Más Allá del Torneo
Más Allá del Torneo
El cielo de la dimensión central del Torneo Sendokai se teñía de un color ámbar sobrenatural, como si el universo entero estuviera conteniendo la respiración. Los campeones de diferentes mundos ya se habían reunido. Las gradas, invisibles entre realidades, vibraban con la energía de seres que no existían en ningún plano conocido por los humanos.
Y ahí estaban ellos. El equipo Tierra. O más específicamente, los herederos de la vieja leyenda. Zak, Cloe, Kiet y Fenzy, acompañados ahora por una presencia inesperada: Lon, antiguo adversario y ahora… ¿compañero?
—No puedo creer que nos haya tocado en el mismo grupo que los Obsidianos —refunfuñó Fenzy, lanzando una piedra con rabia contenida.
—¿Y qué? Los venceremos como la última vez —contestó Cloe con convicción, aunque su voz tenía un filo extraño. Estaba inquieta, y no por el torneo.
Zak no respondió. Caminaba con la cabeza gacha, repasando mentalmente las estrategias. Sentía el peso de la responsabilidad sobre los hombros, pero también otro peso, más silencioso, más íntimo… Lon.
Desde que habían decidido unirse al equipo por una causa “mayor”, la presencia de Lon se había vuelto constante, densa, imposible de ignorar. Era el nuevo refuerzo, el “rival redimido” según los organizadores. Para los demás, era un trago amargo. Para Zak, era como vivir con una tormenta caminando a su lado.
—¿Vas a estar todo el día con esa cara? —la voz de Lon sonó justo detrás de él. Grave. Casi ronca.
Zak se detuvo. No por miedo, sino por instinto. Lon era más alto, más fuerte, y cuando hablaba así... era difícil no obedecer.
—Estoy concentrado, nada más —murmuró Zak, sin girarse aún.
Lon se acercó. Nadie más prestó atención; el equipo estaba disperso en el campo de entrenamiento. Solo Cloe pareció alzar una ceja con disimulo.
Lon puso una mano en el hombro de Zak, firme, posesiva.
—No tienes que estar nervioso. Estoy aquí ahora.
Zak sintió cómo la tensión le recorría la espalda. No era miedo… era algo distinto. Una mezcla de sumisión y necesidad. Porque aunque nunca lo admitiría en voz alta, había algo en Lon que lo dominaba por completo.
—Estoy bien, de verdad —dijo, aunque sabía que no convencía a nadie.
—No pareces bien cuando ella está cerca —replicó Lon, mirando de reojo a Cloe, que conversaba con Kiet—. Siempre tan sonriente con ella…
—¡Lon, basta! —Zak se giró esta vez, con la voz baja pero firme—. No pasa nada con Cloe. Es como una hermana para mí. ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo?
Lon entrecerró los ojos. No le gustaba que Zak lo confrontara, pero en el fondo, esa chispa le provocaba algo. Lo hacía querer más. Controlarlo más.
—Solo asegúrate de que siga siendo así —dijo al final, dando un paso atrás, pero no sin antes apretar con fuerza su hombro—. Porque no soy bueno compartiendo.
Zak respiró hondo. Había aprendido que discutir solo alimentaba más la obsesión de Lon. Así que volvió a su papel de líder, de héroe… aunque por dentro, el campo de batalla era otro.
Mientras comenzaban los entrenamientos tácticos, el equipo se dividió por parejas. Kiet con Fenzy. Cloe con Zak. Lon observaba. No dijo nada, pero sus ojos hablaban por él.
Durante una práctica de defensa, Zak tuvo que sujetar a Cloe por la cintura para evitar que ambos cayeran tras una explosión de energía errante. Cloe rió, sin malicia.
—Gracias, eres más ágil de lo que pareces —bromeó.
Zak solo sonrió… y ahí estaba Lon, al borde del campo, con los brazos cruzados y una mirada que podría partir montañas. Kiet notó la tensión.
—Ese tipo te mira como si quisieras robarle el almuerzo y su planeta —le dijo con una sonrisa incómoda.
—No te imaginas cuánto —murmuró Zak.
Cuando la práctica terminó, el equipo se dispersó. Zak se sentó solo, bebiendo agua, recuperando el aliento. Pero no por el entrenamiento, sino por Lon. Sentía su mirada, incluso si no lo veía.
Y entonces, como si hubiera sido convocado por sus pensamientos, Lon se sentó a su lado.
—No me gusta cuando sonríes con otros —dijo directamente.
Zak bajó la mirada.
—Tampoco puedo dejar de ser yo, Lon.
—No quiero que lo dejes. Solo que seas mío —dijo, más bajo, como si fuera un pacto sellado en secreto.
Zak cerró los ojos. Una parte de él quería resistirse. Pero otra… otra estaba demasiado acostumbrada a obedecer. A ceder.
—Lo soy —susurró.
Lon sonrió, satisfecho. Su mano se posó en la nuca de Zak, tirando de él hacia sí, su frente tocando la suya, firme.
—Y lo seguirás siendo. Este torneo no es lo único que quiero ganar.
A lo lejos, los portales del primer enfrentamiento se abrían. Pero para Zak, la batalla más difícil no estaba en el campo de Sendokai. Estaba en su pecho, latiendo cada vez que Lon lo miraba como si fuera suyo.