Un romance en tiempo Zombie: Entre dos amores

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Summary

En 2024, el mundo se sumió en el caos cuando los muertos vivientes, esos zombis de las películas, se hicieron realidad. Cristal, una joven de 15 años, se enfrenta a la aterradora tarea de sobrevivir en este apocalipsis, cargando con la responsabilidad de proteger a su hermano menor, Paul, de tan solo un año. La valentía y el amor fraternal impulsan a Cristal, convirtiéndola en una fuerza imparable en un mundo donde los vivos son más letales que los muertos. Cinco años después, Cristal no solo lucha contra hordas de zombis y peligrosos humanos, sino también contra su propio corazón. En medio del caos, Javier, un hombre que soñaba con ser médico, le salva la vida a ella y a su hermano. Protegido por una banda de matones durante cinco años, Javier encuentra en Cristal una razón para ser valiente y luchar por algo más grande que él mismo. Paralelamente, Cristal se reencuentra con Martín, su primer amor, un líder nato que pasó tres años buscándola sin descanso. Cuando finalmente pierde la esperanza y abandona la búsqueda, Cristal reaparece en su vida, reavivando viejos sentimientos y despertando nuevos dilemas.

Status
Complete
Chapters
28
Rating
n/a
Age Rating
16+

CAPÍTULO 1: UN NUEVO MUNDO HOSTIL

CAPÍTULO 1: UN NUEVO MUNDO HOSTIL

Amaba ver películas de apocalipsis y terror, esas que te hacían gritar y te mantenían en suspenso. Puedo decir que eran mis preferidas, aunque terminara tapando mis ojos. Pero esta es la vida real y ya no puedo taparme los ojos esperando que la parte fea desaparezca. Estamos en el año 2029.

Han pasado ya cinco años desde que el mundo cambió, ¿qué pasó? Las pesadillas se hicieron realidad, y lo que antes era solo ficción ahora es la vida real.

El aire está cargado con un olor metálico y rancio que se mezcla con el humo y el polvo. A lo lejos, el eco de gritos desesperados y disparos rompe el silencio ominoso que se cierne sobre la ciudad. Calles que antes estaban llenas de vida y bullicio ahora yacen desoladas, salpicadas de escombros, vehículos volcados y cuerpos desfigurados.

Las fachadas de los edificios están marcadas por huellas de garras y manchas de sangre reseca. Ventanas rotas y puertas destrozadas dejan entrever interiores saqueados y abandonados en la prisa por escapar de la inminente amenaza. Aquí y allá, pequeños fuegos arden sin control, consumiendo lo poco que queda de lo que alguna vez fue un vecindario próspero.

Los muertos se levantan y caminan; suena loco, lo sé, pero eso no es todo: también te atacan. Nosotros somos su alimento. Zombis les llamaban en las películas, muertos que se descomponen, pero aun así caminan con torpeza en busca del que será su próxima comida. Pero ellos son solo parte del problema. Los pocos humanos que quedamos somos más violentos; todos buscamos sobrevivir, ¿pero a qué costo? ¿Confianza? Eso ya no existe.

Llevo sobreviviendo a los muertos y a los vivos, y no sé realmente cuál de los dos es peor. Pasé de ser una niña de solo 15 años a una mujer asesina. “Mi mejor amiga es mi arma”, y mi objetivo es mantener con vida a mi hermano de tan solo 6 años. Aprendí a disparar muy bien para poder sobrevivir en este mundo de mierda. Afilo mi cuchillo mientras mi mente viaja en los recuerdos, antes de que los malditos muertos se apoderaran del mundo.

En las calles, los cadáveres de los muertos yacen esparcidos, algunos desmembrados o con partes del cuerpo mutiladas. Los pocos sobrevivientes que quedan se mueven con cautela, armados con cualquier objeto que pueda servir como arma improvisada. El sonido de pisadas rápidas y el crujir de cristales bajo los pies solo sirven para aumentar la sensación de peligro latente en el ambiente.

—¡Cristal, Cristal, ¡corre!

Cuando volteo, viene mi pequeño hermano gritando y corriendo. Agarra mi mano y me jala para comenzar a correr con él.

—¡Cristal, corre, corre! ¡Ahí vienen!

—¿Qué viste, Paul? ¿Qué viene?

—Es una horda —grita mientras corremos.

—No puede ser, tenemos días sin ver hordas.

—Lo sé, pero eran muchos, se acercaban a nosotros.

Paul es mi hermano menor, solo tiene 6 años. Sí, cuando todo pasó él solo tenía 1 año, pero ha sido un niño muy valiente. Es callado, me gustaría decir que es alegre, pero no hay motivos para sonreír cuando siempre estamos huyendo de algo. Por él, me ha tocado hacer cosas muy malas, pero mi único objetivo es mantenerlo con vida, así que me llevaré por el medio a todo aquel que se atraviese en mi camino.

◆◆◆

En 2024, cuando todo comenzó, yo me encontraba en la escuela. Estaba en las gradas de la preparatoria con Patricia, mi mejor amiga, cuando los celulares comenzaron a sonar. Patricia me mostró un video donde un hombre estaba atacando a una mujer. Hay mucha sangre y las personas a su alrededor no se le acercan. Veo a los demás estudiantes que estaban cerca; solo veo pánico y terror en sus miradas. Patricia y yo decidimos salir del colegio, pero el caos se apoderó de todos en cuestión de segundos. Todos

comenzaron a correr, buscando la salida. Patricia y yo corrimos dentro del instituto cuando Martin nos agarró a ambas y nos metió a un salón.

—Las estaba buscando. ¿Dónde se habían metido? —escucho decir a Martin, al tiempo que veo por el cristal de la puerta cómo todos corren sin control.

—¿Viste los videos? La gente se volvió loca, vimos cómo un hombre atacaba a una mujer —dice Patricia con cara de pánico.

—¡Los vi! —exclama Martin—, pero no la estaba atacando, se la estaba comiendo.

—No inventes, ¿cómo se la va a comer? Ni que fuera caníbal, con eso no se juega, Martin —le reprocho, incrédula ante lo que me cuenta.

—No estoy jugando. Estaba afuera del colegio cuando comenzó todo. Una mujer mordió a un hombre y todos los que estábamos presenciando la escena pensamos que era una loca esquizofrénica. Los policías la apartaron del hombre, que ya parecía muerto, pero este se levantó y comenzó a atacar a una mujer. Se la estaba comiendo, y fue como una cadena; las personas que eran atacadas minutos antes comenzaban a atacar.

—¡No puede ser! —digo— ¿Me estás diciendo que son zombis?

—No sé. Hay muchas noticias en internet. Una de ellas dice que una asociación terrorista llevó vacunas con un virus a cada uno de los países para generar un apocalipsis.

—¿Qué dices? Eso no tiene sentido —dice Patricia.

—Chicas, solo les estoy diciendo lo que leí en internet.

◆◆◆

Sigo corriendo con mi hermano. Vemos una casa abandonada y decidimos entrar. Reviso que no haya ningún muerto ni ninguna sorpresa. De repente, escucho a Paul gritando. Tenía a uno encima; Paul le había puesto su bolso en la boca. Disparo en la cabeza, haciendo que el muerto caiga. Lo quito de encima de mi hermano y lo ayudo a levantarse. Si algo aprendí de ver películas de zombis es que siempre hay que disparar a la cabeza; eso es lo que evita que se levanten de nuevo. Veo que mi hermano está bien.

—¿Estás bien? ¿Te hizo daño? —pregunto preocupada.

—¡Estoy bien! —responde mi pequeño hermano atemorizado.

—No te alejes de mí. —Procedo a revisar el resto de la casa. Una vez que confirmo que no hay nadie más, saco un martillo de mi mochila y coloco tablas en la puerta, sellando la entrada. Algo de lo que debo cuidarme más que de los muertos son los vivos. Mi hermanito y yo hemos visto cómo los vivos matan a otros vivos, ya sea para robar sus cosas o por simple diversión.

Saco dos galletas de mi bolso, le doy una a Paul y me como la otra. Mi hermano se recuesta en mis piernas mientras acaricio su desaliñado y largo cabello.

◆◆◆

Patricia, Martin y yo estamos en el salón de clases, esperando que el caos disminuya un poco. Sin embargo, ya ha oscurecido y escuchamos muchos gritos afuera. De repente, un sonido muy fuerte nos asusta.

—¡Ábranme, ayuda! ¡Ábranme, por favor! —gritan mientras golpean la puerta con fuerza.

Martin se levanta y reconoce el rostro familiar, dejándolo entrar. Vemos cómo Gonzalo entra al salón corriendo. Martin cierra rápidamente la puerta y la asegura de nuevo. Los tres vemos a Gonzalo con mucha sangre en su ropa.

—¿Te mordieron? —pregunta Patricia.

—No, no es mi sangre —responde Gonzalo, con una expresión de terror evidente en su rostro. “Gonzalo siempre había sido uno de los chicos más populares del colegio, siempre tan seguro de sí mismo”. Verlo de esa manera nos preocupó mucho.

—Necesito que te quites la camisa para revisar si te han mordido —dice Martín.

Gonzalo, temblando, comienza a quitarse la camisa, dejando al descubierto sus pectorales bien formados. Martín se acerca y lo revisa, pero no encuentra ninguna mordida.

—¿Qué te pasó? ¿Qué está pasando afuera? —pregunto preocupada. Llevaba horas sin saber nada de mis padres y solo había podido hablar con ellos una vez antes de que mi celular se apagara.

—Esto es una locura. La gente se está atacando entre sí. Rocío intentó morderme, y Laura la apartó de encima de mí —explica Gonzalo. Laura era su novia—. Rocío la atacó y logró morderla. Casi le arranca un pedazo de piel. No pude hacer nada. Salimos corriendo, pero Laura comenzó a tener un ataque. Vi cómo sus ojos se pusieron rojos y de pronto intentó morderme a mí.

Mientras Gonzalo contaba lo sucedido, notamos que su voz se entrecortaba y que su cuerpo temblaba.

Eso nos confirmaba que habían pasado por mucho allá afuera. Gonzalo comenzó a llorar como un niño desconsolado.

—Laura, Laura me salvó y yo no pude hacer nada por ella —decía mientras lloraba.

Patricia, que siempre había estado interesada en Gonzalo, se acerca y se sienta en el suelo junto a él, poniendo una mano en su espalda, sin decir una palabra.

—Quiero salir de aquí, necesito ir a casa —le digo a Martín en voz baja. Martín era uno de mis mejores amigos, y junto con Patricia éramos inseparables.

—No, Cristal, por ahora no podemos salir. Mira cómo está Gonzalo. No sabemos qué nos encontraremos afuera.

—¿Y qué vamos a hacer? ¿Quedarnos aquí el resto de la vida? No he hablado con mis padres. No sé si están bien ni qué está pasando con mi hermano.

—Lo sé, Cristal. Yo tampoco he podido comunicarme con los míos. Pero pensemos: si salimos, tal vez nunca los volvamos a ver.

Sabía que tenía razón, pero ya estaba entrando en desesperación. Tenía hambre y necesitaba ir al baño. Suponía que ellos también estaban en la misma situación que yo.

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