Dominio Majestuoso (Kookmin)

Summary

Soy uno de sus sumisos, el favorito, me lleva a lo más alto del placer. Me hace sentir que no puedo más, pero siempre voy a resistir con él. Conoce mis límites, hasta donde puedo llegar. Mis puntos de placer, donde tocarme. Sabe todo de mí, pero yo no lo sé todo de él. Y no quiero ser solo su sumiso favorito, porque aparte de mi cuerpo tiene mi corazón en sus manos. Tiene el permiso de herirme, porque yo se lo he dado. Sin embargo, anhelo que llegue a quererme así como yo lo quiero a él.

Genre
Erotica
Author
Ann
Status
Complete
Chapters
40
Rating
4.8 6 reviews
Age Rating
18+

Uno


Soy una persona a la que le encanta cumplir sus fantasías. Amante del lado oscuro del sexo, ese que me envuelve y me embriaga. Pero es algo que nadie sabe, que mantengo oculto y que no podré revelar.

Él me encierra. Me lanza en una jaula y me deja sin escapatoria, me sumerge en éxtasis.

— Enfatiza más este paso — me señala el coreógrafo y me enseña. Hago lo que dice y me sonríe en buena señal — Bien hecho, tienes un baile impecable Jimin. Le encantará a tus fans.

Por supuesto que sí. Siempre les encanta. Debuté hace un par de meses, con 25 años y lo único que puedo decir es que agité a Corea con mi baile y mi canto, sobre todo con mi belleza andrógina. Práctico unas horas más con la nueva canción que saldrá en unos meses. Cuando termino, decido irme a mi casa. Voy tan distraído en mi celular, que no miro a mi alrededor y choco con nada más y nada menos que mi jefe. El jefe tan jóven de Golden, tan atractivo. Un hombre sumamente inalcanzable para muchos, hasta para mí. Por lo que debo dejar de ilusionarme con él.

Le hago una leve reverencia y me disculpo antes de salir del edificio y subir a mi auto, con chófer personal. Me coloco mis audífonos y escucho música durante todo el camino hacia mi mansión, tan sola y monótona. Me recibe el silencio sepulcral y aunque es agradable, estoy algo cansado de él.

Aunque me conformo.

Justo en el suelo de la entrada hay un sobre de terciopelo rojo. El que esperaba con ansias desde hace unas semanas, porque solo puede indicar una cosa y es: Sexo. De mi favorito. Abro el sobre y me encuentro con una hermosa invitación para un club swinger. Leer el texto y las indicaciones hace latir fuerte a mi corazón, de pura emoción anticipada.

Todos tenemos un lado oscuro, que mantenemos oculto. O que simplemente no nos hemos dado cuenta de su existencia. Hace poco descubrí el mío, el que nadie puede saber. El secreto que mantengo.

Bondage. La esclavización hacia mi cuerpo y mente que crea una perfecta prisión de la cual no quiero escapar.

Disciplina. Jamás me había portado tan bien para no recibir un castigo. Ahora quiero ser siempre un buen chico.

Dominación. Una persona cuerda nunca le cedería su cuerpo a otra para ser dominada y obtener placer sexual, pero que bien cuando toma el control de mi cuerpo y me maltrata sin piedad.

Sumisión. Conoce todos mis puntos débiles, donde tocarme para hacerme gritar. Tiene el control sobre mí, me rompe solo para poseerme y lleva a un éxtasis mi placer sexual.

Sadismo. Me hace sentir todo su amor violento, me maltrata y hace que la degradación sea un paraíso por el cual me gusta perderme. Es mi tipo de amor, me ahorca hasta perder la razón.

Masoquismo. Me arrodilla y no permite que me levante, me escupe, activa la excitación en mí y me hace rogar para que me llene con su semen. Me aprieta el cuello, mientras lo empuja hacia adentro. Sabe cómo sacar lo mejor de mí, cómo obtener mis deliciosas corridas. No tengo que ser el único, solo quiero ser siempre su sumiso favorito.

Las prácticas terminaron por el día y se acercaba mi fin de semana libre, así que...¿Por qué no salir a divertirme?

Leo las instrucciones de la invitación detalladamente. Debo ir con una ropa de temática erótica y reveladora, con un dildo en el culo para ir preparado y con mi collar de propiedad. Me emociono por lo que me espera la magnífica noche. Y horas antes de la indicada, me preparo pacientemente, limpio mis partes y me introduzco un plug de tamaño medio, luego de lubricarme. Gimo un poco al sentir como estira mi interior estrecho y poco usado.

Me coloco una lencería reveladora de color negro, mi collar y todo lo necesario para la noche. Pero por ahora, me cubro con una chaqueta larga y un pantalón ajustado. Pasan por mi a una hora específica y subo al auto con un chófer privado.

Todos tenemos un lado oscuro, un pecado que cometeríamos una y otra vez. Incluso los famosos, tenemos una vida privada lejos de las cámaras. Donde podemos ser nosotros mismos, donde somos libres. El viaje transcurre en silencio, mientras me distraigo con mi celular y al mismo tiempo pienso en todo lo que puede ocurrir. No es mi primera vez asistiendo a uno de esos clubes. Pues antes eran mi zona de confort, donde podía relajarme o simplemente follar.

Dejé que su oscuridad me tragara y ahora no puedo escapar de él.

El chófer me deja en el lugar al que entro, cubriendo mi cara con un antifaz. Conozco el club a la perfección. Me despojan de mis pertenencias y de inmediato soy guiado a una sala privada, oculta del público, con acceso denegado a personas que quieran husmear y reservada solo para dos. Mi mano toma el pomo con seguridad y al pasar, la cierro detrás de mí. Su figura imponente está al frente, sentado en el sofá de cuero, cubre su cara de igual manera.

Me hace desear verlo, sentirlo en cada uno de mis agujeros.

Me despojo de su ropa, exclusivamente para él. Mostrándole la lencería que lucía esa noche. Me escaneó con la mirada, apreció cada centímetro de mi cuerpo. Lo admiró con el deseo inagotable que se reflejaba en sus ojos lujuriosos.

Avanzo hacia él, meneando mis caderas seductoramente, me arrodillo, coloco mis manos sobre mis muslos y bajo la cabeza.

— Mi señor-...

— Llegas dos minutos tarde, cariño. Dame una excusa buena.

— No me fijé en la hora, mi señor — susurro y él asiente, con esa sonrisa lasciva que me eriza la piel y me hace rogar por todo el amor violento que puede darme. Que tiene para darme.

— ¿Es eso? ¿O quieres un castigo?

— Siempre quiero portarme bien para usted, señor. Soy un buen sumiso — muestra su sonrisa llena de orgullo y ego.

Estira su mano y toma su vaso de alcohol para tomar un sorbo y dejarlo bajar por su garganta.

— Abre la boca —escupe un sorbo en mi cavidad bucal que trago gustoso — ¿Hasta donde quieres llegar hoy?

— Hasta donde usted ordene, mi señor.

— Dame una buena razón para no castigarte. Complaceme, esclavo — separó sus piernas, brindándome el acceso necesario.

Con su permiso, subo a su regazo y encajo mis piernas perfectamente para que nuestras erecciones hagan fricción. Acaricio su pecho sobre la tela de su camisa, segundos después me estorba y comienzo a desabrochar lentamente cada botón. Un paso más hacia la perdición y el perfecto éxtasis que causa en mi. Trazo con mis dedos sus músculos definidos y expuestos para mi. Su mirada me derrite, me obliga a seguir, a hacer todo lo que esté a mi alcance para complacerlo.

Juguetea con el anillo de mi collar y hala de el, recordándome que estoy bajo su completo poder. Ahora más de cerca, mira mi cuerpo, bufa por lo mojado que estoy y es entonces cuando me baja bruscamente de su regazo y me arrodilla en el suelo, justo entre sus piernas. Golpeo mis rodillas, gimo del dolor, por la dura erección que sale de mis bragas. Pero él me toma fuerte del mentón y me obliga a mirarlo.

— Haz tu trabajo bien, perra — con su pulgar delinea mis labios, abro mi boca e introduce su dígito. Lo apreso y lo chupo, gimiendo ante los pensamientos impuros que golpean mi mente.

Esta noche me van a romper el culo. Mi regalo por tener semanas sin follar.

Otra cachetada y dispongo a complacer a mi señor.

Mis manos se dirigen a su pantalón y desabrocho este para darle la bienvenida a una erección que se endurece poco a poco. La tomo entre mis manos y lamo desde la base hasta el glande. Beso con delicadeza, no cortamos el contacto visual en ningún momento. Y somos cómplices de nuestro acto impúdico. Me toma de los cabellos con posesividad, cierra los ojos y jadea sin dejar de devorarme.

— No sabes cuánto te extrañé, maldita puta — que me insulte es el paraíso, incrementa el placer y vuelve fogoso el ambiente.

Lo chupo con devoción, como tengo tiempo sin hacerlo. Acaricio sus testículos, bajo a lamerlos y subo a atender su uretra como si se tratase del dulce más delicioso y eso no está muy lejos de la realidad.

Me hala de los cabellos, haciéndome extrañar su pene. Me abofetea y balbuceo exigiendo más. Su contacto, quiero que me toque. Que me haga suyo como tantas veces lo ha hecho antes.

— Mmgh, señor...— gimo por su acción. Encuentro excitación en el dolor, en sus golpes.

Me abofetea más fuerte hasta hacerme tambalear y vuelve a acercarme a su falo mojado por su saliva. Lo tomo y lo meto en mi boca, llego hasta el final y me siento ahogado. Mis ojos se llenan de lágrimas, pero eso le genera mucho placer a mi señor.

Mi señor que me prefiere a mi antes que todos.

Me abofetea con su verga cuando la dejo para tomar una gran bocanada de aire.

— Chupa — como si fuese un animal desesperado, vuelvo a tomarla. Los chasquidos y sus gruñidos llenan la sala, junto a mis gemidos que no puedo evitar.

Sus dos manos bajan a mi cuello y me ahorcan, aún teniendo su verga adentro. El aire me falta de inmediato, pero no me quejo. No lo hago, porque puedo soportarlo. Puede ser muy sádico, pero siempre velará por mi bien. Para eso funcionaron muchas sesiones de entrenamiento.

Mucho sexo vainilla, para dar paso al rudo y violento.

El ardor se extiende por mis mejillas, me está asfixiando, pero dejo que llene mi boca y me esfuerzo por seguir. Me permite respirar por unos segundos y luego vuelve a dirigirme a su santa polla. Repite la misma acción, me permite respirar otra vez y aprovecho para hacerlo perder un poco el control.

Aunque sea muy paciente y controlado, ha experimentado ser impaciente algunas veces cuando se trata de mi.

— Señor, estoy muy mojado — gimo eróticamente cada palabra — Quiero que me tome, que me haga suyo como tantas veces lo ha hecho. Que me folle duro.

Sonríe burlón, disfruta verme así. Rogando por él.

— Muéstrame — me levanto de inmediato y me doy vuelta para dejarle mi culo a la vista, me empino un poco y abro mis nalgas para que vea el dildo con base de corazón, adornando lo que es suyo — Que delicia...Sigue siendo un buen chico y colócate en cuatro sobre la mesa. Papi quiere comerte.

¿Cómo puedo encontrar ternura en sus palabras? A veces mi señor me habla de una manera dulce e hipnotizante. Sus palabras tienen el maravilloso poder de...doblegarme.

Camino hacia la mesa de billar a poca distancia de nosotros. Me sigue, lleva una silla consigo y él mismo me ayuda a colocarme en la posición deseada. Con mi culo empinado y en el borde de la mesa, mis piernas un poco abiertas y mi cabeza contra la textura de tela de la superficie. Dejándole todo mi culo expuesto, mostrando el dildo con base de corazón enterrado en mi interior. Aprieta mis nalgas, sus palmas se estrellan contra ellas y las hace rebotar.

Los látigos y las cadenas me excitan, pero mi señor...está por sobre cualquier objeto material. Me hace ser un adicto al sexo, así como lo es él.

— Esto se ve delicioso, pero hay que quitarlo — Sostiene la base y lo saca lentamente. Escucho como lame el juguete y se levanta a buscar algo. Lo sigo y lo veo llegar con una venda.

Hemos jugado muchas veces, me ha privado de mis sentidos, se ha llevado no solo mi cuerpo. Mi señor sabe bien jugar conmigo, supo tocar las teclas para hacerme caer por él en tan poco tiempo.

Todo se torna negro, cuando priva mi visibilidad. Gimo cuando azota con fuerza mis nalgas, con un floggers, el cosquilleo y el ardor se expanden. Pero no se detiene ahí y deja un par de azotes más hasta dejar roja mi piel. No puedo ver su siguiente movimiento, pero puedo escuchar como se aleja, porque sus zapatos resuenan con el suelo. Abre un empaque, me mantengo en silencio para poder escuchar mejor, pero sus manos se dirigen a mis oídos e introduce unos tapones en ambos. Es la primera vez que me priva de dos sentidos a la vez, y aunque es nuevo...me encanta.

El aire acondicionado eriza mi piel, activa mis poros y mi cuerpo reacciona a cada mínima sensación.

Solo puedo escuchar sus murmuros, pero no logro entenderlo. Pronto siento sus manos en mi pene, como es cubierto con algo, encerrado. Una jaula de castidad, me queje con un jadeo, porque restringe mi erección que duele.

— S-señor...— un azote me hace gemir. Señal de que no puedo protestar. Solo sentir y sufrir, porque él sabe hacerme sufrir sin causarme dolor.

El último juguete entra en acción, unos tapones en mis pezones que se adhieren bien a ellos. Adentra su cara en mi separación y siseo cuando soy chupado con parsimonia.

— Tan delicioso...— murmura y apenas logro entenderlo por los tapones. Gimo sin parar.

Mi erección es limitada por los mecanismos de la jaula que la envuelve, pero su lengua trabajando en mi interior hace que me desespere y quiera golpear algo. Por lo que me encuentro gimiendo por el placer y el dolor que me arrastran a una desesperante sensación. Reemplaza su lengua por sus dedos, que tocan de inmediato mi próstata. El ruido de mis gritos es tan alto, que logra traspasar los tapones en mis oídos.

— ¡Se-...Jungkook...! ¡Jungkook! — me vuelvo un mar de gemidos y balbuceos incoherentes por sus azotes, las embestidas con sus dedos, el hecho de estar tan excitado y no tener una erección y mucho menos poder correrme. Sabe cómo hacerme perder la paciencia, me remuevo sobre la mesa, me tambaleo y sus azotes me mantienen quieto.

Mis pezones comenzaron a ser succionados, como si una boca estuviera atendindolos. Tenía un succionador de bomba, que controlaba él. Me siento tan estimulado, que pierdo el control.

— ¡Maldición...Por Dios! ¡Señor, Amo! — suplico, pero no se detiene.

Pronto soy halado y bajado de la mesa, me estampa contra ella y entra en mi bruscamente. Enloquezco, él sabe cómo sacar lo mejor de mí. Conoce cada uno de mis puntos débiles, en tan poco tiempo logró...convertirme en solo suyo. Me folla con ferocidad, con rabia, me posee, me mantiene bajo su dominio y estimula mis puntos dulces. Me carga y ahogo un gemido cuando me deposita en el sofá y me abre de piernas. Sin detener sus embestidas, me retira la venda y los tapones. Yo mismo sostengo mis muslos para darle más acceso y sin dejar de embestirme, aprieta la bomba que chupa mis pezones.

Los mechones de cabello se pegan a su frente sudada, su entrecejo fruncido y sus gruñidos me vuelven tan dócil, mi vista se nubla por las lágrimas y entre abro mi boca para mostrarle cuánto lo disfruto. A continuación sonríe ladino y me bendice con su semen sobre mí. Se masturba unos segundos y vuelve a entrar. Mi cara está llena de lágrimas, me ordena con sus ojos y con mi respiración errática digo:

— S-señor...— susurro — P-por favor..déjeme correrme.

— ¿Crees que te lo mereces? — murmura con voz grave.

Mi pene exige atención, siento que puedo explotar en cualquier momento.

Asiento frenéticamente a su pregunta.

— Eres una jodida puta — gruñe y escupe sobre mí.

— Toda...suya ¡Mi señor! ¡Toda una puta! Déjeme venirme...por favor.

— No me has convencido.

— Señor Jeon, por-por favor...Deje correr a esta puta desesperada por su deliciosa polla.

— Te lo has ganado, bebé — abre el candado y libera mi falo de la prisión. Lo toma entre sus manos y me masturba con rapidez. Pero debido a toda la bomba de placer acumulada, todo explota en mí.

Y me vengo tan violentamente, que mis fluidos nos mojan a ambos y tiemblo como si me estuviese electrocutando. Tomo una gran bocanada de aire que llena mis pulmones y entonces llega uno de mis momentos favoritos de cada sesión. Cuida de mí. Me carga con delicadeza y me limpia con parsimonia.

— Fueron semanas ocupadas — se concentra en cuidarme, aplica crema en mis heridas. Pero con una expresión seria. Como la que siempre adopta después del sexo.

— Tu nuevo álbum saldrá pronto. ¿Estás emocionado?

— Muchísimo. Ya me sé el baile.

— Lo sé. ¿Se te olvida que soy tu jefe?

— Por supuesto que no, mi señor — acaricia, extrañamente mi cabello y limpia mi rostro.

Me encanta recibir su afecto y cariño. Me hace sentir querido...En el lugar correcto, cuándo sé que no es así.

No soy el único. Y solo estamos juntos por el sexo, tan fantástico que nos beneficia a ambos.

— Mañana me quedaré en casa, ¿Quieres pasar el día conmigo?

— Por supuesto que sí, podemos hacer muchas cosas. ¿Podemos salir? Quiero comprar algunas cosas.

— Podemos hacer lo que tú quieras.

— Gracias, gracias, gracias — digo con emoción.

Solo han pasado un par de meses desde que nos conocimos, casualmente en este mismo club. Una sola probada le bastó para que llamara su atención y me ofreciera ser su sumiso. Lo cual acepté sin pensar que me cambiaría la vida.

Cumple cada uno de mis caprichos, precisamente por eso logré debutar como idol. Y el sexo es lo mejor, no sé a quién de los dos nos gusta más, tal vez seamos unos adictos y sé que no soy el único, que tiene más sumisos, que le encanta el sexo y que no precisamente adicto a tenerlo solo conmigo.

Aunque me ha mostrado más interés, más paciencia y más afecto. Soy su sumiso favorito y porto un collar que lo demuestra. Y eso es fantástico, porque me llena de lujos con tal que esté dispuesto a cumplir unas reglas tan simples.

1. Tener sexo.

2. Mantener en secreto nuestra relación.

3. No involucrarme en su vida privada.

4. No involucrar sentimientos no relacionados al sexo.

El problema es...que no quiero ser solo el sumiso favorito del dueño de Golden Entertainment y he roto una de sus reglas.