Astra
Astra siempre supo que había algo extraño con su compañero de cuarto, pero cuando observó aquel ser metálico flotando a su alrededor, solo pudo sentir como si entrara en una cueva fría. Sus ojos y boca se abrieron tanto que casi podían rivalizar con el famoso cuadro llamado “El Grito”, sin mencionar que no podía gritar ni moverse; todo su cuerpo parecía alerta ante el terror de lo desconocido. Aquella imagen probablemente quedaría grabada para siempre en su subconsciente.
—¿Puedes terminar con eso? Deja de ser tan dramático, yo soy un lindo siste... —su línea de pensamiento fue interrumpida por la esfera parlante con orejas de conejo.
—¡Blaise! Sé más educado, lo asustaste —regañó su compañero, sosteniendo con cuidado a aquel extraño ser, pero este solo dio un respingo dejándose abrazar.
—Discúlpalo, no le gusta que hablen mal de su apariencia. Debió ser una gran impresión para ti, ¿verdad? —por primera vez, Astra entendió a lo que se referían los mayores cuando decían que solo los de mente abierta se mantienen cuerdos en este mundo. No obstante, esta era la primera de varias cosas que lo llevarían a darse cuenta de la verdad de su mundo, y la razón de esto no fue más que un agradecimiento del llamado “sistema” por ayudar a su anfitrión.
Tal vez fue porque su diseño de personaje no era débil, como mencionó su compañero, o el hecho de que los protagonistas tienen un “halo”, como dijo Blaise, pero al verse su vida alterada por la trama, él no se vio afectado por el famoso amor que rompe barreras; por el contrario, detestó el supuesto futuro que le esperaba.
Aquel mejor amigo del que estuvo enamorado la mayor parte de su infancia y adolescencia era simplemente repugnante. Su vida era un simple libro destinado al crematorio, donde a ambos les tocaría ver su “futuro feliz”, pero que Omega negaría, teniendo relaciones con cualquiera, aún conociendo sus sentimientos.
Incluso después de casarse, se desharía de su hijo, embarazaría a una Beta porque no le gustan los Alfa y seguiría esa rutina por incontables capítulos hasta que entendiera que lo ama, quedándose juntos en su “final feliz”. Era simplemente asqueroso; ni siquiera era porque fuera malo, solo lo odiaba por ser un Alfa masculino, constantemente buscando una Beta femenina que tuviera el carácter o similitudes de su figura adulta, como si hacer eso probara algo.
Al conocer aquella sangrienta trama, no pudo resignarse, aun si aquel ser llamado sistema decía que era normal en esas historias. Intentando lavarle el cerebro, le dejó ver otros mundos con “final feliz”. Sin embargo, esto solo lo hacía más renuente a aceptar tal destino.
Fue entonces cuando lo vio: un mundo regido por una trama del círculo del entretenimiento. Al principio pensó que, a pesar de ser un personaje muy Gary Stu, el chico transmigrado era alguien lamentable y, por un momento, realmente se dejó engañar por esto, deseando que la pareja principal no se juntara para que el chico fuera feliz con el gong de la novela. Pero conforme la trama avanzaba, se dio cuenta de que había muchas anomalías en ese protagonista.
Ese chico transmigrado, en realidad, le quitó su brillo a los protagonistas originales, convirtiendo a un hombre que estaba esforzándose por liberarse de su horrible pasado y traumas en uno que apenas podía ser la imagen de su pasado. El gong se volvió alguien que se aferraba a lo que creía que era la luz en su vida, pero que en realidad lo estaba apagando, dándole vicios, inseguridades y miedos. Destruyó su vida para ser solo un amante amoroso que no era mejor que un compañero de cama ocasional, esperando ser amado, pero solo recibiendo ilusiones y migajas.
El shou original era “amigo” del protagonista, pero cada vez que se juntaban, las cosas se hacían difíciles para este. Si bien su brillo no se eliminó por completo, por su final se notaba que las cosas no le serían fáciles en su futuro, puesto que recibió la amenaza del “protagonista”, poniendo en mal a la pareja de este y volviendo a su familia en su contra. El shou tendría que vivir entre la espada y la pared por los simples celos infundados de un ladrón que juzga a todos por su condición.
Cada vez que veía al gong llorando por esa escoria, sentía que escupiría un bocado de sangre, deseando atravesar ese mundo y zarandear a ese gong para que reaccionara. Pero su punto de quiebre fue ver cómo la escoria fue lo suficientemente cruel como para manipular al gong con sus traumas para que no lo dejara.
El creador de ese mundo hizo una pareja hermosa y saludable para después destruir esa realidad con un protagonista que no solo era una escoria que fingía ser lamentable, sino que era manipulador sin responsabilidad afectiva y que tomaba al gong como su propiedad. Toda esa toxicidad estaba justificada en nombre del verdadero amor.
—¿Cómo podían ser tan crueles con “los hijos del destino”? —se preguntó. —¿Acaso los personajes no merecen ser felices? ¿Por qué mentir sobre el amor si solo vas a destruirlos? ¿Por qué no dejarlos elegir y vivir con quien amen realmente?
Su cabeza se sintió mareada, sus manos temblaban por el coraje. Por un instante, parecía ver una silueta formándose a sus espaldas por el reflejo de su espejo, pero antes de que pudiera enfocarse en ella, un estruendo resonó en su cabeza. Fue tan extraño que no pudo entender lo que sucedía hasta que su amigo apareció de la nada en su habitación con aquel sistema.
Aquella esfera metálica no dejaba de lloriquear, alternando sus sollozos con una alerta de error, pero pronto se detuvo por su compañero de cuarto.
—¿¡Tú!? ¿Qué hiciste? —observó fijamente la habitación como si existiera algo más que no se podía ver. No había ninguna amenaza en su voz, pero tenía cierta precaución en su mirada, como si lo que respondiera fuera a determinar sus acciones.
—Nada, simplemente estaba leyendo —pronunció Astra, observando la esfera moverse hacia su espejo. Con un bip, el sistema Blaise volvió a las manos de su compañero, pero por la forma en que lo miraba, sabía que las cosas no eran tan sencillas como solo un error del sistema.
Si bien confiaba en Alois, este joven extraño que apenas podía considerarse un amigo, Astra también sentía cierto miedo hacia Blaise. El sistema había demostrado que no era malo y, hasta cierto punto, era algo tonto. No podía negar que el simple hecho de ser una especie de ser mecánico le generaba un miedo instintivo que no podía eliminar por completo, sobre todo si este ser le decía que su destino ya estaba decidido, aunque Astra consideraba eso como una completa tontería.
Trató de tomar ese incidente como una de las mil y una peculiaridades de su extraño compañero, solo para tener un poco de paz mental. Sin embargo, ese incidente pronto volvería a suceder un par de veces más, hasta que aquella silueta no solo apareció en el espejo de su habitación, sino también afuera.
Aunque el sistema parecía complacido de pensar que se trataba de la trama haciendo su efecto, él tenía un fuerte presentimiento de que aquel suceso probablemente no tenía nada que ver con el omega al que estaba “destinado”, puesto que no solo mostró una habitación diferente, sino también la espalda bien formada de un hombre hablando por teléfono detrás de él. Esto sucedía tanto que, antes de que pudiera asimilarlo, le tocó verse a sí mismo en el reflejo de una nevería con tres figuras a su lado.
Todo pasó tan rápido que no podía comprenderlo. Mientras recogía una carpeta que se cayó por error, un movimiento en su reflejo llamó su atención: unas niñas de no más de un año de edad. Esto pudo ser algo normal, de no ser porque tenían cierta similitud con él. Una de ellas se aferraba al hombre a su lado, que la cargaba en sus brazos amorosamente, mientras señalaba algo al lado opuesto, y la otra niña caminaba torpemente con su ayuda.
Sus ojos se abrieron sorprendidos al ver aquel anillo en su mano, al igual que el hombre. La niña parecía divertida con su expresión, llamándolo “papi” con voz lechosa, lo cual terminó por dejar más que claro que la supuesta trama se había desviado.
Astra se levantó agitado cuando sintió la calidez de aquella mano palmeando suavemente su espalda, instándolo a levantarse. Pero la sensación de las pequeñas manos en las suyas tardó en desaparecer, como si demostrara que no era solo una ilusión lo que veía. Sin embargo, estaba claro que Blaise había dicho que la trama solo mostraba el “futuro” y que no podían tener ningún contacto con sus yo futuros. Entonces, ¿qué era lo que estaba sucediendo?
Blaise no paraba de tartamudear cuando mostró su molestia ante la trama original de su mundo y cómo creía que incluso el mundo le daba la razón al mostrar a alguien más en ese supuesto futuro. No supo si hubo algo en sus palabras que hizo a su compañero ser más silencioso de lo habitual, pero cuando el sistema le preguntó si realmente estaría dispuesto a cambiar su protagonismo en el mundo por cambiar a otra trama, él simplemente dijo que sí, sin dudar.
Alois simplemente miró a su sistema, mencionando un “entiendo”, para después marcharse. Días después, le dejó leer un libro con una trama donde no había romance; simplemente parecía explicar el mundo del entretenimiento con tintes mágicos.
Este mundo trataba el arte como una energía mágica que podía hacer que las personas tuvieran libertad de elegir una pareja sin las limitaciones reproductivas. Sus voces y cuerpos eran sus propias feromonas. Un mundo donde puedes enlazarte con alguien a través del arte.
Y los destinados pueden elegir estar juntos o simplemente unirse a quienes ellos amen, enlazándose con ellos con una huella que quedaría grabada en sus almas, haciendo así un contrato que no se rompería jamás. Aunque pocos lo hagan, es una señal del famoso e inquebrantable amor verdadero.
Astra no supo por qué esto llamó su atención; tal vez simplemente porque, al igual que aquella escoria, él también deseaba a alguien que solo pudiera elegirle a él, alguien que, al igual que él, se comprometiera a ser un equipo de dos para toda la vida.
Así, amar y ser amado tan profundamente sin ser controlado o manipulado… un amor eterno, un amor sencillo lleno de calidez y seguridad… es un “felices por siempre” que no suena tan mal.
Con ese pensamiento en mente, terminó su lectura del día y se dispuso a descansar en su cama. No sabía si era solo sugestión por lo que sucedió antes; su cuerpo parecía estar hundiéndose en la cama, al igual que su consciencia iba desvaneciéndose.
Cuando despertó, escuchó más voces en su habitación. No quería prestarles atención, pensando que se trataba de Blaise molestándolo por lo sucedido antes, pero al escuchar que el equipo de grabación los estaba instando a apresurarse, se levantó como un resorte, golpeándose la cabeza con alguien que se había acercado a despertarlo. Al mirarlo, se dio cuenta de que era Alois.
—¿Qué está pasando?— fue lo único que dijo antes de que un bip sonara en su cabeza y después escuchara la voz de este en su mente.
“El sistema te ha dado la capacidad de escucharme. Será mejor que tomes esto con calma. El mundo donde eres protagonista parece quererte mucho y decidió cumplirte un deseo”.
Atónito por aquellas palabras, su mente fue repentinamente martillada por otra voz emocionada.
“¡Felicidades, felicidades, felicidades! Ahora tu mundo ha evolucionado y se ha ‘fusionado’ con otros mundos con éxito. Ahora estás en un mundo de clase doble S”.
—Yo… —Astra intentó calmar sus emociones cuando su mirada se centró en los jóvenes que estaban pasando por el pasillo y escuchó… ¿música? No era que alguien tuviera un altavoz o teléfono reproduciéndola; podía escucharla en su cabeza, con algunas imágenes. Sus voces eran enérgicas y el ritmo pegajoso, muy pop.
Su compañero lo movió, regresando así su atención a ellos. Aunque lo que sucedió fue extraño, algo dentro de él parecía sentirlo normal, como si siempre hubiese sido así. Pero estaba claro que no lo era; solo pudo preguntar con su mirada qué era lo que estaba sucediendo.
“Querido protagonista, ahora tienes la habilidad de ver el mundo interior de los demás. Este mundo maneja el arte como un medio de comunicación entre las personas, y lo que puedes ver te permite ver la versión más real de la gente”.
“¿Te refieres a un musical?” —frunció el ceño, confundido, mientras veía a su alrededor. Todos y cada uno eran como un video musical: algunos animados, música pop, instrumental, clásica, rock, etc.
—“Sí, puedes pensar en ello como una presentación en video”—respondió Alois vagamente mientras se dirigían a la sala de ensayos.
—“Entonces, ¿todos aquí están acostumbrados?” —preguntó mientras entraba a la sala junto a los demás.
—“No, los alfas son los más irritables; ellos no pueden escuchar su propio mundo interior, así que a menudo buscan a su ‘destinado’. Aunque esto es solo una excusa burda, en realidad lo importante no es escuchar tu mundo interior, sino ver qué es lo que realmente quieres.” —Su mirada se fijó en su reflejo en el espejo; su aspecto era el mismo, pero ahora podía ver un halo púrpura a su alrededor. No había un video musical.