Esto se llama amor

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Summary

Hola, soy Sam y estoy enamorada. Sé que me van a juzgar, quizás más a ella que a mí pero les prometo que todo tiene una explicación. No les pido que entiendan mi forma de amar, ni mucho menos la de ella, solo déjenme enseñarles porqué esto se llama amor para mí.

Genre
Lgbtq
Author
Valeria
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

‎- ¡Samantha! - gritó. - ¿Puedes levantarte ya?

‎Gritaba mi dulce esposa desde el baño de nuestra habitación, pues ya son las 6:30 a.m. y yo todavía estoy acostada. Sé que tenemos que ir a trabajar, pero no me quiero levantar aún.

‎Creo que si ignoro sus gritos, puedo dormir unos minutos más. Así que abracé mi almohada y cerré los ojos.

‎- Si llegamos tarde otra vez por tu culpa, te prometo que no te hablo más - gritó nuevamente.

‎Ay, Dios. ¿Alguien puede recordarme para qué y porqué me casé, por favor?

‎Me levanto a regañadientes de mi cama deliciosa y cómoda para poner mis pies en ese frío suelo de mi habitación, paso mis manos por mi cara y camino hacia el baño.

‎Ah, ya recordé porqué me casé.

‎Mi primera imagen del baño es de una mujer alta parada frente al espejo maquillándose.

‎No puedo evitar que mi mirada recorra todo su cuerpo, parece tallado por los dioses. Además hoy lleva un traje ejecutivo de falda negra y camisa azul, que se ajustan perfectamente a su silueta, ese hermoso cabello negro largo que tiene, parece que hoy le hizo unas ondas, es buen toque.

‎Bajo un poco más y me detengo, en su trasero bien trabajado en el gimnasio, firme y redondo, perfecto, perfecto como almohada, perfecto para morder, para lamer, besar y...

‎Ey, ustedes no se imaginen eso, es mi esposa, tengan más respeto.

‎Voy a continuar, para finalizar y ya estoy empezando a creer que quiere matarme, veo sus tacones de aguja negros, no tan altos, pero la hacen lucir más elegante.

‎Es simplemente la mujer más hermosa que he visto en toda mi vida.

‎Salgo del encantamiento que me causa esta mujer y camino un poco más para acercarme a ella, coloco mis abrazos alrededor de su cintura y me permito aspirar el aroma proveniente de su cuello con mi nariz.

‎Es el 212 de Carolina Herrera.

‎Que alguien me agarre porque me voy a desmayar, ese perfume me hipnotiza por completo, creo que prácticamente estoy ascendiendo al cielo.

‎-Samantha, por Dios, mira la hora que es y tú aún estás en pijama- me regaña mientras se voltea y me aleja con sus manos.

‎Oh, por Dios, mira sus ojos, habia olvidado mencionarles eso, tiene los ojos azules como el cielo en un día soleado sobre el agua cristalina de una playa del Caribe, sin embargo si eres buen observador puedes darte cuenta que a veces le cambian de color, dependiendo de su humor, a veces verdes y a veces grises pero siempre representan el universo para mí.

‎-¿Me estás escuchando?- Lo dice con un todo de voz molesto.

‎Cierto, ella me estaba regañando, me perdí casi literalmente en su mirada.

‎-Amor, calmate, aún tenemos tiempo- le digo e intento abrazarla nuevamente.

‎-No, claro que no, sabes perfectamente que no me gusta llegar tarde, no podemos dar un mal ejemplo para los demás. Así que arreglate rápido, te espero abajo- dijo, colocó sus productos de maquillaje en su lugar y salió del baño.

‎Bueno, veo que alguien no está de buen humor hoy.

‎Ya sé lo que está pasando por sus cabecitas, les voy a explicar mientras me baño y me visto, así que presten atención que esto tiene que ser rápido.

‎Ema

‎Así se llama mi esposa, ella tiene 34 años, es neuróloga en el Centro Médico Horizonte, la clínica de la que sus papás y los míos son dueños.

‎Justamente por eso la conocí, nuestros papás son amigos de toda la vida, desde que tengo memoria pasamos todos los domingos y fechas importantes juntos, también desde que tengo memoria estoy enamorada de Ema.

‎Mi Ema.

‎Volviendo a la historia, yo también trabajo en ese lugar, tengo 35 años y me especializo en la cirugía plástica, así que si alguno se quiere hacer un "arreglito" no duden en buscarme.

‎-Samantha, no puedo esperarte más, me voy sin tí, haz lo que quieras- Gritó Ema desde el piso de abajo.

‎Tan dulce como siempre mi adorada esposa pero si es capaz de dejarme aquí, así que corro por el cuarto en busca de mi bolso y bajo las escaleras con mucho riesgo de caerme.

‎-Nos vemos, Luz. Te amo, perdón por no probar tu desayuno- le grito a nuestra ama de llaves, que debe estar en la cocina.

‎-No te preocupes, mi niña. Cuídate, cuida de Ema también- es lo que alcanzo a escuchar de lo que dice.

‎-Cielo, no seas así, ya estoy lista- le digo en voz alta, desde la puerta de la casa mientras veo como entra en el auto.

‎Ema enciende el auto pero alcanzo a entrar también en el auto en el lugar del copiloto.

‎-Siempre es lo mismo contigo, Samantha. No sé cuando vas a entender que tenemos una gran responsabilidad sobre nuestros hombros- repitió como muchas veces a lo largo de nuestro matrimonio.

‎Preferí no decir nada porque sé que sí hablo, ella va a seguir discutiendo y es muy temprano para eso, ni siquiera tomé mi café.

‎El trayecto es silencioso, no me atrevo ni a encender el reproductor y colocar música, no quiero darle un motivo para que esté más molesta conmigo, solo debo aguantar un poco más, ya casi estamos llegando a la clínica y ella sigue sin dirigirme la palabra, su semblante es bastante serio pero es completamente normal.

‎Ema es la persona más seria que conozco, algunos dicen que la palabra correcta a utilizar es amargada pero no es así.

‎A estas alturas ustedes seguro habrán juzgado bastante a Ema pero les aseguro que ella no es mala, ser así es la reacción ante un mundo que no la ha tratado bien.

‎No, no la estoy justificando, ustedes no la conocen como yo.