RYDER

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Summary

RYDER ⁘ El eco del abandono ⁘ "Hay personas que nacen con un vacío en el pecho y pasan la vida intentando llenarlo con ruido, con sangre o con sexo. Yo preferí llenarlo con órdenes." Ryder tendrá que descubrir si es capaz de recuperar el control... o si está destinado a ser, para siempre, un esclavo de su propio pasado.

Status
Complete
Chapters
17
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo


Dicen que el cerebro humano tarda veintiún días en acostumbrarse a una ausencia. Mi madre tardó menos de diez segundos en convertirse en un fantasma.

Recuerdo el sonido de la maleta rozando el suelo de madera. Un chirrido seco, rítmico, como una cuenta atrás. No hubo un “adiós”, ni una nota sobre la encimera o sujeta con un imán en la nevera. No hubo excusas, ni intentos de disculparse. De justificar su marcha. Solo el eco de una puerta cerrándose y el silencio. Un silencio tan denso que podías morderlo, un silencio que se instaló en mi pecho y decidió que ese sería su nuevo hogar.

Un acto tan simple, que dejó una herida que aún perdura. Que aún sangra. Un hecho, que por más que intentara negarlo, por más que intentara hacerme el fuerte, dejó secuelas en mi niño interior. Unas secuelas que moldearon mi yo actual.

Por que lo fácil es irse. Quedarse, es lo complicado.

Desde aquel día, busqué la forma de llenar ese silencio en todas partes. Lo busqué en el fondo de las botellas, en el impacto de mis nudillos contra la carne de algún imbécil en un callejón de Chicago y en las camas de mujeres cuyos nombres olvidaba antes de que saliera el sol. Pero el vacío siempre volvía. La sensación de tener que decidir qué hacer con los restos de un hombre destruido.

Un ser como lo que dejó ella al irse. Vacío.

Hasta que la encontré a ella.

— De rodillas, Ryder.

La voz de Úrsula no es música, es un látigo de seda. Y cuando lo dice, el sentimiento o la usencia de él, se detiene. Ya no hay vacío, porque es llenado con algo más fuerte. El dolor.

En ese momento, bajo la luz gélida de su despacho que huele a perfume caro y a pecados no confesados, dejo de ser el traficante elocuente al que todos temen. Dejo de ser el tipo duro que protege a Hunter de sus propios demonios y de los pecados de su padre. Dejo de ser el hijo abandonado.

No soy nada. Y el que no es nada, no puede sentirse vacío. Porque no hay qué llenar.

En el suelo, con las manos entrelazadas tras la espalda y la mirada fija en sus zapatos de tacón infinito, soy libre. Porque cuando obedezco, no existo. Cuando ella toma el control, yo por fin puedo descansar de la carga de mi propia voluntad, de mi existencia.

Mis demonios parecen evadirse. Encuentran algo más a lo que aferrarse.

Ella cree que me domina porque me desea. Yo la dejo creerlo porque necesito que me rompa. Es un intercambio justo: ella recibe un soldado impecable y yo recibo el castigo que me convence de que sigo vivo.

La oscuridad que he construido con tanto cuidado está empezando a agrietarse. Y lo malo de las grietas es que, tarde o temprano, se hacen más grandes. Hasta que todo se derrumba. Y cuando eso ocurre, hay que tomar decisiones. Hacer sacrificios. Y por primera vez en mucho tiempo me vería obligado a elegir.

Me llamo Ryder. Y esta es la historia de cómo empecé a caer... Cómo descubrí que, aún no había tocado fondo, pero que estaría a punto de hacerlo.