Capitulo Definitivo
Shadow mantenía la atención en el cielo.
Se quedó mirando la aurora boreal...
Envuelta en incontables estrellas y una luna llena brillante.
Giró el rostro para mirar a su alrededor.
Había flores blancas y el pasto brillaba con luciérnagas.
Sus ojos se veían cansados, apagados.
Poco le importaba estar allí.
Daba igual si era otra ilusión.
Otro planeta o simplemente su mente tendiéndole una broma cruel antes de morir.
¿No era él precisamente quien...?
Estaba demasiado agotado como para seguir haciéndose preguntas.
Al sentir aquella caricia en sus púas, reaccionó con un leve estremecimiento.
Era... tibia... reconfortante.
¿Por qué le costaba tanto querer apartarse?
Cerró los ojos, emitiendo un ronroneo tenue mientras se recargaba un poco más en la caricia.
Oyó una leve risita.
Su cuerpo se tensó al momento, pero no abrió los ojos.
Sabía con certeza de quién provenía.
Reconocía esa risa dulce, serena y delicada.
Fue al abrir los ojos cuando notó el apoyo cálido de unas piernas bajo su cabeza.
Subió la mirada lentamente... y se encontró con aquellos ojos azules y una sonrisa tranquila.
Su cabello rubio se mecía suavemente con el aire.
Ambos se quedaron mirándose fijamente a los ojos, sin decir una sola palabra.
Podían reconocer en la mirada del otro la paz que por fin habían encontrado, después de todo lo ocurrido.
Una leve curva apareció en los labios del azabache.
¿Aquello en su rostro... era una sonrisa?
¿De verdad Shadow estaba sonriendo?
En efecto.
No había duda.
Tenía una sonrisa en los labios.
Una sonrisa que se le escapaba únicamente cuando estaba con...
"Ella".
- Hola, María.
La joven sonrió un poco más.
- Hola, Shadow.
Silencio.
La brisa hacía ondear las flores.
- ¿Dónde... está Gerald...?
- Shh... todo está bien, él está bien.
- ¿Cómo es que...? ¿Ya... terminó?
María pasó sus dedos por sus orejitas con ternura.
- Como te dije antes... incluso cuando dudas, la fe sigue ahí.
- Perdóname... eras tú quien debía estar a salvo, no protegiéndome.
- Shadow... soy tu hermana. ¿Qué esperabas de mí? ¿Que observara en silencio cómo te hacían daño sin intentar detenerlo?
- María...
- No me pidas que sea espectadora cuando se trata de ti... porque nunca lo seré.
- Entonces limítate a observar... aunque se trate de mí.
- ¿Cómo crees que-
- Mi deber es protegerte, y no solo porque seas mi hermana, sino porque eres mi razón para seguir adelante.
La rubia rió bajito.
- Deja de reírte. Estoy hablando en serio.
- Shadow, creo que estás exagerando un poco. Ambos estamos a salvo. Eso es lo que importa ahora, ¿no crees?
Su expresión cambió a una más seria mientras la observaba.
Se incorporó y se acomodó en posición sentada.
- Para ti es sencillo hablar así.
- ¿Qué insinuas? - María preguntó, alzando una ceja mientras mantenía la sonrisa.
Shadow bajó la vista brevemente antes de enterrar los dedos en la hierba.
- Insinúo que no voy a ser yo quien te vea partir.
De nuevo se hizo el silencio.
María dejó de sonreír, pero su mirada no se apartó de él.
Exhaló con suavidad y, sin decir nada, entrelazó sus dedos con los de Shadow, aún aferrados a la hierba.
- Para ti es más sencillo - continuó Shadow - Yo soy la "forma de vida suprema", ¿recuerdas? No puedo morir. Sigo aquí, pase lo que pase. Tú tienes un final... yo no.
Ella se inclinó hacia atrás, dejando la vista fija en la luna llena.
- El tiempo solo existe para quienes no han comprendido el amor.
- ¿Y qué tiene que ver el amor con lo que dices?
- Tú dices que yo tengo un final, pero mírame... estoy aquí, contigo, pese a que ocurrió todo eso.
- Ni siquiera la muerte pudo arrancarme de tu lado, porque sigo siendo tu razón para seguir adelante.
- Si tienes que llevar el luto de este mundo, hazlo con la cabeza en alto...
- Porque tú serás el único que podrá contarle a las estrellas que una vez existió una chica llamada María que te amó más que a su propia vida.
- Mi final no apaga lo que dejamos el uno en el otro.
Shadow no le respondió.
También alzó la mirada al cielo.
Durante unos segundos, la noche fue lo único que compartieron.
- María... - murmuró Shadow - ¿Recuerdas aquellas veces en que me hablaste del... Rey de reyes y Señor de señores?
- Mjum... aún lo tengo presente.
- Siendo honesto... nunca logré creer, ni tampoco quise hacerlo, en su existencia.
Ella rió y giró el rostro hacia él, bajando la mirada por un momento.
Dando la impresión de que algo la hacía dudar.
- Quiero... contarte algo...
- ¿Hm? - Shadow se volvió hacia ella también.
Tomó un mechón de su cabello rubio y lo giró entre los dedos, mirando la hierba.
- Hay días en los que me pregunto qué sentido tiene que Dios nos haya traído al mundo, si nuestro destino es desaparecer.
El azabache no dijo nada.
Aun así, no pudo evitar sentirse un poco sorprendido por lo que ella dijo.
Era una creencia de María.
Una de esas cosas que decía cuando ocurría algo así.
¿Cuántos dicen creer en la fe... y cuántos lo hacen de verdad?
Ella era de las pocas que la vivía.
Nunca perdía la fe, pasara lo que pasara.
Incluso cuando todo se volvía confuso y lo cuestionaba, seguía ahí.
¿No era eso, al final, lo que realmente significaba creer?
¿O acaso la fe no consistía justamente en eso...?
No obstante, desde que conoció a Shadow, esa pequeña duda empezó a desaparecer.
Poco a poco entendió que el sentido no estaba en el final, sino en lo que eliges amar.
Como muchos creen...
Dios nos envió a este mundo para aprender lecciones que solo se entienden al pasar por ellas.
Ya sea a través del amor, el perdón, el sacrificio o la resiliencia.
Para ella, la muerte no era el fin, sino la conclusión de todo aquello que había venido a aprender.
La vida en la Tierra es donde realmente se ve quiénes somos y qué valoramos.
La muerte es lo que hace que nuestras decisiones realmente importen.
Si fuésemos eternos, ¿qué tendría de importante lo que hiciéramos?
Tal vez no es el tiempo lo que le da valor a la vida...
Más bien, es la forma en la que elegimos vivirla.
- Supongo que por eso sientes todo así, Shadow. - dijo de pronto la rubia - Porque, incluso siendo eterno, vives como si cada momento importara.
La atención de Shadow regresó a ella de inmediato.
- No es que actúe como si cada momento importara, María... es que, para alguien que no puede morir, los momentos son lo único que de verdad me queda.
- Entonces, procura que este momento sea lo suficientemente brillante como para que te acompañe siempre.
Su mano se acercó a la mejilla esponjosa del erizo.
- Olvídate del después... Quédate aquí, conmigo. Eso es todo lo que importa ahora.
El de vetas carmesí se dejó acariciar por su toque y miró una flor blanca entre la hierba...
Luego la quitó del tallo.
Se le quedó mirando.
La acercó a su rostro, aspirando su aroma.
La acarició con los dedos antes de entregársela a la rubia.
Ella la recibió con cuidado y le sonrió.
María notó cómo las luciérnagas los rodeaban poco a poco.
Con una sonrisa curiosa, extendió las manos y comenzó a atrapar las luciérnagas con cuidado.
- Shadow, intenta esto.
Él la miró desconcertado - ¿Que?
- Anda, inténtalo y ayúdame a atrapar las luciérnagas.
- ¿Para qué?
- Ay, vamos, no te hagas... hazlo.
El erizo la miró con una ceja arqueada y soltó un suspiro.
Levantó la mano para atrapar una luciérnaga, pero la pequeña criatura se acomodó sola en su dedo.
Resopló, intentando mantener la seriedad, pero la luz lo distraía.
Pasó la mirada de la luciérnaga a María, con el ceño ligeramente fruncido.
- Si esto tiene algún propósito de tu parte, avísame... porque ahora mismo parece una pérdida de tiempo.
La rubia soltó una carcajada.
- Calla, calla. El mundo puede esperar, está a salvo por hoy. Tu misión ahora es no dejar que esta lucecita se escape antes de pedir un deseo. ¡Anda, Shadow, pide uno!
Se inclinó hacia él y unieron sus manos, protegiendo la luciérnaga.
Así pasaron unos minutos, entretenidos atrapando pequeños bichitos.
¿Te has preguntado alguna vez si este tipo de momentos duran para siempre?
¿Sí?
No, para nada.
Ella lo miraba de reojo de vez en cuando, como si desde hacía rato quisiera preguntarle algo.
- ¿Y... están bien ahora?
Shadow bajó un poco las cejas, serio.
- ¿De qué hablas tú?
La de ojos azules rodó los ojos.
- ¿Todo está bien ahora con alguien...? No lo sé. Es carismático, un poco rebelde, con ojos verde esmeralda... ¿lindo?
Cierto...
El corazón del erizo dio un vuelco.
- ¿Por qué precisamente ahora me lo haces recordar?
Abrió sus manos, dejando volar la luciérnaga, y lo miró con el ceño fruncido - ¿Qué?
- ¿Qué?
- ¿No has hablado para arreglarlo con él?
- No siento que tenga algo que reparar con él... ¿para qué intentarlo?
- Porque lo amas ¿no?
El azabache soltó una risa amarga.
- Es él quien siente algo por mí, yo no quiero nada con él, ya lo he dejado claro varias veces.
- Qué encantador cuando decides hacerte del rogar.
- Ya, basta, no empieces.
- A ver, cuéntame qué pasó.
- No pasó nada.
- Shadow.
- Que no pasó nada.
- Solo dilo.
- Qué nivel de curiosidad el tuyo.
Se encogió de hombros - ¿Por qué discutieron?
Él desvió la mirada.
- Porque le grité.
- ¿Y por qué le gritaste?
Chasqueó la lengua antes de hablar.
- Porque siempre se involucra donde no debería. Es impulsivo, actúa sin pensar en las consecuencias. No considera el riesgo, ni siquiera la posibilidad de morir.
María volteó el rostro hacia otro lado, disimulando una sonrisa.
- ¿Y luego qué pasó?
- Me dijo que no le rinde cuentas a nadie, que no es un niño.
- Se empeñó en venir conmigo para ayudarte, pero lo detuve.
- Se enfureció y empezó a gritarme. Yo también exploté.
- Le grité que dejara de meterse en mi vida, que por una puta vez me dejara en paz.
- Y le dije sin rodeos que si todo lo que hacía era para que yo aceptara estar con él...
- Estaba desperdiciando su tiempo, porque yo no estaría con alguien como él.
La rubia dejó de sonreír y fijó los ojos en él.
- ¿Qué fue lo que-
- Sí, me excedí, pero ya no importa. No hay nada que decir ni nada que arreglar, lo hecho está hecho.
- Shadow... ¿te das cuenta de que...?
Silencio.
Él volteó hacia ella al notar que se había callado.
Su mirada estaba perdida más allá de él, su cuerpo, completamente tenso.
De pronto, el ambiente empezó a sentirse distinto.
Más opresivo.
Más insólito.
Esa sola sensación que lo guiaba otra vez hacia aquella ausencia.
- Sonic - murmuró.
Se giró de inmediato.
No vio nada, salvo las flores blancas.
Miró a su alrededor con nerviosismo.
Fue entonces cuando algo a lo lejos lo hizo entrecerrar los ojos.
- ¿Sonic? - repitió.
No lograba distinguir qué era.
Su oreja izquierda se movió un poco.
Aquello empezó a avanzar hacia ellos.
Se puso de pie rápidamente, interponiéndose frente a María.
No obstante, sintió un escalofrío al notar que, en efecto, era Sonic.
Lágrimas se deslizaban por sus mejillas.
Su rostro lucía pálido.
Sus púas azules se agitaban con el viento.
Y en sus ojos... solo había horror al mirar a María.
El azabache sostuvo la mirada en esos ojos verdes que no se apartaban de su hermana.
Su mirada se endureció.
Lentamente volteó la cabeza y miró a María.
Todo cambió de golpe.
El prado. Las flores. Las luciérnagas. Ya no estaban.
Shadow abrió los ojos.
Su corazón se aceleró.
Estaba de rodillas.
Hundió el rostro del cuerpo recostado en sus piernas contra su cuello.
Divisó el lugar en el que se encontraba y comprendió que estaba en un bosque.
- ¿S-shadow...?
Al oír aquella voz, miró por encima del hombro.
Sonic avanzó despacio, limpiándose una lágrima sin apartar la vista de él.
Cuando llegó a su lado, apoyó una mano en su espalda.
- Creo que ya es momento de irnos.
Shadow acarició por última vez el cabello rubio... antes de apartar el cuerpo frío del suyo.
Se detuvo a mirarla un instante y, con suavidad, le cerró los ojos con los dedos.
Acomodó el vestido azul ensangrentado y exhaló despacio.
- Lárgate de aquí.
- Ey. No busco discutir de nuevo contigo.
- Pues entonces lárgate.
- Shadow.
- ¿De verdad no lo entiendes?
- Escuch-
- ¿No fue claro lo que te dije?
- Porfav-
- ¿O también quieres que te lo explique de nuevo?
- Solo escu-
- ¡Solo lárgate!
- ¡Solo escúchame de una vez, maldita sea!
El mencionado se puso de pie de golpe.
- ¿Qué, Sonic? ¿Qué mierda quieres ahora?
- ¿Qué quiero? Quiero que dejes de ser tan cobarde.
Shadow río sin gracia.
- ¿Cobarde? ¿Soy un cobarde?
- ¿De qué sirvió todo su sacrificio si lo único que vas a hacer es quedarte aquí a pudrirte de rencor?
- No te conviene decir eso.
- ¿Vas a quedarte aquí sentado hasta que tú también te vuelvas polvo?
- Callat-
- Ella no murió para que te volvieras su tumba, Shadow. Murió para darte vida... y lo que estás haciendo ahora no se parece en nada a vivir.
- Sonic.
- Para ser un ser eterno, tienes una visión muy corta de la vida.
- Ya fue-
- ¿De verdad crees que ella estaría orgullosa de verte-
Shadow avanzó de golpe hacia él y los dos terminaron cayendo al suelo.
Sus manos buscaron el cuello de Sonic con brusquedad.
- Dilo otra vez...
- Atrévete a mencionar su nombre para volver a torcer esto a tu favor y te juro que lo último que verás será mi rostro antes de que acabe contigo.
- No eres un héroe aquí, Sonic. Eres solo un estorbo que ya agotó mi paciencia.
Sonic forcejeó, aferrándose a las muñecas de Shadow.
El agarre del azabache se volvió más brusco.
- ¿Qué te hace pensar que tienes derecho a hablar de ella? - apretó los dientes al hablar - ¿Qué sabes tú de lo que fue perderla?
Sus dedos se hundieron con más fuerza.
- Siempre apareces... te metes donde no te llaman... como si entendieras.
La respiración de Sonic se volvió irregular.
- No entiendes nada. No tienes ni puta idea de lo que es quedarte... cuando te lo quitan todo.
Lo sacudió con rabia.
- No entiendes lo que es cargar con algo que no puedes soltar.
Sonic apretó los dientes, intentando tomar aire.
- Y aun así... sigues aquí. Insistiendo. Estorbando. Fingiendo que todo esto es... ¿qué? ¿Otro de tus malditos juegos?
Silencio.
Por un instante, no existió nada más.
- Siempre... siempre actúo como si todo fuese un juego... - alcanzó a decir Sonic, con una sonrisa sin fuerza - pero contigo... no me salió.
Shadow lo acercó de golpe, quedando cara a cara, sin aflojar el agarre.
- Debería odiarte... - murmuró contra sus labios - O quizá... simplemente acabar contigo.
El erizo azul cerró los ojos, buscando aire otra vez.
Poco a poco, se iba quedando sin fuerzas.
Aflojó el cuerpo.
Cesó todo intento de liberarse.
El azabache lo notó y apretó la mandíbula.
Tenía la mente nublada.
Las emociones se le amontonaban sin sentido.
La confusión lo envolvía, pero también un odio creciente hacia los demás.
Hacía todo.
Hacia todo el jodido universo... sin excepción.
Ni siquiera él entendía ese odio que lo consumía.
¿Qué sentido...?
¿Qué sentido tenía el tiempo, la vida, el mundo... si a quien más le importaba... ya se había ido?
Si lo único que quería era que supiese que era la mejor... y nunca tuvo el valor de decírselo.
Si lo único que quería era abrazarla... una última vez... y no llegó a hacerlo.
Sus ojos comenzaron a humedecerse.
Cerró los ojos... y lo soltó de golpe.
Se alejó, dándole la espalda, y se encogió, escondiendo el rostro entre las rodillas.
Sonic apenas logró recuperar el aire, con una mano en el cuello mientras tosía.
Nadie dijo nada.
Un nudo le apretó el pecho al verlo hecho bolita... ¿llorando?
Se quedó mirándolo.
Sus hombros se sacudían.
Su respiración salía en pequeños jadeos.
Los sollozos apenas se le escapaban, ahogados.
Era la primera vez.
Nunca en batalla.
Nunca con sus amigos.
Nunca lo había visto así.
Tan vulnerable.
Tan expuesto.
Sin su coraza.
Le pesaba no poder acercarse.
No poder consolarlo... porque sabía que lo único que recibiría sería rechazo. Y no uno suave.
Tragó saliva, todavía con la respiración inestable.
- Siempre te tuve envidia - dijo Sonic de pronto - Tú tenías algo real... alguien.
Sus orejitas se bajaron despacio.
- Yo solo quería que me miraras... y ni eso pude tener.
La mirada se le empañó.
- No obstante... solo soy esto.
- El recordatorio de que tú sigues aquí... y ella no. Si quieres que me largue, me voy...
- Pero mírame a los ojos... dime que su vida significó tan poco.
Los sollozos del azabache se hicieron más fuertes.
No encontró nada que decir.
El azul se secó las lágrimas con el dorso de la mano, soltando un suspiro.
Con algo de esfuerzo, se puso de pie.
Lo observó... seguía llorando, ocultando el rostro entre las rodillas.
Simplemente... no podía hacer nada.
Quería consolarlo... pero, ¿cómo hacerlo cuando lo único que él quería... era que se fuera?
Dio la vuelta y comenzó a avanzar.
- ¿A dónde carajos vas?
Se detuvo en seco.
Giró la cabeza hacia Shadow.
- ¿Qué? - murmuró.
Shadow se pasó la mano por el rostro y lo miró sin decir nada.
Con un gesto leve, le indicó que se sentara a su lado.
Sonic bajó la mirada, notando ese pequeño aumento en los latidos de su corazón.
Hizo como si nada y siguió caminando a paso lento.
Al llegar a su lado, se sentó junto a él.
Evitaron encontrarse con la mirada del otro.
Después de todo, nada entre ellos estaba realmente resuelto.
Nadie volvió a decir nada después de eso.
Y el amor, si alguna vez existió... ya no sabía cómo regresar.
¿En qué momento dos personas dejan de entenderse, aunque sigan mirándose?
Se miraron, pero no se vieron.
Se sentaron juntos, pero estaban a kilómetros de distancia.
El amor entre ellos se había vuelto un lenguaje que los dos ya no sabían cómo usar.
Ser la forma de vida suprema no significa nada.
No si al final pierdes lo único que te hacía sentir humano.
Conclusión.








