Prefacio.
El metro descendió como un asteroide, su estructura pulida y metálica reflejando los destellos de la atmósfera terrestre mientras se camuflaba ante los ojos de los humanos. A simple vista, solo era una roca espacial incandescente; en realidad, era un transporte interplanetario que permitía a los viajeros moverse entre sistemas sin llamar la atención. Cuando la cápsula finalmente aterrizó en un terreno desolado, su entrada se selló de inmediato, borrando toda evidencia de su llegada.
Seongmin emergió de la compuerta con un respiro contenido. La gravedad de la Tierra se sentía ligeramente más densa que la de su hogar, Osiris, pero nada que su cuerpo no pudiera soportar.
Desde ese momento, debía integrarse en el mundo humano, aunque aún no sabía cómo.
Deambuló por calles desconocidas, observando con curiosidad la vida terrestre. Sus ojos rasgados captaban cada detalle: el ritmo acelerado de los peatones, las luces de los vehículos y los edificios imponentes que rozaban el cielo. Fue entonces cuando su mirada se posó en una estructura majestuosa: la École Royale, la academia privada más prestigiosa de todo el continente euroasiático. Su sola presencia irradiaba poder y exclusividad. Sin un plan concreto, pero guiado por un impulso inexplicable, Seongmin cruzó las rejas de la institución.
Fue en ese momento cuando lo vio.
Ranveer Dhibar, impecable en su uniforme. La disciplina y el orden regían su existencia. Pese a que, Seongmin sintió algo desconocido al verlo. Un leve cosquilleo recorrió su pecho, su estómago se tensó de una manera peculiar. Algo en Ranveer lo atraía de una forma que jamás había experimentado. Pero no comprendía por qué.
Sin pensarlo demasiado, decidió que aquel lugar sería su nuevo hogar.
Para infiltrarse, necesitaba un uniforme. Su oportunidad llegó cuando encontró un conjunto colgado en los vestidores del gimnasio. Se aseguró de que nadie estuviera cerca y, con rapidez, lo tomó. La tela era más rígida de lo que esperaba, y los zapatos le quedaban algo grandes, pero una vez puesto, el disfraz estaba completo. Ahora solo faltaba lo más difícil: actuar como si perteneciera ahí.
Ranveer Dhibar tenía una vida estructurada. Se despertaba al amanecer con el canto del gallo, realizaba su oración matutina y ayudaba a su madre a preparar el desayuno antes de tomar el transporte hacia la academia. Sus días transcurrían entre clases rigurosas y horas de estudio en la biblioteca. Todo debía estar en orden, cada nota impecable, cada tarea entregada con puntualidad. Su futuro dependía de su historial académico, y no podía permitirse distracciones.
Sin embargo, la llegada de Seongmin trastocó esa armonía. Desde su primer día en la École Royale, aquel estudiante de nuevo ingreso se convirtió en un imán para los problemas. Tal vez era su forma despreocupada de moverse por los pasillos, o la manera en que formulaba preguntas que no debían ser hechas. Ranveer se esforzaba por mantener la compostura, por explicarle las reglas no escritas de la academia y guiarlo en el complicado sistema de normas que regía su educación. Pero Seongmin parecía desafiar las expectativas con una facilidad insultante.
Edvin Sjöström, por otro lado, nunca había sido un modelo de disciplina. Su vida en Suiza había sido cómoda, pero monótona. La rigidez académica no lo asfixiaba tanto como a otros, pero tampoco lo entusiasmaba. Su familia esperaba excelencia, él ofrecía lo mínimo indispensable para mantenerse dentro de los estándares. No le interesaba destacar, ni tampoco arriesgar su carta de buena conducta.
A diferencia de Ranveer, que intentaba controlar la situación, Edvin la abrazaba con entusiasmo.
Fue en una de esas visitas a la dirección cuando Seongmin lo vio por primera vez.
El mismo cosquilleo que había sentido con Ranveer regresó, con la misma intensidad. Pero ahora, con Edvin.
Fue en ese instante cuando su mente hizo la conexión: Synaphex.
Según los registros de la Wiki de Osiris, este material raro se cristalizaba en las profundidades de planetas con alta actividad emocional. Se formaba a partir de la energía psicoemocional liberada por seres sintientes. En teoría, la Tierra debía ser un lugar idóneo para su búsqueda.
¿Y si Ranveer y Edvin poseían fragmentos del Synaphex dentro de sus cuerpos? ¿Cómo si no podía explicarse lo que sentía al estar cerca de ellos?
Con esta certeza en mente, Seongmin decidió que no se apartaría de Ranveer y Edvin hasta encontrar la respuesta. Y si para lograrlo debía desafiar cada norma de la academia, entonces que así fuera.
Para Ranveer, significaba la peor crisis de su vida académica. Para Edvin, la mejor excusa para desafiar el sistema.
Para Seongmin… solo el inicio de su búsqueda.