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Bellingham. Ese apellido era conocido en toda Inglaterra. No era para menos: Jude era el único hijo de una de las familias más prestigiosas y adineradas del país. Había nacido rodeado de lujos, sin conocer las preocupaciones económicas ni las dificultades de la vida. Sus padres siempre le daban todo lo que quería y se encargaban de resolver cualquier problema antes de que siquiera llegara a él. En pocas palabras, Jude era el niño de oro de la familia, criado entre comodidades y privilegios.
Su rutina era simple. De lunes a viernes iba a la universidad; al terminar las clases, se iba de compras, luego pasaba por un café y, para terminar el día, se relajaba en el spa antes de volver a casa. Los sábados y domingos despertaba tarde o se quedaba despierto hasta la madrugada, sin importarle la hora ni tener que madrugar al día siguiente.
Para el, esa era una vida normal.
Hasta que dejo de serlo.
Estaba sentado en el comedor, frente a sus padres, quienes mantenían una expresión seria, una mirada que él jamás había visto en ellos a lo largo de toda su vida.
—¿Sucedió algo? —preguntó—. ¿O acaso murió el perro del vecino como para que tengan esas caras tan largas?
La madre de Jude suavizó el gesto, pero no sabía cómo responderle a su hijo. Volteó a ver a su esposo, quien evitó mirarla a los ojos mientras soltaba un leve suspiro.
—Jude, lo he estado pensando y... bueno, ya tienes 23 años. Decidí dejar de pagar todas tus cosas.
Jude permaneció en silencio durante unos segundos, mirando a su padre como si esperara que en cualquier momento soltara una carcajada y le dijera que todo era una broma.
—Es... es una broma, ¿verdad? —preguntó en voz baja.
—No, hijo... tu padre y yo lo hablamos, y decidimos que lo mejor es que empieces a independizarte —respondió su madre con suavidad.
—No te irás ahora mismo, pero tendrás que quedarte por un tiempo limitado, hasta que encuentres un trabajo que te permita mantenerte por tu cuenta —argumentó su padre.
—Exacto —añadió su madre.
Jude permaneció en silencio, intentando procesar lo que acababan de decirle. Las palabras de sus padres aún no terminaban de encajar en su mente.
—Hijo... no quiero que pienses mal de nosotros. Solo queremos que aprendas a valerte por ti mismo —dijo su madre con un tono tranquilo.
—Te quedarás aquí dos meses. Espero que en ese tiempo encuentres un trabajo —dijo su padre mientras se levantaba de la mesa y salía del comedor.
—Espero que lo entiendas, mi niño... —dijo su madre con suavidad.
Dicho eso, la señora salió del comedor siguiendo a su esposo, dejando a Jude completamente solo.
Jude permaneció sentado, sin saber qué decir ni qué pensar. Sentía que todo había sucedido demasiado rápido. No tenía respuestas, solo un montón de preguntas dando vueltas en su cabeza.
¡No sabía nada! Apenas sabía cocinar algunos platos sencillos; del resto, de cómo enfrentarse al mundo por su cuenta, no tenía ni idea. ¿Cómo encontraría un trabajo en solo dos meses? ¿Dónde viviría después de que terminara ese plazo?
¿Su padre realmente había pensado en lo que pasaría después?
Por primera vez en mucho tiempo, Jude sintió que estaba completamente perdido.
Jude se quedó mirando la mesa vacía frente a él, como si en ella pudiera encontrar alguna respuesta. Sus manos descansaban sobre sus piernas mientras intentaba ordenar sus pensamientos, pero cada vez que creía tener una idea, otra preocupación aparecía.
Siempre había tenido la comodidad de saber que, si algo salía mal, sus padres estarían ahí para solucionarlo. Nunca se había detenido a pensar en qué haría cuando ya no pudiera depender de ellos.
Soltó un suspiro pesado y se recostó en la silla.
—Dos meses... —murmuró para sí mismo—. ¿Qué se supone que voy a hacer en dos meses?
La pregunta quedó flotando en el comedor vacío.
Pasó un buen rato así, sentado en el comedor, mirando el techo como si fuera lo único interesante en ese momento. Su mente estaba llena de pensamientos, pero ninguno parecía llevarlo a una respuesta clara.
Al final, soltó un suspiro cansado y se levantó de la silla.
No podía quedarse ahí toda la noche dándole vueltas al mismo asunto. Aunque todavía no tuviera un plan, sabía que tendría que empezar a buscar una solución.
Jude salió del comedor y caminó por el pasillo en dirección a su habitación. Sus pasos eran lentos, como si una parte de él todavía estuviera intentando aceptar lo que acababa de pasar.
Mañana tendría un largo día.
Jude llegó a su habitación y cerró la puerta detrás de él. Se quedó unos segundos apoyado en ella, mirando el lugar que durante años había considerado su refugio.
Todo seguía igual: su cama, sus libros, su ropa tirada en una esquina... nada había cambiado físicamente, pero aun así sentía que algo era diferente.
Caminó hasta su escritorio y se dejó caer en la silla. Encendió la computadora por costumbre, aunque no tenía ganas de hacer nada en particular. Durante unos minutos se quedó mirando la pantalla sin realmente prestarle atención.
Entonces abrió el buscador y escribió las primeras palabras que se le vinieron a la mente.
"Trabajos para alguien sin experiencia".
Al ver los resultados, sintió una mezcla extraña entre vergüenza y preocupación.
—Genial... —murmuró con ironía—. Ni siquiera sé por dónde empezar.
Cerró los ojos y se pasó una mano por el rostro. Siempre había pensado que tenía tiempo para decidir qué hacer con su vida, que en algún momento simplemente encontraría su camino. Pero ahora el tiempo tenía un límite.
Dos meses.
Esa cifra seguía repitiéndose en su cabeza.
Jude tomó una libreta que estaba sobre el escritorio y comenzó a escribir. Al principio solo puso unas pocas palabras: "buscar trabajo", "aprender a cocinar", "ahorrar dinero".
Parecía poco, pero era más de lo que había hecho en mucho tiempo.
Después de unos minutos, dejó el lápiz sobre la mesa y miró la lista.
No era un gran plan. Ni siquiera estaba seguro de que funcionaría.
Pero era un comienzo.
Se levantó para prepararse para dormir y, antes de apagar la luz, miró su habitación una última vez.
Quizás sus padres no habían querido hacerle eso. Quizás solo estaban intentando obligarlo a dar un paso que él había estado evitando durante años.
Con ese pensamiento en mente, Jude se acostó.
Mañana empezaría todo.