Prólogo
JULS
Nunca olvidaré esa noche,
El campamento el mismo donde había crecido entre juegos, hogueras y canciones tontas, se convirtió de pronto en un campo de guerra. No sé cuánto llevaba corriendo, sólo sé que mis piernas estaban cubiertas de tierra y mis manos temblaban.
Las primeras ráfagas las escuché mientras salía a escondidas de las cabañas de Alpenglow a medianoche, pensé que eran fuegos artificiales por ser 04 de julio... hasta que alguien gritó, después vinieron más disparos que retumbaban en el bosque y provocaban un eco tras otro.
Las luces de bengala cruzaban el cielo y a lo lejos, las linternas se mueven como ojos cazadores.
Puedo ver a las niñas corriendo, tropezando en la desesperación, sus gritos mezclandose con el sonido de las balas... ellos no tienen piedad. Entran a las cabañas y disparan, y a otras la sacan arrastrandolas de los brazos y las llevan hacia el claro, donde las amarran como si fueran simples objetos que se pueden ordenar en fila.
Hay cuerpos de niñas y mujeres inocentes tirados en el camino, siluetas inmóviles que horas antes había visto reír... que solo habían venido a disfrutar sus vacaciones de verano en el Campamento High Lake sin imaginar que se convertiría en un infierno en vida ¿Quién o quiénes son capaces de tanta crueldad?
Escucho unos pasos, veo unos hombres armados pasar y me escondo en la oscuridad detrás de un árbol, pegando la espalda al tronco húmedo, tengo miedo y se me mete en la garganta queriendo ahogarme, mis piernas tiemblan, quiero correr y gritar, pero el instinto me mantiene pegada al árbol como si de él dependiera mi vida.
Trato de sostener mi respiración para no hacer ruido, estoy sola... completamente sola.
De pronto, una mano me atrapa desde atrás tapándome la boca, mi corazón se para y mi pecho sostiene la respiración, siento su cuerpo contra el mío y el calor de su respiración rozándome la oreja.
—Te encontré... —susurró una voz casi rota— No te muevas.
Siento la presión de esos dedos en mi rostro.
Toda mi vida se me cruzó en un segundo.
Las risas, los juegos en el lago, las carreras por el muelle al atardecer... y también el peso de esa sombra británica que me había perseguido cada verano, Katherine Foster, sabía que este sería el último en High Lake para mí, el último verano soportando su presencia y al fin me liberaría de ella, pero no de esta forma, nunca hubiera imaginado que fuese así...