizo hacia atrás, como si hubiese recibido un golpe en el rostro, y no tardó en salir rápidamente del pasillo, corriendo por las escaleras hacia su habitación.

Harry se quedó un par de minutos más abajo, mirando con desprecio a Riley. El omega seguía con una sonrisa en el rostro, mirándolo con suficiencia y sintiéndose con aires de grandeza.

—¿Y tú qué tienes por decir? Deberías dejar de meterte en relaciones ajenas. Mira cómo has arruinado la nuestra.

Harry negó con la cabeza, tenía que ir con Louis, tenía que estar con él y ayudarlo a salir de ahí. Siguió el olor de decepción por las escaleras, estaba un piso arriba de su propia habitación y podía sentir el dolor en el aire, como Louis lloraba y el olor agrio que expresaba su enojo.

Pero Louis estaba simplemente sentado en la cama, respirando profundamente y dejando que las lágrimas cayeran en sus mejillas, haciendo ríos de tristeza en su rostro y huecos de preocupación en su pecho.

Harry tenía que sacarlo de ahí, estaba el olor de Riley por toda la habitación y el de Louis se veía opacado por el dulzor ácido que no se iba.

—Toma tus cosas, ¿sí? Salgamos de aquí.

Le ayudó a armar su maleta, sacando toda la ropa de la maleta que Riley había comprado para guardar las cosas de ambos. Louis guardó la suya, todos sus elementos del baño y sus pertenencias esparcidas por la habitación. Sacó las llaves de repuesto que le había dado a Riley cuando se mudó y todas las cosas que había comprado para él.

Harry lo ayudó todo el tiempo, lo tomó de la mano y bajaron un piso para guardar las cosas de Louis. El alfa estaba seguro de que el dolor en su marca no era ni remotamente parecido al de la mañana, pero estaba demasiado metido en su cabeza para ocuparse de eso. Harry lo sacó de su habitación, se aseguró de que Riley no estuviera en el pasillo antes de llevarlo por ahí y salir al patio central.

El jacuzzi estaba al aire libre, era una bañera grande y estaba rodeada de pedazos de madera rústica, se veía muy hondo y Harry estaba ligeramente aliviado de que estaban solos en el lugar. Había rentado el lugar toda la noche, iba a usarlo cuando se aburriera de estar solo en su habitación, así que definitivamente estaba aliviado de ver qué su pago si había cumplido su petición.

—Entremos, ¿sí?

Le quitó el traje a Louis, pieza por pieza, descubriendo un cuerpo en forma y con bronceado del que Harry no estaba seguro de cómo lo había conseguido. Se quitó su propio traje antes de volver a enlazar sus manos juntas y meterlos en la gran bañera sin soltarse. El agua estaba caliente, calmó el frío que habían sentido al estar tan descubiertos en el invierno y el vapor cubrió la vista de ambos al sentarse.

Se sentaron uno al lado del otro, sin soltar sus manos. Harry pasó su pulgar por el dorso de la mano de Louis, acariciando la piel debajo del agua en un pequeño intento de mostrarle a Louis que no estaba solo.

—¿Sabes qué es lo más decepcionante?

—¿Hmm? ¿Qué?

—Que yo lo sabía, lo supe todo el tiempo, pero no quería aceptarlo. Llegaba tarde a casa, no me dejaba acercar y se metía a bañar al instante en que pisaba nuestra habitación. Yo salía del trabajo y cuando llegaba a la casa había olores extraños, él decía que eran de sus amigos. Pero encontré pruebas de embarazo un día, y estaba seguro de que el bebé que lleva no es mío. Traté de convencerme de que era mío, pero su olor no me gusta, ni siquiera huele a mi.

—Está embarazado… Louis, ¿desde cuándo lo sabes? ¿Él lo sabe?

—Él sabe que no es mío, lo sabe y ni siquiera se ha molestado en decirme su estado. Si yo no hubiera visto las pruebas, Riley ni siquiera me habría dicho su estúpida excusa, sé perfectamente que los bloqueadores de olor no hacen que el celo se vaya.

—Oh, Louis. Lo siento tanto. Has pasado por mucho, no sé qué es lo que pase con Riley, nada de esto está bien.

—Mis madres me lo dijeron, que no era un buen omega para mí, que tenía que salir de ahí. Y no les hice caso, pensé que lo amaba, dejé que me marcara y así es como termina todo. Lleva años haciéndolo, metiendo alfas en nuestra casa y mintiéndome en la cara.

Harry no sabía que más hacer, abrazó el cuello de Louis y se puso de pie entre las rodillas del alfa. No había otras intenciones en sus toques, era puro consuelo. Soltó su aroma como si se tratara de un cachorro, feromonas dulces y calmantes se esparcieron por el aire y Louis por fin soltó el primer sollozo.

Le siguieron más, dolorosos gemidos que salían de su garganta. Se rasguñó el cuello encima de su marca y Harry lo acompañó con unas silenciosas lágrimas también, no podía soportar el dolor en el olor de Louis. Estaba seguro de que no estaba bien, pero el alfa tenía que sacarlo todo. Eran años de sentimientos reprimidos y Harry no podía hacer nada más que ayudarlo a superar la situación en su compañía.

Lo abrazó por horas, hasta que sus yemas de los dedos se arrugaron por estar tanto tiempo en el agua. Louis había dejado de llorar, pero agarró fuerte a Harry y lo abrazó todo el tiempo, su mirada estaba perdida en la espalda de Harry y en los lunares que tenía por toda la extensión. Harry también tenía un lindo tatuaje en la espalda, Louis lo vio y sonrió, le gustaban los tatuajes. Él tenía varios, tenía tantos que había pensando en compartir con Riley.

Riley era una de las peores personas con las que Louis había tenido una relación, pero Louis no quería dejarlo ir. Quería tenerlo con él, quería que sanara su marca y lo recibiera en algún nido extraño de la casa. Quería ser envuelto en las mantas de un nudo cálido, uno bonito y suave como los que sus madres hacían para él, para que pasara la noche y no tuviera pesadillas. Quería la misma tranquilidad que tenía de cachorro.

Y Harry le estaba dando ese sentimiento, incluso después de solo un día de conocerse. Louis había sentido mucho más que después de años con Riley.

El día siguiente fue mejor. Louis había tomado tanto apoyo de Harry que durmió abrazado a él, ambos haciendo contacto de piel con piel y Harry soltando su aroma tanto como pudo para ayudarlo a calmarse. El omega lo había abrazado a su lecho con fuerza, como en el jacuzzi antes, y Louis había dormido mejor que en años.

Harry lo había recibido en su nido, lo había acogido en su pecho y le había acariciado el cabello hasta que se quedaron dormidos. Harry tenía que proteger al alfa, se sentía en la obligación de hacerlo, a pesar de que no era así realmente. Louis estaba herido vulnerable, el omega sabía cómo apoyarlo, y estaba muy seguro de que iba a hacerlo.

Harry despertó primero, ajustó su abrazo con Louis y bostezó antes de ver qué el alfa también estaba despierto.

—Buenos días.

—Feliz navidad, Louis. Sé que no tengo un regalo para tí, pero cuando regrese a casa puedo enviártelo por correo. O podemos vernos y salir a comer y te daré un buen regalo.

—Tú eres el regalo, Harry. Me sacaste de ahí, ¿no? Seguiría atado a una relación sin amor si no hubieras llegado a rescatarme.

Quizá un pequeño beso cerró la promesa. Uno de tantos otros.

✦ ᥫ᭡ : 𖠰

Pero todo mejoró después del fatídico día.

Louis y Harry bajaron a desayunar todos los días que duró la tormenta de nieve. Había tanto postre para ambos que no se detuvieron a comer solo una porción. Louis disfrutaba tanto tener a Harry como apoyo después de lo que pasó, estaba seguro de que el omega había llegado en el momento correcto a su vida, y no quería que se fuera pronto.

Pero la tormenta cesó en algún momento. Cuando sus vacaciones acabaron por completo y tuvieron que adentrarse en una camioneta rentada para llegar al aeropuerto. El número de Riley había sido bloqueado del celular de Louis, y Harry se había encargado de eso. No había nada más que los atara en ese lugar, que por más lindo que fuera, les había causado tantos problemas. Pero también se habían conocido allí, y eso se podía rescatar.

—Entonces, pasaré año nuevo con mis padres. No los he visto desde el inicio del semestre, ¡ha pasado demasiado tiempo! Ya ni siquiera recuerdo el olor de mi papá —Harry hizo un puchero, estaban subiendo las maletas a la cajuela de la camioneta—. Tengo que ponerme el suéter que mi mamá seguramente tejió para mí este año, ¿ya te dije que yo también tejo? A veces me duelen las manos, pero tengo que acabar el suéter que empecé hace tres años.

—Lo sé, Harry. Me lo dijiste ayer. Deberías hacerme un suéter también.

—¡Es verdad! Tengo que darte uno, aunque vas a tener que esperar mucho tiempo —el omega se giró cuando Louis por fin cerró la cajuela, se sacudió las manos del agua en la que los copos de nieve se habían convertido, y el alfa también se giró en su dirección—. Ves, somos un buen equipo. Deberíamos estar juntos más seguido. Dijiste que iríamos por café cuando llegaramos a Londres.

—E iremos, a la mejor cafetería, ¿sí? —Louis se acercó a Harry, hasta que sus brazos rodearon la cintura del omega—. Te llevaré algo, un detalle que lleves siempre contigo.

—No tienes que darme regalos, pero me gustan los anillos —Harry dijo, pegando sus rostros hasta que las puntas de sus narices hicieron contacto—. Sabes que estoy bromeando.

—Te llevaré a comprar anillos entonces.

—¡Louis! Nada de eso, sólo quiero tomar café y caminar por el centro, podemos hacer eso, ¿no? ¿Te gusta caminar?

Louis pegó sus labios de nuevo, besando a Harry con tanta delicadeza como había deseado besar a su pareja toda la vida. Se separó unos segundos después, le gustaba escuchar a Harry hablar, disfrutaba del tomó de su voz, pero le gustaba aún más ver la forma en que buscaba las palabras para hablar de nuevo después de besarlo.

No se habían besado tantas veces, pero las pocas veces que hicieron contacto habían sido únicas a su manera. Había la chispa de algo en el estómago de ambos, que sólo crecía y crecía y que sabían que en algún momento no podrían contener más. Pero aún faltaba para eso.

—La siguiente navidad y tu cumpleaños serán mejor el siguiente año, ¿sí? Lo prometo.

—¿Y cómo lo sabes?

—No lo sé, pero haré lo que sea para que se cumpla.