Capitulo 1
La lluvia azotaba con brusquedad y el viento meneaba el automóvil. Leonardo manejaba a toda velocidad, la carretera estaba vacía pues era mitad de la noche. Se dirigía a casa, aun que él en el fondo no quería llegar.
Durante todo el camino, veía en la oscuridad una sombra perturbadora, le temía, lo curioso es que ya sabía el nombre de aquello que lo acechaba.
Leonardo frenó el automóvil, estaba en medio de la nada, solo árboles grandes alrededor de la carretera. Bajó del auto y azotó la puerta, en segundos quedó empapado de agua de cabeza a los pies.
—¿Qué más quieres de mi maldito?—gritó con furia. Pateo el coche, intentaba llamar la atención de aquello que se escondía en la oscuridad.— ya te di todo, no tengo nada por tu culpa, me has hecho la vida miserable.
Una risa burlona y perturbadora resonó a los alrededores. La lluvia pareció cesar por un momento, cuando cayó un rayo en uno de los árboles, la luz de este reveló la ubicación de la criatura.
—yo jamás te eh hecho la vida miserable. Tu cavaste tu propia tumba, es hora de que entres en ella—resonó la voz en la oscuridad.
—Todo es tu culpa, te odio maldito—grito Leonardo. Las lágrimas se escurrían por sus mejillas, eran poco notorias por el agua que se resbalaba por su cuerpo.
—yo no destruí a tu familia, todo lo hiciste tú, eres un fracasado, no sirves para nada, todo lo que tocas lo haces polvo, tu familia no merece a alguien como tu, das asco—contesto la voz chillona.
—ya no puedo con este dolor—Leonardo callo al suelo—, ya no puedo más me duele mucho, no se que hacer.
Comenzaron a oírse pasos acercándose hacia él. Leonardo miró unos zapatos, eran finos y brillosos, no tenía ninguna gota de lluvia encima, era tan irreal pues al agua había empezado a caer de nuevo a mares.
—sabes…hay una solución para ese dolor—dijo la criatura. Extendió su mano a Leonardo, usaba guantes blancos de ceda.
—no quiero hacerlo…no puedo.—respondió entre cortado.
—tu no harás nada, para eso estoy yo. Tienes dos opciones, uno, sube al auto y quédate ahí hasta que amanezca. Dos, sube al auto y conduce.
—mi…familia.
—ya no tienes familia, todo lo destruiste.
Leonardo con las pocas fuerza se puso de pie, se seco las lágrimas con la empuñadura de sus manos, abrió la puerta del auto y subió. Respiro hondo, sus manos temblaban, su corazón estaba tan acelerado que parecía que llegaría el infarto en cuestión de segundos. Con inseguridad acerco su mano a la llave del auto, la giro y el auto arranco, soltó el freno y fue sacando muy despacio el clutch, comenzó avanzar de apoco el automóvil, la mano con el guante de ceda se poso en su hombro, y con una voz muy serena pero a la vez perturbadora dijo:
—elegiste lo correcto.
El celular sonaba encima de la mesa, una mujer lo tomó y contesto la llamada.
—buenos días usted es la señora Imelda Torres—dijo, una voz gruesa a través del celular.
—si. Con ella habla.
—soy el comandante Jiménez, lamento informarle que su esposo tuvo un accidente automovilístico, el señor no sobrevivió.
—¿Qué?
Imelda se derrumbó en llanto, era tan desgarrador que todos los vecinos de alrededor escucharon sus lamentos, incluyendo su hijo.
—mami ¿Qué paso?
—Ricky…tu papá murió.