Godness

Summary

La razón por la que el Taehyung se convirtió en el dios más poderoso y padre de todo... ... Fue por que se enamoró de Jungkook. La Victoria Mini historia completamente mía

Genre
Fantasy
Author
QueenRI
Status
Complete
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
18+

1 Cuando te conocí

Cuando yo nací todo era un paraíso, mis ojos se abrieron en conjunto con los de mis hermanos, y mi primer aliento hizo que el de ellos se completara.

Yo permití que ellos nacieran.

Éramos tan perfectos como los dioses primordiales (aunque en ese tiempo la palabra Dios no existía) y como los titanes de la primer y segunda generación, pero nunca fuimos considerados como tal. Los titanes eran grandes, fuertes y sus habilidades se relacionaban estrechamente con la naturaleza. Mis hermanos y yo nunca fuimos así, nuestras habilidades eran diferentes y nuestro tamaño era… más pequeño.

Claro que a comparación de un humano como los de ahora nuestro tamaño es imponente, es solo que el tamaño de los titanes superaba el tamaño de las estrellas y nosotros apenas teníamos el tamaño de un planeta. Gea y Urano habían nacido eones atrás.

Entonces nació la primer generación de seres que no eran titanes sino personificaciones, Bía (la violencia), Zelo (el fervor), Cratos (la fuerza) y yo Jungkook. A diferencia de mis hermanos yo nací sin una habilidad como la de ellos, no representaba nada, mi personalidad era… nada. No era como ninguno de ellos ni me parecía a ellos. Entonces dado que mi madre Estigia era una ninfa y la personificación de los ríos supusimos que yo era su contraparte masculina, un sátiro más.

Lo raro es que no actuaba como sátiro, ni me veía como uno, pero como mi padre era Palas intuimos que eso había heredado de él.

Nada más eso.

Ciertamente nunca me interesó ser diferente, así nací y así me crié. Aunque prefería estar alejado de los demás, yo vivía en Creta, completamente solo. Gracias a mis hermanos tenía protección y gracias a sus enseñanzas sabía pelear.

Cada cierto tiempo viajaba a los campos cercanos a Otris, no me gustaba estar mucho ahí, mucho menos toparme con los titanes ya que sus temperamentos siempre eran fuertes y Cronos… era despiadado y cruel.

Cuentan que la primer niña nació fue a la primera a la que Cronos devoró, la mayor de sus hijos y la primera que hizo temer al tan adorado rey de los titanes.

En toda la tierra se pudo escuchar el rechinado de los huesos de la niña y yo quería arrancarme los oídos para dejar de oír aquello, cada uno de sus hijos tenía el mismo destino.

Era atemorizante al principio.

Luego se volvió una rutina cuando el último hijo del titán, Poseidon, fue devorado, con los gritos de desesperación y la garganta rasgándose, con el llanto haciendo a la tierra temblar y los mares agitarse.

Hasta que todo paró.

— ¿Estás bien Kook? — me preguntó Metis, con visible preocupación en el rostro, yo asentí con rapidez al tiempo que terminaba de cortar aquella fresa ya madura.

— Si — bostecé, tenía una canasta de frutas lista para ser llevada a mi cabaña — es solo que no pude dormir mucho anoche, escuché aquellos gritos y ya sabes cómo son los pequeños engendros de Rea, son muy ruidosos — la ninfa me miró con lástima al tiempo que asentía.

— Me imagino, los ríos se alborotaron también, ya no sabía cómo pararlos, me dijo Estigia que se sentía mareada. Espero que pase mucho antes de que vuelvan a parir a otro de esos bastardos — el rostro contrariado de ella era el reflejo de lo que todos, de verdad, absolutamente todos sentíamos de ellos. Que más que traer paz, su nacimiento tría problemas — de por sí los titanes son muy temperamentales. Ahora con uno de esos engendros naciendo se vuelven peores — no solía llevarme con las demás ninfas, pero Metis era más tranquila y amigable.

Era bellísima, su cabello castaño atado y sus vestidos simulaban siempre hojas entrelazadas, casi como si la misma naturaleza la protegiera (propio de una ninfa), una falda larga y ondulante compuesta por capas translúcidas de gasa en tonos verde olivo y blanco perlado. Las telas se abrían a los costados con gracia, revelando destellos de sus piernas al caminar, como si la tela danzara al ritmo de su cuerpo y por la parte de arriba un escote en forma de corazón dorado que se sostenía por finos tirantes.

Como Metis habían muchas ninfas, aunque ella sí que lograba destacar entre las demás.

Y como ya lo había mencionado, el no parecerme tanto a los sátiros y por supuesto ser lo suficientemente cerrado a todo lo nuevo lograba que siempre estuviera alejado de todo.

Aunque entendía que el ser hermano de las personificaciones que tenía como parientes asustaban a muchos. Tan solo Cratos con su belicosidad era suficiente como para mantener a raya a más de uno.

— Espero lo mismo. Pero la eternidad es mucho tiempo como para dejar de tener hijos — me encogí de hombros — y para como es el titán yo pienso que no acabará ahí, seguramente en unos cuantos siglos habrá otro bebé — la ninfa sonrió. Yo me marché y fue así.

No solía salir de mi cabaña y mis terrenos a menos que fuera necesario. Siempre parecía coincidir con la muerte de los niños de Cronos.

El tiempo pasó, tan solo veía a Helios cabalgar como siempre con tanta diligencia que me hacía preguntarme, ¿qué se sentía tener uno propósito como los de ellos? Mi propósito como sátiro era el cuidado y la preservación de la naturaleza.

Pero como yo habían muchos, nada nuevo ni relevante.

Mis hermanos por otra parte, o personificaciones como Helios o la propia Gea, sí tenían un rol por cumplir, uno que nadie más podía lograr y que los representaba directamente.

Un propósito que los conducía a una rutina que era llevadera, mi rutina más grande era salir de mi cabaña a cosechar y cultivar los alimentos que me ayudarían a sobrevivir por los próximos eones.

Aunque no me quejo del todo

Miré mis provisiones, ya se habían acabado, Selene ya se asomaba, por lo que tendría que salir al día siguiente para recolectar nuevamente mi comida y socializar un poco, una de mis actividades menos favoritas por el momento.

Preparé mi cama y viendo la luz de Selene estaba por dormir hasta que escuché algo a lo que debería estar acostumbrado.

Cronos iba a devorar a su siguiente hijo.

Me preparé para tapar mis oídos de los gritos y sollozos, pero esta última vez fue diferente. No se escucharon gritos, tan solo el crujir de los huesos una y otra vez.

Era raro, ese hijo de Cronos sería raro, eso no evitó que mis entrañas se revolvieran y la piel se erizara. Sentía como si el propio titán estuviera masticando a sus hijos a un lado mío, en mi oído, crujidos y escalofríos. No iba a ser la mejor noche de todas, eso ya era un hecho, sin embargo no pensé que fuera tan horrible como lo fue.

•~•

Al día siguiente como lo tenía planeado salí.

Creta era tranquila mientras no hubieran titanes cerca. Cuando uno vagaba por aquí generalmente teníamos que servirle, era como una ley no escrita entre nosotros, lo peor es que no podíamos hacer mucho para resistir. Primero por el miedo que nos generaba la ira de cualquier titan y segundo porque Cronos había logrado hacer que tuviéramos algo así como un bloqueo, algo que nos obligaba a velar por ellos aún si nuestra vida corría peligro.

Por Urano, eso era humillante.

— ¡Hola Kook! — habló Metis corriendo hacia mí con una sonrisa que correspondí — tenía tiempo que no te veía — me encogí de hombros

— Me quedé sin comida y la verdad es que no quería desperdiciar mi ambrosía en esto mucho menos el néctar, es para ocasiones especiales — la ninfa suspiró mirando al cielo, en él, Helios cabalgaba sus grandes caballos de fuego con su corona de puntas mirándonos con intriga.

Es un chismoso de primera.

— Imagina ser como él, como todos ellos, ¿tus hermanos tienen esos privilegios? — me encogí de hombros ante su pregunta.

— Yo creo, me imagino porque son los que me dan todo lo que tengo, pero no tienen ambrosía y elixir a montones como los titanes, somos lo más bajo que existe… — iba a decir más, pero sentí algo.

Me sentí vigilado, fuertemente vigilado como hacía mucho tiempo no.

Al ser el hermano menor de representaciones tan importantes me temían un poco más que a una criatura normal, porque tenía quien me protegiera. Me sentí incómodo por un momento

— Creo que será mejor que me vaya, nos vemos después…

— ¡Taehyung! — escuchamos un grito. Al darme la vuelta una criatura se abalanzó a mí con fuerza y me hizo tambalear. Era un bebé. Pero no cualquier bebé, era un bebé diferente — ¡Oh! Hola Jungkook, Metis. Discúlpenme madre primeriza — ambos miramos a la ninfa con el entrecejo fruncido y al bebé que se aferraba a mi pierna derecha con fuerza.

Tenía los ojos grises, tan grises como el gris de una nube en tormenta. Y su cabello caía en pequeños y apenas perceptibles rizos rubios.

— Amaltea… ¿ya eres madre? ¿Pues cuánto tiempo pasó? — pregunté, la ninfa nos miró con vergüenza.

Se veía demacrada, como si haberse convertido en madre hubiera sucedido de un día para otro y es que Amaltea de por sí es blanca, ahora se notaba pálida, con ojeras pronunciadas, su cabello estaba recogido en una trenza que parecía se deshacía y la tela que cubría una parte de su cabeza estaba arrugada y sin forma. Su vestido azul marino estaba sucio.

No se ve en absoluto tan perfecta como suelen verse las ninfas que acaban de ser madres.

Pero quien soy yo para juzgar.

— Es complicado. Les presento a Taehyung, mi hijo — mire con repulsión a aquel bebé.

No me gustaban los bebés, eran ruidosos y molestos. Prefería mil veces cuidar animales que a bebés, aunque este era raro.

Era muy bonito, pero tenía una vibra extraña, sentía que se imponía ante mí como nunca había sentido. Extraño, porque maldita sea, el bebé parece tener días y yo tengo eones.

¿Cómo tártaros iba a sentir aquello por un bebé? Literalmente un bebé. Fácilmente podría aplastarlo ahorita mismo y no podría defenderse y ahora estaba yo sintiéndome intimidado.

— ¿Me lo quitas? — la ninfa asintió con rapidez arrebatándome al bebé que al separarse de mí comenzó a llorar, lo que puso de nervios a Amaltea.

Por esa razón es que detesto a los bebés, no se calman.

— Taehyung basta, deja de llorar — comenzó la ninfa, Metis negó con la cabeza

— No creo que sea la manera de calmar a un bebé Amaltea — asentí a lo que la ninfa decía, la mencionada suspiró.

— Les dije, madre primeriza, quisiera pedir ayuda a alguien más, pero yo sola me metí en esto y debo resolverlo — cerró los ojos con pesar — aunque tienes razón, iré por mi cabra a que lo amamante. ¿Podría cuidarmelo alguien? — yo me negué de inmediato.

No tenía tiempo para cuidar mocosos sin control.

— ¿Si sabes que una madre produce su propia leche Amaltea…? — pero la ninfa ya no la escuchaba, batallaba con la criatura esa.

— ¡Por favor Taehyung basta! No quiero que te caigas y termines tocando el suelo, ¡Basta! — y lloraba otra vez.

Metis frunció el rostro, acercándose con lentitud para tratar de ayudarle.

Como pude me alejé, con precaución de que no lo notaran o jamás me dejarían ir. Con todas mis canastas en las manos llegué a mi cabaña a acomodar todo y recostarme, mirando el techo que tantas veces había visto y que ya había memorizado.

Tranquilizante.

Así era mi vida aquí, pacífica la mayor parte del tiempo y me gustaba. Siempre me había gustado así.

Cerré los ojos.

Los abrí.

Un día.

Otro día

Volví a mi rutina, caminar por mi casa, entrenar con los regalos de Cratos, comer lo que cosechaba y dormir.

Un ciclo sin fin al que ya me había acostumbrado demasiado.

Pero mi calma se fue al momento en que escuché cierto ruido fuera de mi cabaña.

Me puse alerta, no habían muchas criaturas, pero con el peligro del exterior no podía bajar la guardia. Miré por la ventana y no había nada, caminé con lentitud por el lugar vigilando cada recóndito espacio por el que pudiera ver hacia afuera sin éxito. No lograba anunciar lo que sucedía afuera, tampoco había ruido. Después de un rato me decidí a salir por fin, miré a mi alrededor con cuidado hasta que…

— ¡Hola! — escuché una voz gruesa saludándome con felicidad. No suelo asustarme, pero aquella efusividad me hizo dar un salto.

— ¿Quién tártaros eres? — pregunté con molestia. El chico sonrió con inocencia.

— ¡Hola! Soy Taehyung — me saludó nuevamente extendiendo su mano hacia mi. La miré con duda antes de apretarla.

¿Taehyung? Yo recordaba ese nombre, en alguna parte de mi mente.

Tenia el cabello rubio casi platinado con rizos cayendo por su frente casi llegando a sus ojos, unos penetrantes iris color gris, parecidos a los las nubes en tormentas…

— ¿Tú eres el hijo de Amaltea? — ensanchó su sonrisa al escuchar el nombre de su madre asintiendo con rapidez.

— Así es, soy Taehyung — ladee la cabeza confundido.

— Pero… ¿qué no eras un bebé? — pregunté simulando con mis manos el tamaño de un bebé, el chico rio.

— Eso fue hace mucho tiempo

No podía ser cierto.

— ¿Cuánto es mucho tiempo? — el chico me miró con confusión antes de pensar por un momento.

— Pues recuerdo ver el carruaje de Helios por completo veintiún veces — suspiré.

Menos mal.

— Eso no es mucho tiempo. ¿Sabes cuánto tiempo tengo yo aquí? — el chico negó, aún sonriente. ¿Por qué sonreía? — Eones, más tiempo del que otras criaturas, probablemente jamás puedas alcanzarme.

— Bien, para mí es mucho tiempo y yo voy a convertirme en el mejor de los héroes — elevó ambos brazos ejerciendo fuerza y dejando ver lo fuerte podía parecer.

Tan solo fruncí el entrecejo.

— ¿Héroe? — pregunté con burla — eso no existe y tú eres otro simple sátiro aunque no parezcas uno ¿quién es tu padre? — el chico se encogió de hombros

— Mi mamá dice que me tuvo aquí mismo en creta, de la espuma del mar — voltee los ojos, seguramente era hijo de algún titán y no tuvo la dicha como yo de tener algún talento, pero me molestaba que la ninfa no dijera nada.

¿Que tenía de malo que fuera hijo de un titán y ella?

¿Que no tuviera alguna habilidad asombrosa? Como yo tal vez…

Aunque teniendo en cuenta cómo eran los titanes seguramente mantener de perfil bajo a un hijo era mejor que tener que lidiar con todo lo que mi madre lidió. Además yo no veo nunca a mi padre

— Bien niño vete — él me miró con confusión mientras negaba

— No, ¿por qué tan rápido? Ni siquiera hemos tenido tiempo de platicar — avanzó hasta mí levantando su brazo para saludarme, pero yo huía — seamos amigos, yo tengo amigos en todas partes, las ninfas me adoran — evité volver a voltear los ojos.

Claramente era un sátiro. Podría no parecer uno, pero ciertamente tenía el carácter.

— No sátiro…

— No soy un sátiro — me interrumpió de inmediato. Me crucé de brazos.

— ¿Ah no? ¿Entonces qué eres?

— No lo sé. Pero en definitiva soy un sátiro — ahora quise reír.

Se notaba su frustración al mencionar aquella palabra. Pero era lo que abundaba aquí. O eras un titán, una representación, un sátiro o Ninfa. No había más.

Y una planta te aseguro que no era.

— Bueno niño, largo de aquí — el platinado negó frunciendo el entrecejo.

— No soy un niño.

— Pues para mí lo eres — refunfuñó, pero al final conseguí que se largara.

Yo solo sé una cosa, amo la soledad y la soledad me ama a mi. No estoy hecho para socializar y menos con jóvenes sátiros.