Chapter 1
Cálido… demasiado cálido. Odiaba los días de sol más que nada en el mundo (eso y sentir hambre) prefería las épocas de lluvias y los días nublados, aunque era malo que lo dijese, sin el sol no crecerían las plantas, no habría cereales y los animales no se alimentarán; eso traería problemas para todo su distrito.
La niña miró hacia el cielo despejado. Odia el calor, pero sin duda es mejor que el frío.
Siguió su camino para llegar a la zona de los Vencedores. Muy pocas casas estaban ocupadas, sabrías que una está habitada porque tiene un pequeño huerto enfrente de su casa, un recuerdo de quienes fueron alguna vez.
Frente a la casa a la que se dirigía estaba Roger o como todos lo llamaban The Janitor, básicamente porque era el único que daba mantenimiento a cualquier cosa, hacia cualquier trabajo a cambio de comida o teselas, y por supuesto que iba hacerle trabajos a The Lady. Por costumbre, la niña se escondió en unos arbustos cercanos…
¿Para qué se escondía? Ya no tenía la necesidad de hacerlo. La niña salió de su escondite caminando lentamente hacia la puerta.
- Buen día Six ¿Saliste temprano de la escuela?
Six gruño. No importaba que él estuviera ciego, siempre sabía o tenía una idea de quien estaba cerca.
- Es día de cosecha. - dijo simplemente.
- ¡Oh! - realmente sonó sorprendido. - El tiempo se pasa rápido. Debe de ser que ya soy más viejo, aunque no lo suficientemente viejo, entonces apresúrate, The Lady va querer darte un baño antes de vestirte.
Six volvió a gruñir. Claro que The Lady la iba a querer bañar, algo que parecía importarle mucho a su protectora era la imagen. Si fuera por Six, ella usaría el mismo impermeable amarillo y andaría descalza todo el tiempo, y solo se bañaría si notaba que su olor ya era molesto. Pero no podía hacer eso, no si quería seguir viviendo como hasta ahora, The Lady la había “adoptado” después del… accidente, al parecer ella le recordaba a sí misma de joven.
- Niña… suerte. - escucho decir a The Janitor antes de abrir la puerta de la casa, Six entró sin decir nada cerrando la puerta tras ella.
Se quitó los zapatos escolares y los colocó al lado de la puerta. La casa de la vencedora se había ido modificando por dentro con el tiempo, a ese estilo oriental que tanto le gustaba, al parecer su protectora quería enseñarle sobre la cultura japonesa en algún momento, pero hasta ahora solo le había dicho datos al azar cuando la situación se daba.
Subió al piso de arriba, no fue difícil saber en qué habitación estaba la mujer, la podía escuchar tararear. Toco la puerta de donde venía el sonido.
- Pasa.
Six entró, encontrando a su protectora cepillándose frente a un espejo roto, otra vez. Los espejos rotos son algo común en la casa, Six intuía que ella no se consideraba hermosa o que los espejos tendrían algo que ver con los juegos, nunca preguntó, no quería inmiscuirse en ello.
- Deberías bañarte, ya tengo tu ropa preparada ¿O prefieres que te bañe yo? - giró la mujer su rostro para verla.
Six negó con la cabeza levantando los brazos, se echó a correr hacia el baño. The Lady se giró frente al espejo volviéndose a cepillar y a tararear.
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Bueno, al menos esta vez su ropa es cómoda, había veces que su protectora elegía ropa muy elaborada y bonita, pero incomoda. Un vestido rojo oscuro con estampados de esos árboles japoneses en dorado, calcetas blancas y seguramente sus zapatos negros de la escuela.
- Te ves hermosa. - dijo ella volteando frente a un espejo de cuerpo completo fragmentado, tomó un cepillo y comenzó a peinar su cabello corto. - Deberías dejarte crecer el cabello.
- Corto es más cómodo.
- Lo sé, es más práctico. Recuerda, si todo sale bien sigue a los demás en fila, te veré en la orilla de la plaza y si te eligen… deja que los Agentes de la paz te escolten, no pongas resistencia.
Six tembló bajo las manos de The Lady.
- Escúchame. - volteo a Six para que la viese, o más bien, a su máscara que ahora traía puesta. - Tu nombre solo esta una vez, tienes las probabilidades a tu favor.
Ella la abrazó, ninguna de las dos es muy cariñosa, pero este parecía un buen momento para serlo. El abrazo se rompió después de unos segundos y la mayor siguió cepillando su cabello.
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La plaza estaba llena, obviamente, pero Six estaba más acostumbrada a casi no ver gente, casi todas las personas trabajaban en los campos, y tenía miedo. No miedo de la gente, miedo de lo que vendría, muchas veces pensó que con suerte moriría antes de cumplir 12 años, pero The Lady la “adoptó” y pensó que podría vivir siempre un poco más.
Tomaron su sangre, la formaron con las mujeres. Solo se dio cuenta que quería huir cuando escucho la voz de la maldita presentadora en el micrófono, odiaba que se escuchara tan feliz, odiaba lo cálido que estaba el clima, odiaba tener hambre en ese momento y que sus tripas gruñeran, odiaba al Capitolio, odiaba el vestido hermoso que vestía, odiaba que su única amiga hubiese muerto, por culpa de la hija del alcalde quien pretendía ser alguien del Capitolio, odiaba…
- Six Fresser.
Odiaba que ese fuese su nombre.
- Six Fresser.
¿Cómo? Six alzó la mirada para ver a la presentadora: una mujer gorda que aplasta su cuerpo en un vestido demasiado ajustado, está sonriéndole y a su lado The Lady totalmente quieta junto a otros vencedores, la máscara blanca no le permite ver la expresión que tuviese su protectora, unos Agentes de la paz se le acercaron para escoltarla al escenario.
Claro. Tiene que dejar que la escolten.
Mareada, se siente tan mareada. Caras, miles de caras viéndola, todas las mujeres dentro de la edad para entrar a los juegos se veían aliviadas, no sabe qué dicen los demás se escuchan ¿Borrosos? ¿escuchar borroso? ¿Eso existe?
De repente hay un chico a su lado ¿Lo conoce? Mierda, si lo conoce. Suelen confundirlos porque se parecen mucho, no recuerda el nombre del niño, pero le dicen “Runaway Kid”; siempre intentando huir del Distrito, pero lo atrapaban y castigan cada vez, solo para que el niño volviese a intentar huir. Gira un poco su cabeza para ver a la mujer que llama su protectora, no ve nada, solo fría cerámica blanca.
El alcalde, que Six no había notado hasta ahora, se pone al micrófono y empieza a leer el Tratado de la Traición, como se hace todos los años (es algo obligatorio), pero no escucha realmente nada, siente como si su mente se nublara. Solo sabe que la ceremonia ha terminado cuando escucha a la presentadora hablar:
- ¡Felices Juegos del Hambre! ¡Y que la suerte esté siempre de su lado! - La maldita mujer aplaudió, y los vigilantes los escoltaron a ambos niños dentro del Edificio de Justicia.
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La habitación es pequeña y limpia. Solo hay una silla y un mueble. Traen a los Tributos a estas salas para que se despidan de sus seres queridos, ella no tiene ninguno.
- Six. - escucha la voz de The Lady, ella está en la entrada de la puerta. - Lo siento tanto
- D- Dijiste.-siente que se le rompe la voz..- Que no iba a ir…
Se echa a llorar, no sabe qué hacer, solo quiere llorar.
- Nunca dije eso. - The Lady cierra la puerta y se acerca a ella agachándose a su altura. - Dije que las probabilidades estaban a tu favor.
Six comenzó a llorar más fuerte.
- Vas a estar bien.- hablo con voz plana.
- ¡Eso no lo sabes!
- Lo sé. Porque vas a ganar.
Six quiere reír, si claro. Ríe y llora.
- Voy a ser tu mentora, me aseguraré de eso. Sé que tú puedes ganar, porque eres como yo, eres una sobreviviente, Six.
La mujer toma su rostro para que la vea, aunque solo ve esa mascara blanca y ojos negros, pero en esos ojos negros cree que puede algo, un brillo.
- Six. Tú vas a ganar. - dijo puntualizando cada palabra. - Y jamás vas a volver a pasar hambre.
Six paró de llorar.
Desde que recuerda, siempre tuvo hambre, no importaba que trabajara en los cultivos o con los animales. No eran para ella, no podía comerlos o la castigarían, y luego esa rata muerta, la carne es un lujo para quienes pueden pagarla. Nunca la había comido y no sabía cómo cocinarla, y la rata, en su lógica de niña: era carne. Fue lo más delicioso que había comido.
La tacharon de loca y enferma cuando la descubrieron comiendo los restos crudos de animales muertos, pero no le importo, y a los demás no les importaba lo suficiente como para castigarla, tal vez por miedo. Solo hasta que The Lady la “adoptó” no volvió a sentir hambre, e incluso así a la mujer le costó bastante que Six dejara de comer carne cruda.
- Vas a estar bien.
- Voy a estar bien. - repitio Six aun viendo los agujeros negros de la máscara.
The Lady asintió. Se levantó y salió de la habitación. Unos minutos más tarde entraron dos agentes de la paz.
Bien, esta pesadilla podría ser su salida. Que empiecen los Juegos del hambre.