Capítulo 1
Cruel Devoción
Capítulo 1: El Castigo de la Ambición
La mañana en la ciudad de Lyon no tenía compasión. El sol se filtraba entre las fachadas renacentistas y los antiguos edificios de los tejedores de seda, rebotando en el pavimento empedrado de la Rue des Capucins, pero dentro del Atelier D’Costa, el ambiente era de pura euforia creativa... al menos hasta hace cinco minutos
El taller era un reflejo exacto de Mía: elegante, moderno, con un toque rebelde. Paredes blancas decoradas con bocetos de vestidos de alta costura, rollos de seda verde bosque y terciopelo negro descansando sobre mesas de corte de madera clara. En una esquina, una máquina de coser industrial zumbaba bajo las manos expertas de Elena, la costurera jefa, una mujer de unos cincuenta años con anteojos de cadena y una paciencia infinita.
—¡Mía, el envío de las sedas llegó con el tinte equivocado! 😫 —gritó Leo, el asistente personal de Mía, un chico joven, hiperactivo y con un estilo impecable que siempre llevaba una cinta métrica al cuello como si fuera una bufanda de diseñador—. Les pedí verde oliva, ¡esto es verde militar! Parece que vamos a vestir a un batallón, no a modelos de pasarela. 🪖❌
Mía, que estaba ajustando el dobladillo de un vestido sobre un maniquí, se apartó un mechón de su cabello oscuro con reflejos verdes tras la oreja. Mía con 26 años no era solo una cara bonita con ojos verdes, labios carnosos y con ese tenue rosa y su piel de un blanco porcelana con pecas que llenaban su nariz y sus mejillas era una fuerza de la naturaleza. Su complexión física era un desafío directo a las normas de la alta costura parisina, donde solía imperar la delgadez extrema. Ella poseía una figura perfecta y natural. Su cintura era angosta, casi de avispa, acentuando de forma dramática unas caderas anchas y un trasero prominente que robaba el aliento de cualquiera que la viera caminar por las calles de París. Su busto era grande y firme, llenando con elegancia los corsés que ella misma diseñaba. Medía aproximadamente 1.68, una estatura que le permitía llevar tacones altos con una gracia soberbia, haciendo que sus piernas se vieran interminables. Cada vez que se movía, su cuerpo transmitía una sensualidad innata y poderosa que contrastaba con su juventud y su mirada decidida. Sus ojos, de ese verde natural y profundo, se entrecerraron con determinación.
—No te preocupes, Leo. Ajustaremos la iluminación del desfile. Ese tono le dará un aire más crudo, más... industrial. Es tendencia —respondió Mía con una sonrisa tranquila, aunque por dentro sus pensamientos volaban—. Por favor, que sea el único problema hoy. He invertido cada centavo de mis ahorros en este local. Si esto falla, no tengo plan B. Solo me tengo a mí misma desde aquel maldito accidente. 💭
De repente, la puerta de cristal del atelier se abrió con un golpe seco. Un hombre con un traje gris barato y una carpeta de cuero desgastada entró sin saludar. Era Ramírez, un gestor judicial que Mía ya había visto antes.
Elena dejó de coser. El silencio se tragó el zumbido de la máquina. 🤫
—¿Señorita Mía D'Costa? —preguntó el hombre con una voz carente de toda empatía.
—La misma. ¿En qué puedo ayudarlo? Espero que no sea más papeleo municipal.
—Es una orden de desalojo inmediata, señorita. Y una notificación de demolición para el próximo mes. 📄⛔
El corazón de Mía dio un vuelco. Leo dejó caer las telas al suelo.
—¿Desalojo? ¿Demolición? Debe haber un error —dijo Mía, sintiendo que el aire se volvía pesado—. Yo compré este local. Tengo el contrato de propiedad, pagué al señor Santoro...
—El señor Santoro es un estafador profesional, señorita. No era el propietario legal de este edificio, sino un subarrendatario sin poder de venta. El dueño legítimo es la corporación Varel & Co., y han decidido que este bloque será demolido para construir el complejo de oficinas "Varel Sky". Tiene quince días para retirar sus pertenencias. 🏗️🔥
(Pensamiento de Elena, la costurera: "Dios mío, la niña va a perderlo todo. Después de tanto que luchó... este edificio es su vida. Esos tipos de las constructoras son unos buitres sin alma.") 💭😢
Mía sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. Sus manos empezaron a temblar, pero las cerró en puños. No iba a llorar frente a este mensajero de desgracias.
—No pueden hacer esto. He invertido todo aquí. ¡Todo!
—Hable con los dueños, señorita. Yo solo entrego el papel —dijo el hombre, dándose la vuelta y saliendo del local como si acabara de entregar una pizza y no una sentencia de muerte financiera.
—¡Mía! ¿Qué vamos a hacer? 😱 —exclamó Leo, al borde del colapso—. ¡Tenemos contratos firmados! ¡La colección de primavera!
—Voy a buscar a ese tal Varel —dijo Mía, con la voz quebrada pero firme—. No voy a permitir que destruyan lo que me costó diez años construir.
Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, en el piso 50 de la torre más imponente de la metrópolis, Enzo Varel observaba el horizonte.
Si Mía era el fuego de la creación, Enzo era el hielo de la precisión. A sus veintiocho años, poseía una presencia que devoraba cualquier espacio; sus 1.90 metros de estatura lo convertían en una figura imponente que dominaba la estancia con una calma gélida. Su cabello blanco plateado, meticulosamente peinado hacia un lado pero con mechones rebeldes que desafiaban la gravedad, brillaba bajo las luces de su oficina minimalista. Vestía un traje gris de corte impecable que se ajustaba a sus hombros anchos y poderosos, con una camisa blanca de cuello rígido que ocultaba cualquier secreto bajo su piel. Con una mano sostenía un cigarro premium, cuyo humo bailaba alrededor de su mandíbula afilada y resaltaba la intensidad de su mirada clara, fija en un punto invisible. Junto a su expresión depredadora, advertía que aquel hombre no solo dirigía un imperio, sino que lo cazaba.
Sus ojos grises, fríos como el acero, se posaron en el teléfono sobre su escritorio de mármol negro.
—Señor Varel —la voz de su secretaria, Sandra, sonó a través del intercomunicador—. El señor Julián Vance está en la línea. Dice que es urgente. 📞
Enzo suspiró, exhalando una nube de humo grisáceo. Julián era su mentor, el hombre que creyó en él cuando su propia familia le dio la espalda por querer hacer las cosas a su manera. Le debía todo.
—Pásame la llamada, Sandra. 🚬
—Enzo, muchacho —la voz de Julián sonaba más débil de lo habitual, pero mantenía esa autoridad natural—. Necesito verte. Esta noche. En mi residencia privada.
—Julián, estoy en medio de la planificación del "Varel Sky". El proyecto de demolición del sector sur es una prioridad absoluta...
—Olvida los edificios por un momento —lo interrumpió Julián con una tos seca—. Esto es un asunto personal. Es sobre mi legado. Y sobre tu futuro. No aceptaré un no por respuesta. 🛑
Enzo colgó el teléfono. Algo no andaba bien. Sabía que Julián estaba enfermo, pero esa urgencia en su voz era diferente.
(Pensamiento de Enzo: "Maldición, Julián. ¿Qué es lo que quieres ahora? He construido este imperio siguiendo cada uno de tus consejos. Si es dinero, lo tienes. Si es poder, te lo he dado. Pero tu tono suena a despedida... y eso no me gusta.") 💭🌑
Enzo caminó hacia el ventanal. En ese momento, su teléfono personal vibró. Una foto apareció en pantalla: era Vanessa, su novia desde hace cuatro años. Estaba en un set de filmación en Italia, luciendo un vestido de noche impresionante y una sonrisa que solía ser el único refugio de Enzo.
Chat con Vanessa 💋:
Vanessa: "Extraño tus besos, amor. El rodaje se va a extender dos semanas más. No me odies. 🥺🇮🇹"
Enzo: "Te esperaré el tiempo que sea necesario. Concéntrate en la película. Te amo. ❤️"
Vanessa: "Prométeme que cuando vuelva, nos escaparemos a la costa. Solo nosotros dos. Sin contratos, sin cemento, sin edificios. 🌊"
Enzo: "Te lo prometo. Nada se interpondrá entre nosotros. 🔥"
Enzo apagó la pantalla. No sabía que esa era la promesa más frágil que había hecho en su vida.
Esa misma tarde, Mía D'Costa estaba sentada en la sala de espera de la oficina de un hombre que, según los rumores, era el verdadero dueño de los terrenos. No era Enzo Varel, sino alguien que parecía tener un poder más antiguo: Julián Vance.
Ella había conseguido la cita moviendo cielo y tierra, usando sus contactos en el mundo de la moda. Se sentía pequeña en aquella mansión de estilo neoclásico, rodeada de arte renacentista y sirvientes que se movían en un silencio sepulcral.
—La señorita D'Costa, señor —anunció un mayordomo de rostro inexpresivo.
Mía entró a una biblioteca inmensa. Allí, sentado en un sillón de cuero, estaba un hombre de unos 55 años, con el rostro marcado por la sabiduría y la enfermedad. Julián Vance la miró, y por un segundo, su máscara de hierro se rompió. Sus ojos se humedecieron.
(Pensamiento de Julián: "Es ella. Por Dios, tiene los mismos ojos que mi hermana. Esos ojos verdes... sobrevivió. Mi pequeña sobrina sobrevivió y yo la dejé pudrirse en la soledad mientras yo acumulaba millones. ¿Cómo puedo reparar este daño antes de que el cáncer me consuma? No quiero que se quede totalmente sola en este mundo") 💭💔
—Señor Vance —dijo Mía, aclarando su garganta, sin sospechar ni por un segundo que el hombre frente a ella era su tío—. Siento interrumpirlo, pero estoy en una situación desesperada. He sido estafada y su empresa planea demoler mi local de moda. Solo quiero una oportunidad para negociar, para comprar ese edificio legalmente.
Julián la observó en silencio durante un largo minuto. Admiró su postura recta, la forma en que defendía su trabajo. Era una Vance, no había duda. Tenía el fuego en la sangre.
—Ese proyecto ya no está directamente bajo mi mando, Mía —dijo Julián con voz suave—. Le cedí esos derechos a mi pupilo, Enzo Varel. Él es quien tiene la última palabra sobre la demolición.
Mía bajó la mirada, desanimada.
—Pero —continuó Julián, haciendo un esfuerzo por incorporarse—, conozco a Enzo mejor que nadie. Sé lo que necesita y sé cómo piensa. Si vas a verlo por tu cuenta, te echará en cinco minutos. Es un hombre de negocios implacable. Déspota, si me permites la palabra. 🧊
—Entonces, ¿qué me sugiere? No puedo perder mi empresa. Es todo lo que tengo.
Julián sonrió con una tristeza que Mía no supo interpretar.
—Yo puedo ayudarte. Puedo hacer que él no solo te escuche, sino que te entregue ese edificio. Pero el precio será alto, Mía. No se trata de dinero. Se trata de una alianza.
Mía frunció el ceño.
—¿Qué tipo de alianza?
—Ve a verlo mañana a las diez. Dile que vas de mi parte. Pero antes, debes entender algo: Enzo está en una posición donde necesita estabilidad... una imagen pública diferente para un contrato internacional que está por firmar. Yo le propondré una solución a su problema, y esa solución eres tú.
Mía salió de la mansión con la cabeza dándole vueltas.
(Pensamiento de Mía: "¿Una alianza? ¿Qué quiso decir con eso? ¿Y quién es ese tal Enzo Varel para que todo el mundo le tenga tanto miedo? Mañana lo descubriré. Si tengo que pactar con el diablo para salvar mi taller, lo haré.") 💭🔥
Esa noche, la tormenta estalló en la mansión Vance. Enzo estaba de pie frente a Julián, con la mandíbula tan apretada que le dolía.
—¿Te has vuelto loco, Julián? —rugió Enzo, arrojando su carpeta sobre la mesa—. ¿Casarme? ¿Con una desconocida? ¡Sabes que tengo a Vanessa! ¡Llevamos cuatro años! 😡💥
Julián no se inmutó. Bebió un sorbo de té con manos temblorosas.
—Vanessa es una distracción, Enzo. Una actriz que vive en un mundo de fantasía. Lo que tú necesitas para consolidar la fusión con el grupo europeo es la imagen de un hombre de familia, serio, con una esposa que tenga los pies en la tierra.
—¡No me importa la imagen! ¡He construido esto solo!
—No, Enzo. No lo hiciste solo. —Julián se levantó, su voz se volvió fría y cortante, revelando su faceta más turbia—. Lo hiciste con mi capital, con mis contactos y bajo mi protección. Y así como te puse en esa cima, puedo empujarte al vacío. Si no aceptas casarte con Mía D'Costa por un período de tres años, retiraré todo mi apoyo financiero. Cancelaré las líneas de crédito de Varel & Co. y haré que cada proveedor te cierre la puerta en la cara. Destruiré tu imperio antes de que termine la semana. 💀⛓️
Enzo sintió una rabia ciega. El hombre que consideraba un padre le estaba poniendo un cuchillo en la garganta.
—¿Por qué ella? —escupió Enzo con asco—. ¿Qué tiene de especial esa diseñadora de pacotilla para que arriesgues nuestra relación de esta manera?
—Porque yo lo digo. Es mi última voluntad, Enzo. Tómalo o déjalo. Pero recuerda: sin mi dinero, no eres más que un arquitecto con un título bonito y una montaña de deudas.
Enzo salió de la habitación dando un portazo que hizo vibrar los cuadros de la pared. En el pasillo, se encontró con el mayordomo, quien bajó la mirada, asustado por la energía asesina que emanaba del joven heredero.
(Pensamiento de Enzo: "Me las vas a pagar, Julián. Y tú, Mía D'Costa... no sé quién eres ni qué trucos usaste para convencer a mi mentor, pero te juro por mi vida que este matrimonio será tu peor pesadilla. Voy a hacer que cada día de esos tres años desees no haber nacido.") 💭👿
Enzo sacó su teléfono y vio la foto de Vanessa. Sus ojos grises se llenaron de una crueldad gélida. Tendría que llamarla. Tendría que romper su corazón para salvar su imperio. Y el odio que sentía en ese momento tenía un solo nombre: Mía.
El tablero estaba listo. El matrimonio por contrato estaba a punto de firmarse con sangre y resentimiento.
S.P. Rivers