1 Fuego y Destino
El rugido de Vaelkor me despertó antes de que la campana de entrenamiento sonara. Era un sonido profundo, antiguo, que reverberaba en mis huesos incluso desde la distancia. No era extraño que me despertara así; con los años había aprendido que los dragones nunca eran silenciosos. Sin embargo, esta vez había algo diferente. Me incorporé de golpe, con el corazón latiéndome en el pecho, y corrí hacia la ventana.
Desde mi habitación en la torre del oeste, podía ver la plataforma de piedra donde los dragones aterrizaban al amanecer. Vaelkor estaba allí, con sus escamas negras y doradas reflejando los primeros rayos del sol. Su tamaño superaba al de cualquier otro dragón en la Academia, y su presencia era imponente. Aun después de dos años de estar juntos, todavía había momentos en los que me costaba creer que me había elegido.
—¿Otra pesadilla? —susurré, más para mí que para él.
Vaelkor no respondió, sin embargo, nuestra conexión era fuerte. Podía sentir su inquietud, como una presión en mi pecho, como un susurro en mi mente que no lograba descifrar.
Me vestí rápidamente con mi túnica de entrenamiento y botas reforzadas. Afuera, el frío de la mañana me hizo estremecer, pero no tenía tiempo para preocuparme por eso.
El reflejo en el vidrio de la ventana me devolvió la imagen de una figura pequeña pero fuerte, con músculos definidos por años de entrenamiento. Mi cabello, de un rojo intenso como el amanecer, caía en ondas largas sobre mi espalda, aunque en minutos lo ataría en una trenza para que no estorbara. Mis ojos, de un color miel dorado, reflejaban una determinación que no siempre sentía, pero que debía fingir. Mi piel, pálida a pesar de las horas bajo el sol, se erizaba con el aire gélido.
No importaba. Tenía cosas más importantes en qué pensar.
La Academia de Dragones se alzaba sobre las montañas, con sus torres de piedra y enormes explanadas donde los jinetes entrenaban. Era un lugar hermoso, pero también rígido, lleno de normas y expectativas. No bastaba con tener un dragón. Debías ser fuerte, disciplinado y capaz de defenderte a ti mismo y a tu vínculo.
Cuando llegué al patio de entrenamiento, otros alumnos ya se reunían. Dragones de todos los colores y tamaños estaban alineados, listos para la instrucción del día. El Maestro Eldrin, un hombre de rostro severo y cicatrices en los brazos, supervisaba la preparación.
—Hoy practicaremos combate aéreo —anunció con su voz profunda—. Los que no estén listos para caer, pueden retirarse ahora.
Nadie se movió.
Monté sobre Vaelkor, sintiendo cómo su cuerpo poderoso se tensaba bajo mí. Me aferré a las riendas de cuero y di la orden mental. Al instante, sus alas se extendieron y nos elevamos en el aire.
La sensación del viento golpeando mi rostro era una de las cosas que más amaba en el mundo. Arriba, el cielo era mío. No había muros ni reglas, solo la libertad de volar. Pero no podía distraerme.
Un dragón escarlata se acercó por la derecha. Era Liam Whitmore, mi mejor amigo, con una sonrisa confiada en el rostro.
—No te duermas, Elaia. ¡Hoy es el día en que por fin te derroto!
Reí, pero no respondí. Sabía que no había forma de que eso pasara.
Desde abajo, vi a Thane, observando el combate.
Él no tenía dragón. A pesar de su linaje real, aún no había formado un vínculo. Era una rareza en la Academia, pero nadie se atrevía a desafiarlo por ello. Sabía cómo pelear, cómo imponerse, y algo en su mirada me decía que sabía más de lo que aparentaba.
El combate comenzó. Dragones y jinetes se movieron en formaciones rápidas, lanzando ataques de fuego y maniobrando en el aire. Esquivé un proyectil de energía y contraataqué, sintiendo la adrenalina recorrer mi cuerpo. Todo iba bien, hasta que sucedió algo inesperado.
Un impacto seco en el pecho.
Perdí el aire, mi visión se nubló y, por un instante, caí.
Vaelkor reaccionó de inmediato, recuperándome antes de que tocara el suelo. Me aferré a él, jadeando, tratando de entender qué había pasado. No había sido un golpe normal.
Desde abajo, los ojos de Thane seguían fijos en mí.
Y por primera vez, tuve la sensación de que algo estaba a punto de cambiar para siempre.
Intenté recuperar el control de mi respiración, pero la sensación de opresión en el pecho no desaparecía. No era miedo, era… otra cosa. Una energía que no lograba identificar, como si algo hubiera tirado de mí en pleno vuelo. Vaelkor también lo sintió, porque soltó un gruñido bajo y extendió sus alas con incomodidad.
—¡Elaia! ¿Estás bien? —gritó Liam desde su dragón escarlata.
—Sí… —murmuré, sin estar completamente segura.
Bajé la vista. Thane seguía allí, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Su mirada no era de burla ni de preocupación, sino de algo más complejo. Cautela. Sospecha. Como si estuviera tratando de descifrar algo.
Me obligué a aterrizar. Apenas toqué suelo, Vaelkor bufó y movió la cola con impaciencia. Mi conexión con él seguía vibrando con tensión. Algo lo inquietaba más allá de mi caída.
Thane se acercó lentamente. Su presencia siempre imponía, incluso cuando no decía nada.
—Eso fue descuidado —dijo con voz baja.
—No caí por descuido —respondí con dureza, cruzándome de brazos.
—No. No lo hiciste —admitió él, con el ceño aún más fruncido. Sus ojos, de un azul profundo, me escudriñaron como si intentaran leer algo más allá de mi piel—. Pero hay algo en ti… algo que no debería estar ahí.
Sentí un escalofrío recorrerme. ¿Qué demonios quería decir con eso?
—Si tienes algo que decir, dilo de una vez.
Thane se inclinó ligeramente hacia mí, sin apartar la mirada.
—Lo haré cuando lo entienda —dijo en un susurro.
Entonces, sin más, se giró y se alejó.
Lo vi desaparecer entre los pasillos de la Academia, sintiendo que había dejado algo en el aire que aún no comprendía. Sabia que Thane me odiaba, todos lo hacen porque estoy vinculada con un dragón acentral que no solo se enlaza con dinastías de reyes sino que ofrece poderes increíbles a su jinete, aun no tengo el poder que Vaelkor me quiera entregar tiene miedo que no sea lo suficientemente fuerte.
Vaelkor gruñó de nuevo, y sentí que su tensión aumentaba. Aunque el no quiera admitirlo enlazarce a mi no fue buena idea. No soy nadie importante, soy simplemente Elaia Blackwood huérfana y criada en las calles, pase la academia porque no tenia de otra estudiaba y trabajaba para poder ser admitida, pensé que iba a tener una vida mas tranquila pero todo cambio cuando Vaelkor me eligio creen que soy la hija bastarda del antiguo rey, cosa que se que es falsa. Creo que por eso me odia tanto Thane ensucie el nombre de su padre y robe su dragón.
—Tu no robaste nada pequeña Azhara, el no era mi elegido y eso todos lo van a respetar un día— Le creo Vaelkor siempre intenta eliminar esos pensamientos fuera de lugar de mi cabeza, es como el padre que siempre quise y estoy agradecida con Dune porque el es lo que yo siempre pedí, lo único bueno en mi vida.
—Aun no entiendo que significa Azhara, ¿algún día me lo dirás? — El simplemente resopla y se va volando a las montañas.
Ya voy caminando por los pasillos de la academia pensando en el golpe tan horrible que me tumbo del lomo de Vaelkor cuando llega Liam
—¿Qué paso ahí arriba Ela? — Ni yo sabía que pasaba ¿será mi poder rebelándose? No tengo la más mínima idea, pero espero que ese poder llegue pronto, ya todos lo tiene y yo ni una pisca de magia, se que soy rara pero no tanto como para vincularme a uno de los dragones mas poderosos y no poder controlar el poder que el me quiera transmitir.
—No lo se Liam estoy tan confundida como tu, quizás simplemente me cai— no quería decirle que quizás no estoy logrando controlar la magia que me da Vaelkor.
Estamos caminando a la cafetería para recibir nuestra comida cuando me dice
—Eres una de las mejores jinetes que tenemos no creo que simplemente te caíste Ela— Y el tiene razón simplemente no me cai
—No importa quizás fue una distracción, ¿si viste que se me acerco Thone? estaba que me desmayaba, pensé que iba a matarme— eso era una exageración pero todo saben que Thone no le habla a nadie sino a su grupo de amigos, y que me dirigiera la palabra era algo loco teniendo en cuenta que me odia
—Quizas no te odia tanto como pensamos— ¿sera eso verdad? ¿No me odia tanto?
Thone y su grupo esta sentado en su mesa de siempre cuando pasamos por ahí lo miro de reojo y me doy cuenta que me esta mirando, toda mi columna vertebral se me eriza ese hombre no debería tener derecho de ser tan atractivo y tener esa mirada acecina, es un pecado andante.
Camino con Liam que cambio de tema apenas recibimos nuestros platos, y nos dirigimos a la mesa con los chicos.
Tengo cinco amigos en esta academia, la peli negra con lentes enormes es Seraphine Alden fue la primera que se acerco a mi, viene de una familia de consejeros reales, se vinculo con una dragono plateada hermosa y su poder es el camuflaje con sombras.
El que esta al lado de Seraphine es Rowan Blackwell el mas lean amigo que puedo tener, robo por mis unas frutas después de pasar un dia entero castigada sin comer por no querer entrar en un combate cuerpo a cuerpo con Sienna Ravenscroft la que siempre esta pegada como un chicle a Thone, no me importaba pelear con ella sino usaba ese poder tan loco que le dio su dragona el cual es moverse a una velocidad sorprendente, me haría trizas en tres segundo y yo no iba a permitir eso.
Rowan es rubio,ojos verdes y cuerpo atetleco, viene de una familia de Guerreros de elite, aunque en el pueblo se hablaba mucho que era un mujeriego y la obeja negra de sus 3 hermanos ejemplares. La verdad es un gran amigo y agradezco haberlo conocido, esta vinculado con un dragón rojo de naturaleza feroz que le dio el poder único de prender fuego a lo que quiera.
Cuando nos sentamos miro a mi amiga Lysandra Hale una chica cabello corto color atardecer, la conocí cuando me curo el año pasado con sus habilidades curativas que le dio su dragón verde, es Lys es muy callada pero siempre es la que mas amor nos tiene a todos. Ella primero era amiga de Rowan antes de conocerla y en sercreto se que ella gusta de el.