Luna

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Summary

Kael, un hombre que vive solo en las montañas, iba de regreso a su cabaña después de ir al pueblo cuando se encuentra una criatura que las mayorías de las personas creían un mito, pero que él no había tenido la suerte de presenciar hasta ese día.

Genre
Romance
Author
GeraM
Status
Complete
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Un crujido resonó cuando el hacha cortó el último trozo de madera. Kael suspiró y limpió el sudor de la frente con su camisa antes de clavar el hacha  en el tronco que usaba para cortar. Frotó sus manos entre sí y luego arregló su abrigo. Apenas había empezado el invierno hace una semana y ya daba señales de lo duro que sería.

Tomó los trozos de leña para lanzarlos uno a uno  a la carreta, deteniéndose un momento para para mirar hacia él  bosque. A lo lejos, podía oír los aullidos de los lobos, frunciendo sus labios cuando los aullidos parecieron aumentar y escucharse aún más cerca. Tal parecía que esos perritos habían despertado con bastante energía.

Hoy bajaría de la montaña para ir al pueblo a vender la leña y parte de las cosechas, al igual que comprar suministros antes de que la nieve bloquease los senderos.  Sin embargo, antes de salir sacaría agua del pozo y la almacenaría en la cabaña antes de irse. La cantidad de nieve que caía empezaba a preocuparle.

***

—Aquí tienes, Kael —dijo María una vez llegó junto a Kael con el saco con una variedad de tubérculos que compró —. Debería volver rápido a su cabaña, Kael, no tardará mucho en caer una tormenta.

Él miró el cielo al igual que ella. Las nubes estaban oscurecidas y la nieve cada vez caía en mayor cantidad.

—¿No ha pensado en dejar las montañas y vivir mejor aquí? ¿No se siente solo?—preguntó al verlo de nuevo.

Kael sonrió. Muchas personas preguntaban lo mismo e incluso le llamaban loco por vivir en una zona tan alejada cuando fácilmente podía bajar al y pasar el invierno con mayor comodidad, pero su respuesta era siempre la misma.

—Me gusta la paz que transmite la montaña. Si necesito algo el pueblo no está muy lejos.

Él se despidió y subió el saco para colocarlo al lado otro lleno de granos. Tomó su carreta y procedió a irse a su hogar antes de que la tormenta cayera. La cual no tardaría en aparecer, el fuerte viento y la niebla que de a poco se formaba en la cima de montaña era prueba de eso. Caminó por el mismo sendero que había tomado en un inicio, pero esta vez tenía más nieve que cuando salió.

Tuvo que utilizar más fuerza, no solo por estar en una subida, sino por la nieve que atascaba las ruedas de la carreta. Sin embargo, se detuvo un momento, sus oidos captaron el sonido de un animal herido. El mismo que hacía un perro cuando era lastimado. Cerró sus ojos por un momento a la espera, al volver a escucharlo volteó su rostro hacia los arbustos.

Tomó el hacha de la carreta con su mano derecha y  a pasos lentos caminó hacia los arbustos. Aún no lo veía, pero estaba seguro de que era un lobo. Ningún perro se acercaba a las montañas a menos que estuvieran con sus amos, y si ese era el caso, habría una persona herida también. Kael sostuvo el mango con fuerza mientras que con su otra mano apartaba las ramas que bloqueaban su vista.

Al tenerlo al fin frente a sus ojos, su cuerpo se detuvo con un desagradable escalofrío y su corazón dio un fuerte golpe contra su pecho. Por lo que podía ver, era un lobo, pero no el que se esperaba.

La criatura poseía un pelaje blanco, o al menos lo que no estaba manchado de sangre, poseía la cabeza y la cola de un lobo, pero hasta ahí llegaba su similitud. Lo demás se podía considerar más como una combinación entre animal y “humano”. La estructura de su cuerpo era parecida a la de una persona, al igual que sus patas que si no estuvieran cubiertas de pelo y ni tuviera garras podrían parecerse a una mano.

Esto hubiese hecho dudar a cualquiera de la realidad, pero no a él. Kael sabía perfectamente lo que era, un licántropo. Su abuelo se había encargado de enseñarle sobre todas los animales que rondaban el bosque, incluyendo ese.

Para todos los demás podría ser un mito, pero para él, que tantos años había pasado en el bosque, estaba acostumbrado a ellos, aunque nunca había tenido la oportunidad de verlo de cerca. Sin embargo, no pretendía acercarse más de lo que ya estaba. La única regla para sobrevivir ante ellos, era no meterse en su camino. Retrocedió unos pasos sin darle la espalda , pero un nuevo lamento lo hizo detenerse. Si lo dejaba allí, no sobreviviría, no cuando su pelaje estaba lleno de sangre y con la nieve aumentando.

Kael suspiró. Tal vez se arrepentiría de lo que estaba a punto de hacer, pero que más daba. No sería la primera locura que cometería en su vida.

Volvió a la carreta, mas no para irse. Tiró el hacha a una de las esquinas para sostener los mangos de la carreta y llevarla lo más cerca posible de él… o al menos quien creía era un él. Mentiría si no dijera que estaba nervioso, podía sentir con claridad como sus manos temblaban a pesar de tenerlas hechas puños. Y no, no era por el frío. Su corazón también latió más rápido al ver como enseñaba sus dientes y empezaba a gruñir  estuvo a un metro de distancia. Tenía la piel de gallina a causa de eso, pero no lo intimidaría tan fácilmente.

—No sé si puedas entenderme —dijo, provocando que los gruñidos aumentarán—. Sin embargo, solo tienes cinco segundos para dejar de gruñir y permitir que te ayude. Claro, a menos de que quieras morir desangrado o congelado… lo primero que pase —advirtió con una voz seria y ronca. El clima no era el mejor como para estar discutiendo con un animal que no dejaba de gruñir. Si ese lobito, como había decidido llamarlo desde ahora, no aceptaba su ayuda, no insistiría. No sería él quien estaría muerto al día siguiente.

A pesar de su advertencia, Kael aún le sorprendió un poco que apenas terminara de hablar, él dejó de gruñir. Por lo visto, si podía entenderlo. Eso era un punto a favor. Aunque no se esperó que obedeciera tan rápido. Al menos eso indicaba que sería más fácil y seguro de lo que pensó.

—Buen chico —pronunció con un deje de burla—. Ahora, te subiré allí y te llevaré a mi hogar. —Señaló con su dedo pulgar la carreta que tenía a su espalda—. Más te vale no morderme o te quedarás aquí.

Kael se agachó hasta quedar casi a su altura y llevó sus manos con lentitud a uno de los brazos, si podía llamarlos así, del lobo. Al ver que no tuvo indicios de querer atacarle, lo alzó para colocarlo sobre su espalda.

—Voy a levantarte. Necesito que cooperes —dijo antes de levantarse y, en consecuencia, levantarlo a él también, aunque casi al instante pudo escuchar el leve lloriqueo, y como no, si ni siquiera hacia el menor esfuerzo por intentar ponerse de pie, lo que provocaba que tuviera que hacer más fuerza de la necesaria y causar presión en sus heridas. Además, su tamaño y peso tampoco ayudaban.

Estuvo a punto de gritarle. Sin embargo, el leve lloriqueó aumentó y empezó a oír el sonido de los huesos romperse. Kael se sobresaltó al ver a través de la propia piel como los huesos cambiaban de lugar. Por un momento casi lo suelta ante la sorpresa.

Eso era nuevo para él. Los había visto más de una vez merodear en la noche cerca de su cabaña. Sin embargo, jamás presenció una transformación. Ni siquiera sabia que eso fuera posible. Ahora, de sus hombros no reposaba un brazo cubierto de pelaje y con manos llenas de garras, sino el brazo de una persona normal, que a diferencia del suyo, y para sorpresa, era lampiño. Otra cosa que también llamó su atención fue lo blanco de su piel y cabello. Era albino, aunque eso se podía esperar por el color de su pelaje.

Los lloriqueos fueron intercambiados por quejidos y jadeos, lo que trajo de vuelta a Kael a la realidad. La respiración del lobito se había vuelto errática luego de cambiar, pero facilitaba llevarlo hasta la carreta. Apenas lo dejó allí, se recostó en posición fetal mientras los quejidos aumentaban. Debía llegar rápido a su cabaña.