Deku, una adicción peligrosa [KatsuDeku]

Summary

Conoce su oscuro pasado, sabe cuánta sangre mancha sus manos. A pesar de eso ha construido una vida alejada de la violencia y los excesos. Bakugo Katsuki vive atormentado por un recuerdo de cierto chico de pecas al que siempre quiso tratar como un amigo, aunque él mismo sabe que quizás engañó a su propio corazón por mucho tiempo. Entonces decide volver al que alguna vez fuera su hogar, dispuesto a reparar el pasado. Por desgracia ya no se hallará en una pequeña ciudad, Musutafu se ha convertido en un distrito rojo, colmado de hoteles y bares. Es ahí donde la presencia de una extraña mujer lo llevará a reencontrarse con los fantasmas de su pasado, mientras enfrenta a los enemigos que se adueñaron de la ciudad, la familia Shigaraki. Huir o luchar, esconderse o enfrentar la realidad con valentía, eso tendrá que decidirlo. Los personajes de My hero Academia son creación de Kohei Horikoshi, yo solo los uso para crear historias como fan, no gano dinero con esto ni pretendo ofender a nadie.

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

Pesadilla o presagio

Aquella noche era en esencia una pesadilla, el mes de julio había llegado con una terrible ola de calor que no daba tregua ni siquiera con el aire acondicionado, y pese a dejar abierto de par en par el gran ventanal de su apartamento en el quinceavo piso no dejaba de dar vueltas en la cama tratando de dormir.

Cuando por fin creyó que lo había conseguido, un sueño recurrente, de esos que a veces se olvidan al despertar, surgió en su mente. Tenía apenas cinco años y caminaba sujetando una pequeña mano, de quien había sido su amigo de la infancia, por un momento se sintió en paz al revivir ese momento que era tan lejano, hasta que un grito aterrado de esa vocecita tierna lo sacó de su pobre intento de dormir. Despertó sobresaltado, y de inmediato se sentó en la cama respirando con dificultad, intentó tranquilizarse mientras sentía el sudor frío recorriéndole la espina dorsal.

Paseó su mano por su cabellera rubia empapada en sudor, tratando de calmar su agitada respiración. Su nombre era Bakugou Katsuki, recientemente se había convertido en miembro de la mesa directiva de una de las corporaciones más prestigiosas de Japón, a sus escasos veinticinco años era un excelente hombre de negocios.

Había puesto su afilada mirada escarlata en la nada, aún sentado en su cama revivía el terrible grito de angustia que había escuchado en sueños. Había perdido por completo las ganas de dormir, de ninguna forma lograría conciliar el sueño aquella madrugada. Se levantó de la cama sin más y se dispuso a tener una larga ducha para despejarse.

Poco importaba que no hubiera dormido en toda la noche, lo único que necesitaba era sacar esa infernal pesadilla de su mente, y para él no había mejor forma de despejarse que embaucar empresarios ingenuos.

Una vez listo condujo en su Ford Mustang Dark Horse por las iluminadas calles de Shibuya, dejando que la adrenalina inundará su sistema y se llevará su cansancio. Aparcó en el estacionamiento del imponente edificio y se encaminó hacia su oficina. Al bajar del elevador en el último piso del rascacielos caminó por los elegantes pasillos luciendo su traje a la medida, llevaba un café de la máquina expendedora en una mano y un portafolios en la otra.

Siempre lucía una mirada hosca, pero ese día incluso se notaba fastidiado. Solo quería encerrarse en su oficina y trabajar en soledad, sin ser abordado por alguna de sus colegas de trabajo que pretendiera invitarlo a cenar por milésima vez esa semana, por fortuna había llegado demasiado temprano y solo lo siguieron un par de miradas coquetas, pero esta vez nadie se llevó un rechazo.

Con el paso del día su cansancio acumulado, los documentos pendientes, los contratos y el recuerdo de su sueño que no lo dejaba en paz, ese día terminó más agotado de lo usual, incluso estaba considerando seriamente la oferta del jefe para tomar unas vacaciones, quizás irse de viaje le haría bien a su cansada mente.

Todos en la oficina ya habían notado que algo no andaba bien con él, estaba más serio y callado de lo normal, ni siquiera se molestaba en regañar a gritos a quien estaba holgazaneando. Fue entonces que al llegar la hora de la comida el jefe de departamento se presentó personalmente en el comedor del edificio, en la mesa donde comía el agotado joven, y lo envió a casa para que descansara un poco; aunque lo único que obtuvo como respuesta fue una mirada incrédula de parte de Katsuki. Luego de eso el joven rubio se marchó de vuelta a su oficina para seguir trabajando.

De esa forma pasó una semana completa, con largas jornadas de trabajo y noches de pesadilla.

Cuando el sábado llegó el joven se aseguró de presentarse puntual en la oficina, pero esta vez por intervención del dueño de la compañía tuvo que regresar a casa, pues todos ya habían notado las terribles ojeras que adornaban su rostro malhumorado. A esas alturas Katsuki era más un peligro para sí mismo que una verdadera ayuda para la compañía, al menos eso fue lo que dijo su jefe.

Frustrado y agotado regresó a su apartamento solo para encontrar una sorpresa.

—¡Bienvenido! —La fuerte pero reconfortante voz de su madre lo recibió al atravesar las puertas de su hogar.

—Antes que te enojes, tienes que saber que todos en tu trabajo están preocupados por tu salud y nos llamaron para que viniéramos a verte —Masaru asomó su cabeza por la encimera de mármol que daba a la cocina, sosteniendo lo que parecía un pastel.

—Estoy bien, no tenían que venir —respondió sin más.

Se quitó el saco junto con la corbata y se dejó caer sobre el gran sofá de cuero negro que daba hacia el ventanal de cristal.

—¿No vas a preguntar cómo entramos? —preguntó Masaru.

—Olvídate de eso —respondió la mujer a su esposo—. ¡¿No vas a saludarnos?!, ¡no nos hemos visto en meses! —gritó ella desde la cocina.

Para sorpresa de la pareja su hijo no discutió, se acercó a ellos, los saludó con un abrazo y se marchó diciendo que tomaría una ducha. Si ver las terribles ojeras en el rostro de su hijo ya era una mala señal, que tuviera ese comportamiento tan extraño encendió luces rojas en la mente de ambos padres.

Con la cena servida la familia Bakugo se dispuso a comer reunidos en una sola mesa, con el paso de los años había sido más difícil compartir de ese modo.

Mientras Katsuki luchaba por cortar en dos mitades un trozo de lechuga con un cuchillo, como si fuese algún corte de carne, sus padres lo miraban confundidos, hasta que la mujer se hartó de esa ridícula situación.

—Ya fue suficiente Katsuki, vamos, somos tus padres, puedes contarnos si algo te molesta, seguro que es mejor que dejes de darle vueltas y lo hables con alguien.

—Tu madre tiene razón, hijo —apoyó Masaru.

El rubio pareció meditarlo, pero finalmente accedió, sus padres podrían tener razón esta vez.

—¿Alguno ha regresado a Musutafu? —preguntó casi en un murmullo, logrando confundir aún más a sus padres.

—No, ¿por qué querríamos regresar allí? —habló Mitsuki.

—Es solo que… he estado teniendo un sueño muy extraño. Veo a Izuku siendo perseguido por sombras, aunque él corre no puede escapar, y cuando por fin lo atrapan… él grita mi nombre y me extiende su mano, pero no importa cuanto trate de correr para sujetarlo, nunca lo logro y entonces esas sombras se lo llevan… No he podido dormir en días por eso —respondió sobándose la sien.

—¿Estás preocupado por él? —quiso saber Masaru.

—¿No han hablado desde entonces? —se unió Mitsuki.

Katsuki solo pudo negar con la cabeza, incluso había perdido las ganas de comer.

—¿Por qué no intentas buscarlo?, podrías tomar algunos días libres y visitar Musutafu, seguramente hay alguien que puede decirte dónde está —sugirió su padre un poco emocionado.

—Y si lo encuentras podrías invitarlo a cenar o algo, seguro que eso te relaja —secundó su madre.

—Es una locura…

—No, una locura sería quedarte sin hacer nada, solo torturándote con un sueño sin ser capaz de enfrentarlo —regañó la mujer.

—¿Y qué hay de mi trabajo?

—¡No pongas excusas, no has tomado vacaciones en años! —gritó su madre de vuelta.

—¡No estoy poniendo excusas!

—Entonces llama a tu jefe, haz tus maletas, y cuando encuentres a Izuku saludalo por mí —sentenció ella con una sonrisa.

Al final de la cena el marcador le dió la victoria a Mitsuki. Su madre ganó la discusión, pero no podía negar que realmente le alegraba la idea de sus padres; buscar a Izuku, hablar con él y por qué no invitarlo a cenar, después de tantos años volver a verlo sería sin duda interesante. Sus maletas aún no estaban listas, su jefe aún no contestaba su llamada, pero él ya estaba imaginando una cena con su amigo de la infancia.

Como Mitsuki había dicho no fue difícil que el jefe le diera unas vacaciones de un par de meses. Con todo listo esa misma noche tomó sus maletas, se despidió de sus padres y condujo hasta Musutafu.

Recorrió los kilómetros de carreteras bajo el brillo de las estrellas, con el rock que tanto le gustaba escuchar resonando en su auto, mientras él se adentraba por momentos en sus recuerdos. Al conducir a tal velocidad pareció regresar al pasado, las épocas juveniles que había pasado en Musutafu, cuando a escondidas de sus padres tomaba el viejo auto y salía a carreras clandestinas. Casi pareció volver a sentir la adrenalina del momento en el que escapó por poco de la policía, gracias al chico pecoso que lo escondió en su habitación por algunas horas. Solo tenían quince años en ese entonces y ya habían roto muchas leyes en una sola noche. Aquella lejana madrugada Katsuki estaba herido, pero Izuku como el cómplice testarudo que era no llamó a los padres de ninguno, él solo trató las heridas de Katsuki y se quedó con él hasta muy entrada la noche, cuando los policías se fueron y el rubio pudo regresar a casa.

Cada segundo de aquella noche se reproducía una y otra vez en su mente, y cada vez que esos brillantes ojos verdes aparecían en sus recuerdos sonreía como pocas veces, aunque ni siquiera se daba cuenta de ello.

Cuando por fin pudo ver el sol salir por el horizonte, con sus rayos brillando sobre la costa de Musutafu, su corazón dió un vuelco, no supo con certeza si era por alegría o nerviosismo, pero aceleró más su auto, necesitaba llegar rápido a su primer destino.

Con los primeros rayos del día iluminando su camino se encontró con la primera gran sorpresa, el antes modesto Musutafu, con sus pequeños negocios y diminutos edificios se había convertido en una gran ciudad, de enormes rascacielos, hoteles en cada esquina y negocios que con la llegada del día terminaban su jornada.

La segunda sorpresa la encontró al llegar a su destino: el complejo de apartamentos donde había vivido Izuku. El terreno, antes ocupado por hileras de edificios de un monótono color verde mohoso, se había convertido en un flamante hotel de cinco estrellas. Eso lo decepcionó sobremanera, ahora solo podía hospedarse en el lugar y pensar en dónde podría estar la persona por la que tanto había viajado.

Al entrar a su habitación del hotel el agotamiento por fin lo venció. Por primera vez en mucho tiempo pudo dormir tranquilo, sin pesadillas que lo despertaran, como si el solo hecho de buscar a Izuku trajera paz a su cansado corazón.

Horas más tarde la huida del sol en el horizonte dió paso a la galante noche en Musutafu, pues con la aparición de la luna en el firmamento la ciudad pareció despertar, las calles se llenaron de luces y música, los negocios se abarrotaron de clientes, esa ciudad era un paraíso que solo se disfrutaba de noche.

El reloj en su mesa de noche marcaba las 10:25 cuando despertó. Al notar lo animadas que estaban las calles decidió probar suerte, buscar a Izuku y por qué no divertirse un rato. Salió de la cama, escogió un traje y se dió una ducha.

Se miró por última vez al espejo, su reflejo le regaló la imagen del hombre de negocios que siempre había querido proyectar. Una vez que se sintió listo salió de su hotel.

Paseó por las animadas calles explorando un poco de la ciudad que antes conoció. Aparcó en el estacionamiento de un enorme centro comercial, que antes había sido una pequeña tienda en la que había trabajado junto con Izuku. Al entrar en la plaza se encontró con un complejo de muchos pisos, con tiendas hasta donde alcanzaba la vista.

Aquella era su primera parada porque necesitaba algunas cosas que no había en el hotel y era mejor comprar antes de olvidarlo, entonces caminó hasta una tienda. Antes de entrar al lugar un grupo de hombres vestidos con trajes negros salieron de la tienda. Katsuki los habría ignorado, de no ser porque en medio de esos hombres alcanzó a reconocer a uno en especial; un idiota que antes había formado parte de los pandilleros problemáticos de Musutafu, un loco pirómano que acabó por prenderse en llamas él mismo, su nombre si podía recordar, era Dabi. El resto de hombres parecían ser sus guardias o escoltas, eso desconcertó a Katsuki, más aún cuando vió al último de los guardias, un hombre de cabello y ojos carmín, se trataba de su mejor amigo de la escuela intermedia, Kirishima Eijiro.

Cuando ambas miradas escarlatas se encontraron Kirishima pareció emocionarse, pero esa emoción se desvaneció en segundos y dió paso a una mueca de pánico, el pelirrojo negó con la cabeza por si Katsuki pretendía acercarse y se marchó con el resto de guardias.

Toda esa situación se estaba poniendo muy extraña y el rubio necesitaba saber qué demonios estaba sucediendo en esa ciudad.

Cuando terminó sus compras y estaba por irse, en el estacionamiento del lugar alguien salió de la oscuridad e intentó sujetarlo, pero él fue más rápido, cambió la situación a su favor, sujetó las manos del extraño contra su espalda y lo empujó contra uno de los muros.

—¿Qué, estás tratando de robarme? —preguntó con una sonrisa burlona, el desconocido sólo rió por la situación.

—Sigues teniendo buenos reflejos, el trabajo de oficina no te estropeó —respondió Kirishima con extraño entusiasmo.

Al escuchar la voz de su amigo lo soltó de inmediato.

—¿Qué demonios haces?, ¿no puedes saludar como una persona normal? —regañó el rubio.

—A mí también me da gusto verte —respondió con una sonrisa que desapareció al instante.

Katsuki notó que algo no andaba bien, pero antes de poder preguntar Kirishima sujetó su mano y puso algo en ella.

—Escucha —dijo el pelirrojo—, me alegra verte, pero no debiste venir aquí, no es una ciudad segura para nadie. Te di un número, es de Mina, puedes llamarla y ella te contará que sucede, yo debo irme, mi jefe me matará si no estoy trabajando. Y por favor, si las cosas se ponen demasiado tensas solo vete.

Antes que Katsuki pudiera preguntar más Kirishima desapareció del estacionamiento, dejándolo con más preguntas y ninguna respuesta.

Mientras conducía de vuelta al hotel se tomó el tiempo de llamar al número que Kirishima le había dado, después de un par de intentos una mujer al otro lado respondió:

—¿Diga…?

—Hola ¿Mina?, soy yo Katsuki ¿me recuerdas?, Kirishima me dió tú número y creí que podía llamarte… Hay algunas cosas que necesito saber.

—¿Bakugo…? —la voz de la mujer se quebró y el cenizo pudo escuchar un sollozo proveniente de ella—, te enviaré una ubicación, ven de inmediato y cuida que nadie te siga.

La mujer colgó el teléfono aumentando así la confusión de Katsuki, definitivamente algo muy extraño sucedía en ese lugar. Detuvo su auto hasta que la ubicación prometida llegó, se trataba de un pequeño restaurante familiar a las afueras de la ciudad.

Condujo hasta ese lugar, donde en la entrada ya había alguien esperándolo, se trataba de un viejo compañero de la escuela, un chico de otra clase, quien se hallaba cuidando la puerta, observando a detalle cada auto que pasaba por la carretera. Cuando vió salir a Bakugo de su auto sonrió ampliamente.

—Por fin llegas —dijo Shinso—, vamos te están esperando.

Katsuki siguió a Shinso a través del modesto local, donde había apenas algunos clientes en las mesas y en la barra. Llegaron a una puerta blanca que tenía un pequeño letrero donde se leía ”oficina”. Shinso abrió la puerta y entró en la habitación siendo seguido por Bakugo.

—Ya está aquí —anunció, atrayendo la atención del grupo que estaba en la oficina.

Al entrar pudo ver que todos los presentes se hallaban sumergidos en su propio mundo, incluso Mina, a quien él recordaba como una joven muy animada, estaba seria en su escritorio, con la cabeza escondida entre sus manos. Al escuchar a Shinso todos miraron en su dirección y sus cansadas expresiones cambiaron por una de sorpresa y felicidad.

—¡Bakugo! —gritó Jiro emocionada, corriendo a los brazos del rubio.

—No puede ser, en serio estás aquí —secundó Momo entre lágrimas, acercándose a abrazar al hombre.

Mina caminó lentamente con un extraño cojeo en su pierna derecha, pero Katsuki no pudo ver con claridad, no cuando la mujer llegó a él y se unió al abrazo.

Katsuki pudo notar los sollozos de las tres mujeres, por lo que decidió corresponder su abrazo y preguntar después, mientras tanto saludó en silencio a Tokoyami y Aoyama, quienes también se encontraban en el lugar.

Cuando las chicas consiguieron calmarse fue momento de obtener respuestas, todos tomaron asiento en algún lugar de la oficina, Mina fue la primera en hablar:

—Sé que por él conseguiste contactarnos, pero a partir de ahora no deberías confíar más en Kirishima.

—¿Por qué? —preguntó Katsuki.

—Eso es obvio, él está con ellos —respondió Momo con amargura—, han pasado tantas cosas y él nunca… —se detuvo y respiró profundamente, pues ya sentía de nuevo el nudo en su garganta— No importa, Kirishima no es el mismo que conocimos en la escuela, no es alguien en quien debas confiar tan fácil.

—Decidiré eso en otro momento, ahora necesito saber qué carajos está pasando aquí… Y quizás alguno pueda decirme si saben algo de Izuku.

Al pronunciar ese nombre todo el grupo se unió en una expresión de tristeza y evitó mirar a Bakugo a los ojos.

—Nadie sabe nada de él, desapareció hace años —respondió finalmente Shinso.

Fue entonces que Bakugo sintió su corazón estrujarse, no solo se trataba de problemas con su mejor amigo, ahora Izuku estaba muy lejos de su alcance.

—¿Desapareció?, ¿cuándo?, ¿qué fue lo último que supieron de él?, ¡díganme!

—Bakugo —llamó Jiro—, cuando te fuiste sucedieron muchas cosas, los yakuzas se apoderaron de la ciudad, muchos de los que conociste huyeron de aquí y otros desaparecieron sin dejar rastro alguno, entre ellos Izuku…

—Uraraka… —secundó Mina.

—Sero… —dijo Tokoyami.

—Kaminari… —finalizó Momo.

—No hemos sabido nada, de ninguno de ellos, por años —continuó Mina—, y toda la ciudad está vigilada por los yakuzas, ni siquiera podemos pedir ayuda de la maldita policía porque son parte de esto.

—¿Los yakuzas?, el Shie Hassaikai jamás haría algo como esto…

—No es obra de Overhaul.

—¿Entonces de quién? —preguntó impaciente.

—Shigaraki —respondió la pelirosa con una mirada agria—, todo cambió cuando te fuiste y por culpa de ese bastardo. La ciudad está vigilada totalmente y a estas alturas quizás ya saben que estás aquí, si puedes deberías irte de la ciudad antes que te metas en problemas.

—No tenía idea que la situación estuviera tan jodida —reflexionó sobándose la sien—, pero ahora que lo sé, no creas que me voy a ir fingiendo que no pasa nada, no sé como pero voy a ayudarlos.

—No tienes idea de la mierda en la que planeas meterte —dijo Jiro con seriedad.

—Este no es el primer problema en el que me metería por mis amigos. Y si Kirishima los traicionó así, tengo cuentas pendientes con él —sentenció el rubio.

—Sé que te duele lo de Uraraka e Izuku, pero esto no es como una carrera clandestina —dijo Momo—, esto es en serio de vida o muerte.

—Ya te dije que no me iré, ahora explíquenme como todo se fue al carajo.

Mina cerró el restaurante al menos por esa noche, tomó algunas bebidas de su local y contó lo que había sucedido. Fue un desagradable evento fortuito; el momento en el que la familia Bakugo dejó Musutafu fue cuando todo comenzó, los autos blindados cargados de mercancía misteriosa llegaron por montón, los propietarios de pequeños negocios vendieron y se fueron, entonces las desapariciones comenzaron. Poco a poco los yakuzas dirigidos por la familia Shigaraki se apoderaron de la ciudad convirtiéndola en la gran urbe que era ahora, con sus lujosos centros nocturnos que eran la clave de negocios oscuros.

Al terminar la retorcida historia cada uno de los presentes se fue, pues la ciudad vivía de noche y la noche había terminado, sin embargo Mina le ofreció a Katsuki su hogar como un refugio por si llegaba a necesitarlo. Como última advertencia le dijo que no confiara en nadie de la ciudad, ni siquiera en quienes parecían amigos. Con aquellas palabras en su mente Bakugo regresó a su hotel. La mujer de la recepción le entregó una carta en la cual se leía: “Esta noche, en el Sakura Palace 10:30”.

Katsuki revisó la nota una y otra vez, estudió la caligrafía, pero no había ninguna pista de quien la había dejado, sin embargo quería asistir a la cita, sabía que era una mala idea, pero con toda la extraña situación que vivía al menos el Sakura Palace era un buen lugar para comenzar a investigar. Estableció una alarma en su teléfono y se dispuso a dormir, perdido en los vagos recuerdos que llegaban a su mente.