Prólogo: La euforia de amar
La euforia que uno siente cuando se enamora por primera vez es hermosa. Tan intensa y abrumadora como para hacer que cualquiera pierda el norte ante aquel sentimiento inexplicable e inolvidable para la persona involucrada. Más aún si se trata de alguien que sin importar las circunstancias es especial para ti.
Aaron Amato lo sabía y lo entendía a la perfección, porque lo vivía en carne propia desde hace un tiempo. Y por esa razón es que se esforzaba en cada detalle que compraba hacía a mano para el dueño de sus suspiros y fantasías más descabelladas. La intención detrás de esto era el poder dejar en claro que su alma y corazón eran el auténtico reflejo de estos dulces presentes.
Porque su destinatario sería nadie más que su etéreo ángel, Enzo Fiori; su compañero de universidad.
Enzo es un chico amable, dulce, responsable y con quien Aaron comparte su gran pasión por la fotografía. Él era esa persona que le inspiraba y motivaba para seguir esforzándose día a día. Sin embargo, Enzo no le conoce y tampoco entiende sus razones, pues solo quiere concretar los sentimientos que desarrolló por su querido admirador; la cual es la identidad secreta de Aaron.
¿Qué motivos podría tener Aaron para negarse la felicidad junto a su adorado Enzo?
¿Por qué preferir ser alguien sin rostro con la persona a la que ama tanto?
Muchas preguntas, pero solo una respuesta válida.
Un pasado que parecía enterrado, una terrible traición y mucho dolor que deberán superar en compañía del otro.
¿Podrán amarse cuando no haya nada que lo impida? ¿Cuándo todos los obstáculos por fin estén superados y sus corazones se perdonen con sinceridad?
El amor y la euforia combinadas pueden lograr lo imposible.
No obstante, el camino estaría lleno de altibajos, dudas, llanto y temor, pero al final del día, la respuesta correcta la encontrarían dentro de ellos mismos.
Y a partir de ahí, una nueva historia se escribiría en sus vidas.
≫ ──── ≪•◦ ❈ ◦•≫ ──── ≪
Un joven de cabellos castaños estaba acabando de prepararse para ir a la universidad cuando su teléfono comenzó a sonar con intensidad. Alguien lo estaba llamando y su sexto sentido, le hizo pensar que quizá era de urgencia por la hora que era.
6:30 AM. Demasiado temprano para la mayoría, así que debía responder pronto.
Sin mirar quien era el remitente. Enzo agarró su móvil y se lo colocó en la oreja, mientras continuaba organizando sus cuadernos en su mochila. Debió hacer eso en la noche, pero la película que había estado tan buena que se le pasó por completo y por eso a último minuto decidió que se levantaría más pronto para desocuparse de ello en tiempo récord.
—¿Sí?
—¡Enz! ¿Y ese increíble milagro? —cuestionó su mejor amigo, Thiago Rossi, desde la otra línea—. Por un momento temí que no me responderías por lo temprano que es.
—Buenos días para ti también, Thia—Un suave suspiro se escapó de sus labios ante el entusiasmo incontenible del otro chico, Thiago siempre estaba tan animado a diferencia suya, más aún en plena mañana, donde Enzo todavía estaba reconectando sus neuronas para poder ser un humano funcional en sus primeras clases—. Y respondiendo a tu pregunta, en otras circunstancias, no hubiera contestado, pero ya ves, aquí ando disponible para ti. Así que, aprovecha a tu mejor amigo siempre que puedas.
—Ya veo y eso ni lo dudes. De hecho, por ser tan buen amigo, es que vengo aquí a pedirte un favorcito.
—El menos interesado—bromeó, escuchando un bufido de pura indignación como respuesta inmediata—. Ya, lo siento. ¿Qué es lo que sucede?
—No voy a ir a la universidad hoy…
—¿Estás bien? —La preocupación se coló en su voz, temiendo que más que serio, esta situación fuera de gravedad y de la mala, por lo que dejó todo de lado para dedicarle completa atención a su amigo—. ¿Te enfermaste? ¿Tomaste medicina? ¿Le avisaste a Isaac también? Es tu novio, no estaría por de más que fuera a cuidarte.
—Bueno, lo cierto es que estoy con él… —respondió con calma tras la avalancha de preguntas de su amigo de la infancia.
—¿Qué? Oh, Dios. No me digas que es lo que estoy pensando, Rossi.
—Si te refieres a que si ya di el siguiente paso que se da cuando estás en una relación estable, sí.
Justo ahora Enzo podría imaginar con facilidad lo sonrojado que Thiago debería de estar al hacer tremenda declaración. Al no recibir respuesta alguna, Thiago murmuró el nombre ajeno, buscando llamar su atención.
—Ah, espera un momento. Todavía estoy procesando la situación. No me puedo creer que la pureza de mi querido mejor amigo acaba de esfumarse.
—No lo digas así, tonto. Me da pena.
—Como crecen, voy a llorar —exageró, fingiendo un llanto que provocó una carcajada demasiado sonora en Thiago.
—Te pasas, Enz. Eres el rey del drama.
—Un poco sí.
—Te juro que debiste escoger actuación antes que la carrera de fotografía—comentó con diversión, ya recuperado de su momentáneo ataque de risa—. Y no vuelvas a insinuar que ya he crecido, porque te recuerdo que soy mayor que tú por unos meses.
—Lo sé, tal vez en otra vida lo sea, aunque no me arrepiento de haber decidido por mi otra pasión—El orgullo se notaba a kilómetros, la fotografía le encantaba en demasía—. En edad eres más grande, porque en estatura, dejas mucho que desear, Thia.
—Eso fue muy hijo de…
Ahora Enzo se rio con ganas, uno de sus pasatiempos favoritos era molestar a Thiago con su altura, pues era más bajo que él por unos cuantos centímetros.
—No te enojes, sabes que te amo mucho, alma gemela.
Dicho apodo lo mantenían desde que eran unos niños y de cierto modo, era como una debilidad para ambos cada que discutían por tonterías. Era como una manera tierna para calmar las tensiones entre ellos.
—Claro, trata de comprarme con ese discurso barato—Este era su momento para hacerle probar un poco de su propia medicina. Nada que una pizca de indignación fingida no pudiera resolver.
—¿Barato dices? Me dueles mucho, Thia…
—Ay, ni enojarme contigo puedo—le reclamó, pues no era justo que tuviera ese poder sobre él solo con poner una voz dolida y muy seguramente una expresión de cachorro abandonado.
—¿Ventajas de conocernos desde que éramos unos mocosos?
Sí, ese era su Enzo, un descarado que cambiaba de emoción como cambiarse de chaqueta.
—Sí, solo por eso, sin vergüenza.
—Eres cruel. ¿Cómo alguien tan naturalmente tierno como tú puede tener tanta maldad en su interior?
—Qué exagerado que eres. Isaac no dice lo mismo, ni en un millón de años sería capaz de aseverar ese tipo de calumnia como tú si lo haces.
—Isaac no cuenta porque es dominado por ti, genio. Un poco más y se acuesta en el suelo para ser tu alfombra y que no ensucies tus zapatos.
Thiago rio, ya no se pudo contener antes las ocurrencias de Enzo.
—Solo porque me causó gracia tu comentario te perdono.
—Me parece justo, pero ya que cambiamos de tema, ¿para qué soy bueno?
—Justifica mi falta con el profesor tutor. Invéntate lo que sea, que tengo un resfriado o que me caí y me romí algo. Yo qué sé, tú eres el creativo entre los dos y acabas de demostrármelo en nuestra pequeña discusión.
—De lo que sí estoy seguro es que algo si se te rompió luego de esa noche salvaje, pero para tu suerte, no fue un hueso.
Thiago chilló desde la otra línea, casi dejando sordo en el proceso a Enzo por su comentario subido de tono, aunque no tendría que asustarse así cuando su amigo era muy consciente del tipo de humor picante que solía manejar con su gente de confianza.
—Eres un pervertido, no vayas a decir algo así de nuevo o no tendré cara para ver a nadie.
—Okay, lo siento. Yo te cubro con gusto.
—Gracias, amigo de mi alma… Y lamento de antemano el tener que dejarte solo con las víboras.
Ah, cierto. Por un fugaz instante, Enzo se había olvidado de aquel detalle.
—No te preocupes, ya me las arreglo, Thia. Sabes que tampoco es como que me dejara amedrentar realmente por las mierdas que sueltan por sus sucias bocas.
—Ese es mi valiente Enz. Cuídate mucho, estamos conversando por cualquier cosa.
—Claro que sí. Tú también hazlo y disfruta mucho con Isaac, ya sabes, que continúe con lo que comenzó la noche anterior.
—Eres un caso, pero no negaré que es un magnífico plan. A nadie le hace mal un mañanero, ¿cierto? —sugirió con picardía, causando que Enzo sonriera por su desfachatez.
—Y yo era el pervertido, ¿eh? —regañó entre risas—. Adiós, Thia. Me saludas a Isaac.
—Por supuesto, nos vemos después, Enz.
Y con esa despedida, la llamada entre el par de amigos finalizó. Enzo siguió en lo suyo por unos minutos más antes de ir a prepararse un desayuno nutritivo, irse a lavarse los dientes e ir directo a la universidad, pues un nuevo día de clases le esperaba.
Tan solo esperaba que no fuera desastroso como la mayoría de ellos a causa de ciertas personas, pero independientemente de eso, no le quedaba de otra más que al mal tiempo, ponerle buena cara, ¿no?
Lo único que lo alegraba era saber que tendría uno de sus lindos detalles esperando por él en su escritorio de fina madera. Sin embargo, Enzo no dejaba de preguntarse quién era el responsable de los mismos.
¿Por qué lo hacía?
¿Qué tenía de bueno él como para que su admirador desconocido se esforzara tanto?
Esas preguntas no desaparecían de su mente por nada del mundo.
El mismo Thiago le había dicho innumerables veces que lo más razonable sería no ilusionarse con el susodicho, pero era tan difícil seguir ese consejo cuando la otra persona parecía conocerlo como la palma de su mano.
Enzo nunca tuvo buenas experiencias el amor, pero tampoco era como que se hubiera enamorado perdidamente de alguien como para saber a ciencia cierta como es que se sentía. No obstante, lo que empezaba a sentir por su admirador cada vez era más fuerte en comparación a cualquier interés amoroso que hubiera podido tener en su vida.
El joven se preguntaba si acaso esta era la euforia que se sentía por un primer amor.
Tan puro, tan real y tan arrollador.
La sensación de mariposas en el estómago y la ilusión por conocer al responsable de sus suspiros recorría su sistema con demasiado intensidad últimamente; transformándose en un sueño que esperaba pronto se hiciera realidad.
Quería verlo.
Quería escuchar su voz.
Quería que lo abrazara.
Quería tocarlo.
Tener un refugio en él.
Solo que nada de eso sería posible si el admirador no se mostraba frente suyo.
Si tan solo supiera que su deseo no era unilateral.
El admirador pensaba igual, pero prefería estar en las sombras antes que Enzo se enterara quien era en realidad. Él sabía de sobra lo complicada que era la vida de Fiore y por eso le bastaba hacerlo feliz con sus detalles, porque era y siempre sería la luz que iluminaba su oscuridad.
Su lugar seguro.
A quien amaba consentir con regalos, tanto así que ansiaba que cada día llegara para poder cautivarlo un poco más.
Justo como con el presente de ese día, el cual escogió con tanto amor y devoción, esperando sorprenderlo gratamente.
Una pena que estas pobres almas no podían ser completamente felices en su burbuja, pues había un tercero en discordia que lo complicaba todo.
Alguien que no soportaba ver contento al resto por estar hundido en su propia miseria.
Ese era Ethan Lombardi.
Un narcisistas al que nunca nadie le puso un alto cuando debió, pero, aunque el karma puede demorar en llegar, al final lo hace. Y esa sería una de las lecciones que aquel joven aprendería a las malas después de todo el daño causado a quienes no merecían ser las víctimas de sus egoístas acciones.
Continuará…