Alfa, me arruinaste la vida

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Summary

Giselle, o "Gigi" para sus amigos, es una mujer de 30 años que había logrado todo lo que se había propuesto: una exitosa carrera como cirujana, un apartamento en la ciudad, amistades de larga duración, viajes y suficientes ahorros para jubilarse en los próximos 5 años, todo excepto una relación. Haber dedicado su vida a sus amigos y su carrera la dejó sin candidatos adecuados, problema que ha estado tratando de resolver desde la trágica muerte de sus padres hace 4 años. Su vida da un giro inesperado luego de ser "secuestrada" por un hombre guapo con el que no puede parar de soñar, 3 meses después de su primer encuentro y al borde de la locura, Giselle se entera de que no es una humana como siempre pensó, sus difuntos padres le ocultaron la verdad: era una de las últimas brujas luego de que el antiguo Rey Argeo desatara un genocidio contra su especie. Desorientada sobre sus poderes, Giselle se adentra en la aventura de explorar su nueva identidad, un amor insistente y la resistencia a cambiar su vida casi perfecta.

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

Como todo comenzó

Giselle, o “Gigi” para sus amigos, es una mujer de 30 años que había logrado todo lo que se había propuesto: una exitosa carrera como cirujana, un apartamento en la ciudad, amistades de larga duración, viajes y suficientes ahorros para jubilarse en los próximos 5 años, todo excepto una relación. Haber dedicado su vida a sus amigos y su carrera la dejó sin candidatos adecuados, problema que ha estado tratando de resolver desde la trágica muerte de sus padres hace 4 años.

Lo intentó todo, comenzó saliendo con conocidos de amigos, luego citas a ciegas, aplicaciones de citas, bares de solteros e incluso saliendo con mujeres, lo cual fue una experiencia placentera, pero resultó infructuosa. Después de gastar cientos de dólares y sin resultados, estaba en una cita con su último match: un perdedor superficial que respiraba por la boca y evidentemente había retocado sus fotos y mentido sobre su edad, estaba hablando mal de su ex esposa y tratando de convencer a Giselle de que ella necesitaba un hombre que la “cuidara”, sabiendo que esta bandera roja andante no era una buena opción para ella, tomó su teléfono y comenzó su protocolo de emergencia: enviar un mensaje de texto con la frase “Plátano podrido” y enviar su ubicación en el grupo de chat que compartía con sus amigos Antoine, Arlette y Marisa, eso fue suficiente para hacerles saber que necesitaba ser rescatada lo antes posible.

Su amigo Antoine fue el primero en responder con un mensaje que decía “voy en camino, espera donde estás”, sintiéndose querida y con una sonrisa en su rostro Gigi decidió disfrutar del resto de los ñoquis al pesto que había pedido mientras su cita no paraba de hablar. Pero de repente comenzó a tener un fuerte dolor de cabeza, no era propensa a enfermarse, pero esta vez ni siquiera podía ver claramente por el dolor, se excusó y fue al baño, parcialmente ciega entró al baño de hombres por error, pero no se dio cuenta hasta que una voz profunda dijo

- “Perdón, niña, no creo que pertenezcas aquí”

Horrorizada, miró fijamente a los ojos grises más profundos que jamás había visto, el único hombre en el baño tenía que ser estúpidamente atractivo, y estaba usando el urinario, se esforzó tanto por no mirar su pene que terminó mirándolo a la cara durante demasiado tiempo.- “¿Terminaste de mirar?” - Dijo con su rostro inexpresivo mientras se abrochaba los pantalones.

Qué imbécil arrogante pensó Gigi para sí misma, de repente su dolor de cabeza había logrado desaparecer, reemplazado por una profunda vergüenza y timidez...

- “Dime tu nombre”- Ordenó con el mismo rostro guapo e inexpresivo mientras caminaba hacia ella

- ¿Para qué? - Dijo Gigi cruzando los brazos a la defensiva

- ¡Oh! No eres muda, me alegro. Entonces, dime pequeña, ¿tienes pene? – Dijo con voz seria y severa.

- ¿Por qué te importa tanto?– Respondió Gigi mientras se maldecía a sí misma por su respuesta infantil, congelada por sus instintos de supervivencia, este extraño parecía demasiado peligroso a pesar de su actitud fría y desinteresada.

- Porque, estás en el baño de hombres, así que a menos que lleves un paquete entre las piernas, no creo que debas estar aquí, así que dime, ¿tienes pene? – Dijo acercándose demasiado invadiendo su espacio personal.

- ¿No te vas a lavar las manos? Dijo Gigi, tratando de idear un plan de escape.

El desconocido se inclinó hacia su oído y habló lentamente.

- Mi nombre es Leonard, pero tú puedes decirme Leo, ahora abre tu preciosa boca y lame mis manos si quieres que estén limpias– Definitivamente es una mujer, pensó Leo al oler el dulce aroma de su compañera desde cerca.

Hipnotizada hasta la sumisión, Gigi sintió un extraño impulso a hacer exactamente eso, pero obligó a su mente a entrar en modo racional y lo alejó con fuerza- ¿Estás loco? ¡Eres asqueroso! ¡Aléjate de mí!

- Si soy tan asqueroso, entonces ¿por qué puedo oler tu excitación, pequeña?- Dijo sonriendo por primera vez, al mismo tiempo se acercó nuevamente, esta vez tomando su mentón mirándola fijamente mientras con su otra mano la tocó por debajo del vestido, comprobando que estaba completamente mojada. Deslizó el calzón hacia un costado y ágilmente recogió sus jugos con un dedo sin dejar de mirarla durante un segundo.

Impactada y completamente excitada Giselle estaba en completo shock, era lo más sexy que le había pasado y al mismo tiempo una completa invasión de su cuerpo a la que no había puesto ninguna resistencia. Observó con curiosidad mientras “Leo” levantaba el dedo que había estado entre sus piernas y lo lamió como si fuera miel.

-Mmmmm, esto es lo mejor que he probado en mi vida – dijo cerrando sus ojos colmado de placer, en un segundo abandonó ese cómodo lugar que le pertenecía, dándose la vuelta y caminando hacia el lavamanos.

Gigi aprovechó la oportunidad y corrió de regreso al restaurante, verificando que su cita todavía estaba allí, se sentó en su mesa aún sonrojada por el intercambio, escuchó cuando Leo salió del baño, pero se obligó a no mirar atrás.

Fingió ganar interés en lo que su cita estaba diciendo, estampando una sonrisa falsa en su rostro y asintiendo, se escuchó un fuerte gruñido en el restaurante y de repente la nariz de su cita sangraba como una tubería rota, como médico, Gigi trató de ayudarlo de inmediato y se levantó para alcanzarlo, pero entonces su dolor de cabeza volvió más fuerte que antes y Giselle, por primera vez en su vida, se desmayó.