Todo lo que soy
Jimin salía de su casa, la misma que había tenido hace más de ocho años
Hoy llegaría como todos los días a la misma secundaria, ya que le faltaba solo un año más y se despediría de todo esto, y solo tal vez tendría suerte y se encontraría con ese hombre que hace tiempo le destroza el cuerpo en ese momento de pasión que los une y nadie los puede separar
Subió al bus y se dedicó a aprenderse los temas para la lección, y juraba que la vida le había pagado muy mal; pero desde ese día en que se vio frente a un hombre que era todo menos bueno para él, más él tampoco era algo bueno
Un día normal aparecía en los primeros días de septiembre, y en ese momento Jimin debía entrar al colegio otra vez, como hacía tres años. La diferencia era que hoy entraba a décimo y estaba lleno de… bueno, de algo, pero lleno de ello; mas no estaba solo para consentirse solo a sí mismo
Pero Jimin llevaba una vida doble que nadie sabía, y si se enteraban se sorprenderían en verdad
En la mañana era la imagen de un santo llamado Jimin
En las noches era todo diferente: era un niño malo, y hoy estaría muy metido en problemas
Caminaba muy alegre y sentía algo en su pecho; solo faltaba tan poco, o eso era lo que él creía en ese momento, para entrar a una nueva faceta y llevar cosas nuevas en esta etapa
Su mente se despejó al sentir que alguien le estaba siguiendo los pasos, y claro que estaba muy nervioso. Nadie más que su amiga, la loca de Kerly, sabía su camino y recorrido en ese lugar: era la zona del barrio chino en Nueva York, más nadie sabía qué hacía él por ahí
Siguió con paso más tranquilo, pero se decidió a ver de quién se trataba; lo llevó hasta un callejón de mala muerte para descubrir quién era quién lo seguía sin que él lo supiera
Llegó y se metió entre unas cajas y con sentido común, la persona que lo seguía andaba buscándolo entre las cosas de ese callejón. Jimin lo miró y se recostó en la pared, viéndolo fijamente al desconocido
—¿Se te perdió algo… o a alguien? —le dijo Jimin y el otro lo miró de nuevo, pero se asustó
—A usted…
Jimin se permitió reír al ver que era alguien que hacía mandados
—Eres un recadero, ¿verdad? —Jimin se quedó muy quieto
—Creo que le interesará lo que tengo que decirle… —le respondió, pero se dio cuenta muy tarde cuando el hombre hizo una reverencia ante alguien que aparecía detrás de él
Jimin se dio la vuelta y se encontró con unos ojos azules que lo miraban con aire de altivez y superioridad, algo que odiaba de la gente rica, que siempre se creían más y mejores que él
—Parece que se equivocó, ¿señor? —le dijo Jimin sin inmutarse ante su presencia
—Lo dudo… ¿eres el que llaman “cara de ángel”? —le dijo el otro, y Jimin supo al instante que era alguien de ese mundo: nadie más que los prestamistas y vendedores conocían ese apodo
—Dígame usted… ¿en qué le puedo ayudar? —le respondió Jimin sin prestarle atención a su apariencia
—Creo que me jugaron una broma… ¿cuánto control tienes en esto? —dijo, sin mostrar demasiado interés al principio
—Si le dijeron quién soy, mi nombre debe hablar por sí mismo… ¿no lo cree? —Jimin era muy altanero, nada que ver con ese niño bueno que mostraba a los demás
—Eres altanero… pero me arriesgaré a tener tratos contigo —pensó para sí que quizás algún día se llevarían bien, aunque no lo dijo en voz alta
—Hablaré claro sin que nadie se ofenda… señor —Jimin no quería hacer negocios con nadie sin conocerlo bien
—Bueno, deberíamos ponernos de acuerdo. Soy Jeon Jungkook. ¿Y tú? —dijo, para empezar a aclarar las cosas
—Señor Jeon, no lo conozco, pero su nombre ya se escucha por todos lados. ¿Qué es lo que quiere? —le miró Jimin retador y sin miedo
—Hacer negocios contigo… —Jeon lo miró con más intensidad, queriendo que ese chico se sintiera dominado ante su presencia, algo que no iba a pasar
—¿De qué tipo? Ojalá sea algo que valga la pena —a Jimin le interesaba, y en verdad lo necesitaba
—Ha llegado una nueva comida… es de buena calidad y necesito que te encargues de distribuirla. ¿Aceptas el reto? —Jimin sabía muy bien que cuando hablaban de “nueva comida” se referían a algo muy valioso, que dejaba buenas ganancias y beneficios para quien lo movía
—Seamos muy claros, señor: con los productos nuevos hay que ir bajando el precio poco a poco, hasta que la gente se acostumbre y ya no pueda prescindir de ellos; a partir de ahí todo mejora: el precio y los negocios van en aumento ¿Me entiende? —Jimin era muy serio en ese trabajo y se había ganado su lugar en ese mundo de las calles
—¿Te crees muy bueno en esto, muchacho? —Jimin se acercó más a él
—Esto… es todo lo que soy, señor —estaba tan cerca que podía oler su aroma fino y costoso
—Trato hecho… pero si me traicionas… te juro que lo pagarás —Jeon sacó un arma y le apuntó directamente a la cabeza
—Eso… ja, ja, ja… es un juguete muy bonito… y me gusta —Jimin dio un paso más cerca del arma, con su lengua le acarició el filo, se la llevó a la boca y la chupó lentamente ante la mirada de Jeon, quien permanecía muy serio frente a ese chico. Sabía que, por su edad, seguía siendo menor, pero todos en ese mundo decían que era una tentación imposible de rechazar, y en ese momento entendía perfectamente por qué
—Nos vemos después, señor. Puede enviar la comida al lugar que todos ya conocen. Supongo que ya le dieron esa indicación también
Jimin salió de ahí bajó la mirada de Jeon, quien estaba completamente convencido de que ese chico no le gustaba para nada… aunque en el fondo ya nada le parecía igual








