Secretos del bosque

Summary

Ella es la chica nueva, solo con un deseo: Vivir tranquila. Pero en el camino más de un obstáculo se le atravesará por al frente, además... ¡¿Por qué es tan difícil socializar en este pueblo?!. Todo parecía ser más fácil en su imaginación.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: Vida nueva


"Había una vez...


Un sueño donde la magia se extendía por todo el campo, las sombras ocultaban monstruos abominables y el bosque... más secretos de los que puedas imaginar. Susurros que acarician los dulces oídos de los niños y pequeñas criaturas que se deslizan entre los cultivos. Un mundo fantástico, lleno de paz y armonía.


Una choza que con amor puede ser un palacio. Un lugar donde el ruido de las sirenas y la inseguridad no pueden alcanzar.


Este es mi obsequió para ti, úsalo cuando ya no resistas más. Con amor, el abuelo."


Leyó tantas veces aquellas palabras durante toda la semana que ya se repetían solas en su cabeza. Mordía la lapicera con insistencia mientras intentaba concentrarse en las letras escritas en su ordenador, el aire acondicionado sobre su cabeza se había averiado la semana pasada haciendo que su minúsculo cubículo fuera algo peor que un horno.


El abuelo... oh el abuelo... cuanta falta le hacía. Ella y su hermano eran apenas unos niños pero ¡Como se divertían con sus fantásticas historias! Aún recordaba con melancolía el día que le dio aquella carta, se encontraba en su cama con una manta gruesa tejida de lana cubriendo hasta su pecho, un sombrero suave que cubriera su cabeza canosa de aquel día tan frío pero a pesar de todo eso, lo que más recordaba era su espléndida sonrisa.


Su mirada dulce...


Se llevo la mano a la frente agachando el rostro, necesitaba mantener la compostura. Respiró profundo tratando de evitar el sollozo y apretó los ojos para que aquellas lágrimas traicioneras no se atrevieran a huir de sus lagrimales. Vio sobre su hombro y solo podía apreciarse la lamentable estampa que eran aquella oficinas grises con el logo de "Joja Corp" escrito en una sosa letra de colores azules. Sus "compañeros", totales desconocidos parecían a punto de dormirse o quedarse sin vista de lo cerca que tenían las pantallas del ordenador.


El lugar se le había antojado asfixiante, sin una sola ventana. Arrugó la nariz ante el olor apestoso del sudor.


Abrió la gaveta de su escritorio y vio aquella carta tentativa con las escrituras de la vieja granja de su abuelo, ahora seguro era todo un asco. Hacía años que su familia se había desatendido de aquellas tierras pero ¿No era igual de asquerosa su vida actual?.


Tomó la carta sabiendo que aquello posiblemente ya no tuviera marcha atrás.





Abrió los ojos con pereza, giró la cabeza con pesadez hacía su mesita de noche donde un curioso despertador cuadrado con una dulce carita dibujada no paraba de sonar. Se restregó las manos por su cara intentando espantar el sueño, estiró el brazo apagando el reloj de sonido chirriante. Apartó las mantas para posar los pies sobre el suelo.


-Ay! -se quejo al pisar una de las piezas de su robot- Mierda...- se quejó viendo el desastre que era su habitación.


Se estiró un poco antes de ponerse en pie, el sol ya había salido. Otro época inicia, la dulce primavera acaricia su alma y el dulzor de las fresas acaricia su garganta. Uff.. como amaba la primavera.


Un poco más contrariado con el inicio de aquella época tan alegre se hallaba un muchacho que permanecía ocultó bajo las mantas y con una almohada sobre su cabeza. Escucho los pasos alegres de su hermanastra yendo hacía la cocina posiblemente. Jadeó sintiendo la garganta seca, apartó de mala gana su manta y se estiro mientras buscaba con la mirada su suéter.


Otro día, otra primavera. No entendía a Maru. ¿Por qué tanta alegría por otro inicio?.


Subió las escaleras con pereza yendo hacía el baño, escuchaba las risas de Maru y su padrastro, Demetrius. Iba a tomar la perilla cuando la puerta se abrió dejando ver la figura de su madre, ella se respingó pero al instante le sonrió amable.


-Buenos días, Sebas! Cariño! -le saludó emocionada. Él arqueó la ceja curioso.


-Arreglada desde tan temprano? -susurró con la voz ronca.


-Oh si! Lewis me ha dicho que se muda alguien en la vieja granja y quiere que vaya a presentarme -comunicó asintiendo con la cabeza.


-Se muda alguien a esa choza abandonada? -la voz de Maru sonó a unos pasos más allá de él. Se hallaba apoyada al marco de la cocina.


-Si si! No sé quién es, solo sé que es un familiar del dueño anterior -sonrió apartándose para dejar que Sebastian pudiera entrar- Nos veremos luego, que tengan un buen día! Voy a la parada de bus!.


-Que te vaya bien, amor! Ya nos dirás cómo es el nuevo vecino -sonrió Demetrius haciendo un gesto de despedida con la mano- Sebas, ya tienes tu desayuno.


-Gracias -respondió calmado entrando al baño.


No tenía la relación más unida con su padrastro, y con Maru... bueno podría ser mejor pero ninguno le ponía empeño a eso.


Abrió la llave de la ducha para darse un baño y mientras veía el agua caer solo pudo pensar. ¿Quién mierda querría mudarse a ese pueblo?.


Un completo demente, por supuesto. Fue lo que pensó meneando la taza de chocolate caliente entre sus manos. Comía aquellos panqueques sin parar de pensar, ¿En qué esta pensando esa persona? Lewis se había tomado las molestias de avisar a todos los jefes de familia que habría un nuevo habitante para que nadie se sorprendiera de ver un rostro nuevo caminando por allí. Eran una comunidad tan pequeña que nadie llegaba allí.


Vio a su madre sobre su banquito de madera lavando los trastes que uso para hacer el desayuno mientras escuchaba una melodía en su radio totalmente abstraída. Los pasos presurosos y los sonidos ininteligibles se escucharon a sus espaldas por el pasillo.


-Buenoooos días! -chilló el niño de cabello curioso, entre rojo y rosa, una mezcla que lo hacía muy llamativo y sus mejillas regordetas, obviamente.


-Enano! Termine antes que tu, eres muy lento- le guiñó el ojo divertido. El chiquillo torció la boca inflando sus cachetes molesto.


-Tramposo! Pusiste la alarma antes que la mía! - se quejó caminando de mala gana a su asiento- Eres un tramposo, Sam!.


-Vamos, Vincent... -suspiró su madre ayudando a su hijo pequeño a tomar asiento- No le prestes atención a tu hermano y come, por favor.


-Voy a dar una vuelta en mi patineta, mamá- sonrió el mayor levantándose para acercarse a su hermanito y revolver su cabello- No vayas tan lejos hoy, eh? Te conozco.


-Y ten cuidado con el nuevo vecino -aclaró su madre dejando un beso en la mejilla de su hijo mayor aunque le hablaba al pequeño- Sam, échale un ojo a tu hermanito por si intenta hacer de las suyas en la granja abandonada.


-Ah... lo intentaré- susurró bajito desviando la mirada.




-Estás bien? -preguntó moviendo ligeramente el hombro de su madre- Mamá? -ella jadeó como respuesta- Eres increíble... -masculló por debajo con molestia.


Echo el cuerpo hacía atrás irguiéndose para ver el desastre que era su "

vivienda

". Odiaba estar allí. Odiaba toda su vida. Con frustración se llevo las manos a la cara tratando de ocultar las lágrimas que asaltaban sus ojos.


Quería gritar pero no quería molestar a su madre que seguro traía una resaca insoportable. Inhaló tratando de controlarse, debía ser positiva, había llegado la primavera. Mejor salía antes que Jas y Vicent tocarán su puerta. Exhaló para llevar sus manos a su cabello y comenzar hacer un moño que impidiera que se le fuera al rostro.


Decidió dejar todo como estaba, luego intentaría ordenar un poco. Abrió la puerta dejando que los rayos del sol y la brisa fresca golpearán sus mejillas. Cerró la puerta viendo a la abuela Evelyn salir como siempre hacía en esa época para regar las flores.


-Buen día, mija! -saludó con aquella sonrisa llena de arrugas y sus ojos chiquitos. Le sonrió con tímidez acercándose para darle un abrazo como siempre hacía.


-Buen día, abuela- no eran familiares pero le tenía tanto cariño que la llamaba así para demostrarlo.


-Salúdame a los niños, si? Dile a Vincent que deje de esconder los juguetes de Jas entre los arbustos -Penny se sonrojó avergonzada al escuchar aquellas palabras.


Vincent podría algún día portarse bien? Comenzaba a dudarlo.


-Muy bien, señora, yo le diré- le sonrió antes de irse.


Tenía un día largo, hoy tocaba llevarlos a la biblioteca a leer algunos libros, sabía que eso los haría enfadar, se aburrían tanto allí y no era por su falta de interés en la lectura, era simplemente porque no había mucho que leer. A lo largo de los años se habían perdido tantos libros además que la zona construida para exhibir tesoros y artefactos se encontraba vacía.


Era un biblioteca-museo pero sin ser museo y sin tener casi libros. Era muy triste.


Unos metros más allá de ella salía bien temprano una chica de cabello morado y ropas oscuras, su piel mucho más pálida que la de ella parecía brillar bajo el sol. Le sonrió y ella pareció hacer lo mismo pero siendo como era sería algo de extrañar. Y es que Abigail no era la más sociable del pueblo, a pesar de vivir quizás en el lugar más concurrido de todo el pueblo.


"La tienda de Pierre's",

su padre había montado aquello hacía tantos años con los únicos ahorros que tenían y todo iba bien, era un sitio chiquito pero era bueno, con productos de calidad y la gente de la comunidad los apreciaba pero un día sin avisar, sin que nadie pudiera predecirlo llegó un mercadillo nuevo. Decía mercadillo para ser educada porque en realidad era una sucursal que cada día se expandía más y más.


Joja Corp.


Arrugó la cara pensando en aquella marca del infierno, por su causa las ventas habían bajado mucho y sus padres pasaban por una crisis económica intensa, prefería estar lejos de casa para evitar los comentarios de su madre y los gruñidos molestos de su padre.


Camino tranquila intentando evadir los pensamientos negativos, vislumbro cerca del río con su patineta a Sam, su mejor amigo junto a Sebastian. Se acercó para ver mejor al muchacho concentrado en aprender nuevos trucos, realmente no tenía remedio, sonrió entretenida tomando asiento en la casa que pertenencia a las dos chicas del pueblo.


Dos hermanas tan opuestas como el sol y la luna. Emily y Haley.


Emily, de cabello teñido en azul, algo corto y alborotado siempre vestida con estilos bohemios, muy amable y trabajadora. Del otro lado de la moneda se encontraba Haley, cabello rubio largo y perfecto, cuerpo esbelto siempre bien vestida, toda una muñeca barbie, además con una actitud bastante difícil de tratar.


No era común verlas juntas y mucho menos verlas desde tan temprano. Emily trabajaba todos los días en el "Salón fruta estelar" de Gus como cantinera y camarera mientras que Haley se levantaba tarde y hacía diversas cosas pero entre ellas pasear e ir tras Alex.


Así que por ahora Abigail podía sentarse en los escalones frente a su casa sin molestarlas, era demasiado temprano para ellas. No obstante, no lo era para el joven Alex.


El chico sexy y deportista, se levanto cinco minutos antes de que sonará el despertador, su itinerario siempre era estricto pero claro que debía ser así si quería cumplir sus objetivos. Ser un deportista profesional. Fue al baño y de allí volvió a su habitación para tomar agua y estirar un poco antes de comer para comenzar su rutina del día.


Vivía con sus abuelos, había tenido una infancia difícil pero no era algo que lo desanimará más bien era un motivo más para levantarse todos los días y luchar por sus sueños. Quería que su abuela se sintiera orgullosa de él, quería conseguirlo y eso haría, no importaba el esfuerzo que tuviera meterle, lo iba a conseguir.


-Alex! El desayuno esta listo, mijo! -le llegó la voz de su abuela mientras se sacaba la camisa.


-Ya voy!- respondió estirando los brazos tras su cabeza.


Era un gran día! Tenía que ser siempre optimista. Salió de su habitación para ir por su desayuno y su jugo de proteínas. Escuchó las voces de sus abuelos discutiendo como siempre, era algo típico. Su abuelo no tenía buena salud desde hacía unos años y debía ir a revisiones continúas pero él odiaba ir al médico.


-Vamos George, no te molestes, será algo rápido- dijo Evelyn sirviendo una taza de café.


-Buenos días -entró en la cocina acercándose para darle un beso a su abuela y palmeando el hombro de su abuelo que seguía enfurruñado- Qué tal amanecieron?.


-Muy bien, cielo! -exclamó la mayor colocando el plato de comida frente a su nieto- Come bien, ok? Si quieres más, aquí hay más- sonrió dándose vuelta para ordenar los platos que yacían en el fregadero.


-Gracias, abuela -sonrió el chico comiendo tranquilo viendo a su abuelo de reojo que seguía en su berrinche- Vamos, abuelo, será una visita rápida.


-Hmp!- se quejó el viejo agarrando la taza de café con molestia- Estúpidas visitas al médico- siguió quejándose.


El chico solo suspiró, tampoco era su problema, él tenía otras cosas en las que preocuparse. Comió y volvió a centrarse en su rutina, era lo único que realmente le importaba.


A unas cuántas casas más allá de la suya, tomando su propia taza de café el único médico de la ciudad revisaba su agenda con las visitas que tendría el día de hoy. No eran muchas porque la comunidad era pequeña pero ya conseguiría una solución para eso por ahora solo debía concentrarse en sus pacientes del día hoy.


Harvey, era el médico del pueblo, el único en muchos kilómetros. Trabaja solo, recientemente Maru se unió para ayudarlo pero lo hace mayormente con el ordenador y cualquier otra tecnología que él no pueda manejar solo.


Él sabía que quizás en la ciudad estaría mejor pagado pero él no había estudiado para ser millonario, había estudiado porque realmente deseaba ayudar a los que necesitarán servicio médico. Vio con curiosidad la nota que había en su agenda.


-Vecino nuevo... mm...-Leyó curioso. Cierto, la granja abandonada volvería agarrar vida.


Esperaba que fuera una persona sensata, él mejor que nadie sabía lo que vivir solo y esforzándose día tras día podía provocar graves consecuencias para la salud. Era una choza vieja quién sabe la cantidad de polvo e insectos que habría. ¿Por qué mudarse a un lugar que ni cocina tenía? Solo un par de sillas y una cama vieja polvorienta, esperaba no tener que conocer al nuevo vecino porque agarrara una gripe infernal.


Había gente muy curiosa en el mundo.


Y de los más curiosos que había en Pueblo Pelícano se hallaba Elliot, un joven apuesto con sueños de escritor que se había mudado a una pequeña cabaña al lado del muelle para poder encontrar a su musa para su próximo Bestseller. Él era el último que se había mudado a aquel lugar por eso mismo cuando escucho la gran noticia de un vecino nuevo, no pudo evitar llenarse de alegría.


Sentía curiosidad por esa persona que había decidido mudarse a un lugar tan desolador como lo era la vieja granja, lleno de árboles con troncos tan grueso que un hacha común se rompía al tocarlos y piedras tan grandes que un pico normal no podían romperlas, ciertamente el nuevo vecino tendría un comienzo duro pero él estaba feliz de ver una cara nueva e intentaría ser amigable con esa persona.


Total, él sabía lo que era iniciar de cero. Salió de su cabaña para ver que la tienda de Willy seguía cerrada, era una casita pequeña sobre el muelle donde vivía el único pescador del pueblo. Willy es su única compañía por esos lares, era lo que tenía vivir en la playa y no en medio del pueblo pero le gustaba el aire fresco del mar.


Dirigió sus pasos hacía un camino rodeado de vegetación, si subía por allí iría directo al pueblo. De bajada iba una mujer joven, muy bella pero tan tímida como él. Leah, la artista del pueblo, vivía cerca del bosque que se encontraba debajo de la vieja granja y cerca de un enorme río.


También se había mudado allí buscando inspiración para sus obras de arte, adoraba la vida del campo pero era chica muy tímida así que no tenía muchos amigos, Elliot era uno de sus pocos amigos porque al igual que ella buscaba una razón que la animará a crear cosas nuevas. Lo saludó mientras iba de bajada hacía la playa con un pequeño bolso a su espalda donde guardaba un bloc de dibujo y varios lápices de grafito, algo de carboncillo y un borrador.


Le gustaba dibujar frente al mar y a esa hora de la mañana mucho más. Era simplemente agradable.


Ella vivía sola, no era algo que la asustara, le gustaba mucho el bosque y el sonido del río en la noche. Tampoco se hallaba completamente sola, justo al lado del camino que llevaba a la granja abandonada había un pequeño rancho, el "

Rancho de Marnie

" donde vivía Marnie con sus sobrinos Jas y Shane.


Jas una pequeña niña muy tímida hasta que se juntaba con Vincent y eran peor que un terremoto. Marnie una amante de los animales, vendía de gallinas a vacas y todo lo necesario para cuidarlas. Por último estaba Shane, un simple trabajador del nuevo MercaJoja, con un sueldo mínimo y al salir en vez de ir a casa iba al Salón fruta estelar para tomar tanta cerveza hasta que Gus, el dueño del bar, le tocaba acercarse a decirle que ya es suficiente.


Shane, era un tipo totalmente inaccesible. Entre su trabajo y la resaca, vivía de muy mal humor. No era un sujeto desagradable de vista, era buen mozo pero su vida dedicada a los vicios lo hacía completamente un desastre para cualquiera que estuviera cerca. Marnie a pesar de ser su tía tampoco es que tuvieran una diferencia de edad tan grande, así que en el día a día intentaba ayudarlo y hablar con él más como su hermana que como su tía. Aún así Shane seguía siendo un sujeto difícil.


Por supuesto nada de eso era algo que atravesará por su mente, ella había decidido dejar su vida en la ciudad y empezar de cero aunque tuviera que renunciar a muchas comodidades, estaba harta de llevar una vida ficticia donde el más listo o cruel era quien escalaba más rápido de posiciones. Estaba harta de competir, solo quería poder decidir sobre su vida.


Había vendido varias de sus cosas, menos su antigua vivienda porque la compartía con su hermano mellizo pero entre todas las cosas que vendió logró reunir 500 monedas de oro. No era mucho, más bien era muy poco pero ella nunca contó con tantos lujos entonces tampoco era algo que la llenará de terror, avanzaría poco a poco.


El bus se detuvo en una parada que lucía abandonada y se dio cuenta que era la única persona que se bajaba allí. Realmente no tenía nada, solo una mochila con un cambio de ropa y más ropa interior que otra cosa. Se bajo dejando que los rayos del sol le alumbrarán la cara y el aire fresco inundará sus pulmones, era totalmente diferente a la ciudad.


-Buenos días! -escuchó la voz masculina un poco cantarina, giró el rostro para toparse con un hombre mayor.


Vestido con pantalones de vestir gris con tirantes que pasaban sobre sus hombros y un camisa mangas largas de un tono verde oscuro, en su canosa cabeza llevaba una boina y una corbata amarilla. Ya debía imaginar quien era el personaje, fue con quien hablo su hermano antes sobre su nueva estadía.


-Buen día! -sonrió acercándose para tenderle la mano al hombre que solo era un par de centímetros más alto que ella.


-Soy el alcalde de Pueblo Pelícano! -exclamó estrujando su mano- Mi nombre es Lewis! Estoy muy feliz de ver un rostro nuevo por aquí- sonrió de una forma que se le antojo chistosa pero era culpa del abundante bigote que tenía su interlocutor- Voy admitir que me has tomado por sorpresa, señorita...


-Teba, mi nombre es Teba -sonrió dulce la chica.


¡Ahora si que se encontraba sorprendido! Era una chiquilla, no imaginaba que alguien tan joven se lanzaría a una aventura como esa. Creía que se trataba de un muchacho, recordaba haber hablado con un muchacho. ¿En serio esa cosita tan delicada y bajita quería meterse a vivir en la vieja granja abandonada?.


-Es un placer! Espero que logres sentirte como en tu casa -dijo dándose vuelta para volver al camino de tierra que llevaba a la granja- Ven, por aquí es como se llega a tu nuevo hogar.


-Oh vaya! Gracias por venir a recibirme, nunca vine aquí- habló la joven yendo tras él- Pero el abuelo le hacía ilusión que alguno de nosotros volviera a cuidar de su granja.


-Tu abuelo era un gran hombre, no sabes la tristeza que sentí cuando me enteré de su fallecimiento- habló suave mientras se aproximaban a una casa vieja.


Se veía destruida, era un poco triste ya que es la primera cosa que veías al entrar a la granja. Teba observó todo con curiosidad, había muchos árboles y monte, piedras y troncos de diversos tamaños. Un lado de su mente se arrepintió un poco de tomar esa decisión pero la gran parte de ella se sentía a gusto con todo, si, era mucho trabajo por delante pero era su elección qué hacer con cada día de su vida y eso la llenaba de seguridad.


Una mujer salió de la que sería su casa, llevaba una ropa de un estilo algo montañoso, era pelirroja, alta y de contextura algo musculosa. Le sonrió amable, se veía mayor que ella. Se acercó para tenderle la mano con entusiasmo y no dudo en apretarla.


-Soy Robin! Es un placer conocerte! -dijo apretando aquella mano delicada- ¡Guao! Que adorable que eres!.


-Robin, compórtate! -le reprochó el mayor, ya conocía la actitud indiscreta de aquella mujer- Ella es la carpintera del pueblo, cualquier cosa que necesites le puedes preguntar.


-Cualquier cosa? Querrás decir todo -habló la mayor arqueando una ceja- Solo mira este lugar, es un asco -dijo levantando su dedo para hacer un círculo enfatizando sus palabras.


Teba sonrió entretenida al ver el gesto de bochorno del alcalde. Que personas tan curiosas.


-Pero que grosera! -reprochó negando con la cabeza- No le prestes atención, Teba, ella solo quiere que le pagues por sus servicios -Robin hizo una exclamación de indignación ante la frase, la muchacha solo pudo reír.


-Disculpa? Claro que no, solo soy sincera con ella -se colocó las manos en las caderas como una jarra- Merece conocer su situación actual, si necesitas ayuda con algo solo me buscas -aclaró viendo a la muchacha y señalando a lo lejos un par de montañas rodeado de árboles- Por allí hay un camino que va hacía la montaña, allí esta mi casa.


-Oh, en serio? No veo nada, hay muchos árboles- contestó achicando los ojos intentando localizar la salida hacía la montaña.


-Si! También tienes otra salida, por allá- señalando tras de su espalda donde solo había vegetación y un pequeño lago- Lleva hacía el bosque -solo le tocaba confiar en sus palabras porque ella no podía distinguir nada de nada.


-Y el camino por el que vinimos si sigues recto hacía el otro lado podrás llegar al pueblo -asintió el alcalde- Para lo que necesites.


-Entiendo, muchas gracias por su amabilidad- sonrió ella un poco sonrojada. Hacía mucho que no se conseguía con personas tan amables.


-Te hemos dejado algunas dentro para que puedas iniciar con esta...-Robin torció la boca intentando encontrar las palabras- aventura? Tal vez...


El alcalde solo hizo un ruido como de advertencia que terminó sacándole otra sonrisa a la muchacha.


-Viste junto a la entrada un baúl enorme de madera, verdad? -intentó desviar el tema. La joven se giro para ver lo que señalaba el alcalde y asintió- Ahí puedes meter todo lo que quieras vender, te dejaré el dinero allí.


-Oh, gracias! Estaré atenta cuando meta cosas -sonrió un poco emocionada, esto era nuevo para ella.


Tenía cero experiencia en granjas pero espíritu no le faltaba, se iba a esforzar en convertir aquellas tierras llenas de vegetación en un lugar bonito y agradable.


-Bueno te dejamos para que puedas explorar el lugar -sonrió Lewis- Pásate por el pueblo, todos están ansiosos por conocerte!.


-Oh si, seguro lo haré- asintió un poco nerviosa, se sentía como el bicho nuevo de la clase.


Un par de palabras más llenas de ánimo y ambas figuras la dejaron sola con todo aquel trabajo. Ya era cerca del mediodía, decidió entrar para ver donde iba a dormir. La puerta crujió cuando la abrió y el olor a polvo inundó sus fosas nasales, a pesar de eso a simple vista parecía limpia pero claro, tantos años abandonada, tomaría más que solo un par de horas de limpieza quitar años de descuido.


Solo era una habitación con una chimenea, un tv viejo de caja, una mesa redonda de madera con un pequeño bonsai encima y una silla vieja, un par de arbolitos en macetas y una alfombra vieja, giró la cabeza para ver en la esquina la cama individual anticuada pero con una sabanas que a simple vista parecían nuevas y olían a limpio. Seguro se las regalaron, lo cual agradecía porque solo traía un poquito de ropa y su ropa interior.


Se acerco a la mesa para dejar la mesa donde había unos cuantos objetos curiosos. Primero leyó las notas que le habían dejado.


"

Te deje unas cuántas semillas para que empieces un huerto si así lo deseas, estamos en temporada entonces sería bueno aprovechar lo que nos provee la tierra.


Alcalde Lewis

"


Que señor tan curioso, pensó. Nunca nadie se había preocupado tanto por ella. Reviso las semillas para leer el paquete en sus dedos.


-Chirivías? -no sabía que era eso. Tendría que acostumbrarse a la comida sana para poder sobrevivir- Veinte semillas.


No sabía si eso era mucho o poquito pero las iba a plantar igualmente. Vio un pequeño libro sobre huertos y cómo mantenerlos, quiso llorar de la emoción.


-Oh gracias, señor Lewis! No tengo ni mierda de idea de como hacer esto! -agradeció viendo al cielo emocionada.


Vio un cinturón con algunas... bolitas? No estaba segura que era eso. Leyó las notas, eso se lo dio Robin.


"

Hola! Espero que llegues a sentirte como en casa, te deje un cinturón mágico. No es la gran cosa, seguro con el tiempo tendrás que comprarte otro nuevo porque este es pequeño pero sé que te ayudará para iniciar.


Es fácil de usar, te lo colocas y en cada bolita puedes guardar cosas, si son objetos iguales pueden ir en una misma bolita. Así puedes llevar cosas encima sin que el peso te lo impida.


P. D.: Te deje algunas cosas ya guardadas para que puedas iniciar pero quizás no te sirvan para todo, tendrás que mandar a mejorarlas con el tiempo.


Robin."


-Qué...? -cinturón mágico? No era ajena a la existencia de la magia pero no había tenido nunca algo mágico.


Eran muy poco comunes en la ciudad cualquier cosa referente a la magia. Era más común que lo usarán en la milicia pero no tenía idea que también lo usaban en la agricultura. ¡Le parecía fantástico!.


Se puso el cinturón, si se veía usado. Era de cuero marrón un poco desgastado, seguro fue de Robin años atrás. Acercó la palma de su mano a una bolita y vio que brillaba dejando ver lo que había allí.


-Un hacha, un pico...-fue de una en una revisando que había- Una asada, una guadaña y una regadera! -cinco herramientas y luego vio otra bolita distinta, era oscura y muy pequeña- Una basura? Guao!! Adiós a la contaminación!.


Que cosas tan raras había encontrado! Estaba emocionada por empezar, se iba a esforzar mucho en hacer que esto funcionará, se había conmovido con tanta preocupación de sus "

vecinos

". Vio el reloj digital en su muñeca derecha, algunas cosas habían dejado de funcionar gracias a la falta de señal pero todavía daba hora, la fecha y tenía para anotar algunas cosas, preferiblemente sus ingresos y gastos.


Los 500 g de oro brillaban en la pantallita, bueno pronto intentaría que eso se multiplicará.


Todavía era temprano, era mediodía y realmente no tenía hambre. Vio una pequeña cava roja con algunos víveres para subsistir en los próximos días pero suponía que ahora tendría que ver con que rellenarlos. Dudaba mucho que por allí vendieran hot dogs o hamburguesas.


-Bueno supongo que a la fuerza voy hacer dieta y ejercicio...-torció la boca saliendo con el paquete de semillas en una mano y el libro en la otra- Bienvenida a la granja no es... es a la vida fitness.


Batallo casi dos horas pero logró abrir los huecos donde meter las semillas y regarlas una por una. Las coloco junto a su hogar donde logró limpiar un par de ramitas y piedras que estorbaban. Era mejor dejarlas cerca porque se daba cuenta que no tenía resistencia física para nada, mientras se limpiaba la cara y las manos en el agua del pequeño lago junto a la entrada solo podía pensar:


-Por qué mierda no fui nunca al gym? -se quejó agotada.


Era un poco triste pero tendría que si o si soportar para poder limpiar todo eso. Le tomaría muchos días. El libro pequeño traía otra nota que decía que guardará lo que recolectará, así que ahora una bolita era para la madera, otra para las piedras, otra para la hierba y afortunadamente había encontrado un par de semillas que no sabía de que eran pero las planto también.


-Bien, trabajo finalizado- dijo ya fresca. Se acercó al buzón para ver que Lewis le había dejado un recordatorio de que debía presentarse a todos los vecinos- Que hombre tan insistente.


Agarro su reloj digital y agregó otra nota donde dejó escrito los nombres de los que ya conocía. Así se acordaría de todos porque era muy mala recordando esas cosas. Además podía anotar donde vivían, si era mejor hacer eso hasta que se acostumbrará.


El sol intenso bajaba poco a poco y decidió empezar por el pueblo, ya luego visitaría los otros lugares. Anduvo por el camino de tierra hasta que vislumbró un hermoso camino de piedras y faros. Las casas se notaron cada vez más y más, vio hacía todos lados con curiosidad. ¡Pero era muy lindo! ¿Cómo es que no había turistas? Si el lugar era tan lindo.


Vio a Lewis hablando con otras personas y riendo relajadamente. Bueno, no sabía si esos pueblerinos eran tímidos pero ella si que no lo era, ser de ciudad le había enseñado que las cosas se conseguían hablando.


-Hola! -saludó animada sobresaltando a algunos de los acompañantes del alcalde. Lewis le sonrió amable- Gracias por las semillas que me regalaste!.


-Oh me alegro, espero que te funcionen -contestó y vio de reojo a sus acompañantes que veían a la muchachita nueva con curiosidad- Teba, ellas son Jodi y Caroline.


-Es un placer conocerlas! -dijo extendiendo la mano hacía ellas.


Ambas eran mayores que ella, eso seguro pero se veían muy bien a pesar de eso. Caroline llevaba el cabello teñido de verde y usaba ropas un poco bohemias. Jodi llevaba el cabello castaño amarrado en una cola, con ropa realmente cómoda.


Así como ella las inspeccionaba, la joven no se escapaba de la inspección de ellas.


Y es que les parecía una muchacha muy curiosa, muy guapa también. Un poco bajita, una figura bonita, de cabello color avellana bastante largo hasta su cintura y ondulado dándole un aspecto un poco salvaje, piel trigueña y con pequeñas pecas sobre su pequeña nariz redonda, algunas saltaban sobre sus mejillas pero lo realmente bonito e interesante eran sus ojos.


De un intenso y profundo color carmesí, eran totalmente hipnóticos.


-Oh hija! Bienvenida! -se apresuró a tomar su mano, Caroline- Espero que te sientas a gusto!.


-Pero que chica tan linda! Cómo es que decidiste venir a vivir aquí? -preguntó Jodi un poco indiscreta.


Lewis rodó los ojos al cielo y Teba solo pudo sonreír notando que se encontraba ya avergonzado. Volvió a mirar a las dos señoras curiosas antes de contestar.


-Quería tranquilidad, la vida en la ciudad es muy sofocante -respondió encogiendo los hombros con simpleza.


-Pero no te da miedo vivir sola en el monte? Esa casa esta muy destruida -agregó Caroline con genuina preocupación.


-Oh no, no tengo miedo -sonrió amable- Un par de bichos no me van hacer declinar de mi decisión -aseguró con tranquilidad.


-Bueno cualquier cosa que necesites la tienda de mi marido es esa -dijo señalando la tienda de Pierre's que estaba a unos metros de ellas- Hay muchas cosas de jardinería por si necesitas algo nuevo.


-Muchas gracias -ladeó el rostro.


-Ven, anda! Te lo presentaré- agregó tomada por el impulso, paso su brazo alrededor de la muchacha y comenzó a caminar en dirección a la tienda.


-Caroline...


-No te preocupes, Lewis -cortó el sermón del alcalde- Caro y yo la vamos a guiar nada más.


Y así sin más la chica nueva se fue entre las dos mujeres que solo parloteaban de cosas que no entendía completamente.

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