PRÓLOGO
Era total y completamente estúpido, incoherente, fantasioso y loco. La semejante idiotez que salió de su boca al decirme que yo soy su alma gemela, que me había buscado por años, que estábamos entrelazadas y que desde que habíamos enlazado ya no podríamos estar lejos la una de la otra.
Había intentado tomar mi mano para que no huyera mientras nos mojábamos bajo la lluvia, y su expresión mostraba desesperación para que creyera en sus palabras.
—¡¿Qué carajo crees que haces afuera con esta lluvia?!
—No te vayas —me dijo suplicante.
—¡¿No eres consciente de que esto es peor?! —dije frustrada y ella solo se quedó inmóvil mientras seguía mojándose como yo.
—¿Qué cosa? porque estar lejos de ti es peor, porque haberlo estado por años ha sido lo peor, porque ya enlazamos y créeme que no ha pasado un solo segundo que no se sienta peor el tenerte lejos. Allegra, en todos estos años en los que yo haya dejado de pensar en ti no se compara en nada con lo peor que se siente tu rechazo, lo que duele que estemos así. Lo que te dije es cierto, eres mi alma gemela y yo soy la tuya.
—Cállate, solo hazme el favor y cierra la boca —la tomo del brazo metiéndola de nuevo al hospital—. Una silla de ruedas urgente para ella —le pido a la recepcionista—, es paciente mía de terapia intensiva en la unidad coronaria, está esperando un trasplante y la muy inconsciente se escapó y no debería estar aquí.
—Escúchame, Aly por favor —me dice mientras doy indicaciones, la hago sentar, le coloco una manta sobre los hombros y no le presto atención—. Aly, hablemos.
—Cállate —vuelvo a ignorarla—. Lo acabas de hacer puede costarte la vida, no tienes defensas y salir en medio de la lluvia fue increíblemente estúpido. Por cierto soy doctora Love, señorita Griffin, mantengamos las formalidades de doctora-paciente. Llévensela —le digo a uno de los enfermeros— y si se escapa de nuevo amárrenla a la cama si hace falta.
Vi sus ojos llorosos por última vez y sentí un dolor en el pecho apretarme el corazón, sentí tristeza y ganas de llorar, también desesperación y algo que hacía mucho no sentía, me sentí desahuciada y abatida. Su mirada se clavo en mí mientras las puertas del ascensor se cerraban y nos veíamos, por alguna razón verla así logró derrumbarme.
—No estoy de guardia, pero llámenme si ella necesita algo.
—Sí, doctora Love.
¿Cómo pude dejar que ella llegara tan lejos al punto de llamar mi nombre por un diminutivo? ¿Cómo pude dejarla llegar tan lejos al punto de dejar que me besara y besarnos en varias oportunidades? ¿Cómo pude permitir que me importara mucho más que como un paciente común? La respuesta a cada una de esas preguntas ella había respondido, es porque eres y soy tu alma gemela.
Al principio creí que lo decía en broma y para molestarme como el día que nos conocimos y la comencé a atender como mi paciente, aún recuerdo nuestra primera conversación y la mala impresión que me lleve de ella, luego de un tiempo supe que lo decía en serio y para peor algo dentro de mí sabía que lo que me decía era cierto, pero mi mente racional se negaba a creerle y por eso investigue todo lo que pude sobre el tema, absorbí toda la información que encontré, pero no es algo concluyente y definitivamente tampoco había muchas fuentes fiables.
Todo se desmoronó cuando me entregó una foto que creí perdida hacía años, la última foto que nos tomamos los cuatro juntos antes de la tragedia, y poco a poco cada muro infranqueable que había puesto comenzaba a ceder, cada razón, cada excusa y cada cosa que había ido cayendo como una pieza de domino que va volteando a otra a su paso.
Pero había un miedo aún más grande que se mantenía firme sin ceder y es mi miedo a seguir perdiendo a quienes amo y ella está cada vez más cerca a punto de morir.
No quiero enamorarme de alguien que va a dejarme pronto, pero a este punto creo que ya lo hice, que ya me enamoré de ella y solo estoy negando una realidad que en algún momento tendré que aceptar.
—Me quedo —entro de nuevo al hospital—, estaré en la sala de descanso si ella necesita algo estaré cerca.
—Perfecto, doctora —dice sorprendida la recepcionista.
Subí el ascensor y me quedé esperando hasta que ella se durmiera para entrar a su cuarto y revisar que por su estupidez comenzó con fiebre, y eso la llevó a delirar y claro que antes de que me dieran aviso yo ya estaba junto a ella.
—¿Por qué me alejas, Allegra? con lo mucho que yo te amo ¿acaso tú no me amas? —balbuceaba con los ojos cerrados.
—Tengo miedo, Maeve, tengo miedo de perderte.
—Yo también, pero no planeo irme a ningún lado hasta que te cases conmigo y nuestro cabello se torne blanco ¿me amas? —dijo entreabriendo los ojos y mi corazón latió con fuerza. Pensé que estaba dormida.
—Sí, te amo —sonrió y cerró los ojos tomando mi mano, la acaricié y me senté a su lado.
Me marché cuando logré que la fiebre bajara, no pude dejar de verla. Ella me hizo una promesa que tal vez no pueda cumplir y no hablo de casarnos, porque por ella fuera ya tendría un papel diciendo que es y soy su esposa, hablo de mantenerse viva el tiempo suficiente para cumplir la promesa de envejecer juntas y eso me aprieta el pecho, logrando que suelte unas lágrimas.
Ella me hace sentir esto, vulnerable, expuesta, pero también me hace sentir cuidada, amada, y feliz, me lleva de un extremo a otro y aún en su condición débil, me cuida y me protege ¿Cómo no iba a ceder? ¿Cómo no iba a enamorarme de ella? ¿Cómo podía marcharme cuando tuve la oportunidad, si cada día deseo volver a verla?
Desde ese día que nos vimos por primera vez, lo supe, algo en mí lo supo, no solo iba a ser irritante, ella iba a marcarme y yo perdí desde que puse un pie en la habitación, porque sus ojos color miel, su sonrisa y su irritante alegre forma de ser, me iban a marcar para siempre.









Cada una de las historias que he leído me han gustado, unas más que otras, o quizá cada una tiene matices diferentes, sabores agridulces, otras más dulces.
Lista para una nueva aventura literaria!!!
he vuelto 7v7