Capítulo 1. El comienzo
Hoy es dieciséis de Noviembre, la tarde se a empezado a extinguir, dando paso a la noche, la lluvia ha dado una tregua, dejando el pavimento mojado, creando algo nostálgico, quizás una pisca melancólica por la lenta muerte de la estación del invierno, la cual hace de Torelló, un apacible poblado de la provincia de Cataluña en España, podría parecer que en este pueblo no habría tiempo para que pasara algo, pero era todo lo contrario, la tranquilidad se empieza a disipar, con el sonido de una sirena que va mostrando el apremio, a esta se le une el parpadeo de los colores que salen de las cocteleras, las cuales van inundando el camino de la ambulancia; la calle Fordellosa, se encuentra atestada, por un grupo de vecinos que están reunidos a las afueras de una residencia, la ambulancia se detiene sorpresivamente a un lado de la gente, dos paramédicos descienden del vehículo, en aquel grupo de personas se corren rumores que comienzan a entretejer información, aquellas murmuraciones marcando comentarios sobre trastornos que puede tener a quien pretenden socorrer los paramédicos, estos intentan abrirse paso entre la gente, con dificultad logran ingresar, permitiendo atravesar el recibidor, son abordados por una joven que se encuentra alterada, con desespero indica que su hermano está sangrando en el interior de la última habitación, ella insiste le sigan, indicando con señas a donde deben dirigirse, pero es retenida por uno de los paramédicos, le solicita que se calme, en el interior de aquel salón, se encuentra otra joven con mirada distante, esta es de menor edad, se encuentra plantada cubriendo su boca con sus manos, en realidad trata de ocultar la impresión de la situación, mientras que por el interior de sus pensamientos, intenta entender la realidad de lo que ocurre, el paramédico pide a la hermana del joven que tome asiento, su compañero se dirige apresurado a atender al hermano, avanza por el interior de la casa, lleva en su mano izquierda un maletín, en el se puede distinguir en sus costados, una pegatina con la figura de una cruz color roja, rodeada en un círculo blanco, en esta indicaba con letras fácilmente legibles la palabra primeros auxilios, al llegar al final del corredor se encuentra con una última puerta, la cual esta cerrada, el paramédico golpea con su puño levemente, insinuando a que abran la puerta, se percata que no hay ninguna atención, toma la perilla de la puerta, la gira sin dificultad, al abrirla se encuentra parcialmente oscura la habitación, mitigando parte de esa oscuridad, la pantalla encendida de un ordenador que reposa sobre un pequeño escritorio, justo a un lado de la puerta, a su vez, la poca luz que se cuela del corredor, el paramédico se queda detenido en la puerta, intenta explorar escudriñando con su mirada el interior de la habitación, decide ingresar al dormitorio, con dificultad se pueden contemplar ciertos afiches alusivos a algún equipo de fútbol, algunos con imágenes de jugadores de ese deporte, hay un par de repisas colgadas de las paredes, las mismas se encuentran colmadas de objetos, que podrían aludir que pertenecen algún adolescente, el paramédico intenta encontrar la emergencia que ha venido a auxiliar, hace una exclamación en voz alta. —¡chico!, ¿té encuentras bien?— no logra obtener respuesta alguna, casi en el centro de la habitación, logra ver una cama, la misma está semitendida, comienza palpar a través de la pared intentando conseguir el interruptor de la luz, con dificultad logra encontrarlo, al encender la luz el paramédico trata de observar mientras se adaptan sus ojos a la iluminación, a un lado de la cama sentado en el piso y recostado contra la pared se encuentra un joven, su mirada esta desorientada, a simple vista se observa que está matizado con alguna sustancia roja, desde la salida de sus fosas nasales, bajando por parte de su mentón, y manchando su camiseta, es presumible que sea sangre, el paramédico coloca su maletín en el suelo y se arrodilla a un lado del joven, abre el maletín, extrae un par de guantes de nitrilo, y cubre sus manos, con sutileza toma con su mano izquierda el rostro del chico, comienza a examinar sacando conjeturas, posiblemente que el chico a tenido alguna hemorragia nasal con abundancia, generando el manchado en su camiseta, a pesar de la compañía del paramédico, el chico continúa desorientado, sus pensamientos están sumergidos en una preocupación, pero su mirada esboza a su vez enfado, debido a la frustración, el paramédico intenta entablar conversación y le pregunta.
—¿Chico, té sientes bien?, ¿sientes algún dolor?.—
Sin embargo, no logra obtener respuesta, el paramédico continúa examinándolo, para este joven lo que le sucede, le trae a colación la situación que días atrás producían angustia y temor por recuerdos revividos, a pesar de que tiene la cabeza a tope y el cuerpo a cero, y todo esto, porque tenía muchos planes, y de repente siente que estos se comienzan a esfumar, el paramédico continúa intentando comunicarse con el joven, de su maletín toma una linterna, mientras que con su otra mano trata de levantar su rostro para examinar sus fosas nasales, intenta hacer que reaccione, haciéndole preguntas tan sencillas que solo inspiran en entablar algún contacto, es en este punto donde comienza nuestra historia…
Érase un tiempo, en el que en el instituto de educación segundaria, las cosas marchaban a su propio ritmo, cada quien marcando su propio estilo de vida, en el que estudiantes circulan por los pasillos mientras que otros se reúnen en grupos, creando condiciones que marcan la divergencia entre cada uno, entrelazando la amistad, que sin saberlo, es lo más valioso que puede tener un chico, se podría decir que pareciera, que mientras están reunidos, no existiera el tiempo, perdiendo su significado y logrando con su transcurrir, que puedan suceder cosas diferentes entre tantos alumnos, muchos piensa que todos socializan entre sí, por solo pertenecer al mismo instituto, pero mientras se encuentran reunidos no sucede nada, es como si el mismo tiempo se encontrara detenido para ellos, mostrando entre saludos, aquellos choques de puños entre amigos por el pasillo, quizás una palmada, entre tantos jóvenes, me encontraba yo, a pesar que estudio octavo “B”, y siendo de baja estatura, trato de convivir entre tantos grupos, todo esto por ser nuevo en el instituto Roca Prevera, a un no tengo amigos, por eso podría decir que no pertenezco a ninguno de estos grupos, pero no pierdo la esperanza de poder socializar con algunos chicos, suelo estar muy solitario todos los días; todas las mañanas, al descender del auto de mi padre, y despedirme de él en las puertas del cole, hago un breve alto, mientras este inicia su marcha, cierro mis ojos y tomo un suspiro de aliento, para obtener valor, y comenzar con el ánimo de que en aquel día puedan cambiar las cosas, mi nombre es Jonathan Eduardo Cardonel, y a llegado el receso, es evidente al sonar el timbre, pues inicia la algarabía por todo el instituto, comenzando a salir todos los alumnos al patio, lo cual crea una especie de desespero o alegría, pues tan sólo son treinta minutos de receso, para algunos solo son momentos en que pueden contar sus vivencias entre cosas diferentes, mientras me dirijo a la cancha de fútbol, algunos me pasan por un lado a viva marcha, por cierto casi me tropiezan en las escaleras, al llegar a la planta baja, camino un poco hasta llegar a la cancha, busco la sombra de un árbol, y me siento a engullir mi desayuno, a poca distancia se encuentran tres jóvenes de grados diferentes, los observo conversando entretenidamente, de la mitad del campo, un balón de fútbol es pateado en mí dirección, comencé a pensar que me lo dirigen a mí, «¿podría ser esta la oportunidad de entrar a jugar?, ¿quién podría decirlo?», todas estas preguntas pasan por mi pensamiento, pero a la distancia de la cancha un chico exclama.
—¡Cleibert!, ¿queréis entrar a jugar?.—
Pude entender que esa invitación no es dirigida a mí, volteo a observar en dirección a los tres chicos, uno de ellos se pone de pie y toma el balón, lo devuelve a la cancha respondiendo.
—En otra oportunidad hermano.—
Por un instante siento algo de curiosidad, este chico ya lo había visto cerca de mi casa, se trata de Cleibert Lixirobert un chico de dieciséis años de edad, con su cabello castaño oscuro, y con su contextura en promedio, algo acuerpado y definido, es un poco mas alto que yo, bueno casi todos son mas altos, su única preocupación es el futbol, y sus estudios de cuarto año, es un joven de aspecto rudo haciendo ver que es algo problemático, pero al escucharlo, y ver compartiendo con sus amigos, se siente cierto carisma de alguien de buen corazón, vive con su madre Lucia, una mujer dedicada a su trabajo a tiempo completo, pues debe de lidiar con los gastos de la casa, tiene una hermana mayor, se llama Verónica o cómo él le llama por cariño, ¡Vero!, ella tiene veinte años, es una tía muy guapa para su edad, con su cabello lacio y castaño, de figura delgada, ella cuida a su hermano menor, su padre falleció por una Leucemia Linfoide Aguda hace un par de años atrás, Cleibert después de devolver el balón, vuelve a sentarse a un lado de sus dos amigos, uno de ellos le pregunta.
—¿Qué te sucede?, es extraño que no quieras jugar.—
Otro de los chico le interrumpe y comenta.
—Es muy cierto Cleibert, tú no te pierdes ni un recreo para formar el equipo,— con tono de preocupación Cleibert responde, —hoy no puedo jugar, mi hermana va a pasar por mí al salir del instituto, porque tengo una consulta médica, y no quiero sudarme.—
Y es que en días atrás, mientras Cleibert jugaba fútbol con el equipo del vecindario, en el pabellón deportivo, en pleno partido, sufrió un desvanecimiento, dejando el juego a medias, al reaccionar sus compañeros y parte del equipo contrario lo rodeaban, en el medio del campo, su entrenador decidió sacarlo del campo y mandarlo a casa con algunos de sus compañeros, al emprender la marcha a casa indica con insistencia que ya se encuentra mejor, en realidad lo que intenta, es evitar que sus compañeros le informen a su madre y a su hermana lo que había sucedido, no quiere preocuparlas, pero esto no pudo ocultarlo, porque su entrenador ya le había informado por teléfono a su madre.
Cleibert se queda pensativo a un lado de sus compañeros, podría parecer extraño, pero aquel comentario de la consulta médica, trae preocupación, el temor podía notarse en una simple mirada, sin poder camuflarse en aquel rostro de rebeldía, es extraño ver como un comentario puede hacer cambiar en un instante, denotando la preocupación en temor, pero las cosas comenzarían a cambiar en ese día.
El tiempo en el instituto pasó más rápido de lo que acostumbraba, el receso a culminado, teniendo que retornar a mi aula de clase; esa mañana, entre tanto relajo, solo podía concentrarme en salir temprano del instituto.
Al llegar la hora de salida, se siente en el ambiente una especie de energía ligada a la sensación de desespero, la misma va acrecentándose al acercarse la hora, haciendo percibir como si estuviera a punto de explotar algo, todos esperamos con ansias que suene el timbre de salida.
Al sonar el timbre, hace que se extienda una algarabía por los pasillos del instituto, algunos chicos salen en grupos, mientras que otros salen en carrera, es cierto que se siente esa sensación de libertad, mientras que para otros comienza una sensación de angustia y temor.
Es el caso de Cleibert, con frustración se dirige a la salida, aparcado en las afueras del instituto se encuentra el vehículo de su hermana, el abre la puerta del auto, al ingresar arroja al asiento trasero su morral de clase, y sin mediar palabras toma sus audífonos del bolsillo de su jersey y los conecta a su teléfono, Verónica se queda observándolo en silencio; abecés pienso que no soy el único solitario a la hora de la salida, hay mucha gente que no sabe como hablar ni querer; Verónica espera alguna reacción de su hermano, en vista de su actitud, le zafa de su oreja uno de los audífonos y con sarcasmo le pregunta.
—¿Qué tienes?, ¿porque esa actitud?, ¿ni siquiera un hola?, ¿cómo estás?, ¿qué tiempo tienes esperándome?.—
Con tono de dureza y frustración Cleibert responde.
—Es que no entiendo por qué rayos tengo que ir al médico, si tan solo ha sido un desmayo, es absurdo que me hagan perder el tiempo el día de hoy cuando tengo entrenamiento para el juego del fin de semana, además yo no veo la urgencia de mi mamá, si ni siquiera ha venido a acompañarme.—
Sin esperar la respuesta de su hermana, Cleibert vuelve a tomar sus audífonos y lo coloca en sus orejas, dudo que alguna vez se le pasara por la cabeza pensar sobre lo que le sucedía, y del esfuerzo que hacía su madre y su hermana por él, Verónica al ver la actitud ignora su respuesta, inicia la marcha, mientras conduce, sin embargo ella siente el mismo temor que tiene su hermano hacia los médicos, sin ser ella quien se va a evaluar, es iluso pero los pensamientos de entrar a un hospital, reviven en Cleibert el dolor por el recuerdo del fallecimiento de su padre, aunando a esto, el mal pensamiento por la ausencia de su madre quien es la cabeza del hogar, ella no dispone del tiempo necesario por sus obligaciones en el trabajo intentando mitigar los gastos de la casa, teniendo que trabajar todos los días hasta altas horas de la noche, afortunadamente se apoya en cuanto a las tareas y quehaceres del hogar en Verónica.
Al llegar al Hospital, Verónica se detiene y estaciona, antes de descender del vehículo toma la mano de Cleibert reteniéndolo antes de que este desienda.
—¡Clei!, entiendo lo que dices de mi mamá, y sé que te molesta de que no se encuentre en este momento, pero es injusto que pienses que ella no le importas, solo te pido que entiendas que mamá se desvive diariamente en el trabajo para poder levantarnos a diario, además entiendo que en este momento tienes miedo de entrar al médico.—
Cleibert solo observa a Verónica con mirada desafiante. Verónica intenta cambiar el humor y de forma jocosa trata de animarlo.
—Vamos de una vez por todas para que te evalué el pediatra.—
Cleibert frunce el ceño, quedando brevemente pensativo y respondiendo a su comentario.
—Ya vamos, que quiero salir rápido de esto.—
Las palabras de Verónica, acertaban en cuanto al pensamiento de Cleibert, en cuanto al temor a lo desconocido. No sé si les ha sucedido alguna vez, pero el ingresar a un hospital, se produce una sensación de desasosiego, sumado a frustración, haciendo que las cosas no encajen en la realidad, y digo esto, porque para alguien que de pronto se siente sano, pero que en realidad por dentro, no puede decir lo mismo, esa sensación comienza a apoderarse de Cleibert, al llegar al consultorio, solo se encuentra la secretaria del doctor, afortunadamente son los primeros en llegar, Cleibert toma asiento, su hermana lo anuncia con la secretaria para tomar turno, mientras se dispone a esperar, toma su teléfono y audífonos, Verónica se sienta a su lado, trata de distraerse observando a las personas de su entorno, transcurrido cierto tiempo llega su turno, —¡Cleibert Lixirobert!,— la secretaria lo llama por su nombre, él no logra escuchar por tener los audífonos puestos, Verónica observa que su hermano no atiende al llamado y contesta por él, —¡aquí esta!,— de un tirón le quita los audífonos.
—¿Hey que pasa Vero?, ¿qué te sucede?.—Te llama la secretaria, es tu turno— responde Verónica.
La secretaria le indica que antes de ingresar al consultorio, tiene que contestar algunas preguntas para llenar su historia médica.
—¿Nombre?,— pregunta la secretaria, Cleibert no logra entender por qué le pregunta su nombre si se supone que le acaban de llamar por el mismo, jugando un poco con su mal humor, contesta la pregunta.
—¡Leo Messi!.—
La recepcionista levanta la mirada, le observa y frunce el ceño en desagrado, Cleibert corrige de inmediato.
—Cleibert Lixirobert Cunill.—
La secretaria vuelve a dirigir su mirada a la historia médica y continúa con las preguntas.
—¿Profesión u oficio?.—
Cleibert con gesto de sorpresa inclina su cabeza hacia atrás mostrando mayor extrañeza, en realidad no entiende, ¿qué sentido tiene esa pregunta para un adolescente vestido con uniforme de instituto?, Cleibert aprovecha y sigue el juego respondiendo de forma jocosa.
¡Yo soy médico!, y vine a visitar a mi colega.—
Su actitud ocasiona molestia a la secretaria, la cual muestra una reacción de enfado, soltando el bolígrafo sobre la historia médica en el escritorio, Verónica al escuchar la respuesta de su hermano, ha tenido que intervenir de forma inmediata contestando por él.
—Disculpe su mal genio, pero está algo nervioso, el es estudiante.—
En vista de la mala actitud de Cleibert la secretaria le solicita a Verónica.
—Por favor, podría contestar usted por él.—
Mientras Verónica responde las preguntas a la secretaria, el médico ingresa al consultorio, la secretaria culmina de llenar la historia y le pide a Cleibert que ingrese al consultorio.
Es curioso pero mientras camina por el angosto pasillo que divide el área de espera al consultorio, el tiempo se vuelve relativo, haciendo que este se ralentice, por lo menos, él mantiene una idea definida sobre su estado de salud, al llegar a la puerta, toca levemente, y sin que le respondan abre la puerta, de frente se encuentra el doctor, sentado tomando apuntes en una libreta, lo separa un escritorio y un par de sillas, Cleibert toma asiento, el frio en el interior del consultorio es mayor al de afuera, el cual podría hacer camuflar el nerviosismo que siente, con los movimientos involuntarios que se apoderan de su cuerpo; el médico toma el teléfono que se encuentra a un lado sobre el escritorio, y le indica a la secretaria que traiga la historia médica, Cleibert observa el entorno del consultorio, sorprendido por tal cantidad de títulos y diplomas que cuelgan en las paredes, la secretaria entra al consultorio y le entrega la historia, este comienza a leer y a entablar conversación, pero justo antes de responder las preguntas que el médico le hace, Cleibert comienza a sangrar por sus fosas nasales, es frívolo pensar que solo un par de preguntas, puedan generar una hemorragia nasal, el médico se acerca y tomándolo por la quijada, le inclina el rostro a Cleibert, y le obstruye con un par de torundas la nariz, para intentar detener el sangrado.
—¿Desde cuándo te sucede esto?,— pregunta el médico, —¡Esto ya me ha pasado varias veces!, pero se detiene cuando inclino mi cabeza hacia atrás.—
El médico se vuelve insistente, y le pregunta.
—¿has sangrado con abundancia?.— Cleibert le responde, —No tanto.—
El médico se acerca a su escritorio y toma el equipo de ORL, y antes de retirarle las torundas de la nariz continúa preguntando.
—¿Has tenido migraña?, ¿dolor de cabeza?, ¿algún desmayo?, ¿fiebre o sudoración,— Cleibert le responde —Hace un par de días cuando jugaba fútbol, sentí que se me fueron los tiempos, pero al rato reaccioné normal, mi entrenador me mandó a casa y listo.—
El médico le retira con cautela las torundas de la nariz, y con el equipo de ORL, comienza a examinarle el interior de sus fosas nasales.
—Por favor siéntate en la camilla y quítate la camiseta.—
Al desnudar su dorso, el médico continúa examinándolo, toma el estetoscopio que cuelga alrededor de su cuello y comienza a auscultarle, vuelve a colgar su estetoscopio en su cuello y le palpa ciertas parte de su cuerpo, en búsqueda de alguna inflamación de algún ganglio, mientras va palpando se percata que en un costado de su dorso tiene un hematoma, causando curiosidad.
—¿Desde cuándo tienes este hematoma?.—
Cleibert se sorprende por la pregunta del médico, y se intenta observar a si mismo,
—No sé, no me había dado de cuenta.— el médico frunce el ceño, —¿Te había salido esto anteriormente?.—
Cleibert se queda pensativo brevemente y responde.
—No, es primera vez,— el médico insiste en indagar, —¿Has sentido dolores en el cuerpo?, ¿alguna sensación extraña?.—
Confundido, Cleibert responde.
—No, nada de eso doctor.—
Al culminar de evaluarlo, el médico vuelve a su escritorio y toma una libreta con récipes; hay silencios en los que uno no encuentra que decir, pero ese silencio no es comparado a la intriga que genera; el médico continúa escribiendo en la libreta mientras que Cleibert se viste y toma asiento junto al escritorio, Cleibert lo observa, yo no entiendo por que los médicos no van directo a lo que tienen que ir, deberían ir al grano y explicar, creo que de esta forma los médicos te acojonan.
—Bueno por a hora estamos listos, necesito que te realices estos exámenes urgente, al tener los resultados, me los traes de nuevo, de igual forma te recitaré algunos medicamentos.—
Cleibert continúa observándolo pero la curiosidad hace que le interrumpa.
—Que sucede doctor, yo me encuentro bien, ¿porqué tengo que hacerme exámenes.—
El médico le observa, y le responde.
—No puedo decirte con certeza lo que tienes campeón, para eso son esos exámenes que te estoy mandando a hacer, como te expliqué, necesito que cuando tengas los resultados vuelvas a mi consulta y a si vemos si tienes algo o no.—
Cleibert, percibía que algo le ocultaba el médico, pero sin saber a qué atenerse, toma el recipe y se retira del consultorio sin mediar palabras, a las puertas comienza a repicar su celular, es su madre que le llama, Cleibert observa la pantalla y vuelve a guardar su móvil en el bolsillo de su jersey, y continúa caminando, ignora a las afueras del consultorio a su hermana, Verónica trata de alcanzarlo y comienza a Interrogarle.
—¿Qué pasó?, ¿Por qué esa cara? ¿Qué te a dicho el médico Clei?.—
Sin responder solo extiende su mano con los récipes médicos y las referencias, verónica al comenzar a leerlos insiste en preguntar.
—¿Pero qué te dijeron?, ¿por qué te mandaron a hacerte estos exámenes?, ves por qué quería entrar contigo.— con tono de molestia, responde, — Nada Vero, solo tocarte y preguntarte cosas sin sentido, vámonos, lo que hice es perder el tiempo acá.—
El teléfono celular de Verónica comienza a repicar, Verónica le responde.
—Hola Cariño, dios te bendiga, ¿llevaste a tú hermano a la consulta?.—
—Bendición mamá, acabamos de salir ahorita de la consulta,— su madre le interrumpe, —¿cómo está Clei? le he llamado y no responde el teléfono.—
Con burlas Verónica le contesta.
—Sabes bien cómo es él cuándo tiene que venir al pediatra mamá, por cierto, tiene que hacerse unos exámenes que le mandó el doctor, voy aprovechar que continuamos acá para mandar a hacerlos.—
—Está bien hija, aprovecha horita por qué después para convencerlo de volver al hospital va a costar, pásame rápido a tu hermano para despedirme, tengo que entrar en una reunión.—
Cleibert con señal de negatividad le indica a su hermana que no quiere hablar, aunque seas el chico mas cabron del cole, da pena que te pongas mal, y mucho mas cuando sientes desacuerdo, por el rechazo que Cleibert siente hacia su madre.
—Mamá, vais a tener que hablar con él en la noche, el niño esta malcriado y no quiere hablar.— su madre responde —Bueno, dios te bendiga hija, tengo que dejarte, me llaman ya para entrar, tengan cuidado en la vía.—
Al culminar y despedirse de su madre, verónica lleva a su hermano a hacerse los exámenes.
Hay quienes no valoran las cosas que tienen en el momento, piensan que por tener una actitud de rebeldía y estar rodeado de personas que solo te admiran por un estereotipo, se desligan de su propia realidad, de su propio entorno, hasta de su propias familias.
Por cierto, quiero disculparme, por que de tanto hablar y hablar, no e culminado de presentarme, y como ya les e mencionado mi nombre, me llamo Jonathan, tengo catorce años, soy Catalán, y mi padre es un oficial militar del ejército Español, no tengo mucho contacto con él, por las asignaciones de su trabajo, y es por qué lo mandan a diferentes regiones, y a lo contrario de Cleibert, yo trato cada vez que estoy en compañía de mi padre compartir al máximo con él, mi abuela ha sido quien me ha criado desde muy chico, porque perdí a mi madre en un accidente de tránsito en compañía de mi tía y su esposo, esto ocurrió siendo yo muy pequeño, yo tenía la mejor madre del mundo, aunque muchos piensan que sus madres son geniales, pero la mía era la mejor de todas.
En oportunidades me pregunto, cómo sería mi vida si tuviera a mi mamá en este momento, me imagino el poder abrasarla, esperar a escuchar su voz en tan solo una llamada, pero estos son los problemas de aquellos que de pronto se sienten solo dentro de sí mismos, y de los que como yo, somos veteranos en esto.
En el colegio, los chicos podemos ser diferentes, y tal vez por eso algunos están sumidos en desiguales estereotipos, pero no por eso dejamos de ser chicos con ganas de divertirnos, y aunque todos llevamos uniformes que nos hacen ver iguales, pero cada uno tenemos diferente pensamiento, y con ganas de vivir diferente.
En el mismo Hospital pero en diferente área, la vida continúa como si nada sucediera, pero cada quien se centra en sus propias dolencia, en sus propias preocupaciones, cernidos en su propio padecimiento, nadie sabe el momento en que va a enfermar, o el momento en que te puedes volver a recaer, mi primo Samuel quien se encuentra enfermo de un cáncer llamado Linfoma de Hodgkin, una enfermedad por la que a estado luchando desde hace un año, siete meses, y doce días, y lo digo con propiedad, pués él lleva su control de días en una libreta desde que comenzó a hacerse las quimioterapias, a pesar de que el nombre de esa enfermedad es extraño; fue descubierta por el doctor Thomas Hodgkin, un médico británico, que en el año de 1832, señaló de una nueva enfermedad, y que años después, le fue atribuida como la enfermedad de Hodgkin en su honor, sería bien insólito sentirse orgulloso por una enfermedad que ocasione la muerte, pero para explicar mejor sobre esta enfermedad que padece mi primo, puedo decir que no es una enfermedad contagiosa, hay que aclarar que en realidad ningún tipo de cáncer lo es, su enfermedad es una especie de cáncer que inflama los ganglios, produce fiebres, y le ha hecho perder mucho de peso, su cáncer está en grado tres (G3), es algo así como la etapa en que se encuentra avanzado el cáncer, los grados por lo poco que pudo explicarme mi abuela, y lo que yo logro entender, son escalas en la que se mide del uno al cuatro, dependiendo de la seriedad, o mejor dicho, escalando de número inferior a mayor, dependiendo de la gravedad del caso, la forma más efectivas de combatir esta enfermedad, es a través de la quimioterapia y en algunas ocasiones de radioterapias, esto con intención de hacer que muera la médula ósea, para evitar la reproducción de células cancerígenas, pero si llegas a curarte, la médula vuelve a activarse; mi abuela siempre lo ha acompañado durante todo su tratamiento, aunque no le permiten a ella ingresar a la sala de quimioterapia, pues la sala debe de estar estéril para los pacientes, esto según, porque durante esta batalla, los pacientes con cáncer que se aplican este tratamiento, han disminuido su sistema inmunológico, o cómo yo lo entiendo, han perdido las defensas, o algo así como que han perdido las células que combaten los virus, mi abuela suele pasar horas y horas sentada a las afueras de la sala de espera, mientras le aplican el tratamiento de quimioterapia a Samuel, a pesar de su avanzada edad, y el cabello blanco nieve que le caracteriza, ella lo espera sentada muy cerca de la puerta de entrada, sea en la sala de espera de quimioterapia como hoy, a las afueras de la sala de tomografía, y es por que piensa, que de esta forma, estando mas cerca de donde le atiende, mas le apoya; en cuanto a Samuel, lo considero mi hermano mayor, a pesar que es menor que yo por dos meses y un par de días; cuando estoy con él, me genera una sensación extraña de explicar, pero cuando la logras vivir, es algo único; él se ha criado desde muy pequeño con migo, muchos pensarían que es triste observar que la vida le puede cambiar a una persona de la noche a la mañana con una enfermedad, pero no sé han puesto a pensar que esta misma enfermedad te puede ayudar a crecer, a conocerte a ti mismo, y a saber hasta qué punto es lo máximo en que puedes llegar, mi primo a su corta edad es muy aficionado a la computación y al Fútbol, es un chico que a pesar de su comportamiento relajado, marcado de un humor único, pues siempre se anda inventando algo para hacernos reír, marcando el punto de alegría en nuestras vidas, pero a un a si aunque su comportamiento es diferente, y suene extraño, es muy ordenado y centrado en su mundo, un mundo que entre medicamentos, píldoras y agujas, siempre traza sus metas en lo más complejo y sencillo como lo es cumplirlas, generando en mí una fuerza increíble, a pesar de su enfermedad y su condición física, no le gusta que sintamos tristeza o lástima por él, y mucho mas por su enfermedad, pues el siempre dice que darle tristeza y lástima, es darle fuerza a la enfermedad.
Hoy tienen que hacerle dos exámenes muy importantes para él, le toca hacerse un TAC, esto es una tomografía axial computarizada, dependiendo de cómo salga el TAC, le tendrían que hacer una Biopsia, él me ha contado que eso del TAC, es como entrar en el túnel de la tortura, aunque solo estaría recostado en una camilla escuchando un zumbido dentro de un túnel, y en el que no sentiría ningún tipo de dolor, el único dolor para él sería, el desespero de estar acostado sin moverse, a de ser desesperante la espera mientras transcurre ese examen, pensando, o mejor dicho, deseando que en aquellos resultados, no salga nada extraño, mientras que su médico oncólogo en compañía del técnico tomógrafo, son quienes pueden interpretar estos resultados, ambos están en el interior de una cabina al otro estremo de la sala de tomografía, evaluando las imágenes en vivo en la pantalla de un ordenador, al culminar el TAC, Samuel se incorpora de la camilla del tomógrafo y observa al Doctor Marcelo conversando, intentando de explicar algo que por la separación de un vidrio, Samuel no puede lograr escuchar, mientras termina de vestirse espera dentro del área de tomografía, un celador se le acerca y le pide que tome asiento en la silla de ruedas, de igual forma tendrán que hacerle la biopsia, lo van trasladar al quirófano, la biopsia consiste en extraer una muestra de sus ganglios linfáticos, para saber si continúa enfermo, mi abuela esperá a las afueras del área de tomografía, se encuentra algo nerviosa, por que ha visto que Samuel ha cambiado mucho físicamente, está muy delgado y con algo de debilidad, no tiene cabello, y esto es a causa de una reacción segundaria ocasionado por la quimioterapia, que a su vez le ocasiona debilidad física, debido a la baja de las defensas, Samuel tuvo que abandonar el instituto, habitualmente yo trato de acompañarle al hospital para apoyarlo a la salida de su tratamiento, esto siempre y cuando se me presenta la oportunidad, aunque Samuel no le gusta mucho la idea de que le acompañe, por que no le agrada que le vieran salir de las sesiones de quimioterapia, por las resacas del tratamiento, cuando logro acompañarlo intenta disimularlo, haciendo preguntas jocosas sobre si le está volviendo a salir el cabello, o si había salido despeinado de la sesión, siempre dice que él pertenece al club de los calvitos, y que yo no tengo acceso a ese club.
Esta tarde está muy soleada, pero transcurre muy lenta, podría decir que más lento que la mañana, desde mi habitación, podría sentir el temor de Samuel, quizás lo que mas asusta no es la mesa de operaciones, ni siquiera el frio dentro del quirófano, así como la cantidad de instrumentos y luces, lo que en realidad puede asustar, es la cantidad de personas que están dentro del quirófano, y que todos tengan una función que hacer, menos Samuel, sintiéndose solitario mientras que en realidad es el verdadero protagonista, a pesar que la operación es ambulatoria, haciendo que pueda volver hoy mismo a casa.
Yo continuó esperando la llegada de mi abuela y de mi primo, curiosamente siento que Samuel cambia las cosas en la casa, a pesar de sus comentarios, y sus burlas, generan esa risas contagiosa, cada vez que me observa agobiado por algún problema del instituto o por cualquier situación, le gusta burlarse, con la intención de que cambie mi ánimo, y es por que el aplica una de sus frases favoritas, que por cierto la tiene escrita en un papel pegado a la pared de la habitación, «¡Cuando uno peor está, es cuando uno más se conoce y más se aprende!», he vivido con el cada etapa de su enfermedad, en ocasiones no puedo decir que se encuentra bien, pues a pesar de todo lo que siente, siempre afirma lo contrario, sé que no lleva una vida normal, pero lo intenta, a veces me pregunto si esos tratamientos le ocasionan dolor, lo cual nunca me he atrevido a hacerle esa pregunta, creo que si le realizara esa pregunta, y conociéndolo, el diría que no siente dolor, a pesar de sentir lo contrario, esto para tratar de no preocupar, o incomodarnos, a veces a pesar de su ausencia como la del día de hoy, puedo sentir sus risas dentro de la habitación, esta tarde trato de concentrarme en la tarea que me mandaron del instituto, pero a su vez siento mucha soledad en la casa.
Entrada la noche, he oído que abren la puerta, esto me causa curiosidad, no escucho el relajo de fondo que cada tarde al llegar de consulta emprende Samuel, he salido de prisa de mi habitación, al bajar por las escaleras lo noto algo adolorido, esto ha sido por la biopsia, me ha tocado subirlo a nuestra habitación, por cierto se me a olvidado comentarles que ambos dormimos en la misma recámara, mientras mi abuela se prepara para hacer la cena, yo en el dormitorio trato de animar a Samuel, es curioso pero hoy se ha invertido la situación en la habitación, donde a pesar de que es un pequeño espacio en el cual se generan grandes y diferentes emociones, esa noche lo más importante para mí, es tratar de encontrar la energía necesaria para que Samuel pueda subir el ánimo.
A veces no hay tiempo para mantener una emoción, las cosas pueden ir de prisa, las alegrías, las tristezas, aunque yo tengo la sensación, porqué abecés hay tantas emociones, y tantas vivencias en un mismo día, que se tienen que esfumar rápidamente, por que si no, no podrían entrar nuevas; en casa de Cleibert, las cosas no marchan tan diferente, encerrado en su dormitorio, Verónica le llama para que salga a cenar, pero este se reúsa a salir no siente apetito, se queda recostado escuchando música contemplando el techo, en realidad siente mareo y con mucho agotamiento, no es difícil para el desperdiciar la oportunidad de cenar, pero esta vez no siente apetito, la noche trascurre, hasta que su hermana verónica decide retirarse a su habitación, sin antes abrir la puerta y darle las buenas noches.
Al poco tiempo, su madre llega a casa, por la hora, sus hijos se encuentran ya durmiendo, se dispone en pasar por cada habitación y dar las buenas noches, al llegar al final del corredor ingresa en la habitación de Cleibert, el se mantiene acostado de lado, con su mirada a la pared, no logra conciliar el sueño, su habitación continúa con la luz encendida, su madre abre la puerta en silencio, y él al percatarse de la presencia de su madre, se hace el dormido, ella se acerca y comienza a acobijarlo, se sienta a su lado en la cama a observarle como duerme, le da una breve caricia por su cabello, se pone de pie, justo antes de salir se detiene frente a la puerta de la habitación, su madre se queda pensativa por el comportamiento de Cleibert, se gira para observarlo de nuevo, por un instante esa imagen de su hijo dormido comienza a traer recuerdos, trayendo a colación palabras que con un tono de voz baja comienza a comentar.
—Hijo, no sabes todo lo que daría por que seas igual, imagina todo lo que podríamos hacer sosteniendo tu mano mientras aprietas las mías, un día nos prometimos que debíamos cambiar, ¿recuerdas?, llevarte al fútbol solo para poder compartir contigo, pero lamentablemente para todos las cosas han cambiado, quisiera qué pudieras entenderlo, se que piensas que no soy la misma, me gustaría que volvieras hacer como antes, con esa pequeña sonrisa, imagina el equipo que seriamos, los momentos buenos que viviríamos, no entiendo a veces tu rebeldía, de pronto será por tu edad, o por qué quieres expresar algo, quisiera hablar ese mismo idioma rebelde, para poder entenderte o comprenderte, a veces me siento cansada de ver tus reproches, peleas y peleas con tu hermana, solo por verte rudo o rebelde, pero no te dejaré, ni abandonaré mi esperanza por que vuelvas a ser como antes, quisiera que entendieras lo tanto que te quiero, y espero que puedas entender algún día, que con ese ánimo rebelde, solo lo que haces es dañar a quienes te queremos, aunque a veces haces que pierda la paciencia hacia ti, por tu conducta y tus tropiezos, pero a un estoy aprendiendo a ser tu madre, de igual forma a cualquier sitio te seguiré, y que entiendas lo tanto que te extraño, que te amo, y que siempre estaré a aquí esperándote, sin tus malos tratos, te quiero mucho hijo.—
Su madre, al salir de la habitación, cierra la puerta, en ese instante, de los ojos de Cleibert brotaron dos lágrimas que se extendieron por sus mejillas, sin darse cuenta comienza a germinar el sentimiento que se encontraba extraviado hacia su madre, extinguiendo un poco esa llama de rebeldía, sabía que todo su mal genio y comportamiento son duros para su madre.
Al final de ese día, se podía sentir que era un día que estuvo lleno de reencuentros, para algunos entre su sentimientos, y para otros con la misión de ayudar a quien siempre te ayudaba, todo a pesar de su condición de salud, las pérdidas de esperanzas para quienes a un no encuentran el camino de comunicarse con sus seres queridos.