Ocho Alfas para una Luna

All Rights Reserved ©

Summary

Nilsaly siempre supo que algo en ella no era normal. El dolor en los huesos cada luna llena. Los sentidos demasiado agudos. La sensación constante de no pertenecer a ningún lugar. Lo que nunca imaginó fue que su existencia rompería el equilibrio de cuatro manadas enemigas... ni que ocho hombres peligrosos la reconocerían como su mate. Ellos son alfas, herederos, líderes. Enemigos entre sí. Letales. El vínculo es real. La necesidad es inevitable. Y el amor... se construye entre sangre, traiciones y guerra. Porque ella no es solo una unión. Es la clave que puede destruirlos... o unirlos para siempre.

Genre
Fantasy
Author
Cast
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

PRÓLOGO

Hace veintitrés años

La noche que todo se rompió, la luna estaba demasiado llena. No era blanca, era prepesada; anaranjada, como si el cielo sangra en silencio.

El llanto de la bebe atravesó la habitación antes de que alguien pudiera detenerlo.

-Silencio–. Susurro una voz temblorosa–. Por favor…silencio.

Las manos que la sostenían no eran del todo suave, pero no porque no quisieran, sino porque el miedo de lo que pudiera pasar no le permitía sostenerla con delicadeza. El cuerpo pequeño se movía inquieto, ajeno a la guerra que acababa de comenzar por su sola existencia.

–No debinacer–, dijo otro hombre, de pie junto a la ventana–. Nunca debió existir.

Afuera, el bosque parecía contener el oxígeno.

Los lobos no aullaban, pero eso era peor, porque cuando los lobos callaban es porque algo anda mal.

–Es demasiado tarde para eso– respondió la mujer que sostenía la niña–. Ya lo saben. Todos lo saben.

El hombre apretó la mandíbula. Sus ojos brillaban de una forma antinatural bajo la luz de la luna, como si algo dentro de él estuviera luchando por salir.

–Las manadas no permitiran esto–gruñó–. Ocho líneas de sangre… ¿Sabes lo que significa?

La mujer bajo la mirada hacia la bebe; sus ojos estaban abiertos, pero no lloraba, solo observaba.

–Significa que si se quedan con ella, morirá– dijo ella en voz baja–. Y si se la llevan quizá sobreviva.

Un golpe seco resonó en el pasillo. Luego otro. Se escuchaban pasos, demasiados para su gusto.

–Ya vienen– susurró alguien–. tenemos que decidir ya.

La mujer cerró los ojos un segundo, solo uno. Como si en ese parpadeo pudiera guardar todo lo que estaba a punto de perder.

–Escúchame–dijo, apretando a la niña contra su pecho–. Su cuerpo aún es pequeño. Podemos bloquearlo, dormirlo y frenar lo que es…lo que será.

–¿Envenenarla?-- escupe el hombre–. ¿Estás loca?

–No lo suficiente como para dejar que la destruyan– respondió ella, firme–. Será una dosis mínima. La necesaria y suficiente para retrasar la transformación. Para confundirlos.

El llanto volvió, más fuerte esta vez.

–No tenemos tiempo– dijo otra voz, desesperada–. Si la encuentran aquí será una sentencia de muerte para todos.

La mujer asintió.

Con manos firmes- demasiado firmes para alguien que estaba apunto de romperse- sacó una pequeña jeringa que tenía guardada en su bolso por si se daba el caso de necesitarla.

–Perdóname– susurró, apoyando la frente contra la de la bebe–. perdoname por el dolor, por la mentira y por el mundo que te estamos dejando.

La aguja entró. El llanto se transformó en un gemido débil.

Y entonces…silencio. No uno tranquilo, sino antinatural.

Los pasos se detuvieron delante de la puerta.

—Levensela lejos– ordenó la mujer–. Donde no la busquen. Donde no huela sangre de lobo.

–¿Y si el vínculo despierta?-- preguntó alguien–. ¿Y si los alfas la sienten?

La mujer miró una última vez a la niña dormida.

–Entonces que Dios se apiade de todos nosotros.

La puerta se abrió de golpe mientras la luna iluminaba la habitación. Y en ese instante, muy dentro del pecho diminuto de la bebe, algo se agitó. Algo antiguo y peligroso. algo que no debía existir.

La luna no apartó la mirada mientras todo ocurría.