El Arte de Mover el Cabello

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Summary

Liza intentará llamar la atención de Satoru Gojo moviendo su cabello.

Genre
Drama
Author
Elbuscado1
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo Único

El gimnasio "Limitless Fitness" era, irónicamente, el lugar donde Troyan Liza encontraba sus límites cada día. Especialmente los límites de su paciencia.

A pocos metros de ella, Satoru Gojo estaba terminando una serie de prensa de piernas con un peso que haría crujir los huesos de cualquier mortal común. Pero él no era común. Satoru vestía una camiseta técnica negra que se ajustaba a sus hombros anchos de una manera casi ilegal, y unos pantalones deportivos que dejaban claro que no se saltaba el día de pierna. Sus gafas oscuras, incluso bajo las luces fluorescentes del gimnasio, le daban ese aire de estrella de rock que tanto irritaba y fascinaba a Liza.

Liza, por su parte, se había preparado para este día como si fuera a desfilar en una pasarela, aunque técnicamente solo iba a sudar sobre una colchoneta. Llevaba su conjunto favorito, ese que sabía que resaltaba cada hora de esfuerzo: un top corto de color blanco que dejaba ver su abdomen tonificado y unos shorts deportivos de color rosado, de esos con el famoso detalle que acentuaba su figura, adornados con unos coquetos lazos a los costados. Para completar el look de "chica que sabe lo que hace", llevaba puestas sus rodilleras profesionales de color negro con líneas blancas, dándole un aire de atleta seria.

—¿Te vas a quedar ahí mirando el disco de veinte kilos o vas a intentar levantarlo, Liza-chan? —La voz de Satoru llegó como un dardo juguetón. Ni siquiera se había quitado las gafas.

Liza se sobresaltó, ajustándose uno de los lazos de su short rosado.

—¡Estaba descansando, Satoru! Se llama "recuperación activa". Deberías leer sobre ello.—

Satoru soltó una carcajada limpia, secándose un inexistente rastro de sudor de la frente.

—Ya, claro. Te veías muy "activa" mirando fijamente la pared. Por un momento pensé que habías entrado en trance por mi belleza. Es comprensible, no te culpo.—

Liza puso los ojos en blanco, aunque por dentro su corazón martilleaba más rápido que en un sprint de alta intensidad. Ella sabía que le gustaba. Todo el gimnasio lo sabía. Probablemente hasta las máquinas de remo lo sabían. Pero Satoru... Satoru era un misterio envuelto en una capa de egocentrismo y carisma.

—“Hoy es el día"—, pensó Liza. Había leído en un artículo de una revista (o quizá fue un TikTok, ya no recordaba) que el movimiento del cabello era una de las señales no verbales más potentes de atracción. Y si algo tenía Liza, además de unos cuádriceps de acero gracias a las rodilleras que la ayudaban en sus sentadillas pesadas, era una melena larga, sedosa y perfectamente cuidada.

El entrenamiento terminó oficialmente cuando Satoru dejó las mancuernas en el rack con un estruendo metálico. Liza se posicionó estratégicamente cerca de la estación de limpieza, justo donde él tendría que pasar para ir a los vestidores.

Se quitó las rodilleras negras, dejando que sus piernas descansaran, y se puso de pie. El top blanco se subió apenas unos milímetros, y ella se aseguró de estirarse un poco, simulando un enfriamiento casual.

Satoru se acercó, colgándose la toalla al cuello.

—Buen entreno hoy, Liza. Esas sentadillas casi parecen profesionales. Casi.—

Liza inhaló profundamente. Era el momento.

—Sí, bueno, me esfuerzo —dijo ella, y entonces, como si un ventilador invisible se hubiera encendido frente a ella, lanzó su cabeza hacia atrás y movió su cabello hacia un lado con un giro de cuello digno de una película de acción.

*Swoosh.*

El cabello golpeó suavemente sus propios hombros. Ella esperó la reacción. Satoru se detuvo.

—¿Tienes un calambre? —preguntó él, ladeando la cabeza.

Liza se congeló.

—¿Qué? No. Solo... me estoy acomodando el pelo. Hace calor, ¿no crees? —Volvió a mover la cabeza, esta vez hacia el otro lado, haciendo que su melena ondulara en el aire.

—Ah, entiendo —dijo Satoru, cruzándose de brazos. Una sonrisa ladina empezó a dibujarse en su rostro—. Es un tic nervioso. Tal vez el exceso de cafeína del pre-entreno. Deberías tener cuidado, podrías darte un latigazo cervical si sigues agitando la cabeza así.—

Liza apretó los dientes, sintiendo el calor subir a sus mejillas, y no precisamente por el ejercicio.

—No es un tic, Satoru. Solo... —decidió ir por todas o nada. Empezó a mover su cabello de forma constante, pasando sus manos por las raíces, sacudiendo la melena de izquierda a derecha mientras caminaba un poco en círculos a su alrededor—. Me gusta cómo se siente el aire después de entrenar. ¿No es... refrescante?—

Para cualquier observador externo, Liza parecía estar teniendo una pelea invisible con un enjambre de abejas. Para Satoru Gojo, era el espectáculo más entretenido de su semana.

Satoru se apoyó en una máquina de poleas, observándola con una ceja levantada por encima del borde de sus gafas.

—Liza, si sigues haciendo eso, vas a generar una corriente de aire que va a desordenar mis papeles en la oficina.—

—¡Eres un idiota! —exclamó ella, pero no se detuvo. En su mente, ella era una diosa de la fertilidad y la belleza. En la realidad, su cabello largo acababa de azotarle la cara a Satoru cuando él se acercó un poco más.

—¡Auch! —Satoru fingió un dolor extremo, llevándose la mano al ojo. —¡Me has cegado con tu sedosidad! ¡Mis ojos, mis hermosos y celestiales ojos!—

—¡Ay, no! ¡Satoru, lo siento! —Liza se detuvo en seco, el pánico reemplazando su estrategia de seducción. Se acercó a él, olvidando por completo el glamour. —Déjame ver, ¿estás bien?—

Satoru se tapaba la cara con las manos, emitiendo unos quejidos dramáticos que llamaron la atención de un señor que hacía bíceps cerca de ellos. Liza estaba a punto de tocarle el rostro cuando Satoru separó los dedos y le guiñó un ojo, revelando que estaba perfectamente bien y que, de hecho, se estaba aguantando la risa.

—Casi me matas, Liza-chan. Tu cabello es un arma blanca. Deberías registrarlo en la policía.—

Liza le dio un puñetazo juguetón en el brazo, aunque se sintió como golpear un bloque de granito.

—¡No te burles! Estaba intentando ser... —se detuvo antes de decir "atractiva".

—¿Intentando ser qué? —Satoru dio un paso hacia adelante, invadiendo su espacio personal con esa confianza que solo él poseía.

El contraste era total. Ella, pequeña en comparación, vestida en sus tonos rosas y blancos, sudada pero radiante. Él, un gigante de blanco y negro, oliendo a un perfume caro que no tenía derecho a oler tan bien después de una hora de gimnasio.

—Intentaba ser... agradable —balbuceó ella, bajando la mirada a sus propias zapatillas.

Satoru guardó silencio un momento. Luego, extendió una mano y, con una delicadeza que ella no esperaba, tomó un mechón de su cabello y lo colocó detrás de su oreja. El gesto fue tan íntimo que Liza olvidó cómo respirar.

—No necesitas mover la cabeza como si fueras un helicóptero para llamar mi atención, Liza —susurró él, su voz bajando un octavo de tono, volviéndose peligrosamente seductora. —Te veo desde que entras por esa puerta. Incluso cuando llevas esas rodilleras que parecen de robocop. Te quedan bien, por cierto. Hacen que tus piernas se vean poderosas.—

Liza sintió que sus rodillas fallaban, y esta vez no era por las sentadillas.

—¿Ah, sí? ¿Me ves?—

—Difícil no verte. Eres la única persona en este gimnasio que combina el rosa con tanta determinación.— Satoru sonrió, y esta vez no fue una sonrisa de burla, sino algo más real. —Y ese movimiento de cabello... aunque fue un poco extraño, admito que el olor de tu champú es bastante adictivo. ¿Fresa? ¿Vainilla?—

—Es... es coco y flores blancas —respondió ella en un hilo de voz.

—Delicioso —concluyó él.

Satoru se enderezó, recuperando su postura relajada y juguetona.

—Bueno, ya que casi me dejas ciego con tu melena asesina, creo que me debes una compensación.—

Liza arqueó una ceja, recuperando un poco de su compostura.

—¿Ah, sí? ¿Y qué tipo de compensación quiere el gran Satoru Gojo?—

—Un batido de proteínas. O mejor aún, una de esas tartas de queso de la cafetería de la esquina. Tengo un déficit calórico que solo el azúcar puede llenar.—

Liza soltó una risita.

—¿Tarta de queso? Pensé que eras un atleta de élite.—

—Soy un atleta de élite que aprecia las cosas finas de la vida. Y ahora mismo, nada me parece más fino que una tarta compartida con una chica que usa lazos en sus shorts y lucha contra su propio cabello.—

Liza se guardó sus cosas en la maleta, sintiéndose victoriosa a pesar de la ridiculez de los últimos diez minutos. Mientras caminaban hacia la salida, Satoru le pasó el brazo por encima de los hombros de manera casual, un gesto que la hizo sentir protegida y pequeña a la vez.

—Por cierto, Liza —dijo él mientras cruzaban la puerta automática.

—¿Dime?

—La próxima vez que quieras llamar mi atención, solo tienes que decir "Satoru, eres el hombre más guapo que he visto". Es más seguro para tu cuello y para mis ojos.—

Liza le dio un empujón mientras salían a la calle bajo la luz del atardecer.

—Sigue soñando, Gojo. La próxima vez, usaré un ventilador industrial.

—Oh, ¿un desafío? Me encanta —Satoru rió, y mientras caminaban juntos por la acera, Liza se dio cuenta de que, a veces, los movimientos más torpes son los que terminan logrando el mejor de los resultados.

Su cabello, ahora quieto sobre sus hombros, brillaba bajo el sol, y por primera vez en todo el día, Troyan Liza no tuvo que mover ni un solo pelo para sentirse la mujer más afortunada de la ciudad. Satoru, por su parte, no dejaba de mirarla de reojo, pensando que, definitivamente, el rosa era su nuevo color favorito.