Friends Larry Stylinson

Summary

Al cumplir la mayoria de edad, Harry decide tomar la decision mas complicada de su vida: alejarse de Holmes Chapel para conocerse. Se inscribio en la universidad de londres para poder aventurarse a la vida universitaria y convertirse en compositor. Desgraciadamente desde que llego todo se complico para el ya que su romiee es el capitan del equipo de futbol, un verdadero patan que solo piensa en si mismo y en golpear a los mas debiles. Al convertirse en enemigos, ninguno de los dos esperaba que por diversas situaciones se convertirian en amigos... incluso en amantes.

Status
Complete
Chapters
59
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo uno

Durante los últimos cinco años, he estado inmerso en una constante búsqueda de lo que realmente quiero en la vida. Cada creencia, pensamiento y emoción han sido como feroces locomotoras que me han convertido en una persona insegura y ansiosa, temerosa de cada decisión que tomó. Aunque sé que existe otra parte de mí, incontrolable, que me impulsa a tomar acciones impulsivas.


Un ejemplo claro fue mi decisión de estudiar a casi tres horas de distancia de mi hogar. Mi madre odiaba la idea y dramatizaba que era una locura, que no razonaba y que era demasiado joven para depender de mí mismo. Pero, ¿qué podía esperar que comprendiera?, incluso siendo mayor de edad, ella deseaba que siguiera viviendo allí y asistiera a una escuela a solo diez minutos de distancia de su casa.


Sentía que necesitaba un respiro, un aire nuevo. Aunque amará a mi madre con locura así como a mi hermana mayor, todos necesitamos un respiro de un ambiente excesivo y sobreprotector.


Y siendo un iniciado en la vida adulta; carecía de claro conocimiento de esta. En mi cuerpo había miles de emociones encontradas que me impulsaron a dejar atrás ese calor, ese cariño y sobreprotección que me molestaba y me asfixiará, con el motivo de conocer gente nueva y descubrirme a mí mismo; algo de lo que hasta el momento no tenía, solo me sentía un chico simple, sin rumbo y aspiraciones; ni siquiera sabía a lo que debería dedicarme.


Por un tiempo trabajé en una panadería de mi ciudad mientras estudiaba la preparatoria; pero no era algo que me inspirará a estudiar gastronomía o algo parecido.


Tampoco era bueno para las matemáticas, ni educación física y mucho menos para algo administrativo. Solo me dediqué a ser el divertido de la escuela, bailar en festivales y ser el compañero social. Nada extracurricular.


O no sabía qué hacer con mi vida o simplemente, no aspiraba a nada; lo cual me creó un episodio ansioso y depresivo donde tomé un giro de 360° en mi vida y me inscribí en composición musical en una universidad lejos de mi familia. El dichoso Colegio Kings.


Lo cual para justificar mi decisión fue decirme y preguntarme a mi mismo si eso en verdad era lo que necesitaba, ¿Podré conocerme así?; en 18 años jamás he sabido que se siente ser uno mismo y que es lo que en verdad quería.


Nunca me llamó realmente la atención la dichosa composición musical; conocer su origen, ni componer canciones o que en realidad tuviera un oído prodigioso; solo me gustaba la música, era todo. Al menos, de esa atrabancada decisión, algo debía hacerme sentir cómodo.


Mi madre y hermana hicieron lo posible por comprender estos pensamientos impulsivos; ellas sabían que no lo pensé adecuadamente, que era algo tomado a la rápida por no quedarme sin tener que estudiar en comparación con el resto de mis compañeros. Ellas no entendía pero, ni yo mismo lo hacía. Solo trataba de afirmarme a mi mismo que todo está bien, aunque fuera el típico chingue su madre.


Habían cosas que ellas no entendían y nunca lo harían, jamás se dignaron en querer comprenderme, solo hasta el día de hoy en que me marcho buscaban hacerlo para que no las abandonará.


Sus persuasiones, discusiones y tratos de chantaje, no pudieron contra mi decisión, yo sabría si me arrepentía de lo que hacía o si eso no me daba un futuro económico asegurado como el que mi madre deseaba para mi; si terminaría trabajando como un auxiliar administrativo en una gran corporación, siendo un cubículo más aún con mi carrera de música hecha, era mi vida a fin de cuentas y no debía rendir cuentas a nadie.


Las amo pero, se volvían un fastidio.


Pero lo que pensará no parecía importarle mucho a mi madre; siendo que la única forma que encontré de calmarla con sus nervios de ver a su pequeño volar de sus brazos controladores fue el prometer llamarla al llegar al campus y hacerlo como mínimo 3 veces por semanas.


Así que, con el acuerdo pactado, mi madre me permitió salir de casa y llevarme a la estación antes de que el tren se marchará a Londres.


Cuando llegamos, el olor a basura y tierra mojada llenó mis fosas nasales mientras la brisa hacía mi cuerpo estremecerse al chocar con mi cara y mi cabello con fuerza, pudiendo sentir ligeras gotas de agua que venía entre ella.


Las manos de mi madre en ambos brazos apretandolos me hizo sonreír con los párpados entreabiertos por la tierra en mis pestañas. Sus ojos se veían tristes y su boca temblaba–Prométeme que si me vas a llamar.


Asentí–Mamá, te lo prometo, así será– Dije soltando sus manos de mis brazos para tomar la maleta que mi hermana tenía.


Gemma alborotó mi cabello, sonriendo con tristeza–Ay Harry. No sabes cuánto te extrañaré.


Le dí la misma sonrisa que ella a mí–Lo sé, será difícil no tenerte cerca.


Mi hermana movió la cabeza en un sí—Espero te vaya bien en la escuela—Acaricio brevemente mi brazo de forma cálida, riendose un poco—Gracias por dejarme tu habitación.


Gire los ojos—Estas loca, Gemma. Nunca te la dejaría, ¿Sino a dónde iré a llorar si no paso el primer semestre?


Dicho esto, Gemma dio una carcajada y me estrechó entre sus brazos por un par de minutos mientras la delicada mano de mi madre acariciaba mi cabello, bajando por mi espalda.


A lo lejos escuche como el crujido del tren se acercaba a nosotros, por lo que me separe de sus brazos y dándoles una gran sonrisa, camine hasta la orilla de la terminal, sintiendo como la brisa fuerte del tren golpeaba mi rostro y movía mi cabello mientras veía cómo se detenía el tren frente a mi.


La puerta frente a mí se abrió, haciendo que mi piel se enchinara por la emoción que contenía en mi pecho al saber que iniciaría esa aventura, ese camino de auto descubrimiento que estuve esperando por meses llegó en la mitad del agosto, dando como terminada la espera.


Apreté el mango de mi maleta, sintiendo mis manos temblorosas y sudadas debido al temor y la ansiedad que me invadían. Sin embargo, a pesar de todas esas emociones, mi corazón saltaba de alegría


Avance con lentitud, arrastrando mi equipaje entre el reducido pasillo del tren, evitando chocar con los demás chicos de mi edad que trataban de acomodarse en sus asientos. Me la lleve así hasta llegar al asiento que mi madre me había comprado al lado de la ventana, dónde justamente, al asomarme, ella y mi hermana se encontraba enfrente, estirando la mano en despedida.


Repetí la misma acción que ellas con la melancolía en mi garganta, pudiendo sentir las lágrimas querer salir de mis verdes ojos por la emoción que me daba la despedida. En cierto sentido me dolía alejarme de ellas, de sus abrazos, de sus mimos, de sus pláticas, de todo. Durante 18 años jamás nos habíamos separado, ni siquiera cuando Gemma entro a la universidad, y ya ser el causante de esta separación, me generaba tristeza.


El amor que les tengo es enorme pero, viéndolo con el cariño que les tengo, no iba a soportar un año más viviendo con los chantajes y sobreprotección de mi madre, necesitaba alejarme para saber exactamente que es lo que quería.


Con los pensamientos bailando en mi corazón, sentí el ligero movimiento del tren comenzando a desplazarse lentamente. Con cuidado, me acomodé junto a la ventana, sin dejar de mirar a mi familia mientras nos despedíamos. Sus rostros se alejaban gradualmente, hasta que se convirtieron en pequeñas figuras que se perdieron en la distancia, como hormigas desvaneciéndose hasta desaparecer por completo. El nudo en mi garganta se apretó, pero también sentí una mezcla de emociones, sabiendo que estaba comenzando una nueva aventura.


La velocidad del tren aumento gradualmente una vez que salimos completamente de Holmes Chapel, haciéndome brincar un poco en mi asiento el movimiento del tren por la velocidad que llevaba, siendo un impedimento para poder dormir un poco para entretenerme en las tres horas que quedaban de camino.


Recargue mi cabeza en el vidrio, mirando como las casas dispersas del camino despaarecian en un pestañeo.

Un pequeño remolino de emociones, entre la emoción y el miedo, invadía mis pensamientos mientras me preguntaba qué haría al llegar al campus. No podía evitar planificar cómo socializaría o incluso si tendría que crear una nueva personalidad para encajar con el nuevo grupo de personas que conocería. Me sentía confundido, sin saber si mi verdadero yo sería bienvenido o si tendría que cambiar en cierta o total medida quién soy.


Que aunque mi madre siempre ha dicho que ser tu mismo es lo mejor que uno debe hacer, eso no resultaba en todas las ocaciones.


Suspiré. En verdad me daba ansiedad pensar el como tendría que vivir mi nueva vida con completos extraños, no podría predecir cómo sería todo. Solo me quedaba mentalizarme para que todo saliera bien, tratando de que mi cabeza no se preparará para los sucesos más devastadores.


Junto con todos mis pensamientos y sentimientos en mi corazón, bajando hasta mi estómago y con el mareo del largo tiempo mirando por la ventana, el asco me invadió. No sé si eran los nervios jugandome chueco pero, la sensación de querer vomitar era inminente junto con mis manos temblando en mis costados.


Con la distracción de mi mismo y del paisaje, no me había percatado de que ya había pasado más de una hora desde que partí de casa. No fue hasta que la velocidad del tren fue disminuyendo, junto con el anuncio del maquinista anunciando que llegábamos a la estación de Doncaster para después, terminar en Londres.


Respire hondo en mi asiento, manteniendo los ojos cerrados hasta sentir que el tren se paraba por completo para poder irme a encerrar al baño. Inhale y exhale, tratando de relajarme y de mantener mi desayuno en mi estómago, abrí los ojos para levantarme e ir directamente al baño del fondo de mi vagón, dejando mi maleta sobre mi lugar como símbolo de que estaba ocupado el sitio.


Me encerré en la pequeña cabina y miré en el pequeño espejo del lavado, mi cabello estaba desordenado y mi piel estaba pálida por culpa de las náuseas que presentaba. Estaba fatal.


Revolví mi rizos tratando de ordenarlos un poco, para después, abrir el grifo, llenando mis palmas de agua para mojarme el rostro y tratar de hacerme sentir mejor.


Así permanecí un par de segundos más hasta que decidí por fin que ya era hora de salir y regresar a mi asiento antes de que volviera a moverse el tren. Cerré la llave y estando de espaldas, abrí la puerta de la pequeña cabina para poder caber y salir de ahí.


Sin darme cuenta, al girarme para cerrar la puerta, choqué con alguien y lo hice dejar caer su móvil. Rápidamente me agaché para recogerlo, al igual que el chico al que golpeé, escuchándolo soltar un suspiro de frustración.


Extendí mi mano con el teléfono en ella una vez que nos levantamos, apenado de la situación al pensar que podría haberle roto el movil–Disculpame, no me fijé.


Pero él solo arrebató el artefacto de mis manos para examinarlo detalladamente, frunciendo el ceño. Me quedé inmóvil, esperando alguna reacción positiva, pero solo endureció aún más su mirada al tenerme aún ahí parado frente él–¿Te puedes quitar?


La dureza de sus palabras me hizo temblar en mi lugar; no teniendo otra opción más que apartar la mirada de sus ojos azules apagados para echarme a un lado, dejándole el camino libre para que se encerraran en la reducida cabina, dando un portazo.


No imaginaba que tan rápido me iba a encontrar con la primera situación que me dejará intranquilo por un idiota. Pero aún con esto, y su enojo, no iba a permitir que continuará un extraño arruinando el resto de mi viaje, por lo que le reste importancia, yendo a sentarme nuevamente a mi lugar para ver el resto de viaje a través de la ventana.


El tiempo restante del viaje pasó en un abrir y cerrar de ojos, sin dejarme apreciar el paisaje que cambiaba de rural a urbano mientras el tren se detenía finalmente en mi destino.


Me mantuve en mi lugar viendo como todos caminaban con sus pertenencias en mano, creándose una estampida por su insistencia en querer salir de tan pequeño sitio. Viéndolos desde mi lugar podia volver a percibir ese nerviosismo que anteriormente me había causado asco, ya era hora de que bajara del tren hacia mi nueva vida.


El nudo en mi estómago se apretó mientras me levantaba y tomaba mi maleta. Con pasitos pequeños, me acerqué a la puerta del tren para finalmente pisar el suelo de la estación. Allí, pude ver a muchos jóvenes de mi edad o cercanos a ella, hablando por teléfono o charlando alegremente con grupos numerosos, muchos con chaquetas con el nombre de la universidad.


Apenado por la gran cantidad de jóvenes distintos y únicos, caminé entre la multitud hacia la salida, apretando el mango de mi maleta con fuerza por temor a que me la pudiesen arrebatar al ver como el sol iba disminuyendo a esa hora de la tarde. No quería sentirme de este modo pero, al crecer con una madre tan sobreprotectora, todo se volvía una alerta roja. Estaba quizás jugandolos mal pero algo que me enseñó ella, era a no bajar la guardia.


Y aún con todo eso, yo me sentía desubicado entre tantas melenas de colores, tatuajes y estilos de ropa distintos.


Yo solo era un simple chico de ciudad pequeña con ropa del mercado y unos rizos totalmente hechos un caos. Nada más que simple con sus camisas a cuadros y jeans olgados.


Una vez que salí de la estación, la brisa golpeó con fuerza mi rostro, dejando bailando mechones en mis ojos, dificultandome la búsqueda de un taxi a la lejanía para poder irme a la universidad.


Pase mi cabello detrás de las orejas para poder distinguir algo pero, fue inútil. Desde la cera fuera del edificio pude ver cómo el último taxi que estaba al otro lado de la calle se llenaba por un par de chicos con chaquetas del nombre de mi universidad, dejándome sin la posibilidad de llegar seguro a mi destino.


Maldije para mí mismo para seguido, ponerme a buscar con la mirada alguna otra opción que me sirviera para llegar a la universidad. No fue hasta que mis ojos se toparon a unos metros una señalización del autobús con una banca.


Tomé con fuerza el mango de mi maleta y me dirigí hacia allá, observando a un chico de cabello rubio que también se sentaba con su equipaje, mirando hacia el lado derecho de la calle.


Al llegar a su lado, dejé caer mi cuerpo cansado sobre la banca, girando la cabeza hacia la izquierda para buscar algún autobús con la señalización en el vidrio que indicara la dirección de la escuela.


Sin embargo, al cabo de un par de minutos en silencio, comencé a desesperarme con la puesta del sol; haciendo que mi pie en automático empezará a moverse ansiosamente mientras me comía las uñas al pensar el cómo llegaría al campus si no era capaz de coger un estúpido bus.  La frase de te lo dije de mi madre resonaba en mis oidos, ya no en sentía del todo capaz de poder lograrlo.


Pero de repente, sacándome de mi menta ansiosa, el tacto de una mano en mi hombro derecho me hizo girar, solo para percatarme de qué se trataba del chico rubio que ya estaba sentado cuando llegue. Debía suponer que mis acciones no eran del todo tranquilas como para que tuviera que acercarse un par de centímetros a mi.


Aquel chico de piel blanca y mejillas ligeramente rosadas, me miraba dando una amplia sonrisa, para después, quitar su mano de mi hombro y tendermela. Mire su mano antes de dirigir nuevamente mis ojos a su rostro, dudando un poco en si debía o no aceptar el saludo de un extraño.


Pero la insistencia de su mano fue notoria, no dejándome opción más que en aceptarla. El chico movió la mano en un gesto de saludo antes de soltarla y apuntar con su cabeza hacia la derecha, dejando la sonrisa de lado—Tu bus sale de esa dirección. No tienes por qué temer.


Si, efectivamente, me delató mi ansiedad.–¿Cómo sabes que bus voy a tomar?–Pregunte a duras penas.


El chico de cabellos dorados dió una curva con sus labios rosados antes de contestarme:–También fui nuevo, tuve esa mirada, además, puedo apostar que vas al colegio Kings, como la graaaan mayoría aquí–Dijo dando énfasis en sus últimas palabras.


Asentí a sus palabras—Si, justamente voy ahí.


—Yo estudio ahí, podríamos irnos juntos, es mi último año—Añadió, llevando una mano a su pecho–Mi nombre es Niall Horan y aquí, debes aprender a usar el bus, es complicado conseguir taxi–Dijo recargándose levemente en la banca para volver a ver a la derecha.


Levante las comisuras de mis labios en tranquilidad por su desenvoltura tan elocuente y relajada, alejando un poco ese temor y ansiedad que me habían invadido–Gracias Niall, Soy Harry.


Niall al escuchar mi respuesta, se giro para verme, levantando una ceja—¿Harry a secas?


Negué avergonzado–Styles, perdón.


–No te disculpes, no tienes necesidad de hacerlo.


Asentí abochornado. Ya me habían dicho en el pasado que no debía pedir perdón a todo lo que hacía, pero se volvió en una clase de muletilla para mi–Gracias igualmente, Niall.


El rubio levantó los hombros con tranquilidad–No hay de qué, cuando era nuevo hubiera querido que alguien me ayudará a saber en qué dirección venía el bus–Regreso su vista a la camle–La primera vez solo cogí el primer bus que vi y acabé al otro lado de la ciudad. Cuando le conté a mi madre casi me mataba, ella me había dado dinero solo para un pasaje y mi semana, un día no comí.


No pude evitar reírme por lo tonta de su anécdota, pudiendo sentir como mis mejillas se sonrojaban por la pena de reírme con alguien desconocido. Niall desde su actual posición, solo dió una pequeña risa antes de continuar en silencio.


No fue pasados unos minutos después de su anécdota cuando un bus comenzó a acercarse hasta nosotros.


Niall rápidamente se puso de pie, indicándome con un ademán para que también lo hiciera, y ambos nos subieramos al autobús.


Una vez dentro, seguí a Niall entre los asientos para poder sentamos juntos el resto del trayecto.


En el transcurso de la estación hasta el campus pude escuchar como mi compañero de asiento hablaba infinidad de cosas referentes a la universidad, y a él en general, hablando hasta por los codos por la emoción que le generaba, a sus palabras, el conocer una persona nueva.


Aprendí en esos largos minutos que ambos estábamos en la misma carrera, solo en diferentes años, por lo que no íbamos a convivir tanto como quisiéramos.


Pero aún con todo eso y escucharlo hablar, aliviaban el estrés que tenía desde que salí de mi natal ciudad. La alegría de poder conocer a alguien sin tener que fingir ser otra persona o crear diálogos en mi cabeza, solo me daban paz para saber que, siendo uno mismo, lograría ser amigo de cualquier otra persona, hasta de él.


Al cabo de unos treinta minutos de trayecto, finalmente llegamos a una vieja estación de bus donde los únicos que bajabamos éramos nosotros.


Bajando del tren, Niall señaló con la cabeza a dirección del portón de la universidad para que lo siguiera, ambos jalando nuestro equipaje–Mira Harry, la verdad desconozco cuál será tu dormitorio pero de que será en mi edificio, será por lo que te lo haré más sencillo–Dijo Niall girándose para caminar de espaldas y verme, ya estando dentro del campus–Solo te dejaré en la puerta del edificio y que el orientador te dé tu número.


Asentí, comprendiendo sus palabras, y seguí a Niall mientras aceleraba su paso dentro del enorme campus. Me costaba trabajo mantener el ritmo y observar tantos edificios que me rodeaban. Sin embargo, me aseguré de no perder de vista al rubio, quien iba a toda velocidad y esquivaba a gran parte de los alumnos dispersos por la explanada.


Finalmente, llegamos a un edificio donde una larga fila de jóvenes esperaba, deteniendose Niall en ese punto.


–Es aquí–Dijo Niall dándome una gran sonrisa al detenernos en un enorme edificio de concreto con un estilo antiguo, siendo decorado por la larga fila de alumnos de primer año formados para recibir (lo que imaginaba también sería para mí) su cuarto.


No pude evitar abrir la boca por lo impresionante de todo:—Es enorme—Fue lo único que pude decir.


Niall soltó una pequeña risita por mi asombro antes de dirigirse a la puerta con su equipaje—Ya me tengo que ir pero nos veremos en las clases y por los pasillos, nos vemos, Harry–Finalizo levantando su mano en forma de despedida para poder entrar en el edificio, dejándome solo en ese larga fila.


Sin poder decirle adecuadamente gracias, deje la mano levantada unos segundos y la fui bajando lentamente hasta verlo perderse por el vidrio opaco de la puerta.


Con la despedida de Niall, no me quedó más opción que quedarme solo en la fila, esperando saber qué sucedería cuando llegara al frente. Mientras tanto, aproveché la oportunidad para admirar cada detalle de las personas que entraban y salían de la residencia. Los vi llenos de entusiasmo y alegría, abrazándose y festejando al reunirse de nuevo.


Me afligía un poco ver todo ese afecto, el mismo que extrañaría de mis antiguos compañeros de preparatoria y de la convivencia con mi madre y mi hermana. Sin embargo, sabía muy bien que podía volver a encontrar ese tipo de conexión aquí; o al menos eso deseaba.


Los pasos se volvieron apresurados una vez que los alumnos despejaron la fila, llevándome hasta la puerta de entrada donde una joven castaña de facciones serias entregaba volantes y panfletos de la universidad, mientras un hombre mayor portaba una tabla llena de papeles. Cuando estuve a pocos metros de él, frunció el ceño–¿nombre y carrera?


–Harry Edward Styles, composición musical.


Mientras el hombre buscaba entre los papeles, en conjunto con la chica entre todos sus panfletos, me entregaron los horarios de mis clases y un croquis impreso. Aquel hombre, con gestos furiosos, me agitó las llaves de mi habitación frente a la cara junto con la papelería que arrebató a la chica para mí. Luego, hizo un ademán para que me apartara del camino–-El que sigue.


Abrumado por la situación, tomé la papelería fuerte entre mi brazo y mi cuerpo y avance para abrir la puerta de la residencia a duras penas a dirección de donde se suponía que se encontraba mi habitación.


Camine escaleras arriba con las fuerzas que me quedaban al ver qué el ascensor estaba descompuesto, no dejándome opción más que tomarlas, arrastrando la maleta escalón por escalón hasta ver el cartel de mi piso.


Una vez arriba, empuje la puerta de metal que separaba al pasillo, pudiendo ver a muchos chicos en sus recámaras con las puertas abiertas, conversando para ponerse al día después de las vacaciones.


Ignorando mi entorno y enfocándome solo en buscar el número de cuarto en las puertas, avancé con calma hasta que el número 28 apareció frente a mí. Toqué tres veces, esperando una respuesta desde dentro, pero nadie contestó.


Fruncí el ceño y, tomando la maleta con fuerza, giré la perilla solo para confirmar de que la puerta estaba abierta.


Metí mi cabeza unos centímetros para ver si en verdad se encontraba vacía pero un extraño olor inundó mis fosas nasales. Cubrí la punta de mi nariz con mis dedos y abrí la puerta para pasar, cerrándola detrás mío.


Dejé la maleta pegada a una pared y encendí las luces para ver de qué se trataba. Mis ojos se horrorizaron al ver a unos metros de la puerta el origen de tan terrible hedor; unos tenis de fútbol que desprendían un aroma a muerto estaban a un par de pasos de mi.


Los patee debajo de una cama y avance un poco más, notando que todo estaba desordenado. Los tres escritorios que se encontraban allí estaban llenos de libros y hojas hechas bola, con plumas desparramadas por encima. Y ni hablar del cesto de ropa sucia, que estaba hasta el tope.


Di un fuerte suspiro de frustración y con la necesidad de ir al baño, esperando que no estuviera tan desordenado como la habitación, me dirigí a la única puerta que se encontraba al final del cuarto. Sin embargo, una vez que giré la perilla y la empujé suavemente, un grito salió de dentro y me empujaron la puerta de regreso–Dios, perdón–Dije cerrando rápido la puerta, alejándome de ahí.


Cuando retrocedí unos pasos, todavía algo sorprendido y apenado por lo que hice, la puerta se abrió de golpe, saliendo de ahí un chico de cabellos castaños desordenados. Justamente se trataba del mismo malencarado al que le había tirado el cel horas atrás.


Aquel tipo salía del cuarto mientras se subía la cremallera molesto con los pantalones mojados–¿No puedes tocar o que idiota?–El tono de su voz me asustaba, jamás me habían hablado en ese tono tan golpeado en el que él lo hacía.


Levanté las manos tratando de calmar el ambiente, dando un paso más atrás—Entre y no ví a nadie, pensé que estaría vacío el baño.


El chico solo endureció aún más sus facciones, dándose palmadas en el pantalón para secarlo–Arruine mi ropa por tu culpa, ahora estaré oliendo a miados–Se quejo sin quitarme la vista de esos ojos penetrantes–Ademas, ¿Quién mierda eres?


Temeroso, extendí la mano-Harry Styles, tu nuevo compañero.


Mi compañero de cuarto al escuchar mi nombre, expreso un gesto de asco–Le dije al estúpido del coordinador que no quería más compañeros–Solto caminando lejos de mi, empujandome para poder quitarme de su destino.


Ante su acción, me tambalee un poco, dando la vuelta para seguir su andar furioso antes de salir azotando la puerta, dejándome totalmente confundido, ¿Tan mal fue?