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JAMÁS debió casarse con él. Fue un tonto al pensar siquiera que eso podía resultar. ¡Un maldito tonto!
Baekhyun golpeó con los puños el borde de la ventana y las lágrimas nublaron su vista, impidiéndole mirar los magníficos jardines de South Park. Apretó los dientes, se apartó de la ventana y cruzó el dormitorio. No era el momento de llorar, ni de luchar para vencer la sorpresa que le produjo ese doloroso frío en el corazón; tampoco era el momento de tratar de aceptar lo que acababa de ver y escuchar.
Tal vez la fiesta de esa noche sería una bendición disfrazada, se dijo irónico. Mientras representara el papel del hombre de Chanyeol Park... el perfecto anfitrión de sus colegas de negocios, de la gente que podía serle útil a él... podría liberarse del dolor.
Pero cuando vio su imagen en el espejo, comprendió que ese pequeño consuelo sólo era una quimera, el dolor se reflejaba en sus ojos marrones. ¿Cómo podía aceptar que Xiao Luhan, el hombre a quien Chanyeol amó obsesivamente estuviera allí de nuevo? ¡Obviamente había sido invitado por él y lo que era peor, llevaba consigo a su hijo ilegítimo de dos años, quien era el fruto de su apasionada y aciaga aventura!
Por un momento, la terrible intensidad del dolor que mantuvo bajo control desde su aborto, hacía tres meses, amenazó con destrozarlo, pero lo venció, negándolo antes de que alcanzara un nivel intolerable que lo dejaría como un ser inútil. Apretó la suave curva de su boca, tomó un peine, frunciendo el ceño al ver el temblor de su mano y se lo pasó por el cabello oscuro y lacio. Haría lo que siempre hacía cuando esperaban invitados. Se apegaría rígido a la rutina, y de esa manera tal vez estaría a salvo y podría salir de la prueba con su dignidad intacta; era lo único que le quedaba, por lo menos la apariencia de ella. No tenía orgullo para aferrarse a él; nunca lo tuvo, no en lo que concernía a Chanyeol, de lo contrario jamás habría aceptado casarse con él.
Cerró los ojos tratando de olvidar ese hecho degradante. Poco después, salió de la habitación con paso ágil y se dirigió a la cocina, para verificar cómo iban las cosas. Los invitados llegarían en cualquier momento, las habitaciones ya estaban dispuestas. Las discusiones de negocios se prolongarían durante la mayor parte del fin de semana, pero esta vez, dos hombres iban acompañados de sus esposas y debería atenderlas mientras aquellos arreglaban sus asuntos. El recorrido de los jardines de South Park siempre era agradable, en especial con ese glorioso clima del mes de junio. Tomarían el té en la terraza, charlando ociosamente de cosas de hombres, y tal vez a la mañana siguiente, irían a la aldea, para visitar la iglesia normanda y las pintorescas ruinas de la abadía.
Y todo el tiempo sin que nadie adivinara la situación por la que estaba pasando, ni lo que él sentía.
Al entrar en la enorme cocina, percibió el aroma de las hierbas recién picadas, y la señora Penny, la cocinera y ama de llaves en South Park, desde que los padres de Chanyeol vivían allí, excepto por una breve y desafortunada ausencia hacía tres años, comentó refunfuñando:
— ¡Como si no hubiera tanto trabajo! —meneaba con vigor una cacerola llena de pescado y sus astutos ojillos oscuros miraron de reojo a Baekhyun—. ¿Usted sabe por qué ha regresado ese hombre? Entró dándose aires de importancia y pidió que le llevaran el té al estudio y leche y galletas para el pequeño, que además es la viva imagen de su padre. Es un desvergonzado.
Rígido, Baekhyun inspeccionó las verduras frescas, dispuestas sobre la mesa de picar. Así que la señora Penny se percató del inconfundible parecido entre padre e hijo; después de todo, era evidente. Tratando de controlar la rigidez del cuello y los hombros, clavó la vista en las diversas bandejas. No tenía objeto hacer públicos su dolor y su humillación. Vio las legumbres frescas, todas recolectadas del huerto familiar esa misma mañana, pero su interés era fingido y no logró interrumpir la implacable perorata de la señora Penny.
—Y cuando fui a recoger la bandeja, no hace ni diez minutos, él seguía allí y me informó que piensa quedarse. "Quiero que me prepare una habitación, señora Penny" —declaró con tono de mando— "y también una para Harry, por supuesto". El niño, por cierto, es encantador y además no tiene la culpa de nada, ¿no es cierto? Pobre pequeño. Yo le respondí de inmediato "Me temo que estoy demasiado ocupada, señorito Xiao, porque aún es el señorito Xiao, ¿verdad?" Él no me contradijo, por lo visto no se ha casado con nadie... ¡ni con el padre de Harry! —como si quisiera subrayar sus excesivas ocupaciones, se dirigió al fregadero para lavar una lechuga y gritando para hacerse oír por encima del chorro del agua, declaró—: ¡No me imagino qué trata de hacer ese esposo suyo, alojándolo aquí! ¡Lo único que sé es que él siempre ha causado problemas!
Baekhyun sabía muy bien por qué Chanyeol le ofreció alojamiento a Luhan, pero era algo en lo que no soportaba pensar en ese momento, así que replicó en tono represivo:
—Estoy seguro de que el señor Park tiene sus motivos.
La señora Penny dejó escapar un irreprimible bufido.
—¡No me hable del "señor Park", querido! Para mí siempre ha sido Chanyeol, desde que empecé a trabajar aquí para sus padres, cuando él tenía diez años. ¡Y siempre será Chanyeol!
Baekhyun se estremeció. Deseaba tener la confianza de la señora Penny, su seguridad de sentirse aceptado... pasara lo que pasara. En una época, bendecido con el poder del amor y la ciega esperanza de la juventud, poseyó todo eso. Tenía el firme propósito de intentar que Chanyeol lo amara, seguro de que con el tiempo, él olvidaría la aciaga y turbulenta pasión que había sido su obsesivo amor por Luhan. Qué tonto. Obligándose a sonreír, comentó con tono tan ligero como le fue posible:
—Si todo está bajo control, iré a esperar a nuestros primeros invitados. Ya es muy tarde, así que prescindiremos del té. Chanyeol les ofrecerá algo de beber. Iré a buscarlo.
Pero no lo hizo, por supuesto. Media hora antes había ido a buscarlo para hacer precisamente eso, pensando que estaría en su estudio, pues cuando le daba los últimos toques a la mesa para la cena, oyó llegar su auto. Últimamente, él ya no se molestaba en anunciar su llegada. El matrimonio había degenerado hasta convertirse en algo distante, se trataban con una helada cortesía superficial que los separaba más cada día, haciendo que los lazos de su relación se extinguieran inexorablemente.
Al acercarse al estudio, había puesto en su rostro una leve sonrisa impersonal, ahora habitual en él, pues se prometió que jamás le dejaría ver el dolor que le causaba su alejamiento físico y mental. De nada serviría que él adivinara el apasionado amor que él aún sentía por Chanyeol, tal vez eso lo disgustara, apartándolo todavía más. Baekhyun había adquirido el hábito de calcular el tiempo, esperando, siendo todo lo que él quería que fuera y nada más. Nunca otra cosa. No ahora.
La puerta del estudio estaba entreabierta y alzó la mano para apoyarla contra la pulida madera, cuando esa voz ronca que tan bien recordaba, lo hizo detenerse. Jamás olvidaría el tono de sirena de Luhan, ni aunque viviera cien años. Al principio no tuvo sentido; las pesadillas muy rara vez lo tenían. Luhan se alejó de allí tres años antes, dejando a Chanyeol casi devastado, viviendo en un amargo aislamiento en South Park.
—Tuve que volver a tu lado, querido. Ese funesto matrimonio ahora ha terminado. Y no voy a fingir que no me alegro... no puedo ser tan hipócrita. Además, no negarás que nuestro hijo debe conocer a su padre. Como padre soltero, le he proporcionado a Harry todo el amor del mundo, pero aun así necesita a su padre.
Instintivamente, Baekhyun empujó un poco la puerta y el destello de desconcertada incredulidad en sus ojos marrones se convirtió en uno de sorpresa y conmoción al ver el cuadro que quedaría grabado para siempre en su mente. Luhan, tan llamativo y encantador como siempre, con el cabello rojizo, rizado alrededor del rostro en forma de corazón, estaba recostado en uno de los sillones tapizados en piel, Chanyeol se había inclinado hacia él, con los duros rasgos suavizados en una expresión que Baekhyun no había visto en meses y que quizá jamás volvería a ver, como no fuera en los sueños que a diario lo atormentaban. Y el niño.
Tendría unos dos años. Estaba jugando en el suelo, con un pisapapeles en las regordetas manecitas, golpeando el improvisado juguete contra la gruesa alfombra, ajeno a las vibraciones que hacían que el aire zumbara arriba de su inocente cabecita, e ignorante por el momento de la identidad de su verdadero padre. El parecido entre ambos era notable, tenía el sedoso cabello negro, como ala de cuervo, el color oscuro de ojos, los rasgos que con el tiempo serían la viva imagen del hombre cuya mirada, ahora estaba fija en él con un inconfundible gesto de anhelo.
Baekhyun se alejó sin ser visto ni oído, invadido de náusea, apenas logró llegar a tiempo al baño; luego se obligó a enfrentarse a lo increíble, a la conmoción y el dolor de saber que Luhan estaba de regreso, con el hijo que Chanyeol tanto anhelaba.
Después de la ruptura de su tempestuosa relación con Luhan, Chanyeol se casó con él, no exactamente por despecho, sino por un frío cálculo que casi dejó sin aliento a Baekhyun. Él quería un esposo, un hijo que heredara su riqueza... de hecho, varios hijos. Y él, Baekhyun, era el hombre adecuado; en ausencia de la señora Penny, había demostrado que era capaz de administrar South Park y recibiría una bonificación adicional, por actuar como su anfitrión cuando recibía a sus contactos de negocios, ocupando el lugar que Luhan había dejado vacante.
Su propuesta de matrimonio fue como una bomba para él y aún sentiría los efectos cuando aceptó; debió ser así, porque ignoró los consejos bien intencionados de sus padres y de Kyungsoo, su mejor amigo y socio de negocios. Pero tuvo el suficiente control de su voluntad para mantenerlo ignorante acerca de lo que sentía por él.
¡Un hombre de mundo como Chanyeol, con la energía y la ambición necesarias para sacar del polvo del fracaso la empresa de comunicaciones propiedad de la familia y ponerla firmemente en pie, habría pensado que él era un tonto si se hubiera echado en sus brazos, confesándole que lo amaba desde que era un adolescente soñador! La mayoría de los jóvenes de la aldea soñaba con el moreno y atractivo Chanyeol Park de South Park, el inalcanzable Chanyeol. Sin embargo, los otros jóvenes superaron su enamoramiento, pero él, Baekhyun, no pudo hacerlo, siempre lo amó y lo amaría eternamente.
La llegada de los primeros invitados hizo que Baekhyun sepultara su dolor en un rincón de su mente y, como si poseyera el don de la telepatía, Chanyeol apareció a su lado, sin que en los ojos oscuros se adivinara el menor vestigio de la emoción que debió sentir cuando vio a su hijo por primera vez. "¿Sería la primera vez?", se preguntó atormentado cuando Chanyeol le sonrió por encima de la cabeza del esposo de uno de los invitados, sin que la ligera curva de su boca hiciera llegar algo de calor a sus ojos oscuros, pero sí haciéndolo sentir una amarga punzada de dolor en la boca del estómago.
Esa abrumadora necesidad de él era algo que tendría que borrar de su existencia, reconoció con un desesperado sentimiento de angustia, porque trataba de hacerlo desde que Chanyeol le dio a entender que ya no le interesaba el aspecto físico de su matrimonio. De pronto lo vio fruncir el ceño, los inescrutables ojos se clavaron en los de él y Baekhyun habló a toda prisa y con exagerada jovialidad.
— ¿Quieres que te muestre tu habitación, Mavis? Sé que Chanyeol está a punto de ofrecerle una bebida a Donald y...
—Creo que los dos querrán refrescarse antes —lo interrumpió Chanyeol afable, tomando las dos elegantes maletas y guiando a sus invitados hacia la escalera, mientras añadía por encima del hombro—. Los demás llegarán en cualquier momento. ¿Quieres esperarlos, querido?
"No, gracias", pensó Baekhyun, sintiéndose desdichado cuando la figura alta y esbelta de su esposo desapareció al dar vuelta en el recodo de la escalera. Tal vez querría darle en privado la noticia de la llegada de sus invitados principales... su antiguo amante y el hijo de ambos. ¡No era la clase de información que le gustaría dar delante de sus socios de negocios!
Bien, eso era su problema. Baekhyun subió a toda prisa la escalera, decidido a llegar a la intimidad de su propia habitación. Hasta donde Chanyeol sabía, él no estaba enterado de la presencia de Luhan y Harry allí. Y como un tonto, albergaba la absurda idea de que hasta que él lo mencionara, no tendría que enfrentar el problema. Era algo demasiado terrible para afrontarlo, pensó destrozado al llegar a lo alto de la escalera, tratando de ignorar el hecho de que Chanyeol debió comunicarse con Luhan, para informarle que su infortunado matrimonio con el pequeño Baekhyun había llegado a su fin. Que todo había terminado. La conversación que alcanzó a oír se lo dio a entender.
¿Le habría suplicado a su antiguo amante, confesándole que no había podido olvidarlo? Las preguntas aturdían su mente, intensificando el dolor, mientras caminaba por el pasillo que se alejaba del ala dedicada a los huéspedes y llevaba a su habitación. ¿Cuál habría sido la reacción de Luhan? Era fácil adivinarlo. Tal vez lamentaba la ruptura tanto como él, pero su orgullo lo obligó a mantenerse alejado, hasta que ya era demasiado tarde para hacer algo. ¡Y cuando descubrió que esperaba un hijo de él, Chanyeol ya estaba casado con su ama de llaves temporal! Seguramente después de desaparecer de la escena, se mantuvo alejado, pero eso tampoco debió ser un problema. Como hijo único y mimado de padres opulentos, no debió faltarles nada a él y a su hijo. Tal vez vivió los últimos dos años y medio en la villa de sus padres, en el sur de Francia, en donde decidieron pasar los primeros años después de su retiro de los negocios.
Pero ahora había vuelto a aparecer en escena, decidido a vengarse. No obstante, Chanyeol no debió estar enterado de la existencia de Harry hasta que se comunicó con Luhan, explicándole que, en lo que a él concernía, su matrimonio había terminado. De haberlo sabido, nada en el mundo lo habría mantenido alejado de su hijo y nada lo apartaría ahora de él. Así como nada podría separarlo del único hombre al que siempre amó.
Baekhyun temblaba de la cabeza a los pies y, como un niño, apretó los puños y se los llevó a la boca, clavando los dientes en los blancos nudillos, agradecido por la distracción del dolor físico. Tenía que controlarse de alguna manera, resistir la tormenta hasta el domingo por la tarde, cuando se irían los invitados. Justo en ese momento, oyó a su espalda la voz de Chanyeol, recordándole con frialdad:
—Te pedí que te quedaras abajo.
No había puesto un pie en esa habitación desde que él abortó tres meses antes, permaneciendo en la que antes compartían, el dormitorio principal. Su intrusión allí, ahora y bajo esas circunstancias, era una violación de su espacio, de su intimidad; la única forma de combatir un incipiente colapso nervioso era mantener la cabeza erguida, conservar su dignidad y, de alguna manera, combatir el fuego con el fuego. Se encogió de hombros, tratando de conservar la calma, aunque fuera a costa de su equilibrio mental.
—Estoy seguro de que tú eres muy capaz de recibir a tus invitados y ayudarlos a instalarse —su voz sonó frágil incluso a sus propios oídos—. Es hora de que me dé una ducha y me cambie.
Se obligó a dar la vuelta para enfrentarse a él, con la cabeza erguida y rígida, pero tenía la boca seca cuando volvió a hablar:
—Si quieres que esté presentable, sirva las bebidas y charle con tus invitados, además de ayudar a la señora Penny con los últimos detalles de la cena, entonces no dispongo de tiempo para esperar a quienes se han retrasado. No queremos que nada altere la rutina y arruine el fin de semana, ¿verdad?
Era el discurso más largo que le dirigía en mucho tiempo y en él había una advertencia. Se sentiría destrozado cuando Chanyeol le informara que quería el divorcio para casarse con Luhan, el único hombre al que podía amar, y reclamar así a su hijo. Y prefería que eso no sucediera hasta que terminara el fin de semana, cuando los invitados abandonaran la casa. Por un momento, creyó ver un destello de cólera en la profundidad de los inescrutables ojos oscuros, pero desapareció o tal vez nunca existió, concluyó al ver que Chanyeol lo miraba con su acostumbrada expresión plácida.
Baekhyun bajó la vista, pues el contacto era demasiado doloroso, y cuando se percató de que contemplaba hambriento la bella boca esculpida, dejó escapar un jadeo de dolor y se dio la vuelta para dirigirse al armario atestado de ropa, fingiendo buscar algo apropiado entre las prendas. La mejor forma de deshacerse de él era empezar a desnudarse para meterse a la ducha, se dijo. Hacía meses que Chanyeol no quería verlo, ni tocarlo, y él no sabía por qué.
Casi desafiante, se quitó los zapatos y alzó las manos para desabotonarse la camisa, pero su desesperado truco no dio resultado, porque Chanyeol comentó inexpresivo:
—Xiao Luhan está aquí —Baekhyun se quedó paralizado, de espaldas a él, mientras el corazón le latía apresurado, pues había llegado el momento decisivo. Chanyeol iba a decirle algo que él no creía ser lo bastante fuerte para resistir. Continuó serio y con voz controlada—: Con su hijo. Harry, tiene dos años. Se alojarán aquí varios días.
—Ya veo —no podía culparlo si su voz sonaba desinteresada. La única forma de controlar la situación era fingiendo indiferencia.
Mirando hacia atrás, se sentía agradecido porque Chanyeol jamás le dijo que lo amaba, nunca pronunció esas palabras que él habría querido escuchar, que habrían abierto la represa de su profundo amor por Chanyeol, y le habrían hecho confesar la fuerza de su pasión. Si hubiera sido tan estúpido para hacerlo, ese fin de semana habría sido más humillante, más degradante.
— ¿No vas a preguntarme por qué?
Se había movido. Por su voz, Baekhyun sabía que ahora estaba mucho más cerca y se estremeció, replicando brusco:
—No —ya sabía por qué Luhan estaba allí, con el hijo de Chanyeol; no necesitaba que él se lo explicara.
A ciegas, sacó del armario el primer traje que encontró, todavía dándole la espalda, porque no soportaría ver el rechazo en sus bellos ojos, cuando Chanyeol le dijera que ya no lo quería como esposo.
Él lanzó un juramento en voz baja, casi inaudible y Baekhyun, con el traje apretado contra su pecho como si fuera una armadura, lo oyó decir con el primer asomo de tensión en su voz:
—Por alguna razón que sólo él conoce, la señora Penny se negó a preparar una habitación para Luhan y el pequeño Harry —Baekhyun captó el tono más suave al mencionar al niño. Su hijo, ese hijo que Chanyeol tanto deseaba y que él no pudo darle. Y ahora le pediría que se encargara de instalarlos con comodidad. ¡Eso era increíble! Y vio que estaba en lo cierto cuando Chanyeol continuó, con una intensa emoción matizando su voz—: Me pregunto si tú querrías...
—Ya te he dicho que no dispongo de mucho tiempo —estaba preparado; aprendió ese truco desde que se obligó a aceptar el hecho del creciente desagrado de Chanyeol hacia él. Era un mecanismo de defensa muy útil—. Por lo visto tú los invitaste. Encuentra un lugar en donde puedan dormir... no me importa en dónde, eso es cosa tuya —se alejó a toda prisa, rígido como un autómata y cruzó la habitación yendo hacia el baño, con el traje aún apretado contra su pecho.
Su voz sonó fría y no supo cómo lo logró, pues en su interior se sentía a punto de gritar y el corazón le latía apresurado; cerró la puerta con fuerza y corrió el pestillo, apoyándose contra la pulida madera oscura. Desde luego, no porque pensara que Chanyeol trataría de seguirlo; había perdido todo interés en él desde que abortó a su hijo. Ahora se trataban como desconocidos... sólo esa tarde, Chanyeol rompió el habitual distanciamiento, más grande cada vez desde aquella terrible noche, hacía tres meses. Y no le satisfacía en lo más mínimo saber por qué lo hizo, pensó colérico mientras se quitaba la ropa con manos temblorosas.
—¿Te sientes bien? Lo último que esperaba era esa rara demostración de compasión, viendo cómo se suavizaba su gesto regularmente adusto. Pero luego pensó, esquivándolo mientras sujetaba con fuerza la bandeja con el servicio del café, que tal vez sentía lástima por él. Y su compasión era lo último que quería.
—Estoy bien. ¿Por qué no habría de estarlo? —preguntó desafiante, pero se arrepintió de ese impulso, porque no quería darle la oportunidad de decirle el porqué no debería sentirse bien. La cena fue una severa prueba que prefería olvidar, Luhan, con su vibrante belleza y su agudo ingenio, se había convertido en el centro de la atención. ¡Y sólo el cielo sabía lo que estarían pensando los Clarke! Donald Clarke era el contador de la compañía de Chanyeol, desde la época de su tempestuosa relación con Luhan. En aquel entonces, Luhan vivía por temporadas en South Park, y muchos fines de semana actuaba como el anfitrión. Donald y Mavis debían estar ardiendo en deseos de retirarse a su habitación para comentar el escándalo del regreso de Luhan. Difícilmente habrían podido olvidar la obsesión de Chanyeol por el hombre que, incluso entonces, dejaba a su paso una estela de corazones destrozados, ni la desolación de él cuando también lo abandonó.
—Pensé que tal vez tenías una de tus jaquecas —comentó Chanyeol con tono nervioso y expresión preocupada—. Estás muy pálido —le quitó la bandeja de las manos y esperó frente a la puerta de la cocina para que él lo precediera.
— ¡Gracias! —se refería a su poco halagadora descripción, no a su ayuda con la bandeja. Era cierto, desde el accidente en la carretera que dio por resultado la pérdida de su hijo, padecía violentas jaquecas, como consecuencia no sólo de la concusión, sino también del pesar. ¿Pero tenía que hacerle ver que al lado de la resplandeciente belleza de su ex amante y padre de su hijo, él parecía un triste ratón anémico?
—Si quieres retirarte, te disculparé con nuestros invitados —le ofreció Chanyeol cuando cruzaron juntos el amplio vestíbulo. Baekhyun lo miró rápidamente, con un destello de desconfianza en los brillantes ojos marrones. Pero en vez del sarcasmo que esperaba ver en su semblante, del deseo de deshacerse de él y enviarlo a la cama, fuera del camino, sólo vio compasión. Desvió la mirada de inmediato, sintiendo en los ojos el escozor de las lágrimas. Hacía mucho tiempo que sabía que lo estaba perdiendo y trató de negarlo, de aferrarse a una esperanza, pero su acción de llevar allí a Luhan y a su hijo, significaba que esa esperanza se había desvanecido.
Él estaba demasiado cerca; su pecho musculoso de anchos hombros, y las caderas angostas moldeadas por el pantalón oscuro, hicieron que Baekhyun sintiera una dolorosa opresión en el corazón y contuviera el aliento, sofocando un sollozo; Chanyeol dejó la bandeja sobre una mesa a un lado de la pared y le enmarcó el rostro con sus manos, mirándolo con simpatía y apretando la boca cuando le dijo:
—Lo siento, Baekhyun. Lo último que deseo es causarte dolor.
En ese momento él le creyó. Su obsesión por Luhan era legendaria y aún lo perduraba, tal vez incluso a pesar de él. No había nada que pudiera hacer para evitarlo, y la existencia de su hijo hacía que le fuera imposible resistirse a él.
Baekhyun trató de controlarse y luchó con el impulso casi irresistible de apoyar la cabeza contra el pecho de Chanyeol y llorar por el amor que perdió, sin haberlo tenido jamás. Si Chanyeol supiera lo mucho que eso lo destrozaba, lo compadecería aún más y él simplemente no soportaría eso. Así que replicó en voz baja, apartando la cabeza como si el contacto de Chanyeol, en vez de hacerlo sentir un insoportable anhelo, lo disgustara.
— ¡Tendré que creerte... pero muchos no lo harán! —que interpretara eso como quisiera, siempre y cuando jamás se enterara de la verdad... de que lo amaba tanto, que moriría por él si fuese necesario—. Creo que me iré a la cama —giró sobre sus talones, sin mirarlo—. Te agradeceré que me disculpes con los demás.
Por supuesto no durmió, ni siquiera lo intentó. Se quedó pensando en su matrimonio en ruinas; mientras la luz se desvanecía, al final de ese glorioso día del mes de junio, sentía que lo amaba y lo odiaba al mismo tiempo.
Su amor se inició con un enamoramiento juvenil. Tenía quince años y soñar con el atractivo Chanyeol Park era algo que estaba de moda entre los jóvenes de la aldea. Recién egresado de Oxford, conducía autos de carreras y cada fin de semana llevaba a casa un novio diferente, o por lo menos eso decía. Su madre había fallecido hacía muchos años y su padre empezaba a perder el contacto con la realidad, Sehun, su hermano menor, se negaba a tener nada que ver con el decadente negocio de la familia, dejando en manos de Chanyeol la responsabilidad de trabajar para recuperar su fortuna.
Mientras contemplaba el atardecer desde su solitaria ventana, Baekhyun se preguntó qué habría sido de Sehun. Lo último que supo de él, por Chanyeol, fue del fallecimiento de Junmyeon, el esposo de Sehun, en algún lugar del extranjero. Debió averiguar algo más, escribirle para expresarle su simpatía. Nunca conoció a Junmyeon; Sehun y él ni siquiera asistieron a su boda con Chanyeol hacía dos años. Sabía que los hermanos habían discutido, y Chanyeol se negaba a hablar de su hermano menor. Y en esa época, se dijo disculpándose... sufría mucho por haber perdido a su hijo, sin embargo, debió hacer un esfuerzo y expresarle sus condolencias...
Suspiró. No sabía por qué, en ese momento, pensó en Sehun. Debió ser porque, al rememorar una época anterior, cuando se enamoró del inalcanzable Chanyeol Park, revivió un incidente que recordaba con absoluta claridad.
Debió suceder hacía unos cinco años. Kyungsoo, su amigo íntimo y él, acababan de iniciar un negocio propio, y decidieron disponer de un rato libre para asistir al baile del primero de mayo en el ayuntamiento de la aldea. Chanyeol y Sehun estaban allí, como de costumbre, para entonces los compañeros de Baekhyun habían superado su enamoramiento platónico del heredero de South Park y habían encontrado novio entre los jóvenes de la localidad, menos encumbrados, y por lo mismo más asequibles.
Pero no Baekhyun, por supuesto. Lo que empezó como un enamoramiento de colegial se convirtió en amor. Nunca se lo confió a nadie, ni siquiera a Kyungsoo; guardó el secreto... como si fuera un vicio pernicioso... y por lo visto sólo Sehun adivinó la verdad.
Esa fue la primera vez que vio a Luhan, quien llegó al baile del brazo de Chanyeol, como una orquídea exótica en un campo de margaritas; Sehun los seguía malhumorado, era una pálida copia al carbón de su devastador hermano. Más tarde, Sehun lo sacó a bailar, y le comentó:
—Nunca tuviste mucha oportunidad; Chanyeol siempre se ha sentido atraído por las especies más raras. Pero esta vez, lanzó su red y atrapó al incomparable Xiao Luhan , de manera que tú, mi pequeño gorrión, no tienes ni la más mínima esperanza.
Se sintió muy mortificado al ver que Sehun había adivinado la verdad y no pronunció una sola palabra. Además, por la forma en que Chanyeol miraba al nuevo hombre en su vida, era evidente que estaba enamorado. Ahora se preguntó si Sehun envidiaba la facilidad de su hermano para conquistar a los hombres más bellos y si eso fue el motivo de su disputa. En cualquier caso, Sehun se casó poco tiempo después. En ese entonces trabajaba en el extranjero, como ingeniero civil y hasta donde él sabía, nunca llevó a Junmyeon a South Park.
Se preguntó si se habría sorprendido al saber que su hermano se casó con el insignificante Baekhyun, en cambio, estaba seguro de que no lo haría cuando se enterara de que el matrimonio había fracasado. Sus palabras en ese baile del primero de mayo resultaron proféticas.
Despertó con una sensación de desolación; se había quedado dormido sobre el ancho reborde de la ventana y se puso de pie con dificultad; con movimientos desganados. Palpando los muebles en la oscuridad, localizó el interruptor de la luz. "Si sólo pudiera desvanecer la oscuridad en mi interior", pensó desesperado al contemplar su solitaria cama, sabiendo que no podría dormir si antes no aclaraba el asunto.
Contrario a lo que había planeado antes, aturdido por la sorpresa, sabía que no podría pasar la noche y el resto de ese interminable fin de semana sin discutir la situación con Chanyeol. Necesitaría armarse de valor para dirigirse a la habitación de donde él lo echó después de su enfermedad. Pero lo lograría, tenía que hacerlo.
Cuando él entró a South Park por primera vez como su esposo, Chanyeol lo llevó al dormitorio principal; fue allí donde vivió esas noches de éxtasis y albergó la esperanza de que un día, tarde o temprano, Chanyeol llegaría a amarlo, como él lo amaba. Fue allí donde concibió al hijo de ambos.
Pero cuando regresó del hospital, descubrió que habían llevado sus pertenencias a la habitación que ahora ocupaba, Chanyeol le explicó que sería mejor que durmieran separados hasta que él estuviera plenamente recuperado. No fue cruel, pensó ahora con un leve estremecimiento. Nunca lo fue; siempre fue un esposo considerado, cariñoso y apreciativo... aunque exigente. Incluso después del accidente y de su aborto, cuando cualquier afecto que pudo sentir por él murió junto con su hijo, siguió tratándolo con respeto y cortesía. Eso hacía que su crueldad, al llevar allí a Luhan y a su hijo fuese más devastadora.
Sin embargo, Chanyeol no era un hombre cruel, era seguro de sí mismo, e implacable en los negocios, enigmático a veces y en ocasiones exasperante, era todo eso y más, pero nunca deliberadamente cruel. Seguro de eso, se sujetó el cinturón de la bata de seda y salió de su habitación, con la boca apretada en un gesto de determinación. No se quedaría sumiso, viendo su vida y su matrimonio destrozado sin hacer algo para evitarlo.
Era una vana esperanza pensar que Chanyeol se quedaría a su lado porque nunca lo amó, y sobre todo porque, después del accidente y el aborto, le informaron que tal vez jamás volvería a concebir. Además se agregaba el hecho de que ahora podía tener al hombre que antes dominó su vida y al hijo que procrearon juntos, pero él era optimista. ¡Tenía que serlo, para haber aceptado casarse con Chanyeol!
Pero incluso eso le falló cuando llegó al punto donde el pasillo se desviaba a la izquierda, justo antes de llegar al dormitorio principal. Con la casa llena de invitados y todas las habitaciones ocupadas, ¿en dónde podía dormir Luhan, si no era en la cama de Chanyeol? Entrar a la suntuosa habitación y encontrarlos juntos en la cama era algo a lo que simplemente no podría enfrentarse. La determinación que lo llevó hasta allí lo abandonó, dejándolo débil y tembloroso, apoyado contra la pared mientras trataba de calmar los frenéticos latidos de su corazón.
Pero si los encontraba juntos, eso aclararía las cosas de una vez por todas, ¿o no?, se dijo cansado. No podía pasar el resto del fin de semana sin saber lo que sucedía, sin estar seguro. Ahora había superado la conmoción y tenía que saberlo. Se apartó de la pared y caminó decidido por el pasillo iluminado por una luz tenue, pero jadeó angustiado al ver el destello de una lamparita de noche que salía por la puerta entreabierta de la habitación de los niños.
¡Chanyeol y Luhan instalaron a su hijo en la habitación que él decoró con tanto amor para su bebé! ¡No sabía cuánto más podría soportar! Sin embargo, impulsado por una extraña necesidad, se acercó en silencio a la puerta abierta, caminando como un sonámbulo.
Entonces los vio. El niño dormido y los padres contemplándolo. Chanyeol, tenía el cabello alborotado, la bata de felpa revelaba sus largas piernas musculosas cubiertas de vello, y apoyaba un brazo sobre los hombros desnudos de Luhan... desnudos excepto por los delgados tirantes que sostenían el ceñido camisón de satén. Lo escuchó decir en voz baja:
—No te preocupes, todo saldrá bien. No hay un hombre en el mundo que no esté dispuesto a acoger a un niño en el seno de su familia. Y yo no soy la excepción.








