La máscara de vaca
En una casa de una colonia de la Ciudad de MĂ©xico, en una habitaciĂłn infantil llena de muñecos de peluche, una niña de siete años llamada Alma dormĂa plácidamente. Abrazaba a su conejo de peluche, pero sus sueños, o más bien pesadillas, no eran de dulces ni juguetes.
Nos adentramos en un patio escolar adornado con globos y flores de papel. Alma miraba a su alrededor: padres y madres de familia sentados, pero con máscaras blancas y trajes con delantal. De pronto, una maestra se acercó, la tomó del brazo y la reprendió:
—¡Alma! ¿Dónde está tu máscara? ¡Ve y póntela!
Alma no dijo nada, solo obedeciĂł. TomĂł una máscara de vaca y se la puso. Mientras se dirigĂa a la fila, vio a sus compañeros con máscaras de animales. Al levantar la vista, notĂł una máquina enorme, de un rojo intenso y hierro robusto, que le pareciĂł una moledora de carne. En ese momento, la maestra, con una máscara blanca y un tono alegre, anunciĂł:
—¡Los alumnos de cuarto C harán el baile de los animalitos!
La maestra puso mĂşsica infantil, pero en lugar de sonar alegre, era horrible; el cantante infantil sonaba distorsionado. Los niños caminaban en fila con alegrĂa y subĂan las escaleras de la máquina que Alma habĂa visto. Uno a uno, se lanzaban a ese artefacto que los trituraba como carne molida. La sangre salpicaba el piso escolar y los padres aplaudĂan como locos, gritando: "¡Ese es mi hijo!", "¡Esa es mi nena!".
Alma observó cómo sus compañeros se arrojaban a la horrible máquina que los mataba. Intentó huir, pero otros niños la detuvieron sin decir una palabra. Mientras Alma pataleaba y gritaba, suplicaba:
—¡Déjenme! ¡Mamá y papá, ayúdenme!
Los adultos aplaudĂan y gritaban. Alma era empujada hacia la máquina por sus propios compañeros, pero justo cuando estaba a punto de caer, despertĂł en la comodidad de su cama. MirĂł a su alrededor y se dio cuenta de que solo habĂa sido una pesadilla. Dio gracias a Dios por ello.
Por la mañana, se preparó para ir a la escuela. De pronto, escuchó a su madre:
—¡Chamaca, no olvides tu máscara de vaca! ¡Es para el festival!
Alma tomĂł su máscara de vaca con cierta inquietud, pero se tranquilizĂł. SabĂa que la pesadilla habĂa sido solo eso: una pesadilla. Se la puso y saliĂł de su casa rumbo a la escuela, hacia su festival...