Capítulo 1: El chico del balcón
Recuerdo el año que me cambié de colegio, a un colegio solo de chicos. Era un ambiente nuevo, más ruidoso, Salí del salón, buscando un poco de aire. Fui al balcón y, de pronto, te vi.
Tan lindo, recostado casualmente contra la pared de ladrillo. Tenías unos ojos hermosos, rostro fino, ese tonto pero atractivo corte hongo y lentes redondos. Tu estatura era pequeña, lo que hacía que pareciera un poco más joven de lo que era, aunque supuse que éramos de la misma edad. Te miré por un momento, la luz de la mañana te daba directo en el pelo y brillaba. Tan solo con verte, me quedé completamente cautivado de tu belleza. Una punzada, una sensación de ligereza en el pecho que nunca había sentido. Lo raro es que ambos somos chicos, y yo no soy gay. Al menos, eso creía. O eso me decía a mí mismo.
Vuelvo al salón. Intento sentarme, pero estoy distraído y un poco tembloroso. Mi mente reproduce la imagen, una y otra vez. "¿En qué salón estará? ¿Cuál será su nombre?" Estoy tan absorto que no me doy cuenta cuando llega la profesora. Me dice que me presente, porque soy el nuevo. Siento todas las miradas clavadas en mí, incómodo. Me presento: "Mi nombre es Teodoro (no me gusta, suena a abuelito), tengo 16 años, me gusta leer y escuchar música..." Me siento de golpe y trato de escuchar la clase, pero la imagen del chico del balcón es más fuerte que cualquier lección de historia.
Es hora del recreo. Salgo a comprar algo en el cafetín, un mar de uniformes grises y cabezas rapadas. Me encuentro con mi amigo, Marcos, que también se cambió de colegio. Le pregunto en qué salón está. Me dice que está en la B. De repente, veo al chico del balcón. Estaba con otro chico, riendo a carcajadas. Mi amigo me comenta que él es su compañero. Se llama tomas . Dice que es muy estudioso, gracioso y sociable. Mientras Marcos habla, no puedo dejar de mirarlo; su sonrisa ilumina toda esa área llena de estudiantes.
Llegó la hora de salida. Voy al salón de Marcos para ir a casa; vivimos cerca. Lo conozco desde que éramos pequeños. Él es una persona muy habladora, me cuenta sobre sus clases, y peleamos casi todo el tiempo, que quién es más alto, etc.
De pronto, me dice: "Oye, ese tomas parece que es gay."
Yo le pregunto: "¿Y por qué lo dices? ¿Te lo dijo él?"
Me dice: "No, pero míralo. Por cómo habla, por cómo se comporta."
Yo siento un calor repentino en el cuello y digo: "Marcos, esas no son razones para pensar que alguien es gay. La forma de hablar no tiene nada que ver."
Él se ríe y dice: "¡Ay, Teo, si lo vieras, te darías cuenta!"
Llegamos cerca de mi casa, bajamos del carro, nos despedimos. Él se va a su casa y yo también. Me quedo solo, procesando la conversación y esa punzada que sentí cuando Marcos mencionó la palabra "gay". ¿Sería una señal?