1. La profecía de la sombra
Un nuevo año llegaba para Raven y Alistair. Él seguía marcando la diferencia como CEO, granjeando para Nightshade Industries beneficios históricos; ella, empezaba tercero de Arqueología. Raven estaba tan involucrada en sus estudios, que en ocasiones se atrevía a discutir con sus padres sobre los más variados temas arqueológicos, sorprendiendo a Arthur y Martha, que no se esperaban que los conocimientos de su hija fueran tan agudos y avanzados.
El profesor Julian Capius seguía en paradero desconocido, generándose un gran misterio en torno a su persona, especialmente al no reaparecer con el inicio del nuevo curso.
Raven y Alistair ya se estaban acostumbrando a las criaturas que dormían en el refugio de la mansión, y también se estaban acostumbrando a compartir la vida unidos en medio de sus quehaceres habituales.
Uno de esos días, justo tras haber comenzado el nuevo curso académico, Raven se encontraba en la gran biblioteca de la casa, cuando su mirada se detuvo ante un libro encuadernado de manera un tanto diferente. Las tapas eran negras, pero su textura le recordaba al metal. Lo sacó de inmediato y leyó su título: «Eclipse de sangre». Buscó en las tapas y en las primeras páginas, el nombre del autor, pero no constaba. Entonces empezó a leerlo notablemente intrigada.
Ese eclipse de sangre, del que hablaba el libro, era un fenómeno extraordinario que tenía lugar cada veintiún años. A Raven le llamó la atención porque, precisamente, esa era la edad que estaba a punto de alcanzar. Siguió leyendo, y con el avance de las líneas, llegó a dar con una expresión en particular que le impresionó poderosamente: «Según supersticiones milenarias, crea y devora la luz por igual».
—Hola Raven —Era Alistair, no le había oído entrar y la sobresaltó haciendo que se le cayera el libro de las manos—, ¿qué leías?
Él se acercó hacia donde ella estaba y recogió el libro del suelo sin dejar de mirarla a los ojos.
—Vaya… «Eclipse de sangre» —dijo él leyendo el título en la tapa al devolvérselo.
—¿Lo conoces?
—Supongo que hablará sobre lo que su propio nombre indica.
—Más o menos. ¿Y qué sabes tú de eso?
—Leyendas.
—¿Solo leyendas? Parece muy lógico todo lo que dice el libro.
Chupi entró entonces en la biblioteca, en busca de los mimos de Raven, quien le acariciaba al mismo tiempo que seguía hablando con Alistair.
—Alis, aquí dice que en este tipo de eclipses las criaturas sobrenaturales pueden perder las características que le son propias y volver a ser solamente humanas.
—Raven, eso no va a pasar.
—¿Se espera algún eclipse próximamente?
—Sí, dentro de unos meses.
—Alistair, yo nací cuando hubo un eclipse. Tras veintiún años volverá a haber otro. Todo cuadra.
—No te obsesiones, anda.
Chupi empezó a llorar lastimosamente.
—¿Qué pasa, Chupi? —le preguntó Raven al chupacabras, arrodillándose para acariciarlo más de cerca— No te preocupes...
—¿Cómo es que ellos temen volver a ser humanos? Deberían estar contentos con la noticia, ¿no? —preguntó Alistair, haciéndose cargo del motivo de las lágrimas de Chupi.
—No…, se encuentran entre dos mundos. Ya no quieren volver a ser humanos. Ya no tienen nada en el mundo de los humanos. Se encuentran como el emigrante que ya no reconoce su país tras pasar mucho tiempo fuera de casa.
—Ya… Tranquilo Chupi, no pasará nada —añadió Alistair.
—Alis, me parece estupendo que quieras mantener la calma, pero, ¿cómo puedes estar tan seguro de que no pasará nada? Hace tiempo que no creo en las soluciones mágicas. Si se nos plantea un problema tendríamos que intentar solucionarlo.
—¿Quieres que te diga por qué? Es fácil. Porque tú estás conmigo, y yo estoy contigo —dijo él acercándose a ella con todo su encanto y posando su mano tiernamente sobre su barbilla—. ¿Qué puede salir mal?
Raven le besó entonces, queriendo creerle de veras.